Menú

Texto: Helga Natalia Bermúdez - Fotografías: Camilo Ara

“Defender el territorio de las armas aún hasta la muerte”

Esta consigna de resistencia del pueblo Awá se convirtió en una especie de sentencia para sus líderes. El 19 de agosto fue asesinado Holmes Alberto Niscué, a quien entrevistamos en su resguardo en mayo pasado, luego de que las disidencias de las FARC dirigidas por alias ‘Guacho’ hicieran presencia en ese territorio.

“Defender con resistencia al Pueblo Awá”: la consigna que la Guardia Indígena lleva grabada no sólo en su chaleco sino también en su corazón.

Pasaba el mediodía del miércoles 30 de mayo en la comunidad de Alto Palay, en el resguardo Awá de Gran Rosario, Tumaco, cuando Holmes Niscué, Ignacio Moreano, Demecio Rodríguez y Flor Alba García, notaron la presencia de un grupo de jóvenes armados y vestidos de negro, que hacían guardia en la escuela donde se celebraba la asamblea local. Con calma, llamaron a algunos de ellos para preguntarles por la irrupción a su territorio. Los jóvenes, que se identificaron como integrantes del Frente Oliver Sinisterra de la disidencia de las FARC, dirigidas por alias ‘Guacho’, se limitaron a decir que seguían órdenes de su comandante, sin más explicaciones.

Los líderes Awá insistieron en su inconformidad porque su territorio no es para la guerra, porque defienden su autonomía y su ley propia como resguardo indígena; porque ——aseguraron—— no iban a permitir que sus familias y comunidad quedaran en medio de la confrontación armada entre los disidentes y la Fuerza Pública, que por esos días había incrementado sus operaciones en esa región para cercar a ‘Guacho’ y sus hombres.

Holmes, uno de los líderes del resguardo, contó que años atrás hacían comisiones para hablar con los comandantes de la guerrilla de las FARC y exigir respeto por sus territorios y el no involucramiento de los indígenas en sus ejércitos. Justamente, este fue el pedido de Holmes a los disidentes: hablar directamente con ‘Guacho’ para que les explicara por qué los estaba involucrando en su guerra. Según las autoridades Awá, por esos días habían sido asesinados dos de sus líderes: Pablo Emilio Moreno y Carlos Roberto. Al comenzar la asamblea, se levantó una plegaria por ellos, reconociendo que la muerte de una persona es “perder un corazón del mundo”.


El Frente Oliver Sinisterra es una estructura armada disidente de la antigua guerrilla de las FARC, comandada por Walter Arízala Vernaza, alias ‘Guacho’, quien se declaró desertor del proceso de paz y controla los cultivos de coca y las rutas del narcotráfico del Pacífico nariñense.



A los líderes indígenas los están matando por defender su territorio, por no quedarse en silencio ante los atropellos de los grupos armados, por hacerles frente, y no irse de sus comunidades. Los hombres de ‘Guacho’ reconocieron que a Pablo Emilio lo asesinaron por “decir lo que no era”.


Los mayores Awá conocen palmo a palmo su territorio y se constituyen en los guías y narradores de las historias que entre la selva han transcurrido.




A pesar de las acechanzas de los grupos armados, algunos jóvenes siguen el ejemplo de sus ancestros para cuidar el ciclo de la vida del pueblo Awá.



La vida de los Awá está en riesgo, las disidencias y demás estructuras armadas en la región no sienten respeto hacia nadie, amenazan a los líderes, a sus familias y conocidos; los obligan a desplazarse o, simplemente, los ejecutan. El Estado debe proteger sus vidas como el derecho supremo. Todo esto sucede en medio del dominio y la disputa territorial de los grupos armados para manejar el negocio de la coca, cuyo cultivo ocupa aproximadamente 23 mil hectáreas de la zona rural de Tumaco, según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

Holmes, Ignacio, Demecio y Flor Alba fueron amenazados por “los Guachos”, por haberlos confrontado en la asamblea local de ese día de mayo. Los señalaron de “sapos” y les achacaron sus bajas militares tras las emboscadas que sufrieron a manos de la Fuerza Pública.


Con el bastón de mando los líderes Awá protegen el territorio, irguiéndolo como símbolo de Paz y Autonomía.



Los Awá también contaron la historia de hombres armados que merodean las escuelas y comunidades, con la intención de convencer a los jóvenes indígenas de enrolarse en su grupo. Johan, de 16 años, fue uno de ellos. Terminó sumándose a las filas del Oliver Sinisterra, arguyendo que en su casa se había aburrido y que tenía rabia por el asesinato de su padre cuando tenía 9 años. Johan dijo que se fue por su voluntad pero, según los líderes, “al muchacho le hicieron inteligencia, le lavaron la mente y lo convencieron”. Precisamente por eso el Resguardo rechaza la presencia de los armados en su territorio: “porque les ofrecen a los jóvenes armas y dinero rápido y ellos, como han perdido el arraigo y desconocen los procesos de resistencia, sucumben a sus pretensiones”.
Por este motivo, los mayores y líderes insisten en la importancia de preservar la memoria, la cultura y la historia de resistencia Awá, caracterizada por el cuidado y la defensa decidida del territorio.

Los mayores recordaron cómo abrieron caminos con mingas, trochando en medio de la selva ——dicen que ellos son la gente de la selva——. Contaron que han ‘frentiado’ a los grupos armados que se han metido a sus comunidades y que, a pesar de todo, han logrado salvaguardar sus riquezas naturales: las otorgadas benévolamente por la Madre Tierra, a quien agradecen la exuberancia de sus bosques, montañas y ríos como el Rosario, Palay, Chachajo, Aguacate, Panteón, Inda y Pulgande.


Con machetes y trozos de madera los Awá formaron las trochas por las que se recorre el Resguardo de Gran Rosario.




Río Palay del Resguardo Gran Rosario: en la comunidad lo conocen como “Quita palanca”, porque cuenta la leyenda que los remadores perdían sus palancas por la fuerza de las aguas. Navegando el río Palay se llega al lugar sagrado de El Salto.
La comunidad de El Negrital poco a poco fue desapareciendo por el asesinato de sus líderes, el desplazamiento de sus habitantes, el cierre de la escuela y el abandono del lugar Sagrado para adorar.



Los Awá temen volver al pasado, aquel marcado por las fumigaciones aéreas de glifosato y por la siembra indiscriminada de minas antipersonales, que dañaron su fauna y flora; sufren con la migración de pericos por el veneno de las fumigaciones, la contaminación de sus ríos y cultivos, y el derrame de petróleo en sus aguas.


“All you need is love”: “Todo lo que necesitas es amor”. Luego de comprender lo que dice su camiseta, Marisol en medio de sonrisas manifestó estar de acuerdo con la sentencia de la famosa canción. Ella, al igual que las mujeres Awá, han resistido al conflicto y participan de las asambleas locales para aprender sobre sus derechos y seguir reclamando la restitución de estos. Tras la detonación de un artefacto explosivo la casa de Marisol fue quemada en el corregimiento de La Guayacana.



Holmes aseguró que soñaba con ver fortalecida la Guardia Indígena del resguardo, con más jóvenes voluntarios que comprendan que el territorio les pertenece y deben protegerlo. Su anhelo ——dijo—— era que las mujeres Awá también asumieran liderazgos, que fueran coordinadoras de la guardia y gobernadoras. Holmes explicó que trabajaba por un proyecto educativo propio, en el que pudiera enseñar y hacer resistencia desde la escuela, así como lo hacía cuando era docente y les hablaba a los niños del dolor de la guerra, de los riesgos de las armas, y del orgullo de ser indígenas.

Holmes y sus compañeros de lucha insistieron en que querían reclamar por sus muertos y desaparecidos, y en que querían hacer memoria de las masacres ocurridas en su territorio, como aquella del 26 de agosto del 2009 en la comunidad de Calví de Gran Rosario en la que fueron asesinadas 12 personas, entre ellas 7 niños, y que será recordada en una de las iniciativas de memoria histórica que apoya el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Holmes explicó que trabajaba por los suyos porque “esa es la labor de un líder: decir la verdad, asumir los procesos, orientar a la comunidad, ‘frentiar’ a los grupos armados, quedarse a cuidar el territorio y aportar para que las cosas mejoren”. Y luego afirmó, sin titubear: “Si por nuestra palabra hemos de morir, que así sea, pero moriremos luchando”.

Estas palabras se hicieron trágicamente realidad el 19 de agosto de 2018: Holmes fue asesinado por las disidencias de las FARC en el Corregimiento de La Guayacana, Tumaco, Nariño. Su vida, trabajo y lucha son un referente comunitario y un llamado al Estado y la sociedad colombiana para que esta historia no se siga repitiendo y en un futuro no tan lejano el Resguardo El Gran Rosario se pueda recorrer sin coca y sin grupos armados.


Como educador indígena Nasa y Awá, Holmes aseguraba que se podía preservar la vida y la memoria de su pueblo inculcando a los niños y jóvenes que la lucha y la resistencia no se hace con armas sino con el poder de la palabra.





Anterior Artículo HOME Siguiente Artículo