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En Memoria de Álvaro Camacho

Publicado 08 Mar 2012
Modificado por última vez en 05 Jun 2013

En memoria del Investigador Álvaro Camacho

Sociólogo, murió en Bogotá el 11 de diciembre de 2011 a los 72 años.


El mejor libro de Álvaro Camacho quedó sin escribir. Alumnos(as) y colegas coinciden en que si hubiera escrito todas sus anécdotas como investigador del narcotráfico en Colombia, tendríamos un best-seller nacional. En sus clases mezclaba investigación y teoría con historias personales que no hacían más que entusiasmar a los estudiantes frente a uno de los temas transversales y dolorosos del país. El narcotráfico fue su gran obsesión como académico.


Escribió libros, dirigió tesis, produjo ponencias, columnas de opinión, debates y editoriales en los que siempre fue fiel a una idea: el fracaso de la lucha contra las drogas. Trabajó en la Universidad del Valle, en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia y en el Centro de Estudios Socioculturales (CESO) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes. Como miembro activo del Grupo de Memoria Histórica fue relator del primer informe del Grupo publicado 2008: Trujillo. Una tragedia que no cesa  y siempre tuvo presente que su mayor reto sería superar los obstáculos de la memoria en un país sin memoria. Durante los últimos meses se dedicó, casi de una manera empecinada, a crear una base de datos de las víctimas del narcotráfico de Colombia en los últimos cincuenta años que sería un insumo al capítulo que estaba escribiendo del Informe General que el Grupo de Memoria Histórica debe entregar en el 2013.

Antes del "narco", el fútbol fue primero en la vida de Álvaro Camacho. En su casa enseñaba con orgullo la foto de "Los Platónicos", un equipo amateur de la Universidad Nacional, conformado en la década del setenta por académicos más adeptos a los tableros que a la pelota. En un artículo publicado en mayo de este año por el boletín OPCA de la Universidad de los Andes, Álvaro recordó las giras, los goles y las frustraciones como jugador (frustraciones que se alargaron en el tiempo como hincha de Millonarios). Sólo en privado se atrevió a hablar de las escasas calidades deportivas de sus compañeros de equipo: Álvaro Tirado Mejía, Jorge Orlando Melo, Gabriel Restrepo, entre otros ("Melo era uno de los más flojitos" le confesó alguna vez a un amigo).

Buen tertuliador, sarcástico, afectuoso con sus alumnos, adicto al café oscuro, a los cigarrillos, a la familia, a su casa campestre en La Vega (Cundinamarca), a los apodos, crítico con sus colegas, estricto con la puntuación, alérgico a las ferias taurinas, a prestar libros (su biblioteca sobre narcotráfico tal vez sea la más completa en el país), a los dequeismos y a las personas con "incontinencia verbal". Como sociólogo siempre le interesó expresar bellamente lo que observaba y escuchaba. Sus textos son una muestra de ello.

Con la muerte de Álvaro Camacho se produjo un hueco hondo en su familia y un vacío en la academia que difícilmente se podrá superar. Vale la pena, entonces, releer sus textos, revisar su legado intelectual y repasar sus máximas. La memoria de Álvaro Camacho seguirá siendo parte de la memoria histórica del país.

Comunicaciones Grupo de Memoria Histórica

 

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