Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

Publicado en Noticias CNMH

portada lideres bojayaTres representantes de este municipio chocoano viajaron hasta Bogotá para realizar un plantón en la Plaza de Bolívar, en rechazo al recrudecimiento de la violencia en su región y al incumplimiento del Estado con las víctimas. Además, pidieron que no se desechen las negociaciones con la guerrilla del ELN.

Andamos pa´ arriba y pa´ abajo en busca de felicidad
Pa´ ver si este presidente nos da el proceso de paz
Con qué, con qué, con qué, con qué corazón lo haré
Cantamos los alabados en el proceso de paz
Pa´ ver si este presidente nos quiere colaborar
Señores grupos armados, nosotros queremos paz,
por allá de nuestra región no nos vayan a sacar

Fragmento de los Alabaos compuestos y cantados por las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios Palacios

“Nuestras comunidades siguen viviendo situaciones de violencia, confinamiento, asesinatos, restricción a la movilidad, violaciones, y una serie de cosas que no estamos prestos a aceptar después de haber luchado por un acuerdo de paz”, dijo Leyner Palacios, líder de Bojayá (Chocó), el pasado 2 de octubre desde la Plaza de Bolívar de Bogotá. Detrás de él, la estatua de El Libertador y bajo sus pies, sobre una manta blanca, rodeado de velas de colores y una decena de flores, se encontraba el Cristo mutilado de Bojayá, uno de los símbolos trágicos de las barbaries de la guerra en Colombia.

Cristo que el 2 de mayo del 2002 resistió a la masacre de 79 personas que estaban dentro de la iglesia de Bellavista (Bojayá), cuando estalló un cilindro bomba lanzado por las FARC; y que acompañó al Papa Francisco en una eucaristía celebrada en Villavicencio el 8 de septiembre del 2016, a la que asistieron más de cinco mil personas, la mayoría de ellas víctimas de la guerra. “El Cristo de Bojayá no tiene piernas, pero camina con nosotros… hemos venido aquí en busca de varias cosas. La primera tiene que ver con que se reconozcan los derechos de las víctimas de Bojayá y se posibiliten garantías de no repetición”, señaló Leyner Palacios.

Lea también: “El Cristo de Bojayá, sobreviviente de la masacre del 2 de mayo, presidirá Eucaristía del Papa”

 

lideres bojaya1Leyner Palacios, líder de Bojayá, en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Fotografía: Harold García/CNMH

Bojayá, al ser testigo directo de uno de los episodios más crudos de la guerra; se convirtió en un caso emblemático de lucha y resistencia. Durante los diálogos de paz entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las FARC, se realizaron diferentes encuentros buscando acuerdos hacia el trámite de la reparación a los habitantes de esta región.

A finales del 2014 varios de los jefes negociadores de esa guerrilla se reunieron en La Habana con representantes de las víctimas de Bojayá, donde, según Jorge Torres Victoria, alias ‘Pablo Catatumbo’, inició la solicitud de perdón por el daño causado. Un año después, el 6 de diciembre del 2015, dentro del acto de reconocimiento de responsabilidad de las FARC por la masacre de Bojayá el exjefe guerrillero José Lisandro Lascarro -conocido con el alias de ‘Pastor Alape’- viajó hasta Bellavista y ante la comunidad en pleno solicitó el perdón por la explosión del cilindro bomba que cambió para siempre el destino de esta población y de la región.

Bellavista y su Cristo, fueron también testigos de las promesas de un Nobel de Paz y las posteriores firma del acuerdo de paz en el 2016; e igualmente del primer Plan Integral de Reparación Colectiva para la población, firmado a comienzos de este 2018. Pero este mismo año, ha sufrido cómo la situación de violencia en el pacífico se agudizó. Los grupos disidentes de la guerrilla de las FARC, el ELN y las bandas criminales, volvieron a dejar a la comunidad en medio del fuego cruzado por el control del territorio; y el regreso de las amenazas y los asesinatos selectivos.  

Por ello, Leyner, quien viajó a Bogotá junto a las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, tenía claro que su misión más importante era contarle al país lo que está pasando en su territorio. “No podemos permitir que se pierda todo lo que hemos avanzado”, dijo, y luego denunció que su región se encuentra en un “abandono permanente”. 

Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, Cantaoras. Fotografía: Harold García/CNMH  

Lea también: Pogue: la memoria hecha de cantos

 

Tal abandono se manifiesta en hechos como los de mayo pasado, cuando la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló que en Bojayá existía “un riesgo de desplazamiento masivo, en caso de continuar las acciones armadas”, lo cual se sumaba a un “aumento en la presencia de los actores armados no estatales, en lo corrido del 2018”. Según este documento, 2.030 personas de esa región tenían restricciones en la movilidad por los combates y las amenazas recurrentes.

“Vemos la necesidad de que el país transite por una vía negociada del conflicto armado. La invitación la hacemos claramente para que se le dé continuidad a los acuerdos con el ELN y también que se le dé continuidad al sometimiento de las bandas criminales o de paramilitares que hay en los territorios y que están afectando la tranquilidad de las comunidades”, dijo Leyner, con la voz de un líder que sigue creyendo y luchando por la paz.

Leyner Palacios indica que los Planes de Desarrollo Territorial son una oportunidad para reclamarle y exigirle al Estado que cumpla sus deberes en salud, educación, vivienda, carreteras. Según el Plan de Desarrollo 2016-2019 del municipio de Bojayá; aunque el desplazamiento forzado constituye la principal violación a los derechos humanos, se reconoce que existen otras situaciones que vulneran los derechos de los pobladores como la deficiente prestación del servicio de salud, la falta de acceso a un salario mínimo y la inseguridad alimentaria.

Finalmente, Leyner reitera dos puntos claves en su reclamación: la atención psicosocial para los pobladores y la exhumación de los cuerpos de todas las personas que murieron el 2 de mayo del 2002 en curso por Medicina Legal y Fiscalía General de la Nación.

En Bojayá el dolor no ha sido impedimento para seguir adelante. Con la fuerza, hoy su comunidad hace un urgente llamado para que la historia de dolor de su pueblo no se repita. “Necesitamos que se implemente todo el sistema de Verdad Justicia y Reparación. Sabemos que son programas que aún hoy están desfinanciados… Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz… Ya avanzamos y no queremos retroceder”, puntualiza Leyner Palacios; acompañado de la voz de las cantaoras y de toda una comunidad que a pesar del conflicto latente, le sigue cantando a la paz

Hace 500 años
Sufrimos este gran terror
Pedimos a los violentos
Que no más repetición
Santa María danos la paz
Santa María danos la paz

Estribillo extremo a extremo
Nosotras queremos paz
Y por estas alabanzas
Es que hemos venido acá

Fragmento del Alabao por la paz, 26 de septiembre de 2016.

Publicado en Noticias CNMH

Noche de Estrellas, que se estrena el próximo 18 de agosto, es un corto audiovisual dirigido por Pablo Burgos, el cual personifica uno de los temas más crueles del conflicto armado en  el corregimiento de Puerto Venus,  municipio de Nariño, Antioquia: el asesinato, por parte de las FARC, de José Bianey Montoya uno de los jóvenes más queridos dentro de la comunidad.

En el transcurso de dos años se realizaron talleres de formación actoral con los habitantes del corregimiento de Puerto Venus. La dedicación, ganas y convicción por representar lo que la guerra había hecho con ellos, los llevó a convertirse en los protagonistas de este corto audiovisual que retrata una historia sobre lo que la guerra provocó en el municipio de Nariño. Y es que según el Registro Único de Víctimas, entre 1997 y 2005 fueron asesinadas 907 personas en Nariño, Antioquia.

Hablar del municipio de Nariño, en Antioquia, es relatar la crudeza de la guerra. Es escuchar los relatos de sus habitantes recordando cómo la violencia se apoderó del municipio. En 1999, por ejemplo, la guerrilla de las FARC cometió una toma, a sangre y fuego, donde cerca de 300 hombres fuertemente armados atacaron al pueblo y destruyeron la Alcaldía, la estación de policía y asesinaron a 16 personas entre el 30 de julio y el 1 de agosto. Elda Neyis Mosquera García, alias ‘Karina’, ex jefe guerrillera del frente 47 de las FARC fue la responsable de esta masacre.

El dolor de los habitantes de Nariño se ha transformado en esperanza. Un ejemplo de ello es Noche de Estrellas que surge de una iniciativa de creación colectiva de la comunidad del corregimiento de Puerto Venus, dentro de su proceso de reparación colectiva. En el documental actúan jóvenes de Nariño mientras de fondo se va escuchando la voz de Roberto Montoya a quien la guerrilla le asesinó su hijo José Bianey Montoya en el año 2002. Su voz pausada relata lo que la guerra nos ha quitado, pero al mismo tiempo es la esperanza por un nuevo país. “A mí me tocó ayudarle a mi hijo al buen morir”, dice Roberto, “mi Dios me dio valor”.

De este modo del 17 al 19 de agosto se llevará a cabo la muestra audiovisual “Noche de estrellas”, en Puerto Venus, Antioquia. Una iniciativa propuesta y realizada por la comunidad y la Corporación Cinema Realidad, con apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica. Allí será presentado oficialmente el corto que relata esta historia del municipio de Nariño, además de otras piezas audiovisuales realizadas a nivel nacional que dan cuenta del conflicto y la memoria en el país.

Vea la programación completa de la muestra de cine en Puerto Venus, Antioquia

Publicado en Noticias CNMH

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