El Tarra: Una guerra que no cesa

Publicado 20 Feb 2018
Modificado por última vez en 17 Mar 2018
El Tarra: Una guerra que no cesa Camilo Ara/ Para CNMH/GIZ

El 16 de febrero de 2000, paramilitares del Bloque Catatumbo asesinaron a 20 personas en el municipio El Tarra, en Norte de Santander. Hoy, 18 años después, la violencia, que se soñaba llegara a su fin, no da tregua en este territorio.

Por: William Alejandro Moreno, periodista del CNMH

Elkin Fabián Toro fue asesinado el pasado 18 de febrero, él es el quinto líder social de esta región del país que pierde su vida por ejercer un papel de liderazgo con la comunidad, un capítulo de violencia que nos recuerda uno de los más atroces en la historia de la región del Catatumbo, que empezó en 1999, cuando las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) llegaron a la zona para confrontar al ELN y, en especial, para arrebatarle los cultivos de coca en la región y obtener el control de esta zona fronteriza de carácter estratégico para las FARC.

Para esto, los hermanos Castaño crearon el Bloque Catatumbo, más de 200 paramilitares comandados por Salvatore Mancuso que salieron en varios camiones desde Córdoba y cruzaron cinco departamentos hasta llegar a Norte de Santander, donde cometieron, según la Fiscalía, más de 25 masacres entre mayo de 1999 y febrero de 2000, dejando centenares de desaparecidos, desplazamientos forzados, homicidios y violencia generalizada.

En su paso de Tibú al Tarra, los paramilitares venían infundiendo temor en toda la población de dichos municipios, por lo cual, previo a su llegada al corregimiento de Filo Gringo, sus habitantes se desplazaron masivamente dejando abandonado el caserío. Cuando los paramilitares llegaron allí quemaron unas y se apropiaron de otras viviendas. Así, la mayor parte de la población abandonó sus casas, que días después fueron quemadas por el grupo armado. Según informes del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), estos hechos en El Tarra “produjeron el desplazamiento de 117 familias del casco urbano y de 22 veredas, donde habitualmente residían unas cinco mil personas y de las que escasamente quedó el 5% de los habitantes”.

La masacre del 16 de febrero de 2000 marcó el inicio de la atrocidad en El Tarra. Ese mismo año, y en menos de un mes, los hombres de Castaño perpetraron otros dos ataques. Los habitantes de esta zona del Catatumbo solían ser amenazados por los paramilitares por ser supuestos colaboradores de las guerrillas.

Hoy se sabe, por Justicia y Paz, que los paramilitares contaron con el apoyo de miembros de la fuerza pública para apoderarse de las zonas con influencia de las FARC y el ELN en El Catatumbo. Por estas acciones fue condenado en 2007, por el Consejo de Estado, el Ministerio de Defensa. "Hubo incapacidad e indolencia de los efectivos militares y de la policía acantonados en la zona y una evidente falta de voluntad estatal para evitar sus desmanes y atropellos", indicó el fallo.

Pero esa no ha sido la única reparación para el municipio El Tarra. El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) reportó en su informe “Con licencia para desplazar” de 2015 que, con el apoyo de la Asociación Minga, víctimas sobrevivientes de las masacres perpetradas en La Gabarra, Tibú (29 de mayo de 1999), y en Filo Gringo, El Tarra (29 de febrero y 3 de marzo de 2000), interpusieron en 2009 una acción grupal para reclamar la reparación de los daños causados por el desplazamiento forzado. “En los dos casos, el Consejo de Estado condenó patrimonialmente a la Nación y ordenó indemnizar a las víctimas, por concepto del daño moral ocasionado por los desplazamientos y la muerte de sus familiares”, señala el informe.

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Verdad y reparación

Resulta difícil hablar de verdad y reparación, y sobre todo de posconflicto, en una región como El Catatumbo, donde la violencia no da tregua. El Tarra, como los otros 9 municipios: Convención,  Tibú, Sardinata, Hacarí, La Playa, San Calixto, Ocaña, Teorama, El Carmen; que componen esta región de Norte de Santander, convive hoy con la presencia de los grupos armados ELN y EPL, las bandas criminales sucesoras del paramilitarismo y la ausencia estatal.

En esta región se produjo el secuestro de la periodista española Salud Hernández, en mayo de 2016, y además, según la Fundación Paz y Reconciliación, el municipio concentra el 3% de la mitad de los cultivos de coca en Colombia, por lo que es proclive a enfrentamientos con la fuerza pública por erradicación forzosa. Y cabe aclarar que esto se debe a que la sustitución de cultivos, al día de hoy, no ha iniciado formalmente en el municipio, solo ha habido socializaciones.

Por otro lado, los enfrentamientos entre grupos armados continúan afectando a la población. A principios de febrero de este año, en El Tarra se registraron enfrentamientos entre el Ejército y el EPL. Según informó la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), estos no solo dejaron en medio del fuego cruzado a cerca de 700 estudiantes de la escuela del corregimiento Filo Gringo —razón por la que se suspendieron las actividades académicas durante tres días—, sino que además generó el desplazamiento de 63 familias.

Al respecto, la Asociación Juntas de Acción Comunal Zona Dos (ASOJUNTAS) de la comunidad de Filo Gringo, en el municipio El Tarra, informó vía comunicado que, además de la escuela, “32 viviendas, el colegio y la iglesia registraron impactos de balas y diez familias fueron desplazadas de los sectores de Vista Hermosa y los Olivos”.

Según el portal La Silla Vacía, en enero de este año circuló, principalmente en El Tarra, un panfleto en el que presenta una presunta disidencia de las FARC: ‘Resistencia Farc’. De igual forma, se han venido presentando amenazas a líderes comunitarios y organizaciones de mujeres, quienes reclaman la atención del gobierno.

Todo esto, sumado a las acciones violentas del ELN en Norte de Santander por el paro declarado hace unos días, como el ataque por un francotirador contra un miembro de la Policía Nacional en el municipio de El Carmen; el intento de derribar un puente cerca a la vía Cúcuta-Pamplona para dejar incomunicada la zona con el interior del país, y los explosivos hallados en Tibú con los que se pretendía atentar contra la fuerza pública, demuestran que toda la región de El Catatumbo sigue siendo una zona vulnerable.   

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Por la esperanza

Sin embargo, frente a estas difíciles circunstancias, en El Tarra sus habitantes han respondido desde el arte y apuestas organizativas. Ese es el caso de la movilización pacífica que tuvo lugar a principios de febrero de este año a propósito del enfrentamiento armado entre el Ejército y el EPL en el municipio. El comité de mujeres del corregimiento de Filo Gringo, junto a población civil, emprendió una caminata en rechazo a los actos violentos, exigiendo “la exclusión de los civiles del conflicto armado y que se dé cumplimiento a exigencias de una paz con justicia social”, señaló el comité vía comunicado.

También han surgido manifestaciones artísticas, como la propuesta de Los Reyes Magos, un grupo de rap conformado por tres jóvenes oriundos del corregimiento Filo El Gringo, en El Tarra, que encuentran en la música no solo un medio para alejar a otros jóvenes de los grupos armados, sino también un canal de denuncia y expresión.

“Los Reyes Magos nacen con la idea de mostrar qué es lo que realmente está pasando en El Catatumbo. No lo que están mostrando por televisión, por la radio o las fotos, sino lo que efectivamente estamos viviendo. Y desde ahí, desde nuestro rap, exigir que nos apoyen como jóvenes y como pueblo”, explicó el rapero Iván René Ramírez al CNMH para el especial “Catatumbo, memorias de vida y dignidad”.

Este grupo de rap, que hace parte del movimiento campesino, surgió en un colectivo de jóvenes en Filo El Gringo llamado Lazos de Unión. Hoy representan las voces de resistencia que le cantan a la vida del campesino, pero también al abandono estatal; que responden al estigma de la sociedad y denuncian el control territorial que han impuesto distintos grupos armados en El Catatumbo.

El reciente informe “Una guerra sin edad” del CNMH da cuenta de 16,879 casos de reclutamiento de menores de edad, entre 1960 y 2016, y explica que una de las regiones críticas es el Catatumbo, en Norte de Santander, donde, tras la salida del frente 33 de las Farc, varios grupos armados se disputan el control de la zona y aseguran su expansión reclutando niños en los alrededores de los colegios.

Por eso, la labor de Los Reyes Magos no es para menos. Estos jóvenes desean ser agentes de cambio y recorren el Catatumbo concientizando a decenas de jóvenes mediante el rap. “Desde la música hacemos resistencia para que nos escuche una sociedad que, a veces, se olvida que existimos”, afirmó el rapero Melquin Sánchez al CNMH.

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