Portada Así vivimos el Museo de Memoria de Colombia en Cali Luego de haber presentado durante un mes la exposición Voces para transformar a Colombia en Cali, el Museo de Memoria de Colombia se prepara para su construcción física que iniciará en el 2020 en Bogotá.

Acercar las historias de vida de millones de víctimas de conflicto, así como las formas en que han podido sobrellevarlo, es uno de los mandatos misionales del primer museo a nivel nacional que está destinado para la reparación simbólica de la víctimas de un conflicto de más de 60 años. Bajo esta premisa, Cali vivió la exposición “Voces para transformar a Colombia”  que junto a una programación artística, académica y cultural, tuvo lugar en el Museo La Tertulia en el marco de la temporada ‘Luz para la memoria’.

Durante un mes, más de 10.000 asistentes pudieron conocer en las instalaciones del museo más importante de arte moderno de Cali, una exposición que contó las voces de personas que habitan regiones como el Catatumbo, la Sierra Nevada de Santa Marta, el Magdalena Medio, Cauca, Caquetá y Putumayo. En esta edición, la Costa Pacífica tomó gran protagonismo, pues cantantes, narradores, muralistas, actores y bailarines compartieron la forma en que entienden su historia, su territorio y sus comunidades a través de lenguajes propios.

Concierto ‘Cantos ancestrales para la vida’.Concierto ‘Cantos ancestrales para la vida’. - Fotografía por: Camilo Lozano

El cierre de la exposición, que inició el 26 de septiembre y finalizó el 27 de octubre, mostró cómo el hip hop puede ser una herramienta que visibiliza y protege los derechos humanos. Artistas como El Escribiente de Tumaco, Miller Landy &  Xnew de Lloró, Chocó; El Javi & Valentina de Buenaventura y Cynthia Montaño y su banda de Cali le cantaron a la vida, a la esperanza, contra el racismo y la violencia sobre las mujeres. Más de 200 asistentes participaron de este concierto.

Un museo para los colombianos

Conversatorio ‘Cuando la memoria incomoda. Arte e instituciones culturales”.Conversatorio ‘Cuando la memoria incomoda. Arte e instituciones culturales”. - Fotografía por: Mauricio Ramírez

Más de 53 eventos compartieron el mensaje de un museo vivo, inclusivo y participativo. Conversatorios con invitados nacionales e internacionales, muestras audiovisuales, obras de teatro, narración oral, muralismo, cantos y poesías fueron la excusa por la cual miles de ciudadanos, artistas y víctimas clamaron a la sociedad por un alto al conflicto armado. El Museo de Memoria de Colombia es un escenario en donde los relatos se vuelven una polifonía por la paz.

“Las actividades pedagógicas y culturales que se desarrollaron en los 32 días de la exposición reflejaron la diversidad de la región, dieron espacio a diálogos plurales e hicieron que los visitantes se divirtieran, y al mismo tiempo se cuestionaran y reflexionaran sobre las dinámicas violentas y las posibilidades que tenemos como sociedad para superarlas.  El buen balance que realiza el Museo de Memoria fue posible al gran compromiso de varios equipos de trabajo y el apoyo de muchas personas e instituciones; nos alegra profundamente que la colaboración en la diversidad incluyó tanto aquello que vimos y vivimos, como aquello que no se observa a primera vista de la exposición”, afirmó Rafael Tamayo, director del Museo de Memoria de Colombia.

Las organizaciones de víctimas fueron quienes en su mayoría impulsaron estos eventos. Los familiares de los diputados del Valle, Santa María Fundación,  Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo, el  Colectivo Rostros y Huellas y la  agrupación Teatro por la Vida de Buenaventura, el  Teatro por la Paz Tumaco, Representantes del Consejo comunitario de Yurumanguí de Buenaventura, la Minga Muralista del Pueblo Nasa, los Guardianes del Río Atrato, Agrupación Integración Pacífica y la Casa Cultural del Chontaduro fueron solo algunos de quienes participaron en acciones memoriales, conversatorios y muestras artísticas.

Somos más que 11. Conmemoración en memoria de los diputados del Valle.Somos más que 11. Conmemoración en memoria de los diputados del Valle. - Fotografía por: Daniel Sarmiento

“Trabajar junto al Museo de la Tertulia fue determinante, pues permitió que la relación entre el arte, la memoria y las expresiones culturales locales tuvieran una plataforma donde visibilizar proyectos de largo aliento. “Es una exposición muy rica en recursos narrativos que nos muestra una Colombia narrada desde las mismas víctimas y su diversidad. Los museos tenemos un papel muy importante, hay que resaltar cómo el artista de hoy habla y tiene un discurso alrededor de lo que lo toca: el medioambiente, las problemáticas sociales. Desde La Tertulia es una apuesta misional, somos un museo que contribuye a la transformación y el diálogo desde el arte, desde la reflexión crítica que nos compete como seres humanos”, afirmó Ana Lucía Llano directora del Museo La Tertulia.

Un museo para la educación

Mediación con colegios de ‘El Tesoro Escondido’.Mediación con colegios de ‘El Tesoro Escondido’. - Fotografía por: Mauricio Ramírez

Poner en discusión la memoria como un tema transversal en distintos contextos abre la posibilidad de mirar el pasado, reflexionar y conversar sobre lo que está en nuestras manos, en el presente, para construir un futuro distinto. Colegios de distintas comunas y estudiantes universitarios participaron en recorridos guiados en los que se tuvo en cuenta de forma diferenciada sus edades. Con ellos se emplearon distintas estrategias para comprender cómo han vivido el conflicto armado, luego cómo lo han vivido otras personas y cómo podemos proponer ideas para la construcción de paz.

“Asistieron en promedio unos 3.000 estudiantes con 300 profesores acompañando. Es una zona que hace mucho requería una exposición que abordara estos temas, con la vocación del Museo pudimos escucharnos y aquí reside su valor”, afirmó Juan Ricardo Barragán, coordinador del equipo de educación de Museo.

El futuro del Museo de Memoria de Colombia

Después de una caravana por Colombia, en la que recorrimos Villavicencio, Cúcuta y Cali, el museo seguirá trabajando para poder ofrecer una experiencia similar en la Costa Caribe colombiana, además de construir su edificio sobre la Calle 26 en Bogotá y abrir sus puertas en 2021. Este será un corazón que desde Bogotá se conectará con otros sitios y lugares de memoria del país, trabajará de la mano con colegios, universidades, centros de pensamiento, organizaciones sociales y líderes sociales. En él, víctimas, sobrevivientes del conflicto y ciudadanos podrán encontrar un espacio en el que la conversación, el disenso y la reflexión sean mecanismos que permitan pasar uno de los capítulos más duros como nación.

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Hablamos con Francisco Estévez, director del Museo de Memoria y los Derechos Humanos de Chile, sobre la creación y apropiación de uno de los lugares de memoria más importantes de Latinoamérica, luego de casi 10 años de su inauguración.

Por Laura Cerón para el CNMH

Francisco Estévez, director del Museo de Memoria y los Derechos Humanos de Chile, acompañó la instalación que el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) tuvo en la Fiesta del Libro de Medellín. Este espacio, compartido con el Museo Casa de la Memoria de Medellín, amplió las reflexiones sobre creación y protección de la memoria histórica en Colombia y Latinoamérica desde distintos ámbitos: periodísticos, educativos, culturales, artísticos y museísticos.

En una charla junto a Rafael Tamayo, director del Museo de Memoria de Colombia, y Catalina Sánchez, directora del Museo Casa de la Memoria de Medellín, Estévez compartió nuevas miradas frente a la construcción de memoria. Bajo su dirección, el Museo de Memoria y los Derechos Humanos de Chile ha tomado como bandera la visibilización y protección de las víctimas que dejó la dictadura y ha buscado convertirse en un espacio donde las luchas actuales de la sociedad chilena puedan ser leídas bajo una mirada crítica. Aquí compartimos sus reflexiones.

¿Cómo surge la necesidad de crear un museo de memoria en Chile?

El museo se crea a partir de los informes de las comisiones de verdad y reconciliación, que se elaboran con el objetivo de contribuir al esclarecimiento de las principales violaciones de los derechos humanos cometidas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990. Estos informes cuentan con mucho detalle cómo ocurrió la represión en esos años, se identifican también las víctimas y se señalan las circunstancias de su ejecución o desaparición. Los informes establecen una verdad transversalmente aceptada, no unánime, de lo que pasó en esos años, y casi como una recomendación de estos informes surge la necesidad de construir un museo de la memoria. Empieza su construcción en el 2008 y termina 2010, desde entonces ya han pasado diez años.

¿Cómo se ha apropiado la ciudadanía del Museo?

Considerando que Chile tiene menos población que Colombia (18 millones vs. 49 millones), recibimos al año 200.000 personas. Para Chile es bastante y su número incrementó a partir de una ofensiva negacionista que hubo contra el Museo. Eso afirmó la necesidad de su existencia. Un tercio son estudiantes de distintos liceos y colegios, el otro tercio son turistas, particularmente de América Latina, y la otra parte es público general.

¿Cómo logra el Museo en Chile que la gente sienta empatía por las historias presentes en él?

El Museo es un lugar de mediación con el derecho a la memoria que tienen todos los ciudadanos. Para mí la clave de la empatía es que la persona sienta que tiene el derecho natural de hacer uso de la memoria y sentirse dueño, no materialmente, sino simbólicamente del lugar donde está. Esa, a mí juicio, es la base de la empatía.

¿Cómo alcanza su legitimidad el Museo de Chile?

A nivel parlamentario se acaba de formar un grupo de amistad parlamentaria con el Museo. En él hay de todas las posiciones políticas. También hay una buena relación con los ministerios y no es fácil porque este es un museo que podría vincular más a la oposición respecto al actual gobierno. Sin embargo, entendemos que este museo debe estar situado más allá de ese conflicto y es la identidad de la memoria y la prioridad de la defensa de los Derechos Humanos y de la democracia. Hay otras formas de lograr legitimidad y es reconocer a las personas que visitan el Museo como ciudadanos de la memoria.

El relato que cuenta el Museo en Chile parte de un consenso. ¿Ese relato puede llegar a cambiar con el tiempo o es algo fijo que a partir de ahí marca otras perspectivas?

Tiene que cambiar porque el relato también está situado históricamente. Lo que no cambia es la identificación de las víctimas y de las violaciones a los derechos humanos que se cometieron en relación a esas víctimas. El relato tiene que introducir nuevas perspectivas, va tomando elementos del tiempo presente que son indispensables para que el Museo tenga también un significado de actualidad.

Por ejemplo, ante la emergencia del movimiento feminista de América Latina y el mundo surge la pregunta: ¿De qué modo está verdaderamente visibilizada la lucha de las mujeres en el corazón de la democracia y los derechos humanos? Durante la marcha de ‘Ni una menos’ vi el lienzo de los familiares de ejecutados políticos, liderado principalmente por mujeres que pertenecen a esa agrupación de familiares. Eso demuestra que su demanda como familiares de víctimas de la dictadura también tiene diálogo presente y actual con las demandas feministas. Eso te obliga a tener un museo conectado con las exigencias actuales y te obliga a repensar también la muestra.

¿Cómo trabaja el Museo con otros lugares de memoria de Chile?

Si uno recorre el país se encuentra muchos lugares y sitios de memoria. Eso es un desafío porque un museo de la memoria solo se puede entender en red. Un sitio muy emblemático es lo que se conoce como Villa Grimaldi, hoy día Parque por la Paz, ubicado en la zona oriente de la ciudad de Santiago. El presidente de ese sitio de memoria es integrante del directorio del Museo. Entonces, sí hay líneas de cooperación para hacer exposiciones; es una relación que debe construirse, que no estaba de por sí, pero es indispensable ver que la memoria es una, que se construye socialmente y que se construye más allá de las individualidades y de los intereses de una u otra institución.

¿Qué va a ocurrir con la construcción del Museo de la Democracia, que busca contar otro relato distinto al del Museo de Memoria y los Derechos Humanos?

Sí existió por parte del gobierno actual la idea de un museo de la democracia y no sé cómo se va a concretar. Es complejo, porque quienes proponen ese museo lo que buscan es justificar el golpe. Decir que había una crisis tan grande durante la democracia en Chile, con el gobierno de Allende, que el golpe fue inevitable. También quieren hablar de la recuperación de la democracia, pero entonces, ¿cómo van hablar de la democracia saltándose todo el período de la dictadura? Las contradicciones están.

¿Cómo han hecho al interior del Museo para defender los derechos humanos cuando existen posiciones políticas que pueden estar en contra de este relato?

No hay una receta, pero sí hay una visión y es que esta no es cualquier memoria, es una memoria que está en diálogo con la democracia y los derechos humanos. Sí hay personas que no tienen una posición democrática o que relativizan la importancia de los derechos humanos. Lo que nos interesa es convocar a aquellas personas para quienes la democracia y los derechos humanos son importantes y no importa la posición política que tengan, si es de centro o es de derecha o izquierda.

¿De qué forma dialoga el Museo con las nuevas generaciones?

Un dato importante es que el Museo está vinculado a la malla curricular. Cuando estudian historia hablan también de derechos humanos y voluntariamente muchos profesores deciden traer a sus estudiantes al Museo. Un componente clave del Museo es la educación y como en general los profesores tienen una conciencia más crítica informan en el colegio que desean ir al Museo de la Memoria. Hay distintas formas: conciertos, actividades que la gente puede encontrar para relacionarse con el Museo y el Museo es hoy en día una institución social muy reconocida.

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Portada Así vivimos el Museo de Memoria de Colombia en VillavicencioDurante 10 días, los habitantes de Villavicencio y sus alrededores tuvieron la oportunidad de conocer el Museo de Memoria de Colombia a través de la exposición itinerante de Voces para Transformar a Colombia y de las distintas actividades artísticas y pedagógicas que complementaron la exposición. Así ocurrió la llegada a los Llanos Orientales del primer museo nacional, vivo, dedicado a reparar simbólicamente a millones de víctimas del conflicto armado.

Por: Laura Cerón para el CNMH

El teatro La Vorágine, ubicado en el complejo artístico y deportivo de Villavicencio, acogió del 23 de agosto al 1 de septiembre la exposición y las actividades que el Museo de Memoria de Colombia traía para miles de ciudadanos. La experiencia permitió la oportunidad de conocer un museo vivo, que comparte y que se hace preguntas y reflexiones con niños y niñas, jóvenes y adultos a través de la danza, las acciones memoriales, talleres de dramaturgia, entre otros.

La exposición Voces para transformar a Colombia fue la excusa para poner en la coyuntura cotidiana de los habitantes una dura, pero necesaria conversación sobre nuestra historia reciente, marcada principalmente por una cruda violencia que ha atacado zonas rurales, ciénagas, comunas, ríos y vidas de millones de colombianos, sin importar su edad, su género o su condición política.

En la inauguración participaron 650 personas que vivieron la obra Amor Puro de la compañía Sur Creación Escénica, que retrata, a través de la danza contemporánea y la música en vivo, el drama de las víctimas de desaparición forzada: la intranquilidad, el anhelo por el encuentro que no termina de llegar, la ausencia que no cesa y la lucha colectiva de mujeres y hombres alrededor del mundo que no dejan de buscar. Según registros del Observatorio de Memoria y Conflicto, son más de 83.000 familias en Colombia y 5.280 en Meta.

Distintas mujeres personificaron el drama que viven miles de mujeres con la desaparición forzada durante la inauguración.Distintas mujeres personificaron el drama que viven miles de mujeres con la desaparición forzada durante la inauguración. - Fotografía: Mauricio Ramírez para el CNMH

“Esto nos llena de orgullo y nos demuestra que temas como la memoria histórica son importantes para la población civil y las autoridades locales de los Llanos Orientales. Estamos complacidos por la cantidad de personas que se acercaron también para tener publicaciones del Centro Nacional de Memoria Histórica sobre la historia del conflicto en Meta y Vichada. Sin duda, esta primera itinerancia de 2019 marca un precedente para el Museo y motiva aún más nuestro recorrido que continúa en Cali y Cúcuta. Esperamos seguir acercando a todos los ciudadanos las historias de las víctimas y sobrevivientes del conflicto”, aseguró Rafael Tamayo, director del Museo de Memoria de Colombia.

Estudiantes de colegios y universidades también asistieron a talleres para fortalecer su comprensión del conflicto armado y la búsqueda de caminos de paz y esperanza. “El teatro cuenta la historia” fue un taller en el que actores y jóvenes líderes, a partir de la ficción y el teatro, crearon historias a partir de sus memorias. Tatiana Jiménez, de la Red de Paz de Jóvenes del Meta afirmó que “nos permitieron aprender mucho para la vida, como jóvenes es muy enriquecedor porque nos ayuda a entender la historia y seguir compartiéndolo con los más pequeños”.

Cada muñeca simbolizaba una mujer desaparecida en el marco del conflicto armado, personificarlas carga sus vidas de humanidad.Cada muñeca simbolizaba una mujer desaparecida en el marco del conflicto armado, personificarlas carga sus vidas de humanidad. - Fotografía: Mauricio Ramírez para el CNMH

El Tente es un grupo de mujeres que desde el arte busca dignificar a víctimas y familiares de desaparición forzada. Durante la exposición en Villavicencio, las mujeres brindaron un taller de muñecas de trapo liderado por Paulina Mahecha. Jóvenes y adultos hicieron un homenaje a las y los desaparecidos, al tiempo que creaban una red de apoyo entre los participantes y las mujeres de la organización. En el marco del Día Internacional del Detenido Desaparecido, varias organizaciones realizaron acciones conmemorativas en centros comerciales y parques públicos encaminadas a la búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia para sus familiares. La itinerancia por Villavicencio deja la visita de más de mil personas que hicieron parte de la transformación que entre todos soñamos como país.

Ahora el turno es para Cúcuta, que tendrá la oportunidad de ver una muestra del  28 de septiembre al 16 de noviembre durante la exposición Juntos Aparte, que trata sobre arte, migración y exilio en la frontera colombo venezolana. De manera paralela, del 26 de septiembre al 27 de octubre, será inaugurada en Cali una muestra en gran formato de la exposición en el Museo La Tertulia, en el marco de la temporada Luz para la memoria.

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¿Qué va a pasar con el guion museológico de Voces para Transformar a Colombia? ¿Han retirado archivos las organizaciones sociales del CNMH? ¿De qué manera trabajarán el Museo y el Archivo? Estas fueron algunas de las preguntas que nuestros directores respondieron en La Brújula, el más reciente espacio digital del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que este jueves 27 de junio tendrá un nuevo capítulo.

En el primer episodio de La Brújula conversamos con Rafael Tamayo, actual director del Museo de Memoria Histórica de Colombia y con Marcela Rodríguez, directora del Archivo de Derechos Humanos. Ambos directores asumen el reto de continuar dos de los proyectos más importantes del CNMH. 

Rafael Tamayo es Doctor en Historia y realizó estudios en derecho y teología. Ha trabajado en entidades sin ánimo de lucro que protegen especialmente a niños, niñas y adolescentes. Igualmente, ha sido profesor en distintas universidades del país y profesor invitado en universidades en el exterior. Desde su llegada al museo, Rafael ha puesto en marcha la gran muestra expositiva de Voces para transformar a Colombia que estará en Villavicencio, Cúcuta y Cali junto al Museo La Tertulia.

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Marcela Rodríguez es restauradora y candidata a doctora en preservación digital y política pública en el entorno de archivos públicos y bibliotecas. Trabajó en el Archivo General de la Nación y sus labores están encaminadas en garantizar la memoria, identidad y restablecimiento de derechos de las víctimas, organizaciones y grupos sociales que han depositado sus archivos en el CNMH. “El reto que tenemos es garantizar que se preserven y que los colombianos accedan de manera segura y confiable”, aseguró. 

Conjuntamente, el Museo de Memoria Histórica y el Archivo de Derechos Humanos estarán ubicados en un mismo espacio y buscarán brindar las herramientas interactivas y digitales para que susciten conversaciones alrededor de la memoria y la transición hacia una sociedad más pacífica. 

Y recuerde conectarse este jueves 27 de junio a las 4:30 p.m. a través del Facebook del CNMH en “La Brújula. ¿Hacia dónde va el CNMH?”, para conocer más sobre nuestros proyectos y actividades en este 2019. 

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Desde hace décadas, las víctimas, sus organizaciones y comunidades han trabajado en una idea: no dejar que los hechos de violencia y de resistencia sean olvidados. El Museo Nacional de Memoria Histórica nace desde esta conquista social. A partir de su formulación en la Ley de Víctimas y reconociendo la importancia que tiene la reparación simbólica, el museo se convierte en una piedra angular y garantiza que sus memorias sean escuchadas, visibilizadas y promovidas en una sociedad que construye caminos de paz.

Hablamos con Rafael Tamayo, actual director del museo, sobre los retos y proyectos que tiene este espacio pedagógico y cultural en los próximos años. Con su trayectoria profesional como docente de varias universidades y subgerente de entidades sin ánimo de lucro como la Fundación San Antonio, Tamayo asume la dirección de un equipo de trabajo que tiene al hombro uno de los proyectos más importantes del Centro Nacional de Memoria Histórica.

La ley de víctimas y los resultados que derivan de ella son el resultado de enormes esfuerzos de las víctimas y sus organizaciones, ¿Cómo han participado ellas en el museo?

Casi todo lo que se ha hecho en el museo deriva de un trabajo con las víctimas. Esto es un insumo loable y simbólico. Si bien el museo tendrá un edificio, en el corazón sus actividades se derivan de una gran cantidad de talleres regionales que muestran la intención de las personas que han participado en esta construcción de que tengamos un proceso de reparación simbólica bien anclado. El museo está pensado como un museo de exposiciones temporales para poder dar espacio a la infinidad de voces. Así, el museo será un lugar dinámico. Lo que tenemos para contar es mucho y el énfasis siempre estará en las voces de las víctimas.

El CNMH lleva ocho años investigando y recogiendo insumos sobre el conflicto armado. ¿Cómo se va a ver ese legado en el museo?

El museo, por un lado, acogerá como una subdirección la actual dirección de Archivos de Derechos Humanos. Uno de los trabajos se reflejará en el repositorio de consulta de archivos, imágenes y documentos que actualmente tiene el Archivo, pero que deberán integrarse de forma digital. Con las otras direcciones, el museo tiene la gran posibilidad de visibilizar no solo los textos sino de crear otros dispositivos de difusión de los que podemos echar mano para que, por ejemplo, las exposiciones del museo tengan un contenido que sustente y visibilice el trabajo de los investigadores, aprovechando por ejemplo las nuevas tecnologías.

¿Cuáles son los principales retos que asume el museo en lo que queda de 2019?

Tenemos exposiciones en cuatro ciudades del país que buscan acercar la pluralidad de voces que han participado en la primera muestra expositiva del museo. Queremos consolidar su identidad en las diferentes regiones. Se viene la creación de la personalidad jurídica del museo, la consolidación de redes con otras instituciones tanto de memoria como culturales a nivel nacional e internacional. Por delante está pensar todos los proyectos que se vienen para el 2020: los 10 años de la dirección de Acuerdos de la Verdad, convocatorias artísticas y de investigación en memoria y el diseño de la bienal de la memoria: una apuesta en la que confluyen asuntos sobre conflicto, memoria y arte junto a un programa de estímulos.

¿En qué estado está la construcción del museo?

La construcción está retrasada por asuntos prediales. El terreno es donado por la administración de Bogotá y necesita un saneamiento predial, esperamos que en tres meses el lote esté perfecto desde el punto de vista jurídico. Se espera que su construcción se de en octubre del 2019. Este proceso de construcción duraría aproximadamente dos años y a finales de 2021 estaríamos inaugurando el museo. Los recursos económicos están reservados por el gobierno nacional y no hay ningún riesgo financiero para su construcción.

No todos comparten las mismas visiones sobre el conflicto. ¿Es posible entender este museo como un lugar que va a permitir disensos y conversaciones difíciles?

La idea es que el museo sea un lugar puente entre las diferentes voces y posiciones ideológicas y políticas. Queremos convertirnos en un lugar seguro donde el diálogo tiene unas reglas de respeto, escucha y atención al otro. No queremos hacer proselitismos, queremos fortalecer el diálogo, para ello será fundamental las voces de las víctimas. El reto es diferenciar qué piezas son la voz de las víctimas, fuentes primarias, objetivas, que nos dan su testimonio y cuáles otras serán piezas más mediadas.

En otra ocasión usted mencionaba que el museo depende de una política de Estado, más no de un gobierno. ¿Podría explicarnos esto mejor?

Si bien todas las instituciones pueden tener modificaciones con los gobiernos de turno, el andamiaje que se construye del museo implica que, independientemente del gobierno que tengamos, ahora o en el futuro, la misionalidad del museo debe continuar: que sea un lugar en el que aprendamos del conflicto, en el que estén visibles las voces de las víctimas es algo que muy difícilmente cambiará en el futuro. Confiamos en que independientemente del color político del gobierno del momento, honren la memoria social y reconozcan la importancia del museo, de su capacidad conciliadora a nivel nacional. El gran reto es mostrarle a la gente que no estamos haciendo proselitismo si no construyendo nación.

¿Cuál cree que podría ser el rol de un museo como este en la actualidad nacional?

El museo va a servir como lugar para el diálogo donde se encuentren todos los sectores sociales, no solo las víctimas sino medios de comunicación, grupos sociales, partidos políticos. Queremos que nos vean como un lugar donde tanto desde lo material como lo simbólico es posible entendernos como una nación con una historia reciente común; como un lugar seguro en el que pueden exponer sus argumentos, en el que pueden escuchar y ser escuchados sin la necesidad de ser violentados. El ejemplo que nos dan las víctimas nos muestran que hay dos opciones: o debatimos nuestras ideas o volver a repetir esta historia.

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