El 12 de diciembre de 1997 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 26 de junio como el día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, con el objetivo de visibilizar y erradicar este hecho.

Aunque internacionalmente este delito lleva más de 60 años prohibido, es una práctica recurrente en muchos países, de acuerdo con Amnistía Internacional. En el caso colombiano la tortura es una muestra más del nivel de degradación del conflicto que se vive desde hace más de cinco décadas y ha sido utilizada como método de entrenamiento de grupos armados ilegales, demostración de poderío, y para tomar el control de territorios y de poblaciones.

Es importante resaltar que el conjunto de prácticas inhumanas, que hacen parte del concepto de tortura, han sido utilizadas por todos los actores armados ilegales en Colombia. En el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), “Recuerdos de Selva”, queda claro que las guerrillas han torturado a miembros de la fuerza pública con el secuestro mientras los paramilitares han hecho muestra de su sevicia contra las comunidades, como lo reveló el informe “Textos corporales de la crueldad”.

Este crimen de lesa humanidad suele estar relacionado con otro tipo de repertorios violentos como la desaparición forzada, el secuestro, ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual, entre otros. Lo que hace que difícil determinar un número exacto de víctimas y demostrar su magnitud.

Es por esta razón que el CNMH se une a la conmemoración de este día, no sólo para revelar que la tortura ha hecho parte de la guerra en Colombia sino para acompañar y dignificar la memoria de cada persona que tuvo que soportar sobre su cuerpo, o su mente, tratos inhumanos y degradantes, y mostrar la necesidad de seguir trabajando para erradicar esta práctica.

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  • portada conmemoracion desaparecidos 2019Entre 1958 y 2018 se registraron 80.472 víctimas de desaparición forzada en el marco del conflicto armado colombiano.
  • Del 27 al 31 de mayo se estará conmemorando la semana Internacional del Detenido Desaparecido.

Imagina que un día te despiertas y las personas con las que habitualmente vives ya no están; que tus padres no se levantaron a la hora habitual, que tus hijos no te dieron los buenos días o que tu pareja sencillamente dejó su lado de la cama frío y vacío, ¿Qué harías? ¿Dónde buscarías? Imagina que alguno de ellos, o todos, sin explicación previa, desaparecen.

Según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), entre 1958 y 2018 se registraron 80.472 víctimas de desaparición forzada, siendo los grupos paramilitares y los perpetradores de origen desconocido, los principales responsables de este delito de lesa humanidad.

En el marco de la pluralidad de víctimas y las memorias de un hecho victimizante que no ha diferenciado ubicación geográfica, nivel profesional o postura política en su accionar, el Estado decretó la ley 1408 de 2010, la cual en el artículo 14 reglamenta la conmemoración de la Semana de los Detenidos – Desaparecidos, la última del mes de mayo, y el 30 de Agosto, Día Internacional de los Desaparecidos, como una forma de rendir homenaje a las víctimas del delito de desaparición forzada.

pieza conmemoracion desaparecidos 2019

En ese propósito, durante más de una década, el CNMH ha publicado informes como Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia (2014), Textos corporales de la crueldad: memoria histórica y antropología forense (2015), Buenaventura: un puerto sin comunidad (2015), Hasta encontrarlos: el drama de la desaparición forzada en Colombia (2016), Memoria de la infamia: desaparición forzada en el Magdalena Medio (2017), Desaparición forzada: balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico (2018), Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzada (2018).

De esa manera, las víctimas de desaparición forzada nos motivan a continuar con la dignificación de quienes han padecido de estos hechos, de sus familias y de sus memorias, por esto, las redes sociales del CNMH durante esta semana, recordarán a cinco de las 80.472 víctimas de este flagelo; 5 personas a las que sus familias y toda la sociedad colombiana siguen esperando.

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Desde el 9 de abril de 2012, Colombia conmemora cada año el Día Nacional de las Víctimas por mandato de la Ley 1448 de 2011, que estableció este día para que el Estado colombiano realice eventos en memoria y reconocimiento de las personas afectadas por el conflicto armado.

Darío Acevedo director del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH,  explica, en una entrevista que puede escuchar completa en www.centrodememoriahistorica.gov.co/ o  en www.soundcloud.com/memoriahistorica/ que la conmemoración tiene un sentido pedagógico: “se trata de que aprendamos qué fue lo que sucedió a través del tiempo, tanto para los que han sufrido como para los que no han sufrido”.

El director del CNMH relata  que “el conflicto armado y las violencias no pueden volver a ocurrir en un país democrático, en un país libre, donde podemos vivir teniendo diferencias y concepciones, pero sin acudir a las armas”.

Añade que “la conmemoración del Día de las Víctimas del 9 de abril debe dejar un mensaje claro en el sentido en que la memoria, el rescate de la memoria no puede servir para estimularla”.

Darío Acevedo, destaca la necesidad de prestar más atención a estos relatos, a la memoria que se está divulgando, el aporte de la gente sería también el de evitar tomar actitudes extremistas y actitudes dogmáticas.

“A las víctimas me gustaría decirles que hay lugar para el llanto, hay lugar para el dolor, hay lugar para el desahogo y para el duelo y que hay apoyo en eso, de diversas instancias y organizaciones de víctimas. Pero, también tiene que haber un espacio nuevo de recreación de la vida, que la vida sigue y hay que seguir con los retos, hay que seguir educando a los hijos a pesar del dolor, a pesar de la tragedia, no podemos dejar que ese dolor o esa tragedia nos obnubile, que nos cierre el camino hacia el progreso y hacia la construcción de sociedad”, concluye.

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portada masacre paramo la sarnaDesde hace once años, pobladores de Sogamoso y otros municipios de Boyacá, Santander y Casanare se reúnen para marchar contra el olvido de las víctimas de la masacre del Páramo de la Sarna. El 1 de diciembre del 2001, paramilitares asesinaron a 15 habitantes de esta región.

Texto y fotografías: Laura Cerón

El pasado domingo 2 de diciembre el municipio de Sogamoso (Boyacá) se despertó con cientos de personas en sus parques y plazas. Eran las 7:30 de la mañana y el sol se colaba tímido entre el rastro de una noche fría. En pocos minutos empezaría la peregrinación al Páramo de la Sarna, un acto que desde hace once años realizan cientos de habitantes de Boyacá, Casanare y Santander. Caminan, entre arengas y pañuelos, para conmemorar la masacre paramilitar del 1 de diciembre del 2001, que dejó 15 víctimas fatales.

Antes de montarse en los buses, los líderes y lideresas de la conmemoración alistaron todo lo que necesitaban: velas, arreglos florales, pancartas y banderas que los identificarán mientras caminan al borde de la carretera. Y pegaron afiches en los carros con los rostros dibujados de Luís Ángel Gil, Tania Leonor Correa, Mercedes Rivera, Luis Arturo Cárdenas, Isidro Alba, John Fredy Poveda,  Luís Miguel Melo, Abel Cudris, Gonzalo Rincón, Luís Pérez, José Antonio Mongui, Jairo Isidoro Peña, José Bertulfo Noa, Herminda Blanco de Peña y Hernando Gómez; hombres y mujeres, en su mayoría estudiantes, profesores y trabajadores de la región, a quienes paramilitares de las Autodefensas Campesinas del Casanare asesinaron tras acusarlos de ser cómplices del ELN.

masacre paramo la sarna2Los habitantes de la región marcharon cerca de media hora, hasta el lugar en que fueron asesinados sus vecinos, amigos y familiares, hace 17 años. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Los caminantes tienen una larga lista de peticiones para encontrar justicia y verdad. Esa lucha por encontrar respuestas despierta muchas incomodidades pues, a pesar de que se conocen algunos responsables, como el paramilitar Luis Eberto Díaz Molano alias ‘El Compadre’ y varios miembros de las Autodefensas Campesinas del Casanare, todavía hace falta resolver varias aristas. Por ejemplo, que el Ejército Nacional responsa por su acción u omisión frente a los hechos que llevaron a la masacre, como lo señaló en un informe el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).

Los marchantes siguieron la ruta que hace 11 años tomó el bus de la empresa Cootracero, que fue abordado por los paramilitares. El carro salió del terminal de Sogamoso hacia el municipio de Labranzagrande (Boyacá). En medio de las curvas, desde un punto conocido como La Cabaña, varios caminantes se bajaron y empuñaron en alto banderas y pañuelos, que agitaron mientras clamaban: “nunca más, crímenes de Estado, nunca más”.

Al llegar al lugar de los hechos la gente se acomodó alrededor de un mural junto a la carretera, realizado por los familiares para la conmemoración de este año. El mural deja ver un árbol de navidad con 15 cruces que le adornan las ramas. En el medio, el rostro de Gilma Soto, una de las mujeres que se ha echado al hombro la tarea de hacer memoria en el municipio y quien perdió a su esposo Hernando Garavito, conductor del bus, el día de la masacre. Y al lado derecho, un árbol más frondoso: la esperanza y el anhelo porque un día se haga justicia.

Al mural se suman varios elementos simbólicos que los habitantes de la región han instalado allí con esfuerzo: un afiche en lo alto de la montaña hecho por las familias, 15 veletas que giran con el viento, dos esculturas con los 15 rostros y un libro que tiene escrito cada uno de sus nombres.

masacre paramo la sarna3“Vida, memoria y dignidad” es el lema con el cual los familiares y sobrevivientes de la masacre del Páramo de la Sarna hacen honor a sus familiares y a la lucha que todavía emprenden. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Jessica Alba, una de las caminantes, tenía colgada de su cuello la foto de su abuelo Isidro Alba Guío. Aunque no lo recuerda muy bien, porque la masacre ocurrió cuando ella era muy pequeña, contó con propiedad que su abuelo era profesor en Aguazul (Casanare) y que, además, era un aguerrido sindicalista de 54 años, quien trabajaba junto al Sindicato de Maestros de Casanare. “Acompaño a mi familia porque soy muy creyente, creo que todos acá lo somos. Es importante reunirnos y pensarlos a todos. Su muerte fue muy injusta y compartimos todos nuestro dolor”, afirmó durante la conmemoración.

Después de la eucaristía varios familiares tomaron el micrófono y, en medio del sol picante del medio día, expresaron su malestar e inconformismo con el proceso judicial. Otros, aprovecharon el micrófono para entregar mensajes de aliento. “El recuerdo de nuestros muertos es la semilla de la esperanza”, decían unos. “Recordamos a los que han muerto soñando una sociedad justa y digna para todos”, decían otros.

masacre paramo la sarna4La masacre del Páramo de La Sarna es una de las 61 masacres que tiene registradas el Observatorio de Memoria y Conflicto en el departamento de Boyacá. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

“No vamos a dejar que la memoria de las víctimas muera. Este hecho lo tienen que conocer los boyacenses, los casanareños y todos los colombianos. La provincia de la libertad es territorio de paz, y no vamos a dejar en el olvido a quienes perdieron la vida vil e injustamente”, afirmó José Antonio Galán, vocero de la Asociación Nacional Campesina.

Una vez terminada la ceremonia, los caminantes bajaron la montaña y se reunieron alrededor del fuego para comer sancocho y tomar chicha. Muchos se abrazaban y reían. Finalmente, recordar también es sinónimo de celebrar por los años de resistencia y por los que faltan. Luego se devolvieron en los buses hasta Sogamoso.

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  • El próximo domingo 2 de diciembre se realizará la conmemoración de esta masacre paramilitar ocurrida en el municipio de Sogamoso, en la que 15 personas perdieron la vida.
  • Los familiares de las víctimas y los sobrevivientes realizarán una peregrinación, para seguir exigiendo que se conozca la verdad sobre la posible complicidad de miembros de la fuerza pública.

De las 61 masacres que los diferentes grupos armados perpetraron en el departamento de Boyacá en los últimos 60 años de guerra (dejando 362 víctimas, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica), quizás una de las más recordadas por los campesinos de la región ocurrió el 1 de diciembre del 2001. Ese día, un bus de la empresa Cootracero salió a las 6:00 a.m. desde el terminal de transportes de Sogamoso hacia el municipio de Labranzagrande. Una hora más tarde, en el sector conocido como el Páramo de La Sarna, el bus fue detenido por paramilitares de las Autodefensas Campesinas del Casanare.

Hombres armados dieron la orden de atravesar el vehículo en la vía e hicieron bajar a todos sus ocupantes. Luego, ejecutaron a 15 de ellos (doce hombres y tres mujeres) acusándolos de ser cómplices de la insurgencia. Dos menores de edad (de 11 y 8 años) y una mujer de 60 años, sobrevivieron al hecho. Gracias a los testimonios de los paramilitares entregados en los tribunales de Justicia y Paz, se conoce que los hombres que detuvieron el vehículo estaban buscando a un guerrillero del ELN.

Los familiares de las víctimas y los sobrevivientes se reunirán el próximo domingo 2 de diciembre para hacer un recorrido desde Sogamoso hasta un punto cercano al lugar de los hechos, y desde allí emprender una caminata hacia el memorial que se ha creado desde 2007 en el lugar donde murieron las víctimas. Desde hace once años esta comunidad realiza la misma peregrinación, con el convencimiento de que “la memoria es un trabajo colectivo que permite mantener vivas las fibras”, dicen. Además, aseguran que como familiares son los llamados a seguir trabajando en esa construcción de memoria.

Según un informe del Cinep publicado en el 2016, existen al menos tres irregularidades que presumen la complicidad de la fuerza pública en esta masacre. Estas irregularidades fueron valoradas y confirmadas por el Juzgado 56 Penal del Circuito, Programa de Descongestión OIT de Bogotá, en el año 2015. Este juzgado encontró que ese día no estaba presente el retén militar que habitualmente funcionaba algunos kilómetros antes del sitio de la masacre, en el sector de El Crucero. También se concluyó que las autoridades llegaron al lugar del hecho casi seis horas después de la masacre, a pesar de tener conocimiento de lo ocurrido desde mucho antes, como lo evidencian documentos del VI Distrito de Policía de Sogamoso. Y por último, el juzgado encontró que aunque algunos de los autores del hecho fueron retenidos en la vía que conduce de Sogamoso a San Luis de Gaceno, porque se movilizaban en un vehículo reportado como hurtado, fueron dejados en libertad.

Por este hecho está condenado el paramilitar Luis Eberto Díaz Molano,  alias ‘El Compadre’, y varios miembros de las Autodefensas Campesinas del Casanare están vinculados. Sin embargo, los familiares de las víctimas y los pobladores de la región exigen que se identifique e investigue a los miembros del Ejército Nacional y otros organismos de seguridad que aparentemente participaron en los hechos.

DÍA: Diciembre 2 de 2018
HORA: 8:00 a.m. a 6:00 p.m.
LUGAR: Páramo de La Sarna, Sogamoso - Boyacá

Para mayor información

Laura Angélica Cerón
Periodista CNMH
301 706 3841

Gilma Soto
Familiar - Colectivo Vida, Memoria y Dignidad
323 215 9865

Judy Rincón
Familiar - Colectivo Vida, Memoria y Dignidad
310 318 3858

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portada canoneros rio caucaLos habitantes del cañón del río Cauca, afectados por las obras de Hidroituango, se unieron para exigir verdad y justicia sobre la violencia en su territorio. Denuncian que muchos continúan sin hogar y trabajo, y que se sienten amenazados por hacer estos reclamos.

Juan José Toro

Al borde de las gradas del coliseo de Ituango (Antioquia), un grupo de treinta barequeros y pescadores del cañón del río Cauca discute sobre religión. Que si pasear las ánimas por las calles es un ritual pagano o no, que si hay un solo dios o muchos. En el Movimiento Ríos Vivos Antioquia se respetan la palabra, aunque el tema sea álgido y las opiniones contrarias.

Durante esos días, el 1 y 2 de noviembre, tuvieron varias conversaciones así. Algunas sobre el pasado, cuando aprendieron a anudar un anzuelo o sacar oro de las aguas amarillas del río. Otras sobre el presente, que los tiene casi confinados en ese coliseo, su casa desde hace seis meses. Y otras más sobre el futuro, que enfrentan sin certezas pero con energía.

Hablaron de rituales y religiones porque estaban decidiendo cómo sería la ceremonia para llegar hasta la plaza del municipio, donde hicieron la primera parte de la conmemoración “Cañoneros y cañoneras contra el silencio y el olvido”.

En las últimas décadas del siglo pasado, y lo que va de este, varios grupos armados han azotado el norte de Antioquia. Las confrontaciones entre los frentes 18, 36 y 5 de las Farc, los bloques Mineros y Metro de los paramilitares, el Ejército y la Policía dejaron, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, al menos 110 masacres y 2.345 desaparecidos en los 17 municipios que rodean al río Cauca en Antioquia.

Sobre esas montañas, estratégicas para el control territorial, por donde se puede salir a Córdoba o al Urabá o al Nudo de Paramillo, ocurrieron, masacres muy recordadas como la de El Aro y la de La Granja, ambas en 1997, y por las que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Estado colombiano en el 2006.

Esos mismos municipios, donde aún no hay ni verdad ni justicia completas, están en la zona de influencia de Hidroituango, la megaobra que pretende suplir el 17% de energía del país. “No puede haber desarrollo así en una zona que todavía está herida por el conflicto”, dijo Isabel Zuleta, vocera de Ríos Vivos. “Todavía estamos adoloridos, buscamos a nuestros desaparecidos, seguimos siendo amenazados. Este territorio fue vaciado prácticamente por la violencia y así es muy difícil asumir críticamente un proyecto como Hidroituango”.

El día de la conmemoración, cuatro mujeres y un hombre completamente pintados de blanco recorrieron las calles de Ituango como si fuera un purgatorio. Los guió Estela Posada, miembro de Ríos Vivos, quien hizo de animera, un oficio tradicional de algunos pueblos antioqueños que consiste en pasear a las almas en pena, y caminaron por lomas empinadas hacia la plaza principal. Detrás de ellos se organizaron los demás integrantes de Ríos Vivos que viajaron de otros municipios. Arengaron contra la megaobra y entonaron canciones con nostalgia por su vida junto al río.

canoneros rio cauca2En medio de la conmemoración, los habitantes de la zona de influencia de Hidroituango denunciaron que varios de los líderes que han luchado por volver a recuperar su forma de vida junto al río Cauca, han sido objeto de amenazas e intimidación. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Así empezó el acto de protesta y memoria en Ituango, seis meses después de que esos mismos hombres, mujeres y niños se vieron obligados a tomarse el coliseo y armar allí un campamento improvisado. En mayo de este año, un taponamiento en uno de los túneles de Hidroituango causó una crecida súbita del río Cauca y miles de personas tuvieron que ser evacuadas de su ribera, donde vivían y trabajaban, para buscar albergues o desplazarse hacia otros municipios a intentar conseguir mejor suerte.

La vida en el coliseo no es fácil, pero se las arreglan. Montaron carpas por familias, tienen una cocina pequeña y una olla comunitaria, colgaron las vallas y los telares que usan en las protestas y afuera, en un pastal tras una reja, sembraron una huerta con lechuga, albahaca, cilantro y otros alimentos. Las atarrayas y las bateas con las que trabajaron toda su vida están por ahí, de adorno, arrumadas, en desuso.

A los cañoneros y cañoneras se les juntó un problema de hace años, el de la verdad sobre sus seres queridos asesinados o desaparecidos, con uno más reciente, el de la emergencia ambiental por los daños en el proyecto hidroeléctrico. Entre los dos hay un cruce aterrador: el llenado de la represa pudo haber cubierto de agua decenas de fosas comunes y sitios de enterramiento. Allí podría estar sumergida la verdad que buscan.

En mayo hubo una audiencia pública en la CIDH, donde la Fiscalía dijo que investigaba 502 casos de desaparición forzada, pero los líderes de Ríos Vivos Antioquia exigen que las investigaciones avancen más rápido. Y que, de ser necesario, se vacíe el embalse. Todo eso sucede mientras varios grupos armados siguen rondando el territorio. En los últimos meses, varios líderes y lideresas de Ríos Vivos Antioquia han denunciado amenazas de muerte.

canoneros rio cauca3Tomados de las manos y con los puños en alto, los habitantes del cañón del río Cauca hicieron un minuto de silencio por sus muertos. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Parados sobre una tarima en la plaza principal de Ituango, con la cabeza en alto, Isabel Zuleta y otros voceros del movimiento leyeron durante una hora, una por una, las 110 masacres ocurridas en su territorio desde 1958. Las de Santafé de Antioquia, las de Liborina, las de Olaya, las de Buriticá, las de Sabanalarga, las de Peque, las de Toledo, las de Briceño, las de San Andrés de Cuerquia, las de Yarumal, las de Ituango, las de Valdivia, las de Tarazá, las de Cáceres, las de Briceño, las de Caucasia y las de Nechí. Después de cada una gritaron “¡nunca más, nunca más, nunca más!”.

En la noche, el silencio se convirtió en fiesta. En una chiva repleta se fueron a buscar el río en la vereda El Líbano, a una hora del casco urbano de Ituango. El agua, dijeron, estaba varios metros más arriba que unas semanas atrás y se había tragado otro tramo de la carretera, que debe ser cruzado en ferri.

Sus caras se transformaron apenas estuvieron junto al ‘Patrón Mono’, como llaman al río Cauca. Amarraron anzuelos y se montaron en dos canoas encalladas, cantaron trovas improvisadas, hicieron aguapanela comunitaria, se mojaron hasta las rodillas e intentaron pescar con las manos y una linterna.

“El río nos daba todo, lo que uno quisiera”, dijo una de las participantes de la conmemoración, Cecilia Muriel. Aunque ese tono de nostalgia a veces se convertía en desilusión: el río está muerto, el río está sucio, el río no tiene cauce, dijeron también algunos.

canoneros rio cauca4El desbordamiento del río Cauca causó que las dinámicas creadas entre las mismas comunidades, como la pesca y el trueque, cambiaran drásticamente. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Cerca de medianoche hubo silencio. Cada uno tenía en sus manos una pequeña barca de madera con una vela adentro. “Que toda la fuerza que podamos depositar en esas barcas la pongamos en este charco. Vamos a encender las velas y las vamos a lanzar todas al tiempo”, les indicaron.

El momento más solemne ocurrió antes de encenderlas. Megáfono en mano, voluntariamente se pararon a dar unas palabras, a entregar sus esperanzas al río, a pedir deseos o hacer reclamos. Casi todos lo hicieron. Mientras uno hablaba, el resto bajaba la mirada.

“Esta luz la mando por esos compañeros que han fallecido en nuestra lucha”. “Que sea un recuerdo muy bonito que le entregamos a este río, que ya no es río sino pozo”. “A todos los seres queridos que el río acogió y tiene abrazados sin que sepamos de ellos, que reciban esta lucecita con mucho cariño. Que sepan que no están en el olvido”. “Con esta luz pido paz para todos, hasta para los que nos han hecho tanto daño, porque todos merecemos vivir”.

De mano en mano, pasaron las barcas con las velas prendidas hasta las canoas y a la cuenta de tres las entregaron al río, que lentamente se las llevó hacia el horizonte.

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portada 30 anos masacre segoviaLos habitantes de este pueblo antioqueño conmemoraron a las 46 víctimas de la masacre perpetrada por los paramilitares hace tres décadas. Este acto sirvió para recordar al pueblo que alguna vez fue remanso de oro y paz.

A cada persona que entró al auditorio del Museo Casa de la Memoria de Medellín le entregaron un clavel blanco. Las paredes las decoraron con las fotografías de las personas que ya no están porque los desaparecieron o los mataron. En el escenario, un pequeño altar con mantel blanco rodeado de más flores y, sobre el mantel, un listado con los nombres de los 46 hombres y mujeres que asesinaron hace tres décadas en las calles de Segovia, al norte de Antioquia: Pablo, Shirley, Libardo, Jorge, Rosa, Luz, Jesús, Roberto... El listado completo lo leyeron al final del acto.

Se trató de la conmemoración en Medellín de los 30 años de la masacre de Segovia, el pasado 11 de noviembre. Llegaron un poco más de 100 personas para recordar lo que pasó pero, especialmente, para encontrarse. La mayoría pertenece a ASOVISNA (asociación que reúne buena parte de los sobrevivientes y familiares), viven en la capital antioqueña desde hace años y hablan sobre su pueblo como si se tratara del paraíso perdido. Recordaron los familiares muertos, sí, pero a leguas se notaba que la conmemoración también les servía como pretexto para preguntar por familiares, amigos o el hijo “de tal” que se atrevió a regresar al nordeste a trabajar en minería a pesar de continuar como “zona roja” en términos de violencia.

Hubo lágrimas. Hacer la conmemoración de la primera gran masacre de la historia del conflicto armado en Colombia cometida en un casco urbano, también es recordar el miedo y el dolor que ha acompañado a los sobrevivientes durante años. Para algunos, esos sentimientos están acompañados por un deje de frustración política, pues gran parte de las víctimas pertenecían a las disidencias políticas del momento, en especial, simpatizantes y militantes de la Unión Patriótica (UP). Hace siete años elCentro Nacional de Memoria Histórica lanzó el informe “Silenciar la Democracia”, en alusión a la gran mordaza impuesta ese 11 de noviembre y a las 200 personas asesinadas selectivamente entre 1982 y 1997 en esta región. Sin contar con las otras 14 masacres que ocurrieron en la zona y que dejaron 147 víctimas fatales. No todas eran de la UP, también hubo del Partido Conservador, del Liberal, de las juntas cívicas y de las juntas sindicales.

La masacre de Segovia del 88 es la más conocida por la opinión pública por lo que implicó en términos de terror y sevicia, y porque casi cada familia del pueblo tiene una historia que contar sobre ella. Pero algunos de los asistentes al acto conmemorativo en Medellín hablaron más de lo ocurrido a mediados de los noventa, cuando un comando paramilitar perpetró un alto número de asesinatos colectivos. Fue ahí -recuerdan- cuando colapsaron las relaciones comunitarias, y el miedo a pensar y hablar de una manera diferente se apoderó de la gente. Fueron asesinados líderes campesinos, autoridades locales, exalcaldes, exconcejales, profesores y miembros de la Fuerza Pública. A veces, dichas muertes eran precedidas de secuestro o desapariciones forzadas. Aún no se sabe el paradero de algunos de ellos. Aunque los actores y la forma de la guerra han cambiado después de 1998, esta se ha perpetuado hasta hoy, a tal punto que varios de los asistentes también hicieron memoria de familiares asesinados hace tan sólo cinco o seis meses.

30 anos masacre segovia2“Como ciudadanos debemos trabajar por la verdad y la justicia. Si no lo hacemos, nos convertimos en cómplices de nuestra historia”, afirmó el cura durante la misa de conmemoración. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

El fin de semana del 11 y 12 de noviembre, también se realizaron conmemoraciones en Segovia, lideradas por otras dos organizaciones de víctimas: la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño Cahucopana (Cahucopana), y la Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Reiniciar; quienes estuvieron acompañados por organizaciones campesinas de la región, organismos internacionales y la Alcaldía del municipio.

Además de un acto solemne en la plaza central, hubo un recorrido por las calles y lugares donde hace treinta años fueron asesinadas las 46 personas (desde el barrio La Madre hasta la plaza central). La marcha fue acompañada por familiares de víctimas, miembros de las organizaciones civiles, funcionarios locales, dos bandas marciales y estudiantes de colegio, quienes se unieron –durante las dos horas que duró el recorrido- para hacer memoria colectiva de un hecho que no debió ocurrir.

Carlos Morales, líder de Cahucopana, hizo énfasis, especialmente, en las exigencias de justicia y las garantías de no repetición. “Para hablar de justicia, hay que empezar por conocer toda la verdad”, dijo en la plaza. Según las investigaciones judiciales, la violencia política del nordeste estuvo protagonizada por redes criminales articuladas por miembros activos de la Fuerza Pública que operaban en la región, unidos a civiles y grupos paramilitares. Por la masacre de Segovia de 1988 hay condenas contra paramilitares, militares y un político.

30 anos masacre segovia3La esperanza que existe entre los segovianos es que exista una nueva generación que reivindique la dignidad y la vida. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH   

Pero no es suficiente. Por eso, representantes de la Comisión de la Verdad y de la Justicia Espacial para la Paz (JEP) fueron invitados a Segovia para que acompañaran la conmemoración. Allí se sentaron en la plaza central a escuchar a las víctimas que quisieron compartir su testimonio. “El genocidio contra la UP es un caso que está en la JEP, cuyo reto es poder contar a la sociedad y a las víctimas qué fue lo que pasó y poder establecer los máximos responsables”, dijo Reinere de los Ángeles Jaramillo, magistrada del Tribunal de paz de la JEP.

A dicha frase tal vez habría que agregarle la necesidad porque Segovia vuelva a ser un lugar digno para vivir en paz, y donde pensar diferente no se convierta jamás en un pretexto para que llegue la muerte.

Listado personas asesinadas el 11 de noviembre de 1988

Pablo Emilio Gómez Chaverra
31 años, minero, simpatizante de la UP, esposo de María del Carmen Idárraga

Shirley Cataño Patiño
11 años, estudiante

María del Carmen Idárraga de Gómez
33 años, ama de casa, simpatizante de la UP

Jorge Luis Puerta Londoño
41 años, secretario del Juzgado de Instrucción Criminal de Segovia

Carlos Enrique Restrepo Pérez
77 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, simpatizante del Partido Liberal, padre de Carlos
Enrique y Gildardo Antonio Restrepo

Libardo Antonio Cataño Atehortua
Minero

Carlos Enrique Restrepo Cadavid
26 años, carnicero, simpatizante del Partido Liberal

Luz Evidelia Orozco Saldarriaga
20 años, mesera

Gildardo Antonio Restrepo Cadavid
35 años, minero, simpatizante del Partido Liberal

Rosa Angélica Masso Arango
20 años, mesera

Luis Eduardo Sierra
41 años, mecánico, transportador, militante de la UP, cuñado de Jesús García

Jesús Antonio Benítez
34 años, minero

Jesús Antonio García Quintero
41 años, minero

Pablo Emilio Idárraga Osorio
31 años, minero

Luis Eduardo Hincapié
40 años, cotero, simpatizante de la UP

Roberto Antonio Marín Osorio
34 años, empleado de la Frontino Gold Mines, simpatizante de la UP

Fabio de Jesús Sierra Gómez
38 años, albañil

Luis Adalberto Lozano Ruíz
45 años, tendero

Diana María Vélez Barrientos
21 años, ama de casa

Guillermo Darío Osorio Escudero
52 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, arrendador de caballos, simpatizante de la UP

Olga Lucía Agudelo de Barrientos
42 años, ama de casa

María Soledad Patiño
Ama de casa

Luis Ángel de Jesús Moreno San Martín
16 años, minero

Juan de Dios Palacio Múnera
Minero

Henry Albeiro Castrillón
21 años, cotero, tío de Francisco William Gómez

Jesús María David
Minero

Francisco William Gómez Monsalve
10 años, estudiante

NN masculino
31 años, indigente

Jesús Eduardo Hernández Sierra
Minero

NN masculino
30 años, indigente

María Dolly Bustamante
23 años, ama de casa

Robinson de Jesús Mejía Arenas
31 años, albañil, vendedor de rifas

José Danilo Amariles Ceballos
26 años, minero

Julio Martin Flórez Ortiz
26 años, minero

Jairo Alfonso Gil
Minero

Regina del Socorro Muñoz de Mestre
34 años, empleada de la Frontino Gold Mines

Jairo de Jesús Rodríguez Pardo
46 años, conductor empleado del Municipio de Segovia

José Abelardo Osorio Betancur
46 años, minero

Jesús Emilio Calle Guerra
39 años, despachador de vehículos de servicio público, simpatizante de la UP

Oscar de Jesús Agudelo López
49 años, minero

Guillermo de Jesús Areiza Arcila
32 años, minero

Jesús Orlando Vásquez Zapata
26 años, minero

Fabio Arnoldo Jaramillo Fernández
52 años, minero

Jesús Avalo
28 años, transportador

Jesús Aníbal Gómez García
41 años, minero

Erika Milena Marulanda
15 años, estudiante

Publicado en Noticias CNMH

La conmemoración por los 30 años de la masacre de Segovia, Antioquia, rendirá homenaje a las 46 víctimas que dejó la incursión paramilitar perpetrada el 11 de noviembre de 1988. Sus participantes harán un recorrido histórico por los lugares donde fueron asesinadas.

Para las familias y las organizaciones sociales, la verdad frente a los hechos ocurridos en 1988 es fundamental para alcanzar una transición hacia la paz en el municipio.

Según el informe del CNMH, Silenciar la democracia: Las masacres de Remedios y Segovia (1982-1997), en el Alto nordeste antioqueño se registraron 32 masacres entre 1982 y 2002.

El próximo 11 de noviembre se llevará a cabo la conmemoración “La verdad, un camino hacia la reconciliación. Nunca más una masacre en Segovia”. Esta acción simbólica, organizada por los familiares de las víctimas, las organizaciones sociales y la administración municipal, busca interpelar a la sociedad frente al asesinato de 46 personas ocurrido el 11 de noviembre de 1988.

La conmemoración iniciará con una eucaristía por el barrio La Madre en Segovia y sus participantes harán un recorrido histórico por las paradas en lugares donde fueron asesinadas las víctimas. En la plaza central también se hará una jornada contra el olvido que incluye la instalación de un foro, actos culturales y simbólicos.

Hace 30 años, los sueños por un cambio alternativo en el municipio de Segovia fueron interrumpidos por la violencia paramilitar. Los conflictos sociales producidos por el auge del oro a principios de los años 80 en la región, además de su acelerado crecimiento demográfico, derivaron en un movimiento social liderado por los sindicatos de la región.

Desde 1986, con la apertura electoral fruto de la descentralización política del Estado, varios de estos movimientos sindicales, sociales y campesinos se unieron al partido de la Unión Patriótica (UP) transformándose en actores determinantes del proceso electoral y la protesta social. El partido de la UP logró ganar las alcaldías de Apartadó, Mutatá, Remedios, Yondó y Segovia en el departamento de Antioquia. Sin embargo, esto también les llevó a convertirse en blanco particular del escalamiento de la violencia del conflicto armado.

Desde que la UP alcanzó 6 de las 10 curules en los respectivos concejos municipales de Segovia y Remedios a sus habitantes los tildaron de guerrilleros y comunistas. El punto más álgido de la violencia llegó el 11 de noviembre de 1988, cuando una alianza criminal entre miembros de la Fuerza Pública, paramilitares del Magdalena Medio y políticos regionales bajo el nombre de “Muerte a Revolucionarios del Nordeste” (MRN) asesinó a 46 personas y según la comunidad dejó sesenta personas heridas y familias desplazadas incluyendo a la Alcaldesa de la UP en ese entonces, Rita Ivonne Tobón Areiza, quien se encuentra en el exilio.

Por estos hechos, la Corte Suprema de Justicia condenó a 30 años de prisión al ex representante a la Cámara por el Partido Liberal, César Pérez, quien se alió con miembros del Batallón Bomboná y del comando de Policía de Segovia, así como con los paramilitares Fidel Castaño y Henry Pérez, este último ex jefe de las Autodefensas de Puerto Boyacá, para cometer esta masacre luego de que su partido perdiera las elecciones del 86. En su momento fue condenado Fidel Castaño como determinador y 2 civiles y 5 miembros de las Fuerza Pública por su participación en la planeación y ejecución de las amenazas y la masacre.

A pesar del dolor que han dejado las heridas de la guerra, durante los últimos 8 años, la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño (CAHUCOPANA) y la Corporación Reiniciar vienen impulsando anualmente la conmemoración de este hecho, con el objetivo de seguir exigiendo la verdad sobre lo sucedido, para que así haya justicia, reparación y garantías de no repetición.

“Queremos un municipio donde se respete la vida de aquel que piensa diferente, donde los campesinos y campesinas no sean estigmatizados, donde los líderes, lideresas y los defensores de derechos humanos puedan caminar libremente sin temor alguno”- Líder de Segovia.

Fecha: 11 de noviembre de 2018
Hora: 09:00 a.m.
Lugar: Barrio La Madre
Segovia, Antioquia

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