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Campesinos de tierra y agua

Publicado 25 Ago 2017

Campesinado en el Magdalena

Screen_Shot_2017-08-25_at_5.19.43_PM.pngEl caminar de los campesinos organizados en el centro del departamento se narra desde su vivencia: su proceso de colonización y ocupación de tierras, sus esfuerzos colectivos por ser y la consolidación de sus comunidades, resaltando la conformación de juntas de colonización, la economía tabacalera y la conformación de sindicatos tabacaleros. 

En este proceso se fueron configurando fuertes conflictos entre los terratenientes y los campesinos por la propiedad de las tierras. Con la aparición de la política de Reforma Agraria, en los años setenta y ochenta, a algunos campesinos les fueron tituladas tierras y adjudicados terrenos baldíos. Sin embargo, a la fecha, muchas comunidades siguen esperando la titulación de sus tierras.

La situación del campesinado empeoraría con la llegada de la guerrilla a la región y posteriormente con el fortalecimiento del actuar paramilitar. Con mucha dificultad los campesinos seguían organizados aspirando acceder a tierras, mejorar la calidad de vida y participar en la política local.

Este proceso dejó consecuencias en las comunidades y en las organizaciones que, en muchos de los casos, no se pueden reparar. La gente perdió las tierras, se desplazó forzadamente y muchos dirigentes de la organización campesina fueron victimizados. En la actualidad existen organizaciones despolitizadas y fragmentadas, con las cuales se siguen pensando en el futuro.

Campesinado en el departamento de La Guajira

Campesinos de tierra y aguaEl documento sobre La Guajira recoge una demanda: la existencia de las campesinas y campesinos que habitan en el norte del país. Desde este punto de partida se hace memoria subrayando la importancia de abordar la situación actual y de ver en retrospectiva la trayectoria de las comunidades y organizaciones campesinas en La Guajira. Se destacan los antecedentes de la organización campesina ANUC en el departamento y se recuerdan, a través de los relatos, las relaciones históricas y actuales con “las comunidades indígenas” mediadas por el conflicto por la tierra y el reconocimiento como sujetos de derechos.

Las memorias sobre la trayectoria de las organizaciones campesinas en La Guajira son diversas, algunos afirman que no es preciso hablar de la lucha por la tierra en el departamento y otros destacan que sí lucharon por la tierra, pero de manera pacífica.

El documento presenta también algunos aportes para la caracterización del sujeto colectivo campesino y formula algunos elementos en clave de reparación, siendo central el reconocimiento de las campesinas y campesinos de La Guajira.

Campesinado en el departamento del Atlántico

Los campesinos en el Atlántico narran de forma parcial las trayectorias de surgimiento de las comunidades, sujetas a la historia de constitución de las primeras organizaciones sociales y políticas tales como las ligas campesinas, los sindicatos agrarios y las cooperativas campesinas. En el panorama organizativo aparece luego la ANUC, evocándose como otro de los referentes en la lucha por la consecución de la tierra y el mejoramiento de las condiciones de vida del campesinado.

A pesar de que algunas comunidades lograron acceder a la tierra, se trató también de una etapa amarga en la que -argumentan las comunidades- los líderes y lideresas vivieron la violencia ejercida por los terratenientes en asocio y auspicio de las autoridades locales, la policía, el Ejército y las cuadrillas de los llamados pájaros.

Estas disputas por la permanencia del campesinado en el territorio se prolongarían vinculándose con las vivencias actuales, de tal suerte que los campesinos siguen experimentando casi de forma perpetua, el desplazamiento forzado, la venta ilegal de predios, el despojo y el desalojo, agenciado según ellos, por los mismos actores.

Campesinado en el departamento del Cesar

Aunque disminuidos organizativamente los campesinos siguen trabajando por la solución de sus necesidades, luchando no solo por el acceso a la tierra sino por el reconocimiento de sus derechos de propiedad y posesión. Ahora, luchan contra las mineras, no solo contra los terratenientes y sus grupos de justicia privada. 

En las memorias de los campesinos del Cesar los primeros recuerdos evocan la lucha por la tierra de los años sesenta, en el marco de procesos de colonización tanto de sabanas como de las zonas de ladera en la serranía del Perijá. Al igual que en el Magdalena, algunas de las tierras colonizadas fueron tituladas a sus ocupantes y otras no. Con el tiempo, llegaron las guerrillas al territorio y años después los paramilitares. Los grandes propietarios de tierras auspiciaron la conformación de grupos privados armados para expulsar a los campesinos de las tierras colonizadas y de aquellas que fueron ocupadas.

La bonanza marimbera en esta región permitió configurar una etapa reciente de despojo y expulsión de campesinos hacia zonas de frontera agrícola y de frontera territorial con Venezuela. El campesinado continuó con sus procesos organizativos y de recuperación de tierras, pero la violencia no daba tregua.

En cualquier caso, el campesinado se configuró colectivamente, sintiendo los rigores y efectos de la violencia social y política sobre sus comunidades y organizaciones.

Campesinado en el departamento de Córdoba

Los relatos constituyen un recuerdo y a la vez un testimonio de los hechos victimizantes, daños e impactos vividos en el marco del conflicto armado. A partir de estas memorias y en medio de tanta violencia, se destaca cómo sobrevivieron los objetivos de la lucha campesina. Se formulan algunas propuestas sobre el sujeto colectivo a reparar y se aportan algunos elementos en perspectiva de reparación.

El documento sobre Córdoba aborda la trayectoria de las comunidades y organizaciones campesinas en el departamento y los antecedentes de la organización campesina ANUC, a través de un recorrido guiado por los ríos, ciénagas y la tierra que fueron y continúan siendo los escenarios de la vida y la lucha campesina. Se identifican las características de las campesinas y campesinos de tierra y agua del departamento, precisando la necesidad de reconocer que el campesinado no es un sujeto homogéneo y destacando la identidad y a la vez las diferencias existentes entre los campesinos que cultivan, los que viven de la pesca y aquellos que habitan en las ciénagas y deben alternar una y otra labor. Se destaca la participación de las mujeres en la lucha por la tierra y se recuerdan los logros de la organización campesina a nivel veredal, municipal, corregimental y departamental.

Campesinado en la Mojana Sucreña y Bolivarense

Aquí encontrará la narración de una parte de las memorias y trayectorias comunitarias y organizativas del campesinado que habita el sur del departamento de Sucre y el centro-sur del departamento de Bolívar. Ancladas en un territorio caracterizado por el relacionamiento tierra-agua, estas memorias recrean parcialmente la vida del campesino agropesquero, la cual ha transcurrido en medio de una historia marcada por el surgimiento de “comunidades que aprendieron a pensar” de la mano de organizaciones campesinas como La ANUC Línea Sincelejo y posteriormente de la ANUC-UR.

El devenir de los agropesqueros también es recordado. Las afectaciones generadas por la sedimentación, contaminación y apropiación de ciénagas, de los caños y los playones, ha modificado el modo de vida anfibio que una vez caracterizó al campesinado de la región. La minería que arrastra sedimentos y contamina, más el desecamiento de cuerpos de agua por parte de terratenientes (entre otros), son reconocidas como las principales causas de tal proceso.

La violencia generalizada experimentada a partir de la década del ochenta es identificada como otro de los componentes de dicha reconfiguración. Se recuerda cómo la entrada de los armados -en especial de los paramilitares- generó un escenario de miedo y terror que terminó apalancando la recomposición de las comunidades y las organizaciones campesinas. Un daño colectivo que hoy busca ser resarcido en pro de la pervivencia de los agropesqueros y su territorio anfibio.

Campesinado en el departamento de Sucre

El reconocimiento como sujetos de derechos es el centro de la reflexión que presentan los dirigentes campesinos, pensado como el punto inicial de un posible proceso de reparación colectivo. Ser reconocidos como ciudadanos con derechos, es el primer paso para ellos, en el camino de la reparación colectiva.

En este cuaderno se presentan parte de las memorias de los dirigentes campesinos del norte y del centro del departamento de Sucre, en un ejercicio que intenta reconstruir su devenir organizativo y comunitario. Los relatos permiten evocar el surgimiento de sus comunidades y de la larga tradición de organización y lucha por la tierra: personajes como Felicita Campos, la trascendencia de los sindicatos agrarios y tabacaleros y la conformación de los primeros comités campesinos se constituyen en los principales antecedentes de lo que, con el tiempo, sería la expresión más importante e influyente de la organización campesina en la región Caribe. “Sucre fue la chispa que encendió la pradera”.

El campesinado relata cómo desde sus inicios hasta el presente ha enfrentado diferentes periodos de violencia: los setenta y la violencia terrateniente en contra de los procesos de recuperación de tierras y las comunidades allí conformadas y los ochenta y noventa se relacionan con la entrada de los actores armados y la violencia.

La década de dos mil es relacionada con la violencia extrema perpetrada por los paramilitares. Se referencian los múltiples daños y afectaciones colectivos configurados a lo largo del tiempo y también se evocan acciones de defensa y resistencia de los líderes y lideresas campesinas.

 

bloque-norte-auc.pngEste libro que fue escrito en respuesta a la orden judicial de reparar simbólicamente a las víctimas reconocidas por Édgar Ignacio Fierro Flórez, alias Don Antonio, y Andrés Mauricio Torres León, alias Z1, desmovilizados del Bloque Norte de las AUC, en el marco de la Ley 975 de 2005, conocida como Ley de Justicia y Paz. 

El eje central del libro son los perfiles biográficos que narran la vida de 93 víctimas mortales desde la voz de sus familiares, quienes enaltecen y dignifican el buen nombre de sus seres queridos, al mismo tiempo que condenan la injusticia de sus muertes. Se trata entonces de la historia de 93 personas —hombres, mujeres, jóvenes, adultos mayores e incluso una niña— cuyas vidas transcurrieron en diferentes municipios del Atlántico, Magdalena y Cesar. Padres, madres, hermanos, hermanas, hijos e hijas quienes a su vez eran los agricultores, líderes, profesores, estudiantes, conductores, tenderos, vigilantes, vendedores, concejales, alcaldes o médicos del pueblo o del barrio. En resumen, personas indispensables para que la cotidianidad familiar y comunitaria se viviera con normalidad.

La tierra no basta

Publicado 18 Ago 2017

la-tierra-no-basta.png

La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el Caquetá

  • Al contrastar los datos sobre la propiedad privada registrada en el catastro rural del IGAC y las tierras adjudicadas por el Gobierno al Caquetá, el índice de coincidencia es de 87,59 %. Es decir, la gran mayoría de los predios rurales de propiedad privada tienen origen en la titulación de baldíos a lo largo del siglo XX. 
  • Según las cifras del Incoder, en el departamento del Caquetá entre 1903 y 2012 se realizaron 30.470 adjudicaciones sobre 1.625.611 hectáreas. 
  • A pesar del predominio de la mediana propiedad en Caquetá, se mantiene una desigual distribución de la tierra en las adjudicaciones de baldíos, ya que los predios de gran propiedad representan el 1,6 % del total de adjudicatarios y controlan el 14,2 % del total de la superficie adjudicada, mientras los adjudicatarios de pequeña propiedad representan el 24,7 % y controlan sólo el 3,1 % del total de la superficie adjudicada. 
  • Los períodos de más adjudicaciones coinciden con momentos particularmente conflictivos de la historia colombiana. Por ejemplo, entre 1962 y 1988, período en que se hicieron el 66,1 % del total de adjudicaciones en el Caquetá y se entregó el 60,7 % del total de área adjudicada, ocurrieron los bombardeos a El Pato, la guerra del Caquetá y los Acuerdos de La Uribe. 
  • Los períodos en los que se dieron más adjudicaciones a predios de mediana y pequeña propiedad son, en orden cronológico: 1932-1946, durante el cual los colonos de menos de 100 hectáreas recibieron el 61,18 % de la superficie adjudicada; el período comprendido entre 1962-1974, durante el cual los colonos de menos de 100 hectáreas obtuvieron el 62,70 % de la superficie adjudicada; y el período 1975-1988, en el cual los colonos de menos de 100 hectáreas obtuvieron el 69,51 % del área adjudicada. 

La colonización, la política agraria de adjudicación de baldíos, las organizaciones sociales y el conflicto armado han sido ejes determinantes de la configuración territorial y social en el departamento del Caquetá. 

Algunos de los procesos que han afectado a la región son el impulso de las colonizaciones en la guerra con el Perú; los programas de colonización diseñados en la época de La Violencia y la Violencia tardía; la colonización en el bajo Caguán tras los Acuerdos de La Uribe; la declaración de Zonas Especiales de Orden Público; la fumigación de cultivos de uso ilícito; la declaración de una zona de distensión en San Vicente del Caguán; la implementación del Plan Colombia; los planes militares diseñados para la retoma de la zona de distensión; y los actuales Planes de Consolidación Estatal Territorial. 

Podríamos decir que Caquetá se convirtió en uno de los epicentros del conflicto armado colombiano. Las autodefensas campesinas, que posteriormente darían origen a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), llegaron al Caquetá en 1955 impulsando un proceso de colonización armada en la región del Alto Pato. Desde mediados de los años 70 en esta región hicieron presencia el M-19 (Movimiento 19 de Abril) en la zona sur, y el Ejército Popular de Liberación (EPL) en el municipio de El Doncello. Luego, a finales de los años 90, ingresaron los grupos paramilitares a la zona sur del departamento, primero como Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá, comandadas por la casa Castaño, y luego como Bloque Central Bolívar, comandadas por Carlos Mario Jiménez, alias Macaco. Estas estructuras paramilitares instauraron centros de tortura y muerte, y llevaron a cabo acciones de terror en la zona sur y en la zona norte del departamento con el fin de socavar los territorios históricos de la guerrilla de las FARC, lo que llevó a una degradación del conflicto que aún hoy se mantiene. En esta misma década el Caquetá fue uno de los centros de la política antidrogas en el país, lo que se tradujo en fumigaciones, restricciones a la movilidad, capturas y combates en las zonas rurales del departamento. El rechazo a esta política se manifestó en las marchas cocaleras que en el año 1996 sacudieron el sur de Colombia. 

Por otra parte, en la actualidad las organizaciones sociales en el departamento cumplen un papel muy importante. Realizan funciones de regulación de la vida cotidiana, con normas de convivencia que permiten la tranquilidad en territorios a los que no llegan jueces ni fiscales, o de bienestar a partir del aprovechamiento de los bienes disponibles. Arreglan y construyen carreteras con el dinero recolectado en los peajes comunitarios que han instalado en las vías veredales; construyen escuelas, casetas comunales y tienen iniciativas productivas solidarias que les permiten a los campesinos acceder a créditos a los que, dadas sus condiciones de informalidad (la mayoría no tiene títulos de propiedad), difícilmente podrían acceder. Igualmente, cumplen funciones de representación, ya que han impulsado en los últimos años múltiples movilizaciones, como el Paro Nacional Agrario y el paro por el derecho a la educación, movimientos que le han exigido al Estado una mayor intervención para la satisfacción de los derechos de los pobladores rurales del departamento. 

Hoy en día Caquetá es visto como un territorio estratégico para la construcción de la paz buscada en el Acuerdo Final conseguido en La Habana. Sin embargo, para comprender la dinámica actual de esta región es preciso examinar cómo se relacionan el proceso de configuración territorial, el mercado de tierras y los usos del suelo en un departamento con procesos migratorios continuos y en el que aún no se ha logrado una estabilización de la frontera agraria. De otra parte, hay que conocer qué tipo de órdenes locales ha construido la guerra, después de más de 50 años de presencia continua de las FARC-EP. 

La tierra no basta, la nueva investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica desarrollada por Erika Andrea Ramírez y dirigida por Rocío Londoño y José Jairo González, realiza una lectura de largo plazo del proceso de configuración agraria de una región que se ha construido al vaivén de las políticas de guerra y paz que se han dado en el país. Analiza el proceso de configuración territorial del departamento a partir de las diferentes olas de colonización que se han presentado desde principios de siglo, dando una visión amplia del paisaje rural caqueteño. Asimismo, da cuenta de los procesos de adjudicación de baldíos y de la incidencia que esta política agraria ha tenido en la configuración de la propiedad en el departamento. 

La investigación ofrece una lectura de la incidencia que el conflicto armado ha tenido en los procesos de despojo y abandono de tierras y en la concentración de la propiedad, y describe dos casos paradigmáticos de despojo de tierras que se han dado en el departamento. 

Uno de sus principales aportes de este informe es la descripción del repertorio de acciones políticas y los procesos de resiliencia económica de las organizaciones sociales y los gremios económicos en esta región. No debemos olvidar que esta región también es una muestra de interesantes experiencias de construcción de ciudadanías locales, de infraestructura comunitaria y de normas propias que les han permitido consolidar órdenes locales en medio de las más crudas condiciones de la guerra. 

 

CARATULA TESORO ESCONDIDORuta metodológica para la reconstrucción de memoria histórica con niños, niñas y adolescentes

Desde el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) reconocemos que el conflicto armado en el país ha ocasionado afectaciones diferenciales en los niños, niñas y adolescentes. Así mismo, entendemos que ellos pueden comunicar lo vivido en medio del conflicto armado, desde sus particulares formas de expresión, a través de su capacidad para contar e interpretar sus vivencias. Y que esto es importante para que las experiencias de los niños, niñas y adolescentes, desde sus voces, hagan parte de la memoria histórica de Colombia. Por lo anterior, impulsamos el diseño y la implementación de rutas metodológicas, con el propósito de motivar e inspirar a actores sociales, organizaciones e instituciones para que desarrollen procesos y ejercicios de reconstrucción de memoria con la participación activa de niños, niñas y adolescentes.

El tesoro escondido… una travesía por la memoria es un camino metodológico, entre otros posibles, que invita a los niños, niñas y adolescentes a conocer nuevos amigos y amigas para adentrarse en la travesía de reconstruir memoria histórica. Es un viaje de exploración e indagación del pasado y el presente de sí mismos, de sus familiares y de sus comunidades. Los aprendizajes y resultados de este proceso de encuentro constituirán un tesoro, que les permitirá concretar una acción o acciones conjuntas en las cuales se visibilicen las narrativas de los niños, y adolescentes sobre lo ocurrido en sus territorios y sus apuestas de convivencia y paz.

Este camino de la memoria propicia espacios de dignificación de los niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas del conflicto armado así como la reflexión y la solidaridad de quienes no han vivido estas situaciones… una manera en que la memoria se vuelve aliada para la paz y los niños, niñas y adolescentes participantes activos en su construcción. 

CARATULA MI VOZ ES TU VOZMi voz es tu voz, la escucho, la siento y la cuento

A través de esta herramienta metodológica, el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Caja de Compensación Familiar Compensar, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) te invitan a contribuir a la realización de procesos de memoria histórica con la participación activa de niños, niñas y adolescentes. Desde escenarios educativos y comunitarios puedes sumarte a la apuesta por integrar las narrativas de niños, niñas y adolescentes en la memoria histórica de Colombia.

Esta herramienta metodológica se desarrolla a partir de una obra musical que desde un lenguaje artístico que involucra la música y la narrativa a modo de fábula, la obra musical da cuenta de las experiencias de niños y niñas colombianos en contextos de guerra. De este modo, la obra musical se convierte en una vía para que quienes participen tengan la posibilidad de tejer un puente con los niños, niñas y adolescentes que aportaron sus relatos a la obra. Así mismo, invita a la creación y puesta en escena de una expresión artística, mediante la cual los participantes comuniquen sus comprensiones y reflexiones derivadas del ejercicio de aproximarse a las emociones y vivencias de niños, niñas y adolescentes en contextos de conflicto armado. De este modo, el proceso de memoria con niños, niñas y adolescentes contribuye a la dignificación de quienes han sido víctimas del conflicto armado, así como a la comprensión empática de quienes participan en él.

Mi voz es tu voz, la escucho, la siento y la cuento, te propone un camino, entre muchos posibles, para que los niños, niñas y adolescentes desde sus particularidades, realidades y comprensiones sobre lo ocurrido en sus territorios, desarrollen habilidades ciudadanas para la construcción de paz. 

Video invitación al Proceso de Memoria MSM

Animacion Los Piakwesx

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