portada embera iniciativa contra discriminacionCon este proyecto de memoria histórica, la profesora Rubiela Castelblanco logró que sus alumnos Embera Chamí del Instituto Puerto Pinzón, de Puerto Boyacá, tejieran relaciones de confianza con sus compañeros, y les enseñara el valor de la diversidad.

Si hubiera que darle nuevas definiciones a la palabra voluntad, quizás una de ellas sería Rubiela Castelblanco. Esta mujer, nacida en Boyacá y licenciada en ciencias sociales de la educación de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, está poniendo su granito de arena en la construcción de paz en el municipio de Puerto Boyacá, a través de la memoria histórica. Su finalidad: contribuir, como lo dice su proyecto de aula, a que “nos pongamos en los zapatos del otro”, en los zapatos de los niños, niñas y adolescentes de la comunidad Embera Chamí que habitan el corregimiento de Puerto Pinzón, en Puerto Boyacá (Boyacá).

Luego de un largo proceso con la Secretaría de Educación de Puerto Boyacá, Rubiela fue seleccionada hace cinco años para ser el reemplazo de un colega que dictaba clases en la Institución Educativa Puerto Pinzón. Una vez empezó a tener contacto con sus alumnos, la profesora se dio cuenta de la situación de discriminación por la que pasaban los estudiantes Embera Chamí, quienes diariamente tienen que recorrer un camino de dos horas para llegar al centro educativo.

En esos encuentros iniciales surgió “En los zapatos del otro”, un proyecto de aula que busca que los estudiantes de esta comunidad indígena puedan salvaguardar sus memorias y que sus compañeros (a quienes los Embera llaman, con cariño, “los blancos”), comprendan el valor de la diversidad y aprendan a respetar la diferencia.

Su iniciativa tomó fuerza cuando empezó a trabajar con algunas de las publicaciones compiladas en la “Caja de Herramientas: Un viaje por la memoria histórica: aprender la paz y desaprender la guerra”, un conjunto de metodologías y de secuencias pedagógicas creada por el Área de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica, que tienen como objetivo abrir discusiones sobre la memoria histórica del conflicto armado colombiano en el ámbito escolar.

Uno de los libros clave para el proyecto de la profesora Rubiela fue “Portete: el camino hacia la paz, el reconocimiento de nuestra diversidad”. Con él, ha hecho un proceso de reconstrucción de memorias plurales, complejas, y a veces contenciosas, que ha contribuido a que sus estudiantes reconozcan la riqueza étnica que hay en nuestro país y los factores que ponen en riesgo la supervivencia material y cultural de los pueblos étnicos.

Las memorias de los alumnos Embera de la profesora Rubiela dan cuenta de las formas de exclusión y violencias que, durante más de 60 años del conflicto armado, padecieron de manera más aguda los pueblos indígenas. “Muchos de ellos o sus familias han vivido el desplazamiento y la violencia en departamentos como Risaralda y Chocó. Es duro escuchar esas voces de desarraigo de la tierra, de las afectaciones por la minería; de familias separadas porque los padres decidieron enviar a sus hijos a otras partes, para que no sean reclutados o no tenga que sembrar coca”, asegura Rubiela.

Con “Ponte en mis zapatos” la profesora Rubiela quiere fortalecer la empatía en sus estudiantes, para que puedan establecer lazos de confianza con ella y sus compañeros, y se sientan libres de compartir sus costumbres, vivencias, arraigos, las marcas que les ha dejado el conflicto y las formas que han encontrado para resistirlo. En palabras de Rubiela, este proyecto de aula lleva implícito el mensaje de que “todos somos diferentes, pero, al fin y al cabo, hermanos”.

Actualmente en la institución educativa hay 15 niños Embera: once en primaria, tres en grado sexto y Dagoberto, el único estudiante Embera de grado noveno. “Todos lo respetan. De cariño le decimos ‘el líder’ y es nuestro intérprete. Me parece valioso que él nos dicte clases a nosotros en su lengua”, sostiene Rubiela.

embera iniciativa contra discriminacion“Esos niños que antes se sentían excluidos, tienen muchos conocimientos y aportes para convertirse en agentes de paz”, afirma la profesora Rubiela Castelblanco, sobre sus alumnos Embera. - Fotografía: Rubiela Castelblanco

En el ánimo de seguir retroalimentando su iniciativa, la profesora Rubiela Castelblanco asistió a “Memorias que transforman: encuentro nacional de redes y experiencias educativas para la construcción de paz”, un evento que reunió en Bogotá a más de 350 estudiantes y profesores de colegios y universidades de 21 departamentos, para compartir iniciativas sobre construcción de paz y memoria, utilizando estrategias pedagógicas e investigativas.

Fue en ese espacio -que duró tres días-, que Rubiela me compartió un llamado que otros participantes también sugirieron: es necesario que los ejercicios de memoria histórica y construcción de paz, impulsados en las escuelas, estén acompañados por estrategias de cuidado emocional. La docente recuerda que en una oportunidad decidió hacer una mesa redonda con sus estudiantes de grado noveno. En ella, cada uno de los alumnos debía sugerir a quién querían perdonar en sus vidas: desde su círculo familiar, pasando por ellos mismos y por personas a las que no les conocen el rostro, pero que les causaron daño a ellos o a sus familias. Allí, la profe Rubiela entendió la necesidad de utilizar mecanismos para que no se abran nuevas heridas.

La profesora Rubiela ha hecho constantes viajes al resguardo indígena Embera para familiarizarse con las costumbres Chamí y con sus principios, como la armonía con la naturaleza. Así, ha recogido más herramientas para facilitar la interacción con sus alumnos que, antes de este proceso, se sentían discriminados por sus compañeros. Hoy el escenario es otro. Los indígenas están ganando espacios de liderazgo, con actividades como enseñarles a otros estudiantes a fabricar manillas y collares. En últimas, lo que esta docente espera, es contribuir a que jóvenes como Dagoberto y los demás Embera puedan convertirse en la nueva generación de dirigentes de su comunidad.

Publicado en Noticias CNMH

portada minga indigena chocoEl Centro Nacional de Memoria Histórica y la Organización Nacional Indígena de Colombia, hacen un llamado para que se dé atención y se abra el diálogo con los indígenas Embera, Woainaan y Zenú que marcharon hasta Bogotá para reivindicar sus derechos.

Como plataforma de la voz de las víctimas del conflicto armado y, en este caso especial, la de los pueblos indígenas de Colombia, el Informe Nacional de Pueblos Indígenas y el enfoque Étnico del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), llamamos la atención sobre la difícil situación que atraviesan los más de 450 indígenas del Chocó que marcharon hasta la ciudad de Bogotá.

Las cifras recogidas por el CNMH y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) dan cuenta de la histórica y profunda crisis en la que han vivido los pueblos Embera, Woaunaan y Zenú, que hoy se concentran en Bogotá para reivindicar la vida digna en sus territorios. Según los datos recogidos en el registro de afectaciones a pueblos indígenas que hará parte del próximo Informe Nacional de Pueblos Indígenas, entre 1959 y el 2017, en estas comunidades se han registrado 36.453 casos de victimización por diferentes modalidades, siendo la más recurrente el desplazamiento, lo que refleja el impacto desproporcionado del conflicto sobre estas poblaciones que han estado en el centro de los intereses de grupos armados.

Hoy estos pueblos están atravesando una emergencia humanitaria, que devela nuevas formas del conflicto armado y su proyección en el tiempo; además del reiterado incumplimiento de acuerdos con las comunidades indígenas, que no encuentran más opción que movilizarse pacíficamente para reivindicar sus derechos.

Tras su llegada a la capital el domingo 11 de noviembre, no puede ser la indolencia institucional la estrategia para superar la riesgosa situación que enfrentan niños, niñas, mujeres y hombres poco acostumbrados a la ciudad y sus duras condiciones. Hacemos un llamado para que a través del diálogo y la concertación se provean las garantías necesarias para la negociación teniendo claro que, ante cualquier situación, es deber del Estado velar por los derechos fundamentales de los ciudadanos colombianos en su conjunto.

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Publicado en Noticias CNMH
Fue víctima del paramilitarismo, se exilió en Europa y ahora es una líder reconocida de la comunidad LGBTI.

portada trans indigena colombiaJuan Pablo Esterilla Puentes

Una mujer transgenerista pide una y otra vez la palabra en una reunión en la Gobernación de Cundinamarca.

-Andrea usted ya habló cuando estuvo el presidente en Girardot.
-Correcto doctor Rey, cuando estuvo el presidente en Girardot. Yo estoy en Bogotá y usted no me puede impedir a mí el derecho a la participación y a la expresión, le exijo respeto doctor Rey. Desde el año 2016 le estoy pidiendo una cita por escrito con la población y no me la ha dado, estoy grabando y necesito saber si me la va a dar o no para poder tomar acciones.

(El gobernador saca su agenda)

-4 de septiembre a las 10:00 a.m.
-Mi Dios me lo bendiga, me lo proteja.

trans indigena colombia1

Andrea Alexandra Meza no para de trabajar. Desde que nació hace 61 años en el seno de una familia wayuu en la ranchería Puturumana I de la Albania, Guajira, la vida le ha dado tantas vueltas como ella se las ha dado a la vida. Ella, -persona mayor, indígena y transgenerista-, es una de las víctimas del conflicto armado interno que ha encontrado en el ejercicio del liderazgo y las resistencias, el sentido de su existencia.

“Nunca me imaginé que la guerra me iba tratar tan fuerte, fue duro porque tenía mis arraigos en el Guamo, Tolima. Casi me matan y perdí todo. Salí estilo delincuente a las dos de la mañana y mi pareja no sé dónde quedó”, asegura Meza con voz quebrantada. Ese 29 de agosto, los cuatro sujetos armados que llegaron en dos motos de alto cilindraje a su peluquería, le reventaron la boca, le partieron el tabique y le dieron un calibrazo en la cabeza con una pistola 9 milímetros, fueron los responsables de inscribir en Andrea, una de las tantas formas de violencia y exclusión a las que se enfrentan la población LGBTI.

Tal y como lo sugiere uno de los testimonios que se recogió para la elaboración del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), “Aniquilar la Diferencia”, publicado en 2015, la guerra “impidió” que la población LGBTI amara. Según el Registro Único de Víctimas y con fecha de corte del 31 de julio de 2015, se identifican 1.795 personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, que han sufrido alguna manifestación de violencia por parte de actores armados. A ellas, se les ha quitado desde la posibilidad de amar a quien desean, hasta se les ha obligado a esconderse para evitar la violencia por el hecho de ser quienes son, por ejemplo.

Andrea llegó a Bogotá y buscó refugio en el barrio Diana Turbay de la localidad Rafael Uribe. Sin embargo, al cabo de tres meses, -tiempo en el que además ya había logrado encontrar un trabajo en una peluquería-, el Bloque Tolima la ubicó nuevamente y no dejó espacio para dudas.

- “¿Usted qué hace aquí? se tiene que ir, pasamos en dos horas y si está ya sabe”. Hoy, desde la tranquilidad que le da el no sentirse perseguida por grupos armados ilegales, Andrea encuentra parecida esa frase que le dijeron, con otras que personas LGBTI recibieron durante los años noventa e inicios de los 2000, época en la que el conflicto se exacerbó en todo el país y afectó de manera diferencial a su comunidad.

trans indigena colombia2

“Para ellos, los de la costa, fue duro. Lo hemos hablado y hubo muchas violaciones a personas de la comunidad en los Montes de María, por ejemplo. A las lesbianas las abusaban para que supieran qué es ser mujer y a los gais los hacían desfilar desnudos por las calles. Algunas fueron empaladas en Sucre y Córdoba. Las admiro porque fue un gran acto de resistencia mantenerse en el territorio estando los actores armados ahí mismo y diciéndoles - ¡ah maricón! ¿no te valió? ¡Te voy a matar!”. Detrás de esas violencias que pretendían “enseñar” con el abuso lo que es “ser mujer” está la heteronormatividad, es decir, “la imposición tácita pero inequívoca de normas que regulan la identidad de género y la orientación sexual de las personas, construyendo un “otro” o una “otra”.

Pero ¿cuál fue el acto de resistencia de Andrea ante esa nueva amenaza? Comprometerse a pagarle treinta millones a una amiga que le prestó quince, empacar maleta, cruzar el charco hasta París, y en últimas afrontar que era nuevamente desplazada. “No fue fácil la salida del país, implicaba aceptar que ya no tendría nada. Llegué a Europa a ejercer la prostitución, cosa que no es dulce. Pararse uno en la calle a menos 5 o menos 10 grados con un abrigo hacia atrás para poder vender, ser humillada por lasnmismas personas LGBTI que para poder dormir en el piso con unos cojines me cobraban 500 euros, y cuidarme de gente que me quería robar lo que me hacía, o de clientes de todo tipo: agresivos, borrachos, ladrones, era muy duro”, sostiene.

Según cifras del Registro Único de Víctimas, el desplazamiento forzado es el hecho victimizante de mayor ocurrencia contra la población LGBTI (1.606 afectaciones), seguido por las amenazas (362 victimizaciones declaradas).

Luego de casi una década, Andrea regresó al país. Lo hizo justo cuando en sus palabras, “el boom de tratamiento a las víctimas” empezaba a emerger. Así pues, al cabo de un tiempo se dirigió a la ya instaurada Unidad de Víctimas para relatar las violencias que sufrió. En Colombia, el Formato Único de Declaración para la Solicitud de Inscripción en el Registro Único de Víctimas, solo incluyó hasta el año 2012, categorías de registro que permiten hacerle un seguimiento a las víctimas de los sectores sociales LGBTI. Bases de datos anteriores a este año como el Sistema de Información de Población Desplazada no incluían la variable de orientación sexual e identidad de género.

El destino inicial de Andrea para rehacer su vida sería nuevamente el Guamo, pero las condiciones de seguridad allí y en otros municipios del Tolima como Saldaña, no eran las más seguras. A las trans literalmente les “estaban robando lo que no se habían comido” con las extorsiones que les realizaban reductos del paramilitarismo. La Unidad reconocería en 2013 a Andrea Alexandra Meza como víctima y a partir de ese mismo año ella decidió radicarse en Girardot, Cundinamarca.

Sin embargo, rehacer su vida siendo transgenerista y ahora siendo persona mayor, no ha sido fácil. Tal y como se narra en el reciente Informe “Ojalá Nos Alcance la Vida” del Centro de Memoria Histórica con apoyo de la organización HelpAge International y liderado por la Corporación Asuntos Mayores (COASUMA), la exclusión y la discriminación, así como los prejuicios y estereotipos vinculados con la vejez y el envejecimiento, ubican a las personas mayores en condiciones de vulnerabilidad y desigualdad social. “Yo como víctima, como población LGBTI, como indígena y como persona mayor no he visto la primera ayuda del Estado colombiano para mí, he presentado proyectos y no pasa nada”.

Andrea, la de porte indiscutible y energía inagotable, considera que las personas víctimas deben recibir más que conmemoraciones y mercados. Y es que precisamente ha sido, por ejemplo, desde la veeduría a esas iniciativas del Estado, -entregar mercados y conmemorar a las víctimas en actos cívicos-, que Andrea ha “levantado ampolla” con sus cuestionamientos; los cuales a la postre la han convertido en blanco de nuevas discriminaciones.

“Yo me levanté, pedí la palabra y dije: -doctor Villalba, yo quiero pedirle el favor que no se vaya a repetir lo que se ha venido repitiendo en años anteriores en cuanto a las ayudas. Los frijoles, la cebada, la avena y los atunes tienen gorgojos, quiero que se tomen los correctivos porque entre 2013 y 2015 se nos intoxicaron las víctimas-”. Como la Secretaria de Educación había sido la Secretaria de Gobierno durante los años de las conmemoraciones que critiqué, ella se paró y la cogió contra mí. –“Lo que está diciendo el señor Andrea no es cierto, el señor Andrea quería enlodarnos la fiesta, no tenemos la culpa que el señor Andrea no le gusten los payasos-”.

Ante el ataque de la Secretaria, Andrea no encontró respaldo alguno entre las personas que habían asistido a ese comité de justicia transicional del 2016 en Girardot, nadie se indignó por la ridiculización de la que fue objeto. Andrea no calló y actuó. “Doctora Sandra le exijo respeto porque yo salí hace muchos años del closet, tengo mucha autoestima, me quiero mucho y valgo mucho. Yo no entiendo usted porque me dice señor si estoy maquillada y no tengo barba ni bigote. Mañana mismo la denuncio ante la Fiscalía”. Y así sucedió.

A PRUEBA DE TODO, DESDE SIEMPRE

Barranquilla, Colombia, 1975.

-Ropa al piso.
- ¿Jueputa y ahora?

Andrea se quitó el camibuso, se bajó el pantalón y los interiores. Tan pronto se agachó, los demás de las filas empezaron a murmurar y ella corrió a taparse los senos. La señora miró el papel y la miró.

-Parese en la punta de los pies, (le hace presión con un dedo en ambos testículos y escribe apto).
-Doctora yo soy homosexual.
-Eso es piedrilla, en el Hospital Militar lo operan y queda un “monazo”.

A pesar de que inicialmente Andrea fue engañada, pues un militar -al que le había dado su confianza-, le mintió diciéndole que fuera al Batallón con un par de papeles para “sacarle la libreta”, hacer no solo el curso de suboficial sino completar ocho años al interior de la institución, fue algo que se convirtió en motivo de orgullo para ella. “La población LGBTI está preparada para todos los riesgos, no se le arruga a nada, si le toca tirar machete lo hace. Dependiendo la adversidad nos desenvolvemos, somos como el camaleón, ningún obstáculo nos queda grande. Yo tenía las fotos de mi paso por la Fuerza Pública y las tenía colgadas con orgullo en mi salón en el Guamo; esa soy yo les decía a mis clientes”.

De aquella formación castrense Andrea también recuerda, y se le dibuja una sonrisa en la cara, la estricta disciplina con la que ejercía sus funciones entre semana, pero también la libertad que tenían los fines de semana. “Yo tenía mi apartamento afuera. El viernes me entraba al edificio, me arreglaba, maquillaba, me ponía mis vestidos y pelucas, y rumbeaba diagonal al batallón con oficiales y suboficiales. Todo el mundo me conocía como Alexandra, yo me armaba el cuerpo con espuma y medias, ellos no me reconocían”, agrega.

Dentro de sus luchas de activismo, y por la generación y preservación de la memoria de personas LGBTI víctimas, se ha encontrado con violencias en su contra de quienes nunca pensó. “El respeto nos lo hemos ganado las transgeneristas con sangre, con golpes, nosotras mismas nos hemos hecho respetar por la sociedad. Las luchas de la población LGBTI las inician son siempre las mujeres transgeneristas reclamando sus derechos. Esto no nos lo reconoce la propia comunidad; los gais no quieren ver transgeneristas, las lesbianas tampoco, pero a nosotros nos ha tocado abrir los espacios y no en vano casi siempre se escucha -matan a mujer trans, matan a mujer trans, matan a mujer trans”.

Siempre que Andrea necesita volver a coger impulso sencillamente vuelve a la raíz, a los días de infancia en la Guajira en los que “vivía en un territorio prácticamente nómada”, sin cerca alguna y con una comunidad que siempre respetaba las decisiones de todos, la suya de ser mujer también. La Andrea de los 61 abriles a sus espaldas es en últimas la misma que recibió a los 15 el espaldarazo de su pueblo para “seguir volando”, la que se fue a vivir primero con una familia Arijuna a Maicao y la que terminó viviendo luego en ciudades y países tan distantes como Aruba, Francia, Popayán y Valledupar.

Andrea regresó a Colombia para seguir cuestionando, más cuando siente que todavía hay tanto por hacer por la población, su población LGBTI. “Yo solo quiero que nos valoren a todos como seres humanos que somos, que no nos discriminen ni nos menosprecien por el enfoque diferencial al que pertenecemos. En cuanto a los gobiernos que se nos dé la oportunidad también de superarnos como se les da a todos los heterosexuales. Que tengamos la oportunidad de poder estudiar, de poder ser profesionales. Somos gente buena y tenemos mucho talento”, concluye.

* Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales del portal ¡PACIFISTA! 
Copyright: http://www.pacifista.co/ser-trans-e-indigena-en-colombia-la-historia-de-andrea-meza/

Publicado en Noticias CNMH
El Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Icesi y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) alertamos a la Dirección de Víctimas de Quibdó, a la Unidad para las Víctimas (a nivel nacional), la Defensoría del Pueblo, y a todas las entidades pertinentes, del riesgo inminente de destierro de las familias de la comunidad de Pogue en Bojayá. Los últimos eventos violentos ocurridos en la comunidad tienen a las familias con temor a denunciar los hechos y en preparación para su desplazamiento a territorios cercanos donde se garantice su supervivencia. Solicitamos la presencia de los funcionarios respectivos para atender esta emergencia.

pogue“Oiga señor Presidente
Hágasenos para acá
Y con esos otros grupos
Díganos qué va a pasar[…] 

Estribillo extremo a extremo
Nosotras queremos paz
Y por estas alabanzas
Es que hemos venido acá 

Oiga señor Presidente
Hágasenos para acá
Y con esos otros grupos
Díganos qué va a pasar 

Estribillo extremo a extremo
Nosotras queremos paz
Y por estas alabanzas
Es que hemos venido acá”

(Fragmento alabado por la paz, Grupo de alabadoras de Pogue-Bojayá, Chocó - Firma del acuerdo final de Paz con las FARC: Septiembre 26/2016)

pogue

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, los municipios de Bojayá y Medio Atrato en el departamento de Chocó y Vigía del Fuerte en Antioquia, fueron declarados pueblos en riesgo por el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo en 2017, esto debido a las infracciones al Derecho Internacional Humanitario en el marco de las amenazas promovidas por parte de grupos armados ilegales de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), hacia estos territorios que anteriormente eran asediados por la guerrilla de las FARC. En estos municipios de la región del Medio Atrato se presenta una alta probabilidad de confrontación armada y de destierro de las comunidades afrocolombianas pertenecientes al Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA) y de los resguardos indígenas de estos municipios. 

El pasado 15 de mayo de 2018, la comunidad de Pogue recibió una amenaza de destierro por parte de grupos ilegales que están alterando el control de los territorios, les tienen imposibilitada la comunicación, la movilización y han amenazado a varios de sus líderes y lideresas sociales. Esta situación es problemática porque atenta contra los derechos humanos territoriales y colectivos de las comunidades negras y pueblos indígenas del Medio Atrato. Ante esta lamentable noticia se les solicita a las autoridades su oportuna gestión con el fin de impedir daños sobre la población. 

Es fundamental recordar que el 2 de mayo de 2002 la comunidad de Bojayá sufrió una de las más terribles masacres del conflicto armado colombiano. Ese día guerrilleros de las FARC durante un enfrentamiento con las AUC, lanzaron un cilindro-bomba que impactó la iglesia de Bellavista, cabecera municipal, donde se refugiaba la comunidad. Esta acción terminó con la vida de aproximadamente 79 personas, dejó alrededor de 100 lesionados y causó el desplazamiento de 1.744 familias. Del fatídico suceso el 70% de las víctimas eran descendientes de Pogue-Bojayá. 

Conozca de la importancia estratégica de Pogue - Bojayá:

Conozca de la importancia simbólica de Pogue-Bojayá en el contexto de post acuerdo en el documental: Voces de Resistencia Volumen 1: Cantadoras de Pogue:

#AlertaenBojayá

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