Como parte del ciclo de conferencias de la Semana de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, celebrado en la Universidad Militar Nueva Granada, el director general del CNMH, D’mar Córdoba Salamanca, participó con una intervención titulada «La memoria histórica como pilar de verdad y garantía de no repetición».
La ponencia se articuló en torno al principio de que los miembros de la fuerza pública, según lo establece la Ley 1448 de 2011, no están excluidos del derecho a ser reconocidos como víctimas en el marco del conflicto armado, y gozan de la misma legitimidad a ser escuchados sin ningún tipo de discriminación o sesgo en el ejercicio de construir una memoria histórica nacional. Para el CNMH, en palabras de su director general, es un objetivo de primer orden «recibir en nuestros archivos los relatos de las familias de la Fuerza Pública con la misma dignidad con que recibimos los de cualquier otra víctima».
En referencia a los hechos ocurridos el 19 de octubre del año 2006, cuando un carro bomba, instalado y detonado por guerrilleros de las FARC, estalló en las instalaciones de la Universidad Militar Nueva Granada, el director general recordó que «hace veinte años, en este mismo lugar, alguien quiso que el estruendo de una bomba fuera la última palabra. No lo fue. La última palabra la tienen hoy los heridos que siguieron adelante, las familias que no se rindieron y una universidad que volvió a abrir sus aulas».
La intervención continuó con la definición del tipo de memoria histórica que desde el CNMH se quiere proponer al país y a la sociedad. Bajo el ánimo de que lo primero es reconocer su pluralidad intrínseca, el director general distinguió entre la memoria cuyo único objetivo es «catalogar el dolor» y que acaba por convertirse en «vitrina», y la «memoria que garantiza la no repetición […], la que comprende lo que ocurrió, identifica a quién sirvió la violencia y desmonta las condiciones que la hicieron posible».
Como parte de esta nueva orientación, D’mar Córdoba Salamanca recordó ante el auditorio que el CNMH se ha convertido en un lugar de escucha activa de las víctimas y no de los victimarios. En los dos meses que lleva su gestión al frente de la entidad, han pasado numerosas personas a relatar sus historias para que el ejercicio de documentación de lo ocurrido sea cada vez más sistemático y completo, un imperativo ético con los 10.357.896 de víctimas oficialmente acreditadas en el país.
«Detrás de esa cifra no hay un expediente. Hay hijos, padres, familias que no se doblegaron», señaló con énfasis el director general, destacando que, cuando no se profundiza en ellas, las cifras acaban por ofrecer una visión deshumanizada del dolor individual que acompaña a cada víctima. La memoria, en este sentido, debe encargarse de restituirlas en su dignidad, de contribuir a que se abran las vías de acceso al conocimiento de lo ocurrido, y de garantizar que la verdad pueda conocerse sin matices, ocultamientos o versiones parciales. «La memoria —concluyó el director general— no es un homenaje al pasado; es la defensa del futuro, y el futuro de Colombia no puede escribirse con la pluma de quienes le dispararon».








