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De la necesidad de hacer visible lo invisible

Publicado 03 Jun 2014
Modificado por última vez en 11 Nov 2014
De la necesidad de hacer visible lo invisible Foto por Álvaro Cardona

Palabras de Gonzalo Sánchez, Director del CNMH, a propósito de la semana que acaba de terminar y en la que conmemoramos a los desaparecidos. Gracias a todos por participar en los eventos, por seguirnos en las redes, por descargar nuestros cuatro nuevos informes y por hacer memoria por los desaparecidos.

Sobre la infamia de la desaparición forzada de personas
Centro Nacional de Memoria Histórica
Presentación Gonzalo Sánchez

De la necesidad de hacer visible lo invisible

Esta semana por la memoria se suma a la conmemoración de la Semana Internacional del Detenido-Desaparecido, en un acto de reconocimiento de un país que enfrenta su responsabilidad en la invisibilización de este crimen, como Estado y como sociedad. Exponer las consecuencias de la ambigüedad entre la presencia y la ausencia forzada y continuada de un ser querido, señalar las dimensiones de la infamia que se agazapa bajo el precepto de “desaparecer a un ser humano”, y nombrar a las víctimas directas que ha cobrado la desaparición forzada de personas desde hace cuatro décadas, es la labor que tenemos por delante.

La naturalización y el carácter cotidiano que llegó a adquirir esta práctica requiere, para contrarrestarlos, dolorosos e incómodos ejercicios de memoria, en una sociedad a la que se le arrebataron, no solo un número incalculable de personas, sino los dones que creía haber conseguido en el proceso histórico de humanizarse. Humanizarse no es otra cosa que hacerse responsable del carácter de ser humano del otro, aun en los enfrentamientos armados, cuando es el odio el que nos moviliza, e incluso en los instantes de peligro que pueden amenazar nuestra ritualmente invocada seguridad, en nombre de la cual nos hemos visto abocados a convivir con lo más atroz y degradado de la violencia que un hombre es capaz de ejercer contra otro hombre.

Se trata de dolorosos e incómodos ejercicios de memoria, puesto que, tal como ocurrió en otros países de América Latina, y más específicamente en los del Cono Sur, el primero de los dos vértices históricos de la desaparición forzada en Colombia señala a los agentes de seguridad del Estado como responsables de este crimen de manera dominante; es así como, entre finales de la década del 70 y durante la década del 80, la desaparición forzada de personas comenzó a practicarse en Colombia como una respuesta contrainsurgente del Estado frente al surgimiento de las guerrillas, al amparo de la declaración sucesiva y prolongada de estados de sitio o estados de excepción, que menoscabaron la condición democrática del país.

Posteriormente, desde mediados de los años 90 y hasta el 2002, la desaparición forzada crece paralela a la expansión de los paramilitares, articulada o apoyada por agentes del Estado; unos y otros recurren a estrategias de invisibilización, de manera que, bajo la mirada del derecho interno y de las organizaciones nacionales e internacionales defensoras de derechos humanos, se fue haciendo menos notoria pero no menos sistemática, camuflándose en un contexto de múltiples violencias que se cruzan.

La desaparición forzada de personas es una injusticia vigente. Asumir no solo la investigación sino el castigo penal de los perpetradores de ese delito, es parte de la tarea pendiente del Estado colombiano; hay mucho Estado ocupándose de este problema, pero es un Estado todavía desarticulado. Y hay también instituciones que no aceptarían asumir su responsabilidad con todo el alcance que arrojan los resultados de las investigaciones. Como lo ilustra el testimonio de la hija de un desaparecido: “Si a veces con cualquier crimen en este país es difícil encontrar justicia, más en un crimen en el que está involucrada una figura como el Estado y que no está personificado en nadie; es como pelear contra un monstruo gigante que envuelve una cantidad de cosas, y que controla y administra la justicia que tú estás buscando” [Shaira Rivera, tomo III, p. 93]. Por eso, el reclamo de verdad y justicia de los familiares de las víctimas debe ser también una exigencia de la sociedad, que en su mayoría ha sido indiferente frente a este crimen, por causa de la polarización del país.

La Línea de Investigación del CNMH sobre Desaparición Forzada de Personas en Colombia se propone aportar a esta labor de memoria, entregando hoy, como anticipo a su compromiso con este tema, cuatro informes. El primero de ellos analiza las Normas y dimensiones de la desaparición forzada, y permite ver minuciosamente cómo ha evolucionado la legislación nacional e internacional sobre este delito y cómo se ha dimensionado en los intentos por tipificarlo.El segundo, titulado Huellas y rostros de la desaparición forzada, es una selección de 13 casos emblemáticos, que han sido documentados exhaustivamente, y son un testimonio doloroso de la ineficacia del Estado para impedir que estos hechos sigan impunes.El tercer informe, Entre la incertidumbre y el dolor, es una investigación sobre los impactos psicosociales causados por la desaparición forzada de personas, descritos como una doble tortura: la física, que se supone impuesta a la víctima directa, y la psicológica, que sufre el familiar del desaparecido, a causa de la incertidumbre y por el hecho de verse muchas veces sometido a un trato cruel durante la búsqueda insaciable de su ser querido.El último informe hace un Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas, analiza los mecanismos actuales que se han creado para combatirla, señala las razones de su ineficacia, y hace algunas recomendaciones para mejorar las unidades existentes de prevención, búsqueda, investigación, asistencia y reparación.

La desaparición forzada en Colombia es un crimen de lesa humanidad, que se ha dirigido en primer lugar contra los líderes sindicales o la población civil sindicalizada y contra su familia; contra los estudiantes, contra los líderes, militantes y simpatizantes de los partidos políticos de izquierda, y contra sus familiares; y contra los miembros de las organizaciones de defensa de los DD.HH. Pero también se ha perpetrado para mantener la cadena de impunidad que lo caracteriza, al dirigirse también contra los seres queridos de las personas desaparecidas, que son a su vez desaparecidos para silenciarlos, o contra los abogados o los representantes de la justicia que se han ocupado de tales denuncias, o contra los miembros de las organizaciones de defensa de los DD.HH. que han hecho eco de sus reclamos; más recientemente, la desaparición forzada asumió la forma de ejecuciones extrajudiciales conocidas con el nombre de “falsos positivos”, afectando a jóvenes de zonas vulnerables del país que fueron detenidos ilegalmente, desaparecidos y hechos pasar como miembros de la guerrilla para asesinarlos y sumarlos ignominiosamente a las estadísticas de guerrilleros dados de baja.

Uno de los sellos distintivos del análisis de la desaparición forzada es el subregistro, que hace realidad la pretensión criminal de invisibilizarla: en primer lugar, porque muchas víctimas de desaparición forzada fueron incluidas en los registros de las víctimas de secuestro u homicidio, dado que solo en el año 2000 la desaparición forzada fue tipificada como delito; en segundo lugar, el subregistro se explica por la eficaz cadena de violencias dirigidas a garantizar la impunidad de este delito.

Pese al subregistro, las víctimas directas de desaparición forzada estimadas por el CNMH fueron por lo menos 26.000 personas. Un número tres veces mayor que la cifra oficial de los desaparecidos durante las dictaduras de Argentina y Chile. Ahora bien, cuando se habla de cifras como estas el resultado es lograr sacudirnos, conmovernos como sociedad, pero no podemos dejar de pensar en que cada número de esta lista interminable está unido al nombre y la existencia de un ser humano. Por eso, más que contar, nos urge el trabajo contrario: nombrar y narrar, para individualizar e identificar a los hombres, mujeres y niños que la desaparición forzada ha enajenado de un modo u otro.

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