Nosotras, las mujeres Yanakuna, no terminamos este documento: lo tejemos hacia adelante. Cada página que aquí se plasma es una puntada en el tiempo, un hilo que no se corta, sino que se pasa a las manos que vienen caminando los procesos. Desde 2003 hasta hoy, hemos demostrado que la memoria no es nostalgia, es herramienta viva para la resistencia de nuestras semillas de vida.
Las mayoras que nos enseñaron —Praxedes, Ana Ilia, Flor de María, Leonilde, Ovidia, Emelda, María Enriqueta y Alfany— no son nombres del pasado, son nuestra memoria que no da fuerza para avanzar caminando en defensa de los derechos de las mujeres y de la madre naturaleza.
Las mujeres del pueblo Yanakuna somos de la noche, del agua y del arcoíris. Así como nos enseña la ley de origen, seguiremos abriendo camino, tejiendo sabiduría, construyendo el buen vivir para las que estuvieron, para las que estamos, para las que vendrán.
Caminar como mujeres Yanakunas en el gobierno propio es un acto de rebeldía, de amor y de profunda lealtad a la Madre Tierra y a nuestro pueblo. Es un viaje que no termina, porque caminar es vivir y vivir es luchar.








