Portada nota Rosa Blanca.Con motivo del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, este 9 de abril se reunieron representantes de la Corporación Rosa Blanca, una organización que reúne a más de 1.200 mujeres y hombres víctimas de violencia sexual por excombatientes de las Farc, junto a directivos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la sede de esta entidad, en Bogotá.

Durante la reunión, además de escuchar los relatos de las víctimas, se expusieron ideas para trabajar conjuntamente en el desarrollo de una iniciativa de memoria que las visibilice. 

La Corporación Rosa Blanca se conformó en diciembre de 2017 con 25 mujeres que fueron víctimas de violencia sexual, durante el reclutamiento infantil que vivieron por parte el la exguerrilla de las Farc. 

Públicamente, Rosa Blanca, ha denunciado ante el Congreso de la República que los delitos sexuales cometidos contra sus integrantes por comandantes y guerrilleros sean sancionados por la Justicia Penal Ordinaria y que no tramitados por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). 

Yudi Tovar, fundadora de la Corporación, subrayó que su reclutamiento se dio a los 16 años en el corregimiento de Herrera, Tolima. Durante el año que pasó en las filas de las Farc, añadió, fue víctima de múltiples violaciones por parte de comandantes y guerrilleros. 

Luego de su escape a Bogotá, a los 17 años, decidió volver a organizar su vida y con el tiempo hizo visible su caso a través de la Corporación Rosa Blanca. Sin embargo, al exponer públicamente su historia de vida ha recibido varias amenazas. 

El Informe La guerra inscrita en el cuerpo, del Centro Nacional de Memoria Histórica, analizó 277 casos de violencia sexual en el marco del conflicto armado. La exguerrilla de las Farc aparece como perpetradora en 37 (13%); una guerrilla sin especificar, en 45 (16,2 %) y un actor armado sin identificar, en 35 (12,6%). 

De igual forma, según el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica 17.778 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados y utilizados por los grupos armados legales e ilegales. El 25,89% corresponde a niñas y adolescentes mujeres, mientras que el 71,27% a niños y adolescentes hombres. El OMCestableció, además, que de ese total 4.857 pertenecieron a las guerrillas y 1.581 a los paramilitares.

que nos escuchen conozcan cada testimonio 01Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

Como Yudi, las mujeres que pertenecen a la Corporación Rosa Blanca piden que sean escuchadas y que los exguerrilleros acepten que sí cometieron esos crímenes como parte de tranquilidad. “Yo quisiera verlos decir “sí, lo hicimos, le pedimos perdón” porque nosotros no merecíamos eso”, acotó Tovar. 

Como muestra de su compromiso con la construcción de memoria histórica del país, Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), escuchó sus peticiones y recibió un collar hecho con chupos para bebés, como símbolo de los abortos forzados a los que fueron sometidas miles de niñas y mujeres del país. 

Ante esto, Acevedo afirmó que “el CNMH recoge este tipo de símbolos por su alto valor de carácter humanitario”. 

“Debemos contribuir a que el dolor de ustedes cese, sea elborado en un duelo, y la mejor manera es hacerlo a través de la memoria, con ánimo de justicia y verdad”, destacó el director.

Por lo pronto, las víctimas de los crímenes sexuales cometidos por las Farc solo esperan que la sociedad en su conjunto reconozca sus testimonios como un aporte a la verdad. “Que nos escuchen, que conozcan cada testimonio y que se pongan en el lugar de cualquier víctima. De las Farc, o del Estado o de los paramilitares. Ojalá no nos vean como enemigas de la paz. Nosotras la anhelamos, pero con una verdad”, afirmó Tovar.

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Desde el 9 de abril de 2012, Colombia conmemora cada año el Día Nacional de las Víctimas por mandato de la Ley 1448 de 2011, que estableció este día para que el Estado colombiano realice eventos en memoria y reconocimiento de las personas afectadas por el conflicto armado.

Darío Acevedo director del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH,  explica, en una entrevista que puede escuchar completa en www.centrodememoriahistorica.gov.co/ o  en www.soundcloud.com/memoriahistorica/ que la conmemoración tiene un sentido pedagógico: “se trata de que aprendamos qué fue lo que sucedió a través del tiempo, tanto para los que han sufrido como para los que no han sufrido”.

El director del CNMH relata  que “el conflicto armado y las violencias no pueden volver a ocurrir en un país democrático, en un país libre, donde podemos vivir teniendo diferencias y concepciones, pero sin acudir a las armas”.

Añade que “la conmemoración del Día de las Víctimas del 9 de abril debe dejar un mensaje claro en el sentido en que la memoria, el rescate de la memoria no puede servir para estimularla”.

Darío Acevedo, destaca la necesidad de prestar más atención a estos relatos, a la memoria que se está divulgando, el aporte de la gente sería también el de evitar tomar actitudes extremistas y actitudes dogmáticas.

“A las víctimas me gustaría decirles que hay lugar para el llanto, hay lugar para el dolor, hay lugar para el desahogo y para el duelo y que hay apoyo en eso, de diversas instancias y organizaciones de víctimas. Pero, también tiene que haber un espacio nuevo de recreación de la vida, que la vida sigue y hay que seguir con los retos, hay que seguir educando a los hijos a pesar del dolor, a pesar de la tragedia, no podemos dejar que ese dolor o esa tragedia nos obnubile, que nos cierre el camino hacia el progreso y hacia la construcción de sociedad”, concluye.

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  • El director del CNMH aseguró que “la mejor manera de disipar los temores manifestados por algunas organizaciones de víctimas, es entrando en contacto con las comunidades y sus representantes”.
  • Reiteró que los archivos y documentos depositados en el CNMH, están protegidos por mandato estatal: guardados, clasificados y descritos de acuerdo con las técnicas y protocolos de la Ley de Archivos.
  • Además, expresó que su dirección será de puertas abiertas, y manifestó su voluntad de reunirse con todas las organizaciones, con el fin de brindar las garantías sobre la inviolabilidad e integridad de los documentos.

Desde su posesión como director General del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), el pasado 21 de febrero, Darío Acevedo ha reiterado su interés en escuchar y abrir las puertas del CNMH a las diferentes organizaciones sociales y de víctimas, que han manifestado dudas o preocupación por la seguridad de los archivos que reposan en el Archivo Virtual de Derechos Humanos y Memoria Histórica de la institución.

Uno de los mandatos del Centro consiste en integrar un archivo con documentos originales, o copias fidedignas, sobre los hechos victimizantes ocurridos durante el conflicto armado entre los años 1985 y 2011. Hasta el momento, se han recopilado 381.545 unidades documentales (fotos, videos, audios, mapas, documentos) que están protegidas bajo las políticas estatales de seguridad de la información y no pueden ser alterados por ninguna persona, autoridad o institución.

El pasado miércoles 27 de febrero, el director del CNMH se sentó a conversar con dos organizaciones: el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).

Desde hace dos años el CNMH y la ONIC han trabajado, de la mano, en la construcción del Informe Nacional de Pueblos Indígenas: el primer gran proyecto de memoria histórica que se realiza en el país, sobre el impacto del conflicto armado en los 102 pueblos indígenas que habitan el país. El director se comprometió a continuar con el apoyo del Centro para que este informe se culmine y se socialice con las comunidades indígenas.

Asimismo, se reunió con líderes y lideresas de Bojayá, que han trabajado con el CNMH desde la creación del Grupo de Memoria Histórica en el 2008. Darío Acevedo les aseguró que “ningún documento que tenga que ver con la memoria de las víctimas, va a ser alterado por la institución o por sus directivas”. Y expresó su voluntad para continuar el trabajo con Bojayá, que ahora está concentrado en los procesos de cierre del duelo de la masacre ocurrida el 2 de mayo del 2002.

Los encuentros continuaron el día lunes 5 de marzo, con la visita al CNMH del presidente de la Comisión de la Verdad, el padre Francisco de Roux, y la comisionada Patricia Tobón Yagarí. Se acordó que se realizarán nuevos encuentros para trabajar en la comprensión de lo sucedido en el país, desde la visión y las posturas de todas las víctimas afectadas por la violencia en Colombia.

“Nuestro trabajo no será el de buscar culpables, eso será tarea de la justicia. Lo que buscamos es una visión integral de lo que pasó, para poder reparar a las víctimas y garantizar que estos hechos no se vuelven a repetir”, aseguró Darío Acevedo.

El director también se reunió con el general Néstor Robinson, encargado por la Presidencia de la República para el programa de transición derivado del Acuerdo de Paz, y con otros dos oficiales de las Fuerzas Militares que adelantan un trabajo de recolección de la memoria de las víctimas militares. También asistió a un evento de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz, UNIPEP.

Finalmente sostuvo un contacto oficial con FEVCOL -Federación Colombiana de Víctimas de las FARC.

En todos estos escenarios, Darío Acevedo les hizo un llamado a las víctimas y a las organizaciones para que se mantengan “atentas y vigilantes” frente al actuar del Centro. Y reiteró que la suya, es una “administración de puertas abiertas”.

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En respuesta a la carta enviada recientemente por el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, nuestro nuevo director, Darío Acevedo, manifiesta su disposición de mantener un diálogo abierto y constructivo, tanto con él como con las organizaciones de víctimas que han mostrado preocupación por la preservación de sus archivos.

Descargue aquí el comunicado.

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portada masacre paramo la sarnaDesde hace once años, pobladores de Sogamoso y otros municipios de Boyacá, Santander y Casanare se reúnen para marchar contra el olvido de las víctimas de la masacre del Páramo de la Sarna. El 1 de diciembre del 2001, paramilitares asesinaron a 15 habitantes de esta región.

Texto y fotografías: Laura Cerón

El pasado domingo 2 de diciembre el municipio de Sogamoso (Boyacá) se despertó con cientos de personas en sus parques y plazas. Eran las 7:30 de la mañana y el sol se colaba tímido entre el rastro de una noche fría. En pocos minutos empezaría la peregrinación al Páramo de la Sarna, un acto que desde hace once años realizan cientos de habitantes de Boyacá, Casanare y Santander. Caminan, entre arengas y pañuelos, para conmemorar la masacre paramilitar del 1 de diciembre del 2001, que dejó 15 víctimas fatales.

Antes de montarse en los buses, los líderes y lideresas de la conmemoración alistaron todo lo que necesitaban: velas, arreglos florales, pancartas y banderas que los identificarán mientras caminan al borde de la carretera. Y pegaron afiches en los carros con los rostros dibujados de Luís Ángel Gil, Tania Leonor Correa, Mercedes Rivera, Luis Arturo Cárdenas, Isidro Alba, John Fredy Poveda,  Luís Miguel Melo, Abel Cudris, Gonzalo Rincón, Luís Pérez, José Antonio Mongui, Jairo Isidoro Peña, José Bertulfo Noa, Herminda Blanco de Peña y Hernando Gómez; hombres y mujeres, en su mayoría estudiantes, profesores y trabajadores de la región, a quienes paramilitares de las Autodefensas Campesinas del Casanare asesinaron tras acusarlos de ser cómplices del ELN.

masacre paramo la sarna2Los habitantes de la región marcharon cerca de media hora, hasta el lugar en que fueron asesinados sus vecinos, amigos y familiares, hace 17 años. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Los caminantes tienen una larga lista de peticiones para encontrar justicia y verdad. Esa lucha por encontrar respuestas despierta muchas incomodidades pues, a pesar de que se conocen algunos responsables, como el paramilitar Luis Eberto Díaz Molano alias ‘El Compadre’ y varios miembros de las Autodefensas Campesinas del Casanare, todavía hace falta resolver varias aristas. Por ejemplo, que el Ejército Nacional responsa por su acción u omisión frente a los hechos que llevaron a la masacre, como lo señaló en un informe el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).

Los marchantes siguieron la ruta que hace 11 años tomó el bus de la empresa Cootracero, que fue abordado por los paramilitares. El carro salió del terminal de Sogamoso hacia el municipio de Labranzagrande (Boyacá). En medio de las curvas, desde un punto conocido como La Cabaña, varios caminantes se bajaron y empuñaron en alto banderas y pañuelos, que agitaron mientras clamaban: “nunca más, crímenes de Estado, nunca más”.

Al llegar al lugar de los hechos la gente se acomodó alrededor de un mural junto a la carretera, realizado por los familiares para la conmemoración de este año. El mural deja ver un árbol de navidad con 15 cruces que le adornan las ramas. En el medio, el rostro de Gilma Soto, una de las mujeres que se ha echado al hombro la tarea de hacer memoria en el municipio y quien perdió a su esposo Hernando Garavito, conductor del bus, el día de la masacre. Y al lado derecho, un árbol más frondoso: la esperanza y el anhelo porque un día se haga justicia.

Al mural se suman varios elementos simbólicos que los habitantes de la región han instalado allí con esfuerzo: un afiche en lo alto de la montaña hecho por las familias, 15 veletas que giran con el viento, dos esculturas con los 15 rostros y un libro que tiene escrito cada uno de sus nombres.

masacre paramo la sarna3“Vida, memoria y dignidad” es el lema con el cual los familiares y sobrevivientes de la masacre del Páramo de la Sarna hacen honor a sus familiares y a la lucha que todavía emprenden. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Jessica Alba, una de las caminantes, tenía colgada de su cuello la foto de su abuelo Isidro Alba Guío. Aunque no lo recuerda muy bien, porque la masacre ocurrió cuando ella era muy pequeña, contó con propiedad que su abuelo era profesor en Aguazul (Casanare) y que, además, era un aguerrido sindicalista de 54 años, quien trabajaba junto al Sindicato de Maestros de Casanare. “Acompaño a mi familia porque soy muy creyente, creo que todos acá lo somos. Es importante reunirnos y pensarlos a todos. Su muerte fue muy injusta y compartimos todos nuestro dolor”, afirmó durante la conmemoración.

Después de la eucaristía varios familiares tomaron el micrófono y, en medio del sol picante del medio día, expresaron su malestar e inconformismo con el proceso judicial. Otros, aprovecharon el micrófono para entregar mensajes de aliento. “El recuerdo de nuestros muertos es la semilla de la esperanza”, decían unos. “Recordamos a los que han muerto soñando una sociedad justa y digna para todos”, decían otros.

masacre paramo la sarna4La masacre del Páramo de La Sarna es una de las 61 masacres que tiene registradas el Observatorio de Memoria y Conflicto en el departamento de Boyacá. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

“No vamos a dejar que la memoria de las víctimas muera. Este hecho lo tienen que conocer los boyacenses, los casanareños y todos los colombianos. La provincia de la libertad es territorio de paz, y no vamos a dejar en el olvido a quienes perdieron la vida vil e injustamente”, afirmó José Antonio Galán, vocero de la Asociación Nacional Campesina.

Una vez terminada la ceremonia, los caminantes bajaron la montaña y se reunieron alrededor del fuego para comer sancocho y tomar chicha. Muchos se abrazaban y reían. Finalmente, recordar también es sinónimo de celebrar por los años de resistencia y por los que faltan. Luego se devolvieron en los buses hasta Sogamoso.

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  • El próximo domingo 2 de diciembre se realizará la conmemoración de esta masacre paramilitar ocurrida en el municipio de Sogamoso, en la que 15 personas perdieron la vida.
  • Los familiares de las víctimas y los sobrevivientes realizarán una peregrinación, para seguir exigiendo que se conozca la verdad sobre la posible complicidad de miembros de la fuerza pública.

De las 61 masacres que los diferentes grupos armados perpetraron en el departamento de Boyacá en los últimos 60 años de guerra (dejando 362 víctimas, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica), quizás una de las más recordadas por los campesinos de la región ocurrió el 1 de diciembre del 2001. Ese día, un bus de la empresa Cootracero salió a las 6:00 a.m. desde el terminal de transportes de Sogamoso hacia el municipio de Labranzagrande. Una hora más tarde, en el sector conocido como el Páramo de La Sarna, el bus fue detenido por paramilitares de las Autodefensas Campesinas del Casanare.

Hombres armados dieron la orden de atravesar el vehículo en la vía e hicieron bajar a todos sus ocupantes. Luego, ejecutaron a 15 de ellos (doce hombres y tres mujeres) acusándolos de ser cómplices de la insurgencia. Dos menores de edad (de 11 y 8 años) y una mujer de 60 años, sobrevivieron al hecho. Gracias a los testimonios de los paramilitares entregados en los tribunales de Justicia y Paz, se conoce que los hombres que detuvieron el vehículo estaban buscando a un guerrillero del ELN.

Los familiares de las víctimas y los sobrevivientes se reunirán el próximo domingo 2 de diciembre para hacer un recorrido desde Sogamoso hasta un punto cercano al lugar de los hechos, y desde allí emprender una caminata hacia el memorial que se ha creado desde 2007 en el lugar donde murieron las víctimas. Desde hace once años esta comunidad realiza la misma peregrinación, con el convencimiento de que “la memoria es un trabajo colectivo que permite mantener vivas las fibras”, dicen. Además, aseguran que como familiares son los llamados a seguir trabajando en esa construcción de memoria.

Según un informe del Cinep publicado en el 2016, existen al menos tres irregularidades que presumen la complicidad de la fuerza pública en esta masacre. Estas irregularidades fueron valoradas y confirmadas por el Juzgado 56 Penal del Circuito, Programa de Descongestión OIT de Bogotá, en el año 2015. Este juzgado encontró que ese día no estaba presente el retén militar que habitualmente funcionaba algunos kilómetros antes del sitio de la masacre, en el sector de El Crucero. También se concluyó que las autoridades llegaron al lugar del hecho casi seis horas después de la masacre, a pesar de tener conocimiento de lo ocurrido desde mucho antes, como lo evidencian documentos del VI Distrito de Policía de Sogamoso. Y por último, el juzgado encontró que aunque algunos de los autores del hecho fueron retenidos en la vía que conduce de Sogamoso a San Luis de Gaceno, porque se movilizaban en un vehículo reportado como hurtado, fueron dejados en libertad.

Por este hecho está condenado el paramilitar Luis Eberto Díaz Molano,  alias ‘El Compadre’, y varios miembros de las Autodefensas Campesinas del Casanare están vinculados. Sin embargo, los familiares de las víctimas y los pobladores de la región exigen que se identifique e investigue a los miembros del Ejército Nacional y otros organismos de seguridad que aparentemente participaron en los hechos.

DÍA: Diciembre 2 de 2018
HORA: 8:00 a.m. a 6:00 p.m.
LUGAR: Páramo de La Sarna, Sogamoso - Boyacá

Para mayor información

Laura Angélica Cerón
Periodista CNMH
301 706 3841

Gilma Soto
Familiar - Colectivo Vida, Memoria y Dignidad
323 215 9865

Judy Rincón
Familiar - Colectivo Vida, Memoria y Dignidad
310 318 3858

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portada canoneros rio caucaLos habitantes del cañón del río Cauca, afectados por las obras de Hidroituango, se unieron para exigir verdad y justicia sobre la violencia en su territorio. Denuncian que muchos continúan sin hogar y trabajo, y que se sienten amenazados por hacer estos reclamos.

Juan José Toro

Al borde de las gradas del coliseo de Ituango (Antioquia), un grupo de treinta barequeros y pescadores del cañón del río Cauca discute sobre religión. Que si pasear las ánimas por las calles es un ritual pagano o no, que si hay un solo dios o muchos. En el Movimiento Ríos Vivos Antioquia se respetan la palabra, aunque el tema sea álgido y las opiniones contrarias.

Durante esos días, el 1 y 2 de noviembre, tuvieron varias conversaciones así. Algunas sobre el pasado, cuando aprendieron a anudar un anzuelo o sacar oro de las aguas amarillas del río. Otras sobre el presente, que los tiene casi confinados en ese coliseo, su casa desde hace seis meses. Y otras más sobre el futuro, que enfrentan sin certezas pero con energía.

Hablaron de rituales y religiones porque estaban decidiendo cómo sería la ceremonia para llegar hasta la plaza del municipio, donde hicieron la primera parte de la conmemoración “Cañoneros y cañoneras contra el silencio y el olvido”.

En las últimas décadas del siglo pasado, y lo que va de este, varios grupos armados han azotado el norte de Antioquia. Las confrontaciones entre los frentes 18, 36 y 5 de las Farc, los bloques Mineros y Metro de los paramilitares, el Ejército y la Policía dejaron, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, al menos 110 masacres y 2.345 desaparecidos en los 17 municipios que rodean al río Cauca en Antioquia.

Sobre esas montañas, estratégicas para el control territorial, por donde se puede salir a Córdoba o al Urabá o al Nudo de Paramillo, ocurrieron, masacres muy recordadas como la de El Aro y la de La Granja, ambas en 1997, y por las que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Estado colombiano en el 2006.

Esos mismos municipios, donde aún no hay ni verdad ni justicia completas, están en la zona de influencia de Hidroituango, la megaobra que pretende suplir el 17% de energía del país. “No puede haber desarrollo así en una zona que todavía está herida por el conflicto”, dijo Isabel Zuleta, vocera de Ríos Vivos. “Todavía estamos adoloridos, buscamos a nuestros desaparecidos, seguimos siendo amenazados. Este territorio fue vaciado prácticamente por la violencia y así es muy difícil asumir críticamente un proyecto como Hidroituango”.

El día de la conmemoración, cuatro mujeres y un hombre completamente pintados de blanco recorrieron las calles de Ituango como si fuera un purgatorio. Los guió Estela Posada, miembro de Ríos Vivos, quien hizo de animera, un oficio tradicional de algunos pueblos antioqueños que consiste en pasear a las almas en pena, y caminaron por lomas empinadas hacia la plaza principal. Detrás de ellos se organizaron los demás integrantes de Ríos Vivos que viajaron de otros municipios. Arengaron contra la megaobra y entonaron canciones con nostalgia por su vida junto al río.

canoneros rio cauca2En medio de la conmemoración, los habitantes de la zona de influencia de Hidroituango denunciaron que varios de los líderes que han luchado por volver a recuperar su forma de vida junto al río Cauca, han sido objeto de amenazas e intimidación. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Así empezó el acto de protesta y memoria en Ituango, seis meses después de que esos mismos hombres, mujeres y niños se vieron obligados a tomarse el coliseo y armar allí un campamento improvisado. En mayo de este año, un taponamiento en uno de los túneles de Hidroituango causó una crecida súbita del río Cauca y miles de personas tuvieron que ser evacuadas de su ribera, donde vivían y trabajaban, para buscar albergues o desplazarse hacia otros municipios a intentar conseguir mejor suerte.

La vida en el coliseo no es fácil, pero se las arreglan. Montaron carpas por familias, tienen una cocina pequeña y una olla comunitaria, colgaron las vallas y los telares que usan en las protestas y afuera, en un pastal tras una reja, sembraron una huerta con lechuga, albahaca, cilantro y otros alimentos. Las atarrayas y las bateas con las que trabajaron toda su vida están por ahí, de adorno, arrumadas, en desuso.

A los cañoneros y cañoneras se les juntó un problema de hace años, el de la verdad sobre sus seres queridos asesinados o desaparecidos, con uno más reciente, el de la emergencia ambiental por los daños en el proyecto hidroeléctrico. Entre los dos hay un cruce aterrador: el llenado de la represa pudo haber cubierto de agua decenas de fosas comunes y sitios de enterramiento. Allí podría estar sumergida la verdad que buscan.

En mayo hubo una audiencia pública en la CIDH, donde la Fiscalía dijo que investigaba 502 casos de desaparición forzada, pero los líderes de Ríos Vivos Antioquia exigen que las investigaciones avancen más rápido. Y que, de ser necesario, se vacíe el embalse. Todo eso sucede mientras varios grupos armados siguen rondando el territorio. En los últimos meses, varios líderes y lideresas de Ríos Vivos Antioquia han denunciado amenazas de muerte.

canoneros rio cauca3Tomados de las manos y con los puños en alto, los habitantes del cañón del río Cauca hicieron un minuto de silencio por sus muertos. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Parados sobre una tarima en la plaza principal de Ituango, con la cabeza en alto, Isabel Zuleta y otros voceros del movimiento leyeron durante una hora, una por una, las 110 masacres ocurridas en su territorio desde 1958. Las de Santafé de Antioquia, las de Liborina, las de Olaya, las de Buriticá, las de Sabanalarga, las de Peque, las de Toledo, las de Briceño, las de San Andrés de Cuerquia, las de Yarumal, las de Ituango, las de Valdivia, las de Tarazá, las de Cáceres, las de Briceño, las de Caucasia y las de Nechí. Después de cada una gritaron “¡nunca más, nunca más, nunca más!”.

En la noche, el silencio se convirtió en fiesta. En una chiva repleta se fueron a buscar el río en la vereda El Líbano, a una hora del casco urbano de Ituango. El agua, dijeron, estaba varios metros más arriba que unas semanas atrás y se había tragado otro tramo de la carretera, que debe ser cruzado en ferri.

Sus caras se transformaron apenas estuvieron junto al ‘Patrón Mono’, como llaman al río Cauca. Amarraron anzuelos y se montaron en dos canoas encalladas, cantaron trovas improvisadas, hicieron aguapanela comunitaria, se mojaron hasta las rodillas e intentaron pescar con las manos y una linterna.

“El río nos daba todo, lo que uno quisiera”, dijo una de las participantes de la conmemoración, Cecilia Muriel. Aunque ese tono de nostalgia a veces se convertía en desilusión: el río está muerto, el río está sucio, el río no tiene cauce, dijeron también algunos.

canoneros rio cauca4El desbordamiento del río Cauca causó que las dinámicas creadas entre las mismas comunidades, como la pesca y el trueque, cambiaran drásticamente. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Cerca de medianoche hubo silencio. Cada uno tenía en sus manos una pequeña barca de madera con una vela adentro. “Que toda la fuerza que podamos depositar en esas barcas la pongamos en este charco. Vamos a encender las velas y las vamos a lanzar todas al tiempo”, les indicaron.

El momento más solemne ocurrió antes de encenderlas. Megáfono en mano, voluntariamente se pararon a dar unas palabras, a entregar sus esperanzas al río, a pedir deseos o hacer reclamos. Casi todos lo hicieron. Mientras uno hablaba, el resto bajaba la mirada.

“Esta luz la mando por esos compañeros que han fallecido en nuestra lucha”. “Que sea un recuerdo muy bonito que le entregamos a este río, que ya no es río sino pozo”. “A todos los seres queridos que el río acogió y tiene abrazados sin que sepamos de ellos, que reciban esta lucecita con mucho cariño. Que sepan que no están en el olvido”. “Con esta luz pido paz para todos, hasta para los que nos han hecho tanto daño, porque todos merecemos vivir”.

De mano en mano, pasaron las barcas con las velas prendidas hasta las canoas y a la cuenta de tres las entregaron al río, que lentamente se las llevó hacia el horizonte.

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portada 30 anos masacre segoviaLos habitantes de este pueblo antioqueño conmemoraron a las 46 víctimas de la masacre perpetrada por los paramilitares hace tres décadas. Este acto sirvió para recordar al pueblo que alguna vez fue remanso de oro y paz.

A cada persona que entró al auditorio del Museo Casa de la Memoria de Medellín le entregaron un clavel blanco. Las paredes las decoraron con las fotografías de las personas que ya no están porque los desaparecieron o los mataron. En el escenario, un pequeño altar con mantel blanco rodeado de más flores y, sobre el mantel, un listado con los nombres de los 46 hombres y mujeres que asesinaron hace tres décadas en las calles de Segovia, al norte de Antioquia: Pablo, Shirley, Libardo, Jorge, Rosa, Luz, Jesús, Roberto... El listado completo lo leyeron al final del acto.

Se trató de la conmemoración en Medellín de los 30 años de la masacre de Segovia, el pasado 11 de noviembre. Llegaron un poco más de 100 personas para recordar lo que pasó pero, especialmente, para encontrarse. La mayoría pertenece a ASOVISNA (asociación que reúne buena parte de los sobrevivientes y familiares), viven en la capital antioqueña desde hace años y hablan sobre su pueblo como si se tratara del paraíso perdido. Recordaron los familiares muertos, sí, pero a leguas se notaba que la conmemoración también les servía como pretexto para preguntar por familiares, amigos o el hijo “de tal” que se atrevió a regresar al nordeste a trabajar en minería a pesar de continuar como “zona roja” en términos de violencia.

Hubo lágrimas. Hacer la conmemoración de la primera gran masacre de la historia del conflicto armado en Colombia cometida en un casco urbano, también es recordar el miedo y el dolor que ha acompañado a los sobrevivientes durante años. Para algunos, esos sentimientos están acompañados por un deje de frustración política, pues gran parte de las víctimas pertenecían a las disidencias políticas del momento, en especial, simpatizantes y militantes de la Unión Patriótica (UP). Hace siete años elCentro Nacional de Memoria Histórica lanzó el informe “Silenciar la Democracia”, en alusión a la gran mordaza impuesta ese 11 de noviembre y a las 200 personas asesinadas selectivamente entre 1982 y 1997 en esta región. Sin contar con las otras 14 masacres que ocurrieron en la zona y que dejaron 147 víctimas fatales. No todas eran de la UP, también hubo del Partido Conservador, del Liberal, de las juntas cívicas y de las juntas sindicales.

La masacre de Segovia del 88 es la más conocida por la opinión pública por lo que implicó en términos de terror y sevicia, y porque casi cada familia del pueblo tiene una historia que contar sobre ella. Pero algunos de los asistentes al acto conmemorativo en Medellín hablaron más de lo ocurrido a mediados de los noventa, cuando un comando paramilitar perpetró un alto número de asesinatos colectivos. Fue ahí -recuerdan- cuando colapsaron las relaciones comunitarias, y el miedo a pensar y hablar de una manera diferente se apoderó de la gente. Fueron asesinados líderes campesinos, autoridades locales, exalcaldes, exconcejales, profesores y miembros de la Fuerza Pública. A veces, dichas muertes eran precedidas de secuestro o desapariciones forzadas. Aún no se sabe el paradero de algunos de ellos. Aunque los actores y la forma de la guerra han cambiado después de 1998, esta se ha perpetuado hasta hoy, a tal punto que varios de los asistentes también hicieron memoria de familiares asesinados hace tan sólo cinco o seis meses.

30 anos masacre segovia2“Como ciudadanos debemos trabajar por la verdad y la justicia. Si no lo hacemos, nos convertimos en cómplices de nuestra historia”, afirmó el cura durante la misa de conmemoración. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

El fin de semana del 11 y 12 de noviembre, también se realizaron conmemoraciones en Segovia, lideradas por otras dos organizaciones de víctimas: la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño Cahucopana (Cahucopana), y la Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Reiniciar; quienes estuvieron acompañados por organizaciones campesinas de la región, organismos internacionales y la Alcaldía del municipio.

Además de un acto solemne en la plaza central, hubo un recorrido por las calles y lugares donde hace treinta años fueron asesinadas las 46 personas (desde el barrio La Madre hasta la plaza central). La marcha fue acompañada por familiares de víctimas, miembros de las organizaciones civiles, funcionarios locales, dos bandas marciales y estudiantes de colegio, quienes se unieron –durante las dos horas que duró el recorrido- para hacer memoria colectiva de un hecho que no debió ocurrir.

Carlos Morales, líder de Cahucopana, hizo énfasis, especialmente, en las exigencias de justicia y las garantías de no repetición. “Para hablar de justicia, hay que empezar por conocer toda la verdad”, dijo en la plaza. Según las investigaciones judiciales, la violencia política del nordeste estuvo protagonizada por redes criminales articuladas por miembros activos de la Fuerza Pública que operaban en la región, unidos a civiles y grupos paramilitares. Por la masacre de Segovia de 1988 hay condenas contra paramilitares, militares y un político.

30 anos masacre segovia3La esperanza que existe entre los segovianos es que exista una nueva generación que reivindique la dignidad y la vida. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH   

Pero no es suficiente. Por eso, representantes de la Comisión de la Verdad y de la Justicia Espacial para la Paz (JEP) fueron invitados a Segovia para que acompañaran la conmemoración. Allí se sentaron en la plaza central a escuchar a las víctimas que quisieron compartir su testimonio. “El genocidio contra la UP es un caso que está en la JEP, cuyo reto es poder contar a la sociedad y a las víctimas qué fue lo que pasó y poder establecer los máximos responsables”, dijo Reinere de los Ángeles Jaramillo, magistrada del Tribunal de paz de la JEP.

A dicha frase tal vez habría que agregarle la necesidad porque Segovia vuelva a ser un lugar digno para vivir en paz, y donde pensar diferente no se convierta jamás en un pretexto para que llegue la muerte.

Listado personas asesinadas el 11 de noviembre de 1988

Pablo Emilio Gómez Chaverra
31 años, minero, simpatizante de la UP, esposo de María del Carmen Idárraga

Shirley Cataño Patiño
11 años, estudiante

María del Carmen Idárraga de Gómez
33 años, ama de casa, simpatizante de la UP

Jorge Luis Puerta Londoño
41 años, secretario del Juzgado de Instrucción Criminal de Segovia

Carlos Enrique Restrepo Pérez
77 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, simpatizante del Partido Liberal, padre de Carlos
Enrique y Gildardo Antonio Restrepo

Libardo Antonio Cataño Atehortua
Minero

Carlos Enrique Restrepo Cadavid
26 años, carnicero, simpatizante del Partido Liberal

Luz Evidelia Orozco Saldarriaga
20 años, mesera

Gildardo Antonio Restrepo Cadavid
35 años, minero, simpatizante del Partido Liberal

Rosa Angélica Masso Arango
20 años, mesera

Luis Eduardo Sierra
41 años, mecánico, transportador, militante de la UP, cuñado de Jesús García

Jesús Antonio Benítez
34 años, minero

Jesús Antonio García Quintero
41 años, minero

Pablo Emilio Idárraga Osorio
31 años, minero

Luis Eduardo Hincapié
40 años, cotero, simpatizante de la UP

Roberto Antonio Marín Osorio
34 años, empleado de la Frontino Gold Mines, simpatizante de la UP

Fabio de Jesús Sierra Gómez
38 años, albañil

Luis Adalberto Lozano Ruíz
45 años, tendero

Diana María Vélez Barrientos
21 años, ama de casa

Guillermo Darío Osorio Escudero
52 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, arrendador de caballos, simpatizante de la UP

Olga Lucía Agudelo de Barrientos
42 años, ama de casa

María Soledad Patiño
Ama de casa

Luis Ángel de Jesús Moreno San Martín
16 años, minero

Juan de Dios Palacio Múnera
Minero

Henry Albeiro Castrillón
21 años, cotero, tío de Francisco William Gómez

Jesús María David
Minero

Francisco William Gómez Monsalve
10 años, estudiante

NN masculino
31 años, indigente

Jesús Eduardo Hernández Sierra
Minero

NN masculino
30 años, indigente

María Dolly Bustamante
23 años, ama de casa

Robinson de Jesús Mejía Arenas
31 años, albañil, vendedor de rifas

José Danilo Amariles Ceballos
26 años, minero

Julio Martin Flórez Ortiz
26 años, minero

Jairo Alfonso Gil
Minero

Regina del Socorro Muñoz de Mestre
34 años, empleada de la Frontino Gold Mines

Jairo de Jesús Rodríguez Pardo
46 años, conductor empleado del Municipio de Segovia

José Abelardo Osorio Betancur
46 años, minero

Jesús Emilio Calle Guerra
39 años, despachador de vehículos de servicio público, simpatizante de la UP

Oscar de Jesús Agudelo López
49 años, minero

Guillermo de Jesús Areiza Arcila
32 años, minero

Jesús Orlando Vásquez Zapata
26 años, minero

Fabio Arnoldo Jaramillo Fernández
52 años, minero

Jesús Avalo
28 años, transportador

Jesús Aníbal Gómez García
41 años, minero

Erika Milena Marulanda
15 años, estudiante

Publicado en Noticias CNMH

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