Entre hilos y memoria: Juan Frío borda la esperanza

May 29, 2026

Crédito foto: Razón Pública

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Diálogos intergeneracionales a través del tejido

 

Entre hilos y memoria: Juan Frío borda la esperanza

 

En el corregimiento de Juan Frío, ubicado en Villa del Rosario, Norte de Santander, las telas comenzaron a llenarse de flores amarillas, montañas, palomas, ríos y palabras que resisten al olvido. «En Cristo somos más que vencedores», «Juan Frío tierra de paz» y «Hortaliza, yuca, maíz» fueron algunas de las frases bordadas durante el taller Memoria, Historia y Resiliencia a través del bordado, liderado por la Estrategia de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) el pasado 20 de mayo de 2026.

Cada puntada también fue una forma de narrar el territorio. Un territorio atravesado por la violencia, pero profundamente ligado a la tierra, al trabajo comunitario y a la memoria que reunió a mujeres, adultos mayores y adolescentes en una juntanza comunitaria.

 

El estigma del pasado

Hoy en día Juan Frío es un territorio que apuesta al turismo, al desarrollo agrícola y a la paz.

Juan Frío es uno de los corregimientos más golpeados por el conflicto armado en el área metropolitana de Cúcuta. Durante los años más intensos de la confrontación armada en Norte de Santander, este territorio fue escenario de desapariciones forzadas, desplazamientos y graves violaciones a los derechos humanos. Su ubicación estratégica en la frontera colombo-venezolana convirtió al corregimiento en un lugar disputado por actores armados ilegales, que dejaron profundas afectaciones en las comunidades campesinas y en las familias que históricamente habitan la zona.

En el informe «El estallido de un trueno ajeno. Memorias de sobrevivientes al Bloque Catatumbo», el CNMH documenta cómo el corregimiento de Juan Frío (Villa del Rosario) fue convertido por el paramilitarismo en un escenario de terror y desaparición forzada mediante el uso de «hornos crematorios». A través de testimonios comunitarios, el documento expone el impacto de la violencia fronteriza entre 1999 y 2004, sirviendo hoy como un pilar fundamental para la verdad y la dignificación de las víctimas en Norte de Santander.

La reconstrucción del tejido social se plasmó en cada puntada

La comunidad de Juan Frío unida por la memoria y la construcción de paz.

Mientras algunas mujeres bordaban una paloma blanca sobre los colores de la bandera colombiana, otras decidieron representar semillas, flores y cultivos para conectar estos símbolos con sus familiares desaparecidos, así lo narró una de las participantes: «Yo hice estas tres flores pensando en mis tres tíos que ya no están, y en homenaje a mi abuela, estas palabras que estoy bordando: “Tres rosas florecen donde la resiliencia de una madre sobrevivió al dolor sembrado por la guerra”. Abuelita, esto es para ti. Te amo. Eres el mejor ejemplo».

Este espacio de encuentro facilitó la escucha y el reconocimiento mutuo, permitiendo el diálogo intergeneracional. Entre telas extendidas y conversaciones pausadas, las participantes compartieron relatos sobre la vida antes del conflicto, las transformaciones del corregimiento y las formas en que las mujeres han sostenido a sus familias y comunidades en medio de la adversidad.

Ruth Cotamo, lideresa del territorio, destacó que Juan Frío continúa apostándole a la construcción de paz desde las iniciativas comunitarias: «Juan Frío siempre ha sido un territorio que le apuesta a la paz, siempre van a ver una cara amable, amigable, que está construyendo tejido social. Ese es nuestro objetivo», expresó durante la jornada.

El bordado, como ejercicio de memoria, permite reconstruir historias desde lo íntimo y lo colectivo. Cada pieza comenzó a conformar un archivo sensible del territorio, uno hecho no solo de recuerdos dolorosos, sino también de vida, de naturaleza y de resistencia. En Juan Frío, donde el conflicto intentó imponer el silencio, hoy las manos se abren para tejer una comunidad resiliente.


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