Visita de la líder Esperanza Rojas, esposa del sargento José Vicente Rojas, desaparecido hace 34 años por las FARC-EP

Oct 2, 2026

El 2 de noviembre de 1992 desapareció el sargento José Vicente Rojas, en un retén ilegal de las FARC-EP en la vía entre Mutatá y Carepa (Antioquia). Así empieza la historia de Olga Esperanza Rojas, la esposa del sargento adscrito al Batallón Voltígeros de Urabá y desparecido hace 34 años. El sargento, según lo relató Esperanza durante la visita, tomó un servicio de transporte público y nunca más volvió a casa. De esta manera, empezó la tragedia familiar de ella y de sus dos hijos por dar con el paradero de quien, según confesión de alias Karina, fue secuestrado y desaparecido por las FARC-EP. 

En la actualidad, Esperanza es una de las representantes más visibles de las familias de víctimas de la Fuerza Pública que sufrieron desaparición forzada en el marco del conflicto y cuyos casos han sido ignorados y no plenamente esclarecidos. El recibimiento de esta líder, a cargo de D’mar Córdoba Salamanca, director general del CNMH, estuvo presidido por la idea de que «detrás del uniforme hay una familia, un ser humano, un padre», como se repitió a lo largo de la conversación que sostuvieron. 

La desaparición del sargento es uno de los 5.032 uniformados que han sido víctimas de este delito, según datos de la Unidad de Víctimas. Las cifras, aunque presentan subregistros, sirven de recordatorio para enfatizar un fenómeno que, como indica Esperanza, «ha sido muy invisibilizado», como si los militares y policías no fueran víctimas cabales y con igualdad de derechos en el marco de la Ley 1448, del 2011, según recordó el director general del CNMH: «La Ley 1448 no excluye de la categoría de víctimas a la fuerza pública». 

Aunque durante muchos años los familiares de víctimas «tuvieron un diploma sin validez», como lo expresa Esperanza para señalar las numerosas revictimizaciones que han sufrido, ahora, gracias a la fundación Fundives, que agrupa a mujeres que «luchan por la reivindicación de los derechos de más de 30 mil familias víctimas de desaparición forzada», empiezan a ganar visibilidad y a mostrar las muchas historias de vida que quedaron truncadas, afectadas, pero que, aun así, no pierden la esperanza de conocer el paradero de sus seres queridos.

Este anhelo del reencuentro lo expresa Esperanza en estos términos: «Mis hijos crecieron con la esperanza de que su padre regrese a casa». Ella está convencida de que este se producirá bien en el plano físico, bien en el plano simbólico. Para Esperanza, que ha participado en todos los procesos de paz adelantados con las FARC-EP, aún falta mucho camino por establecer la verdad de lo ocurrido. Además de estos esfuerzos judiciales, también invitó a hacer un esfuerzo como sociedad para dejar de estigmatizar, desdeñar e invisibilizar a las víctimas de la Fuerza Pública.

 

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