La cifra es divulgada por el equipo del Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Un dato de estas magnitudes, en tiempos de paz o de guerra, es sin lugar a dudas un registro doloroso. Ninguna ideología puede respaldar, y mucho menos justificar, tanta crueldad. 82.998 familias colombianas sufren la ausencia de sus seres queridos y la incertidumbre que produce la falta de noticias o de evidencias que den cuenta de qué sucedió con sus familiares. ¿Quién se los llevó?, ¿por qué se los llevaron?, ¿por qué tanta indolencia? 82.998 familias se hacen esas preguntas todos los días.   

Este revelador registro, dado a conocer este 22 de febrero por el CNMH, tiene como antecedente la investigación que se publicó en 2016, titulada ‘Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en Colombia’, en la que se hace un recuento detallado de este flagelo en el marco del conflicto armado del país desde los años 70 a 2015. Inicialmente en este informe se reseñó, de forma alarmante, que 60.630 personas habían desaparecido forzosamente en los últimos 45 años a raíz de la guerra interna en Colombia.

Sin embargo Andrés Suarez, coordinador del Observatorio del CNMH, explicó que la nueva cifra —los 82.998 casos— “se pudo establecer ampliando el rango de tiempo, ya que en el informe ‘Hasta encontrarlos’ trabajamos un periodo de análisis de los años 70 a 2015. Decidimos que se debía ampliar este rango desde 1958 a noviembre 15 de 2017”. Suárez agregó que: “El trabajo del Observatorio debe estar en coherencia con el informe ¡Basta Ya!, el Observatorio no puede dar datos distintos a los que se están manejando en el Basta Ya desde el 1958”.

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Otra de las razones que explica el coordinador del Observatorio es que “había una fuente que faltó trabajar a profundidad, y eran los testimonios de las víctimas presentados ante el Sistema de Información de Justicia y Paz de la Fiscalía, que se había realizado parcialmente. Pensamos que no iba a existir mucha variación en las cifras del Registro Único de Víctimas (RUV), con la gran sorpresa que no estaban en el RUV”.  Esto permitió hacer un cruce de información, demostrando que los testimonios de las víctimas ante la Fiscalía no habían sido sistematizados.

De igual manera Andrés Suarez señaló que la tendencia general de responsabilidades no cambió con relación a lo expresado en 2016. “Se mantiene con un mayor porcentaje en grupos paramilitares, esto se conserva estable. Se conoce nueva información pero la tendencia se mantiene”.

De aquellos casos con conocimiento del perpetrador, 52% de los casos, la distribución es así: grupos paramilitares: 26.475 (62,3%), guerrillas: 10.360 (24,3%), grupos posdesmovilizacion: 2.764 (6,5%), agentes de Estado: 2.484 (5,8%), agentes de Estado-grupos paramilitares: 388 (0,9%). Casos sobre los que se tiene información: 42.471.

Suárez explica que los grupos paramilitares, Grupos Armados Posdesmovilizacion y agentes del Estado realizaron acciones conjuntas para cometer desapariciones.  De igual manera se debe entender que ‘guerrillas’ no es igual a FARC. Entre ellas están las FARC que registran 3.606 casos, el ELN con 622 y cerca de 6.000 casos no identifican a la guerrilla específica.

“Estamos muy cerca de llegar al universo completo de víctimas de desaparición forzada, el margen de subregistro se ha reducido muchísimo. Puede haber un subregistro con los actores que aún siguen en armas. Como es el caso de los Grupos Armados Posdesmovilizacion (GAP); que no sepa lo que ellos han hecho porque aún están en el territorio intimidando y amenazando”, aclara Andrés Suarez.

Los casos de desaparición forzada tendrán un lugar especial dentro del proceso de justicia transicional que se adelanta en el país. Como consecuencia del acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y las FARC, se creó la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, dirigido por Luz Marina Monzón. Esta entidad tendrá el deber de esclarecer lo que ha pasado con miles de familias que han sufrido este flagelo, que como vemos, sobrepasa cualquier registro visto en el hemisferio.

Más allá de las cifras

La desaparición forzada es, tal vez, una de las prácticas represivas más atroces utilizadas por los actores del conflicto para imponer su control. Por ello el CNMH ha asumido la investigación exhaustiva de este hecho violento a través de seis publicaciones. La primera de ellas fue publicada en 2014, ‘Normas y dimensiones de la desaparición forzada’, que muestra cómo ha evolucionado la legislación nacional e internacional sobre este delito y cómo se ha tipificado. La segunda es de 2014, titulada ‘Huellas y rostros de la desaparición forzada’, una selección de 13 casos emblemáticos, que conforman un testimonio doloroso de la ineficacia del Estado para impedir que este crimen siga en la impunidad.

El tercero, también de 2014, ‘Entre la incertidumbre y el dolor’, es una investigación sobre los impactos sicosociales causados por la desaparición forzada de personas, descritos como una doble tortura: la física, que se imagina impuesta a la víctima directa; y la psicológica, que sufren sus seres queridos. El cuarto, 2014, ‘Balance de la acción del estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas’, analiza los mecanismos actuales que ha creado el Estado para combatir la desaparición, y señala las razones de su ineficacia, y formula algunas recomendaciones para mejorar las unidades existentes de prevención, búsqueda, investigación, asistencia y reparación.

El quinto informe, lanzado en 2015, ‘Textos corporales de la crueldad’, destaca el papel de la antropología forense en la labor de exhumación de 36 cuerpos hallados en la inspección de Puerto Torres del municipio Belén de los Andaquíes en Caquetá.

Y el sexto, de 2016, es ‘Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en Colombia’.

El 16 de febrero de 2000, paramilitares del Bloque Catatumbo asesinaron a 20 personas en el municipio El Tarra, en Norte de Santander. Hoy, 18 años después, la violencia, que se soñaba llegara a su fin, no da tregua en este territorio.

Por: William Alejandro Moreno, periodista del CNMH

Elkin Fabián Toro fue asesinado el pasado 18 de febrero, él es el quinto líder social de esta región del país que pierde su vida por ejercer un papel de liderazgo con la comunidad, un capítulo de violencia que nos recuerda uno de los más atroces en la historia de la región del Catatumbo, que empezó en 1999, cuando las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) llegaron a la zona para confrontar al ELN y, en especial, para arrebatarle los cultivos de coca en la región y obtener el control de esta zona fronteriza de carácter estratégico para las FARC.

Para esto, los hermanos Castaño crearon el Bloque Catatumbo, más de 200 paramilitares comandados por Salvatore Mancuso que salieron en varios camiones desde Córdoba y cruzaron cinco departamentos hasta llegar a Norte de Santander, donde cometieron, según la Fiscalía, más de 25 masacres entre mayo de 1999 y febrero de 2000, dejando centenares de desaparecidos, desplazamientos forzados, homicidios y violencia generalizada.

En su paso de Tibú al Tarra, los paramilitares venían infundiendo temor en toda la población de dichos municipios, por lo cual, previo a su llegada al corregimiento de Filo Gringo, sus habitantes se desplazaron masivamente dejando abandonado el caserío. Cuando los paramilitares llegaron allí quemaron unas y se apropiaron de otras viviendas. Así, la mayor parte de la población abandonó sus casas, que días después fueron quemadas por el grupo armado. Según informes del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), estos hechos en El Tarra “produjeron el desplazamiento de 117 familias del casco urbano y de 22 veredas, donde habitualmente residían unas cinco mil personas y de las que escasamente quedó el 5% de los habitantes”.

La masacre del 16 de febrero de 2000 marcó el inicio de la atrocidad en El Tarra. Ese mismo año, y en menos de un mes, los hombres de Castaño perpetraron otros dos ataques. Los habitantes de esta zona del Catatumbo solían ser amenazados por los paramilitares por ser supuestos colaboradores de las guerrillas.

Hoy se sabe, por Justicia y Paz, que los paramilitares contaron con el apoyo de miembros de la fuerza pública para apoderarse de las zonas con influencia de las FARC y el ELN en El Catatumbo. Por estas acciones fue condenado en 2007, por el Consejo de Estado, el Ministerio de Defensa. "Hubo incapacidad e indolencia de los efectivos militares y de la policía acantonados en la zona y una evidente falta de voluntad estatal para evitar sus desmanes y atropellos", indicó el fallo.

Pero esa no ha sido la única reparación para el municipio El Tarra. El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) reportó en su informe “Con licencia para desplazar” de 2015 que, con el apoyo de la Asociación Minga, víctimas sobrevivientes de las masacres perpetradas en La Gabarra, Tibú (29 de mayo de 1999), y en Filo Gringo, El Tarra (29 de febrero y 3 de marzo de 2000), interpusieron en 2009 una acción grupal para reclamar la reparación de los daños causados por el desplazamiento forzado. “En los dos casos, el Consejo de Estado condenó patrimonialmente a la Nación y ordenó indemnizar a las víctimas, por concepto del daño moral ocasionado por los desplazamientos y la muerte de sus familiares”, señala el informe.

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Verdad y reparación

Resulta difícil hablar de verdad y reparación, y sobre todo de posconflicto, en una región como El Catatumbo, donde la violencia no da tregua. El Tarra, como los otros 9 municipios: Convención,  Tibú, Sardinata, Hacarí, La Playa, San Calixto, Ocaña, Teorama, El Carmen; que componen esta región de Norte de Santander, convive hoy con la presencia de los grupos armados ELN y EPL, las bandas criminales sucesoras del paramilitarismo y la ausencia estatal.

En esta región se produjo el secuestro de la periodista española Salud Hernández, en mayo de 2016, y además, según la Fundación Paz y Reconciliación, el municipio concentra el 3% de la mitad de los cultivos de coca en Colombia, por lo que es proclive a enfrentamientos con la fuerza pública por erradicación forzosa. Y cabe aclarar que esto se debe a que la sustitución de cultivos, al día de hoy, no ha iniciado formalmente en el municipio, solo ha habido socializaciones.

Por otro lado, los enfrentamientos entre grupos armados continúan afectando a la población. A principios de febrero de este año, en El Tarra se registraron enfrentamientos entre el Ejército y el EPL. Según informó la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), estos no solo dejaron en medio del fuego cruzado a cerca de 700 estudiantes de la escuela del corregimiento Filo Gringo —razón por la que se suspendieron las actividades académicas durante tres días—, sino que además generó el desplazamiento de 63 familias.

Al respecto, la Asociación Juntas de Acción Comunal Zona Dos (ASOJUNTAS) de la comunidad de Filo Gringo, en el municipio El Tarra, informó vía comunicado que, además de la escuela, “32 viviendas, el colegio y la iglesia registraron impactos de balas y diez familias fueron desplazadas de los sectores de Vista Hermosa y los Olivos”.

Según el portal La Silla Vacía, en enero de este año circuló, principalmente en El Tarra, un panfleto en el que presenta una presunta disidencia de las FARC: ‘Resistencia Farc’. De igual forma, se han venido presentando amenazas a líderes comunitarios y organizaciones de mujeres, quienes reclaman la atención del gobierno.

Todo esto, sumado a las acciones violentas del ELN en Norte de Santander por el paro declarado hace unos días, como el ataque por un francotirador contra un miembro de la Policía Nacional en el municipio de El Carmen; el intento de derribar un puente cerca a la vía Cúcuta-Pamplona para dejar incomunicada la zona con el interior del país, y los explosivos hallados en Tibú con los que se pretendía atentar contra la fuerza pública, demuestran que toda la región de El Catatumbo sigue siendo una zona vulnerable.   

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Por la esperanza

Sin embargo, frente a estas difíciles circunstancias, en El Tarra sus habitantes han respondido desde el arte y apuestas organizativas. Ese es el caso de la movilización pacífica que tuvo lugar a principios de febrero de este año a propósito del enfrentamiento armado entre el Ejército y el EPL en el municipio. El comité de mujeres del corregimiento de Filo Gringo, junto a población civil, emprendió una caminata en rechazo a los actos violentos, exigiendo “la exclusión de los civiles del conflicto armado y que se dé cumplimiento a exigencias de una paz con justicia social”, señaló el comité vía comunicado.

También han surgido manifestaciones artísticas, como la propuesta de Los Reyes Magos, un grupo de rap conformado por tres jóvenes oriundos del corregimiento Filo El Gringo, en El Tarra, que encuentran en la música no solo un medio para alejar a otros jóvenes de los grupos armados, sino también un canal de denuncia y expresión.

“Los Reyes Magos nacen con la idea de mostrar qué es lo que realmente está pasando en El Catatumbo. No lo que están mostrando por televisión, por la radio o las fotos, sino lo que efectivamente estamos viviendo. Y desde ahí, desde nuestro rap, exigir que nos apoyen como jóvenes y como pueblo”, explicó el rapero Iván René Ramírez al CNMH para el especial “Catatumbo, memorias de vida y dignidad”.

Este grupo de rap, que hace parte del movimiento campesino, surgió en un colectivo de jóvenes en Filo El Gringo llamado Lazos de Unión. Hoy representan las voces de resistencia que le cantan a la vida del campesino, pero también al abandono estatal; que responden al estigma de la sociedad y denuncian el control territorial que han impuesto distintos grupos armados en El Catatumbo.

El reciente informe “Una guerra sin edad” del CNMH da cuenta de 16,879 casos de reclutamiento de menores de edad, entre 1960 y 2016, y explica que una de las regiones críticas es el Catatumbo, en Norte de Santander, donde, tras la salida del frente 33 de las Farc, varios grupos armados se disputan el control de la zona y aseguran su expansión reclutando niños en los alrededores de los colegios.

Por eso, la labor de Los Reyes Magos no es para menos. Estos jóvenes desean ser agentes de cambio y recorren el Catatumbo concientizando a decenas de jóvenes mediante el rap. “Desde la música hacemos resistencia para que nos escuche una sociedad que, a veces, se olvida que existimos”, afirmó el rapero Melquin Sánchez al CNMH.

Una niñez sumida en la guerra

Publicado 14 Feb 2018

Estas fueron las palabras de Katherine López Rojas, coordinadora, relatora e investigadora principal del “Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano: Una guerra sin edad”, el pasado lunes 12 de febrero en el lanzamiento de esta investigación.

“Primera vez que yo dormía en un monte y primera vez que me levantaban tan temprano. Era la primera vez que estaba lejos de mi familia, primera vez que yo miraba un arma ahí, que la podía tocar. Primera vez que me colocaba un uniforme. Primera vez que uno no se bañaba en un baño, era ahí en un charquito, en cualquier pozo que hubiera. Primera vez que yo utilizaba botas, que no andaba así en chancletas sino en botas, botas, botas”. (Testimonio de mujer adolescente, 15 años, reclutada por el ELN a los 12 años)

El mayor reconocimiento y sobretodo un profundo agradecimiento a los adolescentes y jóvenes que sumaron sus voces en la construcción del presente informe. A todos ustedes quienes viven en el Catatumbo, en el Meta, en Medellín, Cali, Bogotá, en el Urabá Antiqueño, en Cauca y en diferentes territorios de Colombia, nuestro respeto y sentido reconocimiento por la valentía de compartir sus vivencias con el CNMH, pero sobretodo, con el país. A pesar de sus propios temores e irrefutable interés vital por mantener en reserva sus identidades, nos permitieron compartir y dialogar para poner en palabras algunas de sus experiencias.

Sus voces son el manifiesto de su propia vida, de las de aquellos que aun intentan continuar en silencio por miedo, e indiscutiblemente de todos aquellos niños, niñas o adolescentes que no han tenido voz porque han fallecido en medio del tan prologando conflicto armado colombiano. Nuestro respeto porque hablar sobre reclutamiento y utilización en Colombia aún resulta riesgoso y mucho más para quienes intentan continuar sus vidas luego de ello. Sus voces son un incuestionable llamado a gritos a una sociedad en la que no hemos logrado protegerlos.

El conflicto armado ha atravesado la vida de la niñez y la adolescencia. Ha pervivido por más de 60 años y ha logrado invadir muchas de sus cotidianidades. Aunque los actores armados en Colombia acepten parcialmente algunas formas de reclutamiento y utilización y apelen reiteradamente a las realidades territoriales de las vidas de los niños, niñas y adolescentes como excusa, es evidente que todos y cada uno de ellos desde sus inicios, definió, ordenó y llevó a cabo la vinculación de todas las formas posibles a sus estructuras armadas.

El reclutamiento y la utilización no han sido homogéneos. Las diferencias territoriales y temporales se hacen evidentes e inocultables cuando vemos cómo los mecanismos empleados para lograrlo estuvieron indiscutiblemente atados a los diferentes momentos de la guerra. Como combatientes o “colaboradores” los grupos guerrilleros (FARC-EP, ELN, ERG, EPL), paramilitares, GAPD e incluso la Fuerza Pública, han permitido no sólo la entrada, sino también la permanencia de alrededor de 17000 niños, niñas y adolescentes en los grupos armados, quienes se han visto expuestos a la violencia emanada del conflicto armado. Tejieron por años un tipo de relación con sus bases sociales, dando como resultado el uso de la violencia física o psicológica durante la implementación de la persuasión o la coacción, como mecanismos para llevar a cabo el reclutamiento o la utilización.

Mientras definían como ingresaban a un territorio, cuando entraron en confrontación y disputa por el dominio territorial, o simplemente, mientras se replegaban por el asedio de diferentes actores, permitieron la entrada de cada uno de ellos. En algunos territorios, lo hicieron de la mano con algunas familias, jóvenes, maestros, sin distingo de edad o género, mostrando específicamente cómo en algunos territorios su control era incontestado, incluso apoyado. Así, en algunos lugares de Colombia ha sido claro cómo la entrada a un grupo armado fue casi connatural a un trabajo, a un servicio militar o una forma de lucha ante las condiciones sociales, e incluso en esta misma vía, llegaron a trasladar niños, niñas y adolescentes de una región a otra por la confianza en unos y la marcada sospecha de otros pobladores.

Sin embargo, esta no fue la constante para todos los lugares y poblaciones en el país, líderes sociales de diferente orden se han enfrentado a los grupos armados como respuesta a su arbitraria disposición de cada uno de ellos. Allí, como cuotas de guerra, sus vidas estuvieron al servicio del control ejercido; se insertaron en sus cotidianidades, transitaron por sus parques, impusieron normas de comportamiento sobre los jóvenes, incursionaron y ocuparon sus escuelas como zonas de abastecimiento, trincheras o espacios para la circulación de propaganda asociada al reclutamiento, haciendo explícito siempre el ejercicio de control social sobre las comunidades y la disposición de todo aquello sobre lo que se ufanaban.

Engrosaron sus filas a costa de niños, niñas y adolescentes combatientes y guerreros de los que siempre se pudo disponer. De manera degradante, desde los 6 hasta los 18 años, niñas y adolescentes mujeres, niños y niñas indígenas, fueron reclutados y utilizados por parte de grupos guerrilleros, paramilitares y GAPD en razón del valor estratégico establecido a partir de sus propios intereses. Definieron un perfil y determinaron la aptitud de uno u otro en virtud de sus apuestas militares y estratégicas.

Tanto el reclutamiento como la utilización han encontrado sus raíces desde la misma génesis de los grupos armados y el conflicto armado, pero también han tenido asidero en unas condiciones sociales y culturales que se han vuelto estructurantes de la no real garantía de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Sus cotidianidades ponen en evidencia la gran dificultad para crecer en este país. Muchos se han visto expuestos a entornos familiares y comunitarios no protectores, a una realidad institucional distante de sus intereses, riesgos, anhelos, necesidades, en sí, de sus propias vidas. Todo un andamiaje que manifiesta la dificultad para llevar a cabo una protección integral.

Como niños, niñas y adolescentes ingresaron a un grupo armado o estuvieron al servicio de este. Sus vidas fueron marcadas por aquellas condiciones y parámetros establecidos y determinados por la lógica de funcionamiento de cada organización armada. Un horario, una norma, un tipo de comida, un sinnúmero de actividades, muchas de ellas desconocidas, pero con la apremiante necesidad de aprenderlas a como dé lugar.

Los retazos de su pasado de niñez y adolescencia se mezclaron con las nuevas vivencias de enfrentarse a un combate, a un entrenamiento, a un consejo de guerra, a una labor incesante de inteligencia, al ver la partida de algunos de sus compañeros, al rompimiento de una relación, e incluso, empezaron a reconocer que quizá tenían un compañero del cual jamás debían separarse, un fusil. Eres tu pasado, pero sobretodo, debes ser tu presente armado.

Con todo ello, los murmullos de sus emociones resultaban ir en contra de la tenacidad, masculinidad y virilidad que se deben ostentar en un grupo armado. En medio de un mundo de sospecha, desconfianza y en un claro ejercicio de poder, control y mando, algunos de ellos encontraron lugares pensados, sentidos, imaginados, contados y vividos con unos cuantos.

Como cómplices se escondieron para jugar, para contar algunos de sus temores y recuerdos, sus mayores secretos; para pensar en qué podrían hacer si no estuvieran en el grupo armado, se enamoraron, algunos aprendieron a leer y escribir, otros simplemente anhelaron su pasado y sintieron temor por la incertidumbre de su futuro más próximo, la vida en un grupo armado. Poco a poco construyeron una identidad guerrera de la cual muchos no pudieron escapar.

Aprendieron a caminar durante largas jornadas bajo las adversidades en el día y la noche, a intentar no dormir durante la vigilancia, a no generar la más mínima sospecha en su comandante por la inquietante necesidad de vínculos y relaciones con familiares y amigos, a cumplir el estándar de hombre armado buscado y forjado en el entrenamiento y con ideales coherentes a lo delimitado por su grupo armado. Su autonomía en secreto se agenció adaptándose y ajustándose a la cotidianidad bélica.

Postergaron forzadamente en algunos casos, sus ideales de ser padres o madres debido a la aparente, incesante e interminable labor de hacer parte una estructura armada. Valores como feminidad y niñez no hacen parte de la guerra, muestran debilidad. Así solo contadas adolescentes mujeres pudieron ser madres, aun cuando el futuro de sus bebés ha sido lejano, algunas de ellas tuvieron que dejarlos junto a sus familias extensas o simplemente entregarlos en algún pueblo. Ellas debían volver a ser eso, solamente combatientes, parte de las milicias o los urbanos.

Los inquietaron las muertes de compañeros o la incoherencia frente a la forma como ingresaron, aquello que les prometieron en contraste con su realidad presente. Así, callaron en algunos momentos sus ideas o cuestionamientos por estar al vilo de la muerte. Los tiempos de la guerra finalmente se convirtieron en los tiempos de sus vidas.

Una guerra sin edad, una guerra que los tocó y nos tocó. Familiares de los niños, niñas adolescentes, miembros de sus comunidades, sus profesores, e incluso sus amigos, también han sentido el impacto de ese reclutamiento. Verlos partir, no conocer sus paraderos, resquebrajarse por su ausencia en el hogar, recordarlos y anhelarlos, extrañarlos en sus espacios más próximos, son las reacciones propias cuando alguien no hace parte del diario vivir. Para ellos no fue la excepción, fue su realidad, una realidad en la que sus vidas quedo suspendida por el reclutamiento ¿Dónde estarás?, ¿vivirás?, ¿volverás? ¿me querrás?, ¿me reconocerás?

Un antes, un durante y un despuésde un reclutamiento y utilización en medio del conflicto armado se constituyen en momentos hitos de las trayectorias de vida. Separándose y re encontrándose, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias y comunidades se han visto duramente expuestos a hechos como el desplazamiento forzado, amenazas, homicidios, violencia sexual y violencia basada en género, poniendo en evidencia todos los repertorios de violencia que acompañan el impacto del riesgo del reclutamiento y la ocurrencia misma de este hecho. A pesar de ello, han resistido poniendo de relieve la vida, se han enfrentado a los grupos armados, los han confrontado con un sinnúmero de acciones, los han cuestionado por la vida de todos aquellos que han sido niños, niñas, niñas y adolescentes.

En un país que busca construirse a partir de la paz, pero en el que persiste el conflicto armado no resulta fácil esquivar el reclutamiento, la estigmatización de haber pertenecido a un grupo armado y el vivir en zozobra por la búsqueda constante de los actores armados. Mucho menos encontrar un lugar a pesar de la fragmentación en el tejido social, poder ser reconocido como un sujeto y no sólo como el resultado de un reclutamiento y utilización.

Consciente de la conmemoración del día de hoy, 12 de febrero, día de la mano roja, iniciativa mundial contra el uso de los niños, niñas y adolescentes en la guerra, el CNMH insiste en la necesidad de reconocer lo sucedido durante estos casi 60 años de conflicto, en donde los niños, niñas y adolescentes han sido reclutados y utilizados por todos los grupos armados en Colombia; de asumir la grave persistencia de la situación a la que se encuentran expuestos frente a la incesante posibilidad de las diferentes formas de vinculación.

Por tanto, hacemos un llamado a levantar la mano para que identifiquemos y llevemos a cabo todas las acciones que permitan que cada uno de ellos pueda ver garantizados sus derechos, que nos responsabilicemos de diferentes maneras, sociedad y grupos armados, para que ningún niño, niña o adolescente siga siendo víctima de este hecho y para que aquellos que han sido vinculados a un grupo armado, encuentren un lugar de reconocimiento dentro de la sociedad colombiana de la que siempre han hecho parte.

Una Guerra Sin Edad

Publicado 12 Feb 2018
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  • El informe, “Una Guerra sin edad” tiene como objetivo principal contribuir al esclarecimiento de dinámicas y tendencias históricas del reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados en el marco del conflicto armado colombiano. 
  • Esta publicación es el resultado de un proceso de investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que empezó en 2015 y cuya metodología permitió que el informe refleje voces provenientes de memorias sociales, relatos, estudios cuantitativos realizados por instituciones del Estado, así como la base de datos del Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del CNMH. Las guerrillas han sido el mayor reclutador con 8.701, el 69% total de los casos. Los grupos paramilitares son responsables del 24% con 2.960 casos, los grupos armados post-desmovilización son responsables de 839 casos que corresponden al 7 %, y la fuerza pública con 3 casos.

Agenda conmemorativa 2018

Publicado 06 Feb 2018

ConmemorAndo busca acompañar los actos conmemorativos que se vayan a desarrollar durante el año 2018. Por ello, abrimos este espacio para que las víctimas y las organizaciones sociales se postulen y presenten sus proyectos hasta el 28 de febrero de 2018. Las conmemoraciones que se vayan a presentar deberán ser realizadas entre junio y noviembre de 2018.

El proyecto ConmemorAndo, que impulsa el Centro Nacional de Memoria Histórica, es una apuesta de acompañamiento a las víctimas y sus organizaciones en el desarrollo de sus actos conmemorativos en los territorios. Nuestro trabajo se orienta hacia la creación de espacios de confianza y respeto encaminado al deber de memoria del Estado. 

Desde el año 2014, ConmemorAndo ha hecho presencia en 75 acciones conmemorativas realizadas en 20 departamentos y en 40 ciudades, municipios y corregimientos. En estos territorios, han participado más de 10.500 personas que han acompañado a las víctimas en la exigencia de su derecho a verdad, justicia, reparación y no repetición. 

ConmemorAndo busca acompañar los actos conmemorativos que se vayan a desarrollar durante el año 2018. Por ello, abrimos su convocatoria para que las víctimas y las organizaciones sociales se postulen y presenten sus proyectos hasta el 28 de febrero de 2018. Las conmemoraciones que se vayan a presentar deberán ser realizadas entre junio y noviembre de 2018.

Para validar su postulación deberán diligenciar el formulario de inscripción. diligencie el formulario acá.

Si tiene alguna inquietud o problema llenando el formulario por favor escribir al correo sandra.alvarez@centrodememoriahistorica.gov.co

La exposición “Endulzar la Palabra, memorias indígenas para pervivir”, un esfuerzo conjunto entre el Museo Nacional de Colombia, el Centro Nacional de Memoria Histórica y la participación activa de ocho pueblos indígenas de Colombia, continuará abierta al público hasta el domingo 25 de febrero de 2018. Les invitamos a conocer la programación de actividades culturales y académicas que se llevarán a cabo este mes.

Por María de los Ángeles Reyes periodista del CNMH

Una de las apuestas de esta exposición ha sido facilitar espacios para que las memorias de los pueblos indígenas en el país puedan ser dadas a conocer por medio de acciones culturales, discusiones académicas y muestras de sus procesos ancestrales. Es por esta razón que el sexto momento de la exposición, llamado ‘Amanecer la Palabra’, es un escenario para que todas estas cosas puedan ocurrir mientras los asistentes toman asiento en una estructura circular, que permite el diálogo y la interacción alrededor de los temas de la memoria.

A lo largo de los dos meses que han corrido desde la inauguración de “Endulzar la Palabra”, este espacio, así como el auditorio del Museo Nacional, han sido testigos de varias actividades que dan cuenta, no solo de los procesos de memoria de los ocho pueblos que hacen parte de la exposición, sino también de actividades relacionadas con otros pueblos indígenas del territorio nacional.

A continuación les compartimos algunos de los eventos. Para ver la programación completa, puede consultar el micrositio de la exposición, en la página web del Museo Nacional http://www.museonacional.gov.co/micrositios1/Endulzar%20la%20palabra/index.html

Fecha: martes 6 de febrero
Actividad: Proyección del documental “Abracitos Nasa”
Hora: 3:00 p.m.
Lugar: Sala alterna Museo Nacional

“Abracitos Nasa” es un documental producto de una iniciativa de memoria, liderada por niños y niñas entre los 4 y los 14 años del resguardo indígena de Huellas en Caloto, Cauca. “Nos reunimos para contar nuestros dolores, algunos causados por la guerra y otros por el maltrato que hemos vivido, allí abrazamos nuestros sueños y trabajamos para hacerlos realidad. Nosotros seguimos 12 pasos a los que llamamos abrazos, cada uno es un encuentro”, dicen los niños y niñas en la sinopsis de su proyecto.

Fecha: martes 6 de febrero
Actividad: Proyección del documental “Los Piakwesx (Los hermanos)”
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: Sala alterna Museo Nacional

En las montañas de Jambaló se encuentran cuatro niños y niñas que aprenden y juegan unidos, pero el conflicto armado amenaza con desestabilizar su territorio. Con la ayuda de los saberes tradicionales ellos recorrerán los caminos de la sabiduría ancestral para restaurar la armonía en su comunidad. La animación “Los Piakwesx (Los Hermanos)”, construida con el CNMH,  se articula con el módulo de ‘¡Viva la Guardia! ¡Viva la Minga!’ y permite dimensionar la importancia del territorio para los niños y el tipo de educación que el pueblo Nasa quiere extender como mensaje político.

Fecha: jueves 8 de febrero
Actividad: Proyección audiovisual  Yu’ Luuch
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: Sala Alterna Museo Nacional

El Documental “Yu' Luuçx (hijos del agua)” pone en discusión la importancia del territorio para el pueblo Indígena Nasa del Norte de Cauca a través del agua como fuente de vida. Pero no se agota allí, se explora la importancia del agua por su relación espiritual tanto con los habitantes del territorio como con los espíritus presentes en el mismo.

Fecha: viernes 9 de febrero
Actividad: Conversatorio “Encuentro de palabra. El video indígena en Colombia”
Hora: 4:00 pm
Lugar: “Amanecer la Palabra” Foro de la exposición

Conversatorio entre Patrick Morales, coordinador del enfoque étnico del Centro Nacional de Memoria Histórica y  Pablo Mora, editor e investigador de la publicación “Poéticas de la resistencia. El video indígena en Colombia”, y director de la Muestra Internacional Documental de Bogotá, MIDBO.

Fecha: martes 13 de febrero
Actividad: Relatos de animales y plantas de la Sierra Nevada.
Hora: 4:00 p.m
Lugar: Amanecer la Palabra’ Foro de la exposición

El artista Jeison Castillo es el autor de los dibujos expuestos en el primer momento de la exposición, llamado ‘Caminar el Territorio’. A través de sus dibujos se realizará un viaje de reconocimiento al pueblo Wiwa. Él liderará un taller que tiene como objetivo acercarse a las historias de los animales y plantas que están desapareciendo en la Sierra Nevada de Santa Marta. La actividad está dirigida a niños y niñas, pero puede participar cualquier persona. Al final, la idea es que, a partir de las historias orales de los participantes y con apoyo de Jeison, se puedan representar otros animales que, según la experiencia de los asistentes, también estén desapareciendo.

*Fe de erratas. En la programación impresa de la exposición, esta actividad aparece en otro horario. Pedimos a los asistentes tener en cuenta que se realizará a las 4:00 p.m.

Fecha: jueves 15 de febrero
Actividad: Ojalá Nos Alcance la Vida - Conversatorio y lectura en voz alta con mayores
Hora: 10:00 a.m.
Lugar: ‘Amanecer la Palabra’ Foro de la exposición

Un espacio para la socialización y apropiación social de las historias de vida de personas mayores víctimas del conflicto armado colombiano.

Fecha: jueves 15 de febrero
Actividad: Proyección audiovisual “Sangre y Tierra. Resistencia Indígena en el Norte del Cauca”.  Director: Ariel Arango Prada.
Hora: 3:00 p.m.
Lugar: Sala alterna Museo Nacional

El documental, retrata la resistencia del pueblo indígena Nasa del Norte del Cauca en la recuperación de tierras durante el 2015 y el 2016 –La Liberación de la Madre Tierra-, así como la defensa por su autonomía, la jurisdicción especial indígena, la movilización social y diversas manifestaciones de su cultura ancestral. Un documento de memoria  y una reflexión sobre el proceso de paz en Colombia. La proyección de este filme se vincula con el módulo de ‘¡Viva la Guardia! ¡Viva la Minga!’ permite dimensionar la importancia de la lucha por la tierra en esta región del país.

Fecha: jueves 15 de febrero
Actividad: Proyección audiovisual “Ceder es más terrible que la muerte”
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: Sala Alterna Museo Nacional

Cineforo alrededor del documental "Ceder es más terrible que la muerte",  que trata sobre la vida de Josué Giraldo Cardona, un líder de la Unión Patriótica asesinado el 13 de octubre de 1996. Ese día se encontraba jugando cerca a su hogar en Villavicencio con sus hijas cuando recibió varios disparos que acabaron con su vida. La Sección Tercera del Consejo de Estado, señala que “el asesinato de Josué Giraldo Cardona es un crimen de lesa humanidad y una afrenta al ejercicio de los derechos de oposición política que degrada la confianza que las personas deben tener en las instituciones del Estado”.  Este documental es una respuesta a la sentencia judicial resultante de su proceso jurídico.

Conversan Lina Pinzón del CNMH y Juan Eugenio Guerrero del Comité Cívico por los Derechos Humanos del Meta

Fecha: martes 20 de febrero
Actividad: Taller para personas sordas
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: Sala alterna Museo Nacional

Activación pedagógica de los mensajes de la exposición “Endulzar la palabra. Memorias indígenas para pervivir” para personas usuarias de lengua de señas con servicio de interpretación.

Fecha: martes 20 de febrero
Actividad: Conversatorio “Género y memorias de violencia sexual en mujeres indígenas”
Hora: 3:00 p.m.
Lugar: Sala alterna

Se proyectará el documental "Mujeres en la resistencia", que incluye la experiencia de las mujeres indígenas de Jambaló. A partir de esta proyección  se desarrollará  una conversación alrededor de la siguiente pregunta: ¿Cómo hablar de violencia sexual en y con comunidades indígenas?

Fecha: jueves 22 de febrero
Actividad: Conversatorio “Memorias de una lucha por lo que reste de vida”
Hora: 10:00 a.m.
Lugar: ‘Amanecer la Palabra’ Foro de la exposición

Un espacio de interlocución en torno a la experiencia de vida de Blanca Nubia Díaz Vásquez como una mujer indígena Wayú, persona mayor víctima del conflicto armado colombiano.

Fecha: jueves 22 de febrero
Actividad: Conversatorio “Catatumbo. Memorias de vida y Dignidad”
Hora: 4:00 p.m.
Lugar: ‘Amanecer la Palabra’ Foro de la exposición

Desde las voces, narrativas y sentidos de las personas que habitan esta región, se ha avanzado en la construcción de un sitio web, la exposición fotográfica Ishtana Joven, y se prepara la publicación de un informe de investigación. La recuperación de memoria con el pueblo indígena Barí, habitantes ancestrales de este territorio, es uno de los componentes centrales de esta apuesta por la memoria.

Acompáñenos en este conversatorio donde se discutirán algunos de los principales contenidos del proyecto y se compartirán piezas audiovisuales y radiales que nos narran sobre la guerra, la vida y la esperanza en esta región.

Ciro y yo

Publicado 06 Feb 2018

Ciro Galindo, en medio de una entrevista, sostenía fijamente, y sin temor, su mirada mientras progresivamente iba afianzando varias pausas largas en su relato. Su hijo Esneider, un poco más nervioso, alternaba la vista entre el entrevistador y su padre, en una disposición de nobleza absoluta, precedía al relato. En medio de esa tensión humana, de miradas y silencios, vamos escuchando, y sintiendo, la historia de Ciro y su difunta esposa Anita, dueña de esos silencios.

Por: Daniel Sarmiento, para el CNMH 

Cuando Anita estaba muriendo, le dijo a su esposo: “Tráigame a mis hijos…” y dio media vuelta para descansar eternamente, para ese entonces ya había perdido a dos de sus hijos. Ciro, con dignidad enfatiza y hace memoria de ese momento que no se permite olvidar.

Esta secuencia del documental “Ciro y yo”, dirigido por el colombiano Miguel Salazar, muestra, ante todo, que él es un amigo de Ciro, con su voz omnisciente hace alusión al “yo” del título, su relación, su perspectiva y de alguna manera un guía adecuado para comprender, pero sobre todo escuchar, un contexto con tantas aristas. Su parlamento muestra lo conmovido que siempre estuvo por la historia de Ciro, el material de archivo y sus complementos son otra evidencia del acompañamiento que ha tenido el tejido de este relato, que de esta manera revela una historia que debe ser contada. Hace 21 años nació su amistad, el mismo día que ocurre una tragedia, en Caño Cristales, La Macarena, en el departamento del Meta. Un lugar cuya belleza natural inaugura un largo camino y el reencuentro de Ciro con su familia.

“Ciro y yo”, retrata implícitamente medio siglo de un país en guerra; si se mira por encima esta historia nos desarma ante una víctima del conflicto armado, pero en el fondo, representa más de ocho millones de víctimas cuyas problemáticas son representadas en este documental, como: desplazamiento forzado, reclutamiento infantil, entre otros.

Cada miembro de la familia Galindo padeció los desmanes de la guerra, así poco a poco, y sin premura, el director nos deja entre ver qué dejó la guerra para una madre y un padre impotentes ante la injusticia: un hijo reclutado forzadamente a los 9 años, cuya odisea en medio del desarme y programas estatales de reinserción, parece increíble cómo fue perdiendo toda esperanza. Otro hijo, el menor de la familia Galindo, creció trabajando de sol a sol al lado de sus padres, quienes lo cuidaban de un mal pandémico: el conflicto armado. Ciro, padre y cabeza de familia recuerda muy bien cada suceso, invocando para sí un “ojalá no se repita esto… ojalá no se olvide esto”.

Con una fotografía naturalista y con un ritmo contemplativo los espectadores quedan cuestionados ante un discurso que nos interpela a todos, sin matices y objetivos políticos: la paz debe ser el fin.

Ciro Galindo luchó toda su vida y hoy siendo un sobreviviente, nos camparte su historia llena de resiliencia y dignidad para no olvidar.

La noche del 31 de enero, la plazoleta del Rosario, en Bogotá, se iluminó con cientos de velas que acompañaron a Temístocles Machado, líder social de Buenaventura quien fue asesinado el pasado sábado 26 de enero.

La iniciativa “Mil puntos de luz” fue creada por la ciudadanía como rechazo al asesinato sistemático de líderes sociales que, como Temístocles, trabajan  diariamente por la defensa de los territorios ancestrales y la protección de los derechos humanos de las comunidades que los habitan. El acto simbólico también se desarrolló en Buenaventura, Cali y Medellín.

Lo que está sucediendo con los líderes sociales en Colombia, es un fenómeno que prende las alarmas para todos los sectores, teniendo en cuenta la coyuntura política - implementación de los acuerdos de paz, campañas políticas- que atraviesa el país. En noviembre de 2017, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), informó a través de un comunicado su preocupación ante el aumento en los asesinatos y amenazas contra los defensores de los derechos humanos y los líderes comunitarios en la región de la costa del Pacífico de Colombia.

Hablamos con 5 ciudadanos que acompañaron la acción simbólica en la plazoleta del Rosario, sobre lo que significa para ellos este fenómeno.

1

Jesús Andrés Mena, 21 años
Para mí es muy importante la defensa y protección de nuestros derechos y los derechos de los pueblos de los cuales viene nuestra descendencia. No por vivir en la ciudad soy ajeno a este tipo de situaciones. Este es un sistema que siempre nos ha mantenido oprimidos, en el momento se alza la voz en contra de esas opresiones, se inventan métodos para que la gente no reaccione. Por eso estoy acá, debemos demostrar que no tenemos miedo. [...] En nuestros días encontramos muchísimas distracciones en nuestro contexto, debemos tomar consciencia de que vivimos en un mundo de opresiones y hay que luchar por nuestros derechos.

2

Jenny Paola Santander, 32 años
Acá estamos haciendo lo mínimo. Por la memoria, por tratar de construir un elemento simbólico ante una resistencia, una lucha, un trabajo de base que es una defensa por el territorio, por lo comunitario. Esto es un mínimo reconocimiento ante quien lucha día a día y quien no tiene el respaldo, ni todas estas luces, ni todo el acompañamiento. [...] La sociedad ha respondido con una violencia implícita, arraigada en nosotros y de esa misma forma una forma de ignorar: porque es diaria, porque ya no importa, porque es lejano para la ciudad. [...] Hay que creer, hay que unirse y apoyarnos entre todos. En la lucha diaria, en la voz diaria, en el divulgar, en reconocer, en construir elementos simbólicos como una luz hace parte del proceso de, no solo perdonar o sanar, sino también de empezar a hablar y trabajar. No sé si esto va a cambiar, pero hay que empezar y unir fuerzas, es un inicio siempre.

3

Juan Manuel Amaya, 48 años
Estoy aquí haciendo acto de presencia. Me da rabia la indiferencia del Estado, la indiferencia de mucha gente. Yo creo que con voluntad se puede hacer mucho y es la voluntad la que no se ha visto. Es el silencio por parte de los candidatos a congreso, a la presidencia. [...] O realmente hay una voluntad de cambiar la cultura política del país en todas partes o es a medias, y a medias no ha funcionado. Hay muchas causas, hay muchos actores, pero lo que no puede haber es esta falta de interés por parte del Estado y por parte de la ciudadanía. Espero que este tipo de reuniones ayuden a movilizar a la gente. Hay que exigirle a los políticos que quieren nuestro voto que se manifiesten al respecto.

4

Carlos Santos, 31 años
Todos los días, desde que se levantan hasta que se acuestan, nuestros líderes sobreviven en un ambiente de miedo, de zozobra, de discriminación, en un país que no permite la diversidad cultural como lo establece la constitución y se lo pierden porque en la diversidad hay tantas riquezas. [...] Debemos seguir visibilizando estas pequeñas acciones que estamos haciendo. Tenemos que quitarnos la venda de los ojos, que viaje a todos los lugares, unirnos desde las casas, que se movilicen, que se pellizquen, que hagan algo.

5

Amanda Hurtado, 28 años
Nos reúne, dirían en lengua palenquera un lumbalú, un dolor colectivo de ver cómo hay un exterminio sistemático a las personas y a los procesos que han venido defendiendo. Sobre todo el derecho a la vida y el ejercicio del ser dentro de los territorios ancestrales o los territorios que desde hace décadas son ocupados por campesinos. Uno siente una complicidad institucional donde pareciera que los muertos no dicen nada. Lo que justamente revelan es un exterminio sistemático, pero con cierta población, poblaciones que están ubicados de forma estratégica en el territorio. El asesinato de Temístocles lo demuestra. Los territorios ganados al mar hoy están siendo un problema para la ampliación del puerto de Buenaventura.

Para las comunidades negras el asesinato de líderes significa “romperlos” y generar miedo y dolor. Al romperlos se rompe la estructura organizativa y comunitaria y por ende se desmorona la comunidad. Sin embargo, al haber tantos muertos yo creo que esto va a generar una respuesta colectiva más fuerte porque ya nos han robado hasta el miedo, y como ya nos robaron hasta el miedo creo que la comunidad de Buenaventura podrá seguir en la defensa y lucha de sus territorios ganados.

Experiencias de memoria

Publicado 02 Feb 2018

Con el objetivo de fortalecer la participación de las víctimas a través de la construcción de diálogos alrededor de temas como la justicia transicional y los espacios de esclarecimiento de la verdad, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) llevó a cabo, en diciembre de 2017, el II Encuentro Internacional de Experiencias de Memoria. Esta apuesta reunió a más de 70 representantes de organizaciones de víctimas nacionales y víctimas en situación de exilio.

Por Laura Cerón, periodista del CNMH

Durante muchos años, varias organizaciones sociales del país han trabajado por esclarecer los hechos de violencia que han ocurrido hacia sus comunidades. De igual forma, han denunciado que en su mayoría los casos siguen en completa impunidad y han exigido que se respeten sus derechos.

Para ello, se han aferrado a la memoria como una herramienta de resistencia. De ahí que en sus organizaciones estén buscando constantemente la forma de visibilizar, ante el resto de la población, lo que les ha ocurrido. Durante años han hecho caminatas, galerías de la memoria, actos conmemorativos, manifestaciones en espacios públicos y encuentros culturales que les han permitido mostrar que también son sujetos activos dentro de la construcción de paz en sus territorios.

Con el panorama que se viene de cara a 2018 en el país, entre elecciones, la implementación de la JEP y la Comisión de la Verdad; el CNMH reunió a 77 líderes que hacen parte de los diversos proyectos de la Estrategia de Participación de Víctimas y Agenda Exilio del CNMH.

El encuentro contó con la participación de ponentes como Gerard Corbella del Memorial Democrático de Cataluña, Carlos Eduardo Henríquez del Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador (MUPI) y el investigador Rodrigo Uprimny quienes crearon un diálogo alrededor del  papel de las memorias en los espacios de aporte al esclarecimiento de la verdad.

De igual forma se propuso un espacio para hablar sobre las experiencias de memoria en procesos de justicia transicional, panel en el que participó Velia Muralles del Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala (AHPN), Enric Cobo de la Dirección General de Archivos, Bibliotecas, Museos y Patrimonio del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, España, y la Comisión Colombiana de Juristas de Colombia.

Rosa de las Nieves Mosquera, representante de Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá y líder de la conmemoración que cada 2 de mayo se realiza en Bellavista, afirmó: “Como víctimas sabemos qué queremos, para dónde vamos y escuchando otras experiencias podemos aterrizarlo a lo que cada uno requiere en sus territorios”.

Como parte de las actividades también se socializó la propuesta de Política Pública de Archivos de DDHH del CNMH, el plan de Incidencia de la Red Colombiana de Lugares de Memoria, y el  guión de la exposición del Museo Nacional de la Memoria.

Frente a la participación de los exiliados o colombianos refugiados en otras latitudes, Diana Ortiz, quien hace parte del Colectivo de Migrantes Exiliados Colombianos por la Paz en Argentina dijo: “El encuentro ha sido importante porque es encontrar la resistencia y la esperanza pese a la oposición al acuerdo de paz y su implementación. Queremos apostarle a la paz ya que estamos convencidos de que una salida importante al conflicto es el reconocimiento de las víctimas y de los hechos de violencia que ocurrieron en el país”.

El II Encuentro Internacional de Experiencias de Memoria contó con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), el Gobierno de Cataluña y la Corporación Opción Legal (COL). Igualmente, se hizo en el marco de la acción conjunta que realiza el Centro Nacional de Memoria Histórica y el Programa de Alianzas para la Reconciliación, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y ACDI/VOCA.

Historias que transforman

Publicado 31 Ene 2018

Docentes, estudiantes, investigadores de grupos regionales, miembros de organizaciones y el equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se reunieron en diciembre de 2017 en la Universidad Pedagógica de Bogotá, en el encuentro “Pedagogía para la memoria: un tejido para la paz”, protagonizada por el intercambio y reconocimiento de experiencias e innovaciones pedagógicas impulsadas por maestros y maestras de diferentes lugares de Colombia.

Por Daniela Franco, periodista del CNMH

Los asistentes al evento, cerca de 100 personas, reflexionaron sobre la pregunta: ¿Cómo la memoria desde las aulas de clase le aporta a la construcción de paz?

Algunas experiencias hablaron por sí solas:

2

Gloria, la maestra de Medellín que impidió un suicidio en su clase

Tenemos muchísimas problemáticas muy duras, que han generado demasiados dolores a la población civil.

Mis alumnos son chicos de grado 11.°, hijos de la comuna 13 de Medellín, huérfanos de la Operación Orión, algunos porque sus papás estaban activos en la guerra o simplemente porque fueron una línea más de la lista de ejecuciones extrajudiciales que ha dejado la guerra en Colombia.

Por un lado, pensé en que muchos de ellos han sido revictimizados, es decir, son personas que vinieron huyendo del conflicto en otras zonas del departamento de Antioquia y que luego volvieron a ser víctimas por la presencia de actores al margen de la ley o incluso por el mismo Estado.

Por otro, el segundo periodo de la clase de sociales, estaba enmarcado sobre los conceptos de DIH, corte penal internacional, comité internacional de la cruz roja, estatuto de roma, entre otros; entonces comencé a relacionarles a los chicos estos temas con los episodios que ha vivido nuestro país. La masacre del Salado, Catatumbo, el Pacífico y hasta el propio Medellín, casos que hemos tenido la oportunidad de conocer gracias al material que hemos recibido del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Así entonces creé un proyecto de aula al que llamamos ‘Yo también soy memoria’, entendiendo que estos chicos necesitan trabajar su autoestima, trabajar en lo que han vivido y necesitan fortalecer sus procesos de resiliencia.  Porque si la memoria histórica está enmarcada en que los chicos sólo miren a otros dolores alrededor del país ¿quién los está mirando a ellos?

Teniendo en cuenta la metodología sugerida por la Caja de herramientas del CNMH en la parte de ‘Memoria Personal’ les di la instrucción de construir una línea de tiempo de sus vidas destacando 10 aspectos y encontré por ejemplo, que un niño se iba a suicidar.

En ese momento se dio el paro de maestros que hubo este año pero yo los seguí convocando a que de manera voluntaria adelantáramos trabajo, a que repasáramos los momentos que destacaban en su línea de tiempo, sus análisis y reclamos. Yo no me uní al paro y donde lo hubiera hecho ese chico se habría suicidado.

En esta semana se llevarán a cabo los grados y el último día de clase me abrazó y me dijo ‘Profe este grado se lo dedico a usted’ a lo que yo le respondí, ‘no, este grado es para usted mismo, porque encontró elementos importantes y fundamentos claros para poder seguir’.

Para mi el valor de trabajar la memoria histórica en clase radica en el potencial que tiene para resignificar a las personas como seres humanos, percibirse y reconstruirse de otra manera”

El profesor Alain en el Arauca que cuestiona la incredulidad de los estudiantes

“Para nadie es un secreto que Arauca, además de ser una región apartada, es tierra de actores armados que están todavía en vigencia. Para los jóvenes es difícil creer en que algo va a cambiar.

Por otro lado pasa muy recurrentemente que el Ministerio le dice a usted ‘esto es lo que hay que hacer’ y uno siente que eso no aplica para nada a su contexto,  entonces con más veras hay incredulidad. Sin embargo, cuando el CNMH llegó a la región, los profesores participaron del proceso de creación de la Caja de herramientas pedagógicas para trabajar temas de paz y memoria y no nos llevaron un paquete solamente para que lo aplicáramos.

Cuando este material estuvo listo en el 2015 y llegó a la región empezamos a aplicarla pero encontramos que no podíamos hacer esfuerzos por separado, debíamos integrar todo lo que teníamos a la mano. En mi caso yo cuento con un aula muy bien dotada, con equipos y acceso a internet, lo que permite que desde ahí consultemos los informes de memoria o las cartillas de la Caja de herramientas vía virtual. Llegar por estos medios digitales a los chicos es muy importante, pues es hablarles en su lenguaje.

Por otro lado estaba la famosa cátedra de paz, entonces también incorporamos sus metodologías y el análisis de los casos emblemáticos a las clases, siempre evaluando su aplicación a los contextos que se viven a nivel local: la ciudad, el barrio o los propios casos de los estudiantes.

Por último, todo esto fue hecho en el marco de un pacto de aula: un acuerdo por el respeto a la palabra, a la participación del otro, pero sobre todo a la escucha. Muchos de los estudiantes pertenecen a población desplazada y desde estos acuerdos no sólo se predica sino que también se aplica un trato no violento dentro de la misma escuela.

Todavía hay mucho trabajo por hacer, pero esta generación que está siendo testigo del cambio es la que  debe creer más que nadie en lo que está pasando. La memoria en el aula de clase es una herramienta fundamental para por lo menos generarles inquietud.

El encuentro finalizó con una integración liderada por María Emma Wills, asesora de la Dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica y líder del equipo de Pedagogía quien afirmó: “La escuela, sin proponérselo, puede ser un engranaje de la guerra, reproducir discursos y actitudes que tienen y alimentan la guerra. O por el contrario convertirse en un escenario donde los maestros y maestras junto a los estudiantes arraigan la democracia incluyente en este país”.

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