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Cartoni habla sobre el teatro como catarsis de la violencia

Publicado 14 Sep 2015
Modificado por última vez en 06 Mar 2018

Después de su experiencia con arte y teatro en los procesos paz de Irlanda del Norte y de Guatemala, Alessia Cartoni visitó el país como invitada del II Festival de las y los oprimidos, PaZes en escena. El Centro Nacional de Memoria Histórica habló ella.

 

Alegre, optimista y comprometida con la paz, así puede describirse el ánimo de esta artista española. Cartoni es reconocida mundialmente por el uso de la técnica del teatro del oprimido; propuesta escénica que apuesta a transformar al espectador en un espect-actor (ser activo) protagonista de la acción dramática y sujeto creador, estimulándolo a reflexionar sobre su pasado para cambiar la realidad.

Su visita al país se dio en el marco del II Festival de las y los oprimidos, PaZes en escena, organizado por la Corporación Otra Escuela con el apoyo de la Dirección de Museos del CNMH.

¿Cómo ha sido tu experiencia en contextos de paz y reconciliación de Colombia?

“En el país he desarrollado algunas experiencias, por ejemplo el caso de Palomino, allí puede observar cómo el conflicto corta de raíz la posibilidad de juego y de imaginar alternativas. Desde esa observación y a través del teatro foro de Augusto Boal, empezamos a crear un proceso en el que buscamos alternativas a lo que está pasando. Identificamos que en el sector había una violencia paramilitar real que no se hacía evidente en un nivel macroestructural sino en uno microestructural, había violencia de género, doméstica, infantil y pocos medios. De tal forma el proceso se enfatizó desde ese lugar. El resultado fue algo muy positivo, ya que hicimos una obra de teatro foro con todo el colectivo, a la cual acudió toda la comunidad, hasta padres que en muchos casos, eran los grandes ausentes”.

Teniendo en cuenta su trabajo artístico en el marco de otros procesos de paz como el de Irlanda del Norte, ¿Cuál es su lectura del momento por el cual atraviesa Colombia?

“La experiencia en Irlanda del Norte es diferente ya que si bien han pasado más de 25 años después del acuerdo de paz,  su firma no conlleva al fin de la violencia. Lo que yo hago en estos contextos de paz y reconciliación, a través de técnicas como el teatro del oprimido o el teatro del testigo, es dar la voz a personas que habitualmente en el conflicto han sido silenciadas. Desde la apertura de estas voces se puede empezar a simbolizar, trabajando en grupos heterogéneos, involucrando a representantes de un lado y del otro del conflicto, es decir hablamos de procesos de sanación a través del arte, a través de lo simbólico, con resultado terapéutico. Entiendo que aquí en Colombia ya ha iniciado la aplicación del arte como herramienta de ayuda, sobre todo cuando la gente de distintos lados está disponible para contar su verdad y sobre todo a escuchar al otro”.

¿Qué percepción tiene de la relación entre teatro y la memoria histórica?

“El arte siempre ha estado al servicio de la memoria y de la creación de una narrativa común, también creo que es el mejor aliado en la reconstrucción de memorias y en la representación de verdades no hegemónicas que incluyen a todas las partes del conflicto. El arte  nos invita a ponernos en los zapatos del otro; especialmente el teatro que al ser performativo, nos permite pasar por el cuerpo, por la historia del otro, para poder actuar y de ahí entenderla”.

¿Y qué piensa de ese arte como proceso sanador?

“Contar mi propia historia me ha retejido en lo más familiar, en comunidad, como parte de un país y una sociedad por mi experiencia en Irlanda del Norte. Estos procesos surgen como un verdadero reposicionamiento de las personas a través de contar su propia historia, es abrir la herida, claro, pero abrimos la herida esperando poder trascenderla a través del medio artístico, que es un vehículo que nos permite tener muchas más posibilidades de llegar al otro porque lo bello abre el corazón del otro, lo abre a la escucha”.

¿Cuál cree que es el impacto de este tipo de festivales?

“Creo que movilizan el cambio social. Llevo viajando a Colombia desde hace algunos años y veo muy claro que la gente desea un cambio, se está poniendo en pie con muchas acciones. En lo que respecta al mundo del arte, mi deseo es que este tipo de espacios sirvan para multiplicar, para que la gente se comprometa aún más, cada vez me que vengo me encuentro con más personas muy empoderadas en sus colectivos y comunidades, multiplicando tanto con herramientas, ideas o llevando a territorios donde no se podían llevar este tipo de iniciativas”.

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