• Los Emiratos Árabes Unidos fue el primer país árabe en donar a proyectos de posconflicto y desarrollo social en Colombia.
  • Proyectos de medioambiente, protección social, educación, emprendimiento y culturason los más apoyados por este país en Colombia.

Dentro de la búsqueda de aliados estratégicos que apoyen los proyectos actuales y futuros que desarrolla el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); el director de la institución, Darío Acevedo, recibió la visita de Mohamed Aldhaheri, diplomático encargado de los Asuntos Políticos y Económicos y Hani Alkantar, analista de la Sección Política, Económica y Medios de Comunicación, que tuvo como objetivo la presentación de las líneas de trabajo del CNMH y la búsqueda de espacios de cooperación.

El apoyo del país árabe a los proyectos de posconflicto y desarrollo social no es nuevo en Colombia. En noviembre de 2017, el Fondo Abu Dhabi protagonizó la primera donación de un país árabe al proceso de posconflicto en nuestro país, iniciativa que reitera con esta visita al CNMH. “Queremos explorar cómo Colombia y los Emiratos Árabes Unidos pueden estar juntos porque la paz no es cuestión de un país, sino una cuestión mundial”, expresó Mohamed Aldhaheri.

Por su parte, el director del CNMH habló acerca de la importancia de la recuperación de la memoria como tarea fundamental de la entidad y cómo los hallazgos obtenidos dentro del trabajo previo y futuro serán recogidos dentro del Museo de la Memoria Histórica de Colombia. “El museo se va a nutrir con diferentes narrativas y va a ser interactivo, de tal manera que los visitantes puedan recrear a través de videos, fotografías y objetos, el sufrimiento de las víctimas, no con el ánimo de buscar culpables, porque de eso se ocupará la justicia.”, puntualizó Darío Acevedo.

La reunión que concluyó con un apretón de manos entre los asistentes, dejó como principales compromisos la elaboración de un programa de intercambio de experiencias conjuntas, además de la posibilidad de una visita de representantes del Centro Hedayah, institución encargada de trabajar  procesos de investigación en torno al posconflicto y desarrollo en el país árabe. Situación que se espera concluya en el fortalecimiento de las relaciones interinstitucionales, y aumente la proyección internacional de las actividades desarrolladas por el CNMH.

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Desde el 9 de abril de 2012, Colombia conmemora cada año el Día Nacional de las Víctimas por mandato de la Ley 1448 de 2011, que estableció este día para que el Estado colombiano realice eventos en memoria y reconocimiento de las personas afectadas por el conflicto armado.

Darío Acevedo director del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH,  explica, en una entrevista que puede escuchar completa en www.centrodememoriahistorica.gov.co/ o  en www.soundcloud.com/memoriahistorica/ que la conmemoración tiene un sentido pedagógico: “se trata de que aprendamos qué fue lo que sucedió a través del tiempo, tanto para los que han sufrido como para los que no han sufrido”.

El director del CNMH relata  que “el conflicto armado y las violencias no pueden volver a ocurrir en un país democrático, en un país libre, donde podemos vivir teniendo diferencias y concepciones, pero sin acudir a las armas”.

Añade que “la conmemoración del Día de las Víctimas del 9 de abril debe dejar un mensaje claro en el sentido en que la memoria, el rescate de la memoria no puede servir para estimularla”.

Darío Acevedo, destaca la necesidad de prestar más atención a estos relatos, a la memoria que se está divulgando, el aporte de la gente sería también el de evitar tomar actitudes extremistas y actitudes dogmáticas.

“A las víctimas me gustaría decirles que hay lugar para el llanto, hay lugar para el dolor, hay lugar para el desahogo y para el duelo y que hay apoyo en eso, de diversas instancias y organizaciones de víctimas. Pero, también tiene que haber un espacio nuevo de recreación de la vida, que la vida sigue y hay que seguir con los retos, hay que seguir educando a los hijos a pesar del dolor, a pesar de la tragedia, no podemos dejar que ese dolor o esa tragedia nos obnubile, que nos cierre el camino hacia el progreso y hacia la construcción de sociedad”, concluye.

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El sector académico está jugando cada vez un papel más importante en la reconstrucción del conflicto armado colombiano: no solo está recogiendo y ayudando a producir los relatos de la guerra en diferentes formatos, sino que está haciendo un análisis y una reflexión profunda sobre lo que significan esas memorias.

¿Cómo logró la memoria histórica y la construcción de paz posicionarse en los planes de estudio de las principales universidades de Colombia? ¿Para qué integrar a la academia a este campo, que durante décadas le ha permitido al país reconstruir lo que sucedió durante la guerra?

Patricia Nieto, directora del proyecto Hacemos Memoria y docente del diploma virtual en Memoria Histórica, de la Universidad de Antioquia, dice que la academia está jugando varios roles: por un lado, está estudiando los relatos de las comunidades “para tratar de interpretar sus alcances y sentidos” y, por el otro, se convirtió en “un dinamizador de la producción de esos relatos”. Hoy, las universidades son una pieza fundamental en el ejercicio de memoria histórica, que las comunidades llevan más de 50 años liderando, y por eso existe una gran oferta de grupos de investigación, cátedras, iniciativas universitarias, posgrados y diplomados con este enfoque.

María Andrea Rocha, líder del equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), dice que la hermandad que existe hoy entre la academia y la memoria histórica es fundamental por dos motivos. Uno, porque las metodologías rigurosas de la academia “permiten enriquecer los procesos de reconstrucción de memoria, y tejer puentes con la comunidad de víctimas y sus saberes” y dos, porque permite “abrir espacios de interlocución y debate que robustecen la democracia, especialmente desde la territorialidad”.

Ese es, precisamente, el enfoque de la maestría en Conflicto y Paz la Universidad de Medellín, que desde hace tres años forma a académicos de la capital antioqueña y de Quibdó, con el objetivo de sentar bases para la transformación del país desde los territorios.

De hecho, el enfoque territorial es uno de los elementos comunes de este tipo de iniciativas. Gilma Turizo, Coordinadora de la Cátedra de Paz de la Universidad del Atlántico, asegura que la academia ha facilitado un diálogo regional que está permitiendo “reconstruir el tejido social y cultural”. Y gracias a eso, la universidad es hoy una participante activa “en la transformación de aquellos factores que han debilitado la convivencia en los territorios”.

En el caso de la Universidad del Atlántico, la memoria histórica está en el centro de la institución: ha sido una herramienta esencial para reconstruir su propia historia dentro de la guerra.  Esta universidad fue declarada sujeto de reparación colectiva en marzo de 2016, debido a los múltiples ataques de los que fue víctima su comunidad, en medio del conflicto armado.  El Centro de Memoria de la Universidad tiene registrados, desde 1999, un total de 71 hechos victimizantes; de estos, 24 han sido asesinatos de docentes, estudiantes y trabajadores.

“La memoria histórica nos permite reconstruir ese capítulo doloroso, en el que el departamento y Barranquilla se vieron oprimidos por los paramilitares. Nuestra universidad sufrió una de las peores atrocidades producto del conflicto en la región Caribe, y es por ello hemos venido haciendo grandes esfuerzos para que todo su andamiaje institucional esté en función de declararla libre del conflicto armado”, dice Gilma Turizo.

Las iniciativas de memoria surgen, en palabras de Patricia Nieto, porque hay una necesidad “genuina de contar lo que pasó” y de hacer un llamado público “de justicia y de verdad”. Son un ejercicio en busca de un “reconocimiento de esos hechos atroces”, para luego comenzar un proceso de “reparación moral y simbólica”. En este campo, la academia está jugando un rol esencial no solo acompañando a las comunidades a producir sus relatos en múltiples formatos, con el objetivo de crear un acervo cultural del pasado, sino generando análisis y reflexiones sobre esas memorias.

***

Aquí compilamos algunos estudios de paz, conflicto y memoria que existen en el país. Si conoce otros, pueden escribirnos a nuestras redes sociales (@CentroMemoriaH en Twitter, Facebook e Instagram):

  • Diploma virtual en Memoria Histórica, en la Universidad de Antioquia.
  • Especialización en Justicia, Víctimas y Construcción de Paz, en la Universidad Nacional, Bogotá.
  • Especialización en Acción sin Daño y Construcción de Paz, en la Universidad Nacional, Bogotá.
  • Especialización en Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario, en la Universidad Javeriana, Cali.
  • Especialización en Educación para la Paz y Convivencia, de la Universidad Libre, Bogotá.
  • Especialización en Conflictos Armados y Paz, de la Universidad de los Andes, Bogotá.
  • Maestría en Paz, Desarrollo y Ciudadanía, de la Universidad Santo Tomás, Bogotá.
  • Maestría en Paz y Resolución de Conflictos, de la Universidad Javeriana, Bogotá.
  • Maestría en Educación para la Paz, de la Universidad Distrital, Bogotá.
  • Maestría en Construcción de Paz, de la Universidad los Andes, Bogotá.
  • Maestría en Negociación y Manejo de Conflictos, de la Universidad del Norte, Barranquilla.
  • Maestría en Conflicto Social y Construcción de Paz, de la Universidad de Cartagena.
  • Maestría en Conflicto y Paz, de la Universidad de Medellín.
  • Maestría en Paz, Desarrollo y Resolución de Conflictos, de la Universidad de Pamplona.
  • Maestría en Derechos Humanos y Cultura de Paz, en la Universidad Javeriana, Cali.
  • Maestría en Justicia Social y Construcción de Paz, en la Universidad de Caldas.
  • Maestría en Educación y Cultura de Paz, en la Universidad Surcolombiana de Neiva.
  • Maestría en Justicia Transicional, Derechos Humanos y Conflicto, en la Universidad Externado, Bogotá.
  • Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto, en la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) de Bogotá.
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portada rutas del conflicto periodismo transmedia El primer proyecto de este portal periodístico, que cumplió cinco años, fue una base de datos que recoge más de 700 masacres ocurridas desde 1982. A través herramientas y narrativas innovadoras, esta iniciativa se ha convertido en un archivo indispensable sobre la guerra y la resistencia. Aquí les presentamos seis de sus proyectos más destacados.

Desenterrar las incontables historias que ha dejado la guerra, y generar empatía en un público que lleva 60 años escuchando relatos de violencias, ha sido un reto para los medios de comunicación y los periodistas. Y, también, ha sido un desafío comprender qué fue lo que pasó en lugares donde los conflictos aún persisten. Portales como Rutas del Conflicto, han creado  herramientas como bases de datos, recorridos virtuales y formatos testimoniales en multimedia para contar, junto a los protagonistas de las historias, sus memorias de vida y dignidad.

El proyecto periodístico Rutas del Conflicto nació en 2014. Oscar Parra, director del portal y profesor de la Universidad del Rosario, quería que los datos que salían de versiones libres del proceso de Justicia y Paz con los paramilitares, fueran más accesibles. De ese primer ejercicio, salió una importante colección de recortes de prensa, datos y testimonios sobre masacres perpetradas desde 1982. Con este trabajo, el equipo periodístico obtuvo en 2017 el premio “Data Journalism Awards”, otorgado por la organización Global Network Editor. Sobresalió entre 573 proyectos de 51 países.

Desde entonces, Óscar y su equipo no han parado de recorrer el país, alimentando su colección de historias y datos. Con cámara y grabadora en mano, jóvenes periodistas entre los 20 y 25 años, han llegado al Magdalena Medio a reconstruir lo ocurrido en masacres emblemáticas como la de Barrancabermeja, del 28 de febrero de 1998; o a los Llanos Orientales, para entender la relación entre el petróleo, la violencia y la propiedad de la tierra; y a la Costa Caribe, para documentar las expresiones culturales y musicales alrededor de la resiliencia y la memoria.

Han hecho preguntas necesarias y han recopilado información, para luego transformarla en piezas periodísticas que, a través de formatos como el video 360°, permiten entender la complejidad y magnitud del conflicto.

Participante del proyecto “Yo Sobreviví” que invita a los sobrevivientes del conflicto a contar sus testimonios de vida.Participante del proyecto “Yo Sobreviví”, que invita a las víctimas del conflicto armado a contar sus testimonios de vida. - Fotografía: Archivo Rutas del Conflicto.

Rutas del Conflicto ha logrado construir puentes con las comunidades, y tejer lazos de confianza con víctimas y organizaciones sociales. También han trabajado de la mano de ongs, medios de comunicación como Verdad Abierta y Colombia 2020, organizaciones como Consejo de Redacción y entidades como el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Aquí les presentamos seis de sus proyectos más destacados:

1) Cartografía del conflicto

www.rutasdelconflicto.com/geografia-del-terror/masacres-por-grupos.php

Este mapa es el resultado de la creación de una base de datos, que recopila unas 730 masacres ocurridas por distintos actores armados entre 1982 y 2013. La información se encuentra georreferenciada en un mapa, y su exploración arroja datos como el nombre del actor armado, la fecha registrada de la masacre, datos de contexto asociados a la época de violencia vivida en la región y los nombre de las víctimas.

2) Yo sobreviví

www.rutasdelconflicto.com/sobrevivi/

Este proyecto nace como una segunda fase de la Cartografía del conflicto. Su contenido se basa en la recopilación de testimonios, asociados a las masacres registradas. Por medio de la herramienta “Tu memoria cuenta”, varias víctimas acudieron al portal de Rutas del Conflicto para narrar sus historias en primera persona. De este proceso, nació el libro “Yo sobreviví: memorias de guerra y resistencia”, que se lanzó el pasado 25 de febrero en la editorial de la Universidad del Rosario.

3) Pueblos en el olvido

www.rutasdelconflicto.com/pueblos-olvido/

Por medio de recorridos audiovisuales de 360°, “Pueblos en el olvido” pretende retratar la geografía y el espacio de 40 lugares del país arrasados tras la guerra, pero habitados por personas que trabajan incansablemente por recuperar la prosperidad. Es un proyecto multimedial que utiliza bases de datos, visualizaciones en mapas interactivos y reportajes en profundidad, para documentar los esfuerzos de las comunidades desplazadas por el conflicto armado, por retomar sus tierras y recuperar sus modos de vida.

El piloto se llevó a cabo en el corregimiento de Puerto Saldaña, municipio de Rioblanco, al sur del Tolima. Aunque Puerto Saldaña había sido arrasado por la exguerrilla de las Farc en abril del año 2000, hoy es un lugar que se reconstruye desde el arraigo y el trabajo diario de sus habitantes.

4) Ríos de vida y muerte

www.rutasdelconflicto.com/rios-vida-muerte/

A través de bases de datos, visualizaciones cartográficas y reportajes multimedia, este proyecto busca dimensionar la magnitud de la práctica de la desaparición forzada en los ríos colombianos. Hasta hoy, recoge información a profundidad sobre más de 40 ríos. En la segunda parte, próxima a publicarse, esperan mostrar los rostros de la desaparición a lo largo del río Cauca. Actualmente también trabajan en la construcción de un registro de historias de personas desaparecidas en los afluentes del país, desde las voces de sus familiares. Este proyecto se adelanta en alianza con Consejo de Redacción.

5) Tierra en disputa

www.tierraendisputa.com

Este especial documenta casos en los que el conflicto armado ha marcado la historia de la propiedad de la tierra. El multimedia recoge 50 historias de despojos, abandonos forzados y compra ventas masivas de tierras, y hace un trabajo para esclarecer quién está detrás de estos hechos. Este proyecto realizado en alianza con Verdad Abierta, utiliza herramientas y formatos como bases de datos, mapas y reportajes.

6) La Paz en el terreno

www.lapazenelterreno.com

Este especial busca medirle el pulso a la implementación del acuerdo de paz entre el Gobierno y la exguerrilla de las Farc, particularmente en dos temas claves: el proceso de reincorporación de los excombatientes y la delicada situación de los defensores de derechos humanos en las regiones. Este proyecto, realizado en alianza con Colombia2020, visualiza sobre un mapa de Colombia los perfiles de líderes y lideresas sociales asesinados tras la firma del acuerdo, documentados en profundidad uno a uno, como una manera de rendirle homenaje a su memoria.

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portada logo cnmhEl director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, responde a la carta del claustro de profesores de historia de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

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Descargue aquí la carta.

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  • Rubén Darío Acevedo se posesionó como nuevo director del Centro Nacional de memoria Histórica, este jueves 21 de febrero.Luego del acto oficial de posesión, celebrado este jueves 21 de febrero, el nuevo director aseguró, en reunión con el equipo de trabajo del Centro de Nacional de Memoria Histórica, que  la memoria no puede servir para estimular las venganzas y que “vamos a escuchar a las víctimas que no han sido escuchadas”.
  • Además, en el proceso de empalme, señaló que se darán garantías para la conservación de los archivos de derechos humanos que reposan en la entidad, y que está dispuesto a hablar con quienes han expresado temor por el futuro de sus archivos.

Este jueves 21 de febrero se posesionó como nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), el historiador Rubén Darío Acevedo Carmona. Su nombramiento ya había sido oficializado por la Presidencia de la República, a través del decreto 247 del 19 de febrero del 2019. Rubén Darío Acevedo es historiador y magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia (1985 y 1992), y doctor en Historia de la Universidad de Huelva, España (2004), donde su tesis fue calificado como “sobresaliente cum laude”.

Gran parte de su trayectoria profesional ha transcurrido en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, a la que estuvo vinculado desde 1987. Su último cargo en esta institución fue como vicedecano Académico de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. En esta universidad también se desempeñó como profesor; Secretario Académico;  director del Área Curricular de Ciencias Humanas y Sociales, y de los posgrados de Historia; director de la revista Historia y Sociedad, de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas; y miembro de la Comisión de Convivencia Universitaria y de la Comisión de Asuntos Disciplinarios. Acevedo fue distinguido como profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia en el 2017.

Ha sido, además, evaluador de proyectos de investigación de Colciencias, miembro de la Red Iberoamericana de Estudios Parlamentarios, fundador de la Escuela Nacional Sindical Medellín, y profesor de la Universidad Autónoma Latinoamericana y del Instituto Superior de Artes. Ha asistido como profesor invitado a diversas universidades de Colombia, España, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Brasil.

Rubén Darío Acevedo, durante su presentación frente al equipo de trabajo del CNMH.Rubén Darío Acevedo, durante su presentación frente al equipo de trabajo del CNMH.

En 1986 publicó su primer libro (Gerardo Molina, el intelectual, el político) y en el 2018, su último (De Historia y de política, compilación de ensayos e investigaciones), sumando seis libros de su completa autoría, dos compilaciones, y 16 publicaciones como coautor. Además de una treintena de artículos en revistas nacionales e internacionales. Ha sido colaborador de medios como El Tiempo, El Colombiano, Carta Universitaria y UN Periódico. Desde septiembre del 2012, y hasta comienzos del pasado enero, fue columnista del diario El Espectador.

Luego del acto de posesión, que se realizó en horas de la mañana, Darío Acevedo convocó al equipo de trabajo del CNMH, para hacer una primera presentación. En su intervención, Acevedo aseguró que  la memoria no puede servir para estimular las venganzas sino que tiene que “servir como catarsis”, como “un testimonio válido para los investigadores” que están trabajando en la búsqueda de la verdad de lo que nos sucedió. “Vamos a escuchar a las víctimas que no han sido escuchadas”, dijo.

Rubén Darío Acevedo añadió que todo lo relacionado con los conflictos y violencia política del país son temas muy controversiales, y que ni él ni la institución van a determinar cuál es la versión final. “Pretendo adelantar un trabajo basado en criterios profesionales y académicos. Respetaré integralmente el testimonio de las víctimas”.

En el proceso de empalme con el director saliente se ha aclarado que los archivos de organizaciones de víctimas, y de las demás instituciones o personas naturales, “están a buen recaudo” y que se dará garantía para su conservación. El nuevo director manifestó su disposición para reunirse con los dirigentes y líderes de las organizaciones que han manifestado temores, sobre el respeto que por ley se debe mantener sobre ese patrimonio de la memoria histórica.

Por último, el director del CNMH aseguró que responderá próximamente a la invitación que le hizo el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, para conversar acerca de la cooperación interinstitucional sobre temas comunes.

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Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

Publicado en Noticias CNMH
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