En nombre del CNMH presento un cordial saludo a…… y a todos los presentes que nos honran con su presencia.

Antes de referirme al contenido e importancia del convenio que presentamos ante la opinión pública quiero dedicar unos minutos a un problema que interesa a la sociedad colombiana y del que se derivan, en medio de grandes equívocos, muchos desacuerdos, expectativas razonables o infundadas, inquietudes a granel y hasta miedos. Se trata del tema de la verdad histórica sobre el llamado conflicto armado interno que ha afectado el país desde hace más de cinco décadas.

Un tema sobre el que ha brillado más el debate político e ideológico que la controversia y la discusión académica y científica. Quizás algunos de ustedes piensen que tienen claridad frente al tema, que la verdad es algo que existe previamente a la actividad investigativa, que lo que hace falta es averiguar dónde está, descubrirla y hacerla visible.

Me ubico en el campo de los que miramos el problema con más inquietudes que certidumbres, de los que nos hacemos preguntas como ¿qué es, en qué consiste y cómo se alcanza la verdad? Y en aras de simplificar pienso que a diferencia de la vivencia religiosa en el que la verdad es un dogma incuestionable, una creencia esencial, y del uso político de la noción que da lugar p.e. a crear la ilusión de que la verdad nos hace libres, hay que acotar el terreno a dos tipos de verdad que están más al alcance, no obstante su naturaleza diversa, de llegar a conclusiones corroborables o constatables: la verdad jurídica y la verdad interpretativa.

La primera nos remite a la constatación de hechos verificables, individualizables, en los que es factible establecer la certeza de hecho o acontecimiento anormal y que este tuvo lugar en un determinado momento, lugar, modalidad y tiempo que, a través de la investigación penal, forense, etc., da elementos a un juez o jurado para determinar la culpabilidad o la inocencia de alguien. La naturaleza de esta verdad es que tiende a cerrar el campo a la especulación, a buscar un cierre en cuanto no da lugar a grandes especulaciones o controversias de corte científico. Rehacer lo factual, es decir, lo ocurrido, lo más cerca posible a como en realidad ocurrió y concretar responsabilidades individuales está en el centro del interés de la justicia.

La verdad interpretativa es hija de las nociones y las instituciones propias del mundo científico, es aquella que es fruto de ejercicios de investigación que se proyecta más allá de la realidad factual sin despreciar los hechos constitutivos de un fenómeno o situación sobre la cual se interviene con el fin de hacerlo inteligible. Por lo mismo, no asume la verdad como algo que subyace en el hecho o en lo fáctico sino que considera esos hechos como ingrediente de la ensaladera de objetos que han de ser tenidos en cuenta en el análisis o estudio. Es decir, la verdad es el fruto de una construcción en el marco de un proceso de intervención intelectual en el que se parte del planteamiento de sombras, dudas e inquietudes para formular hipótesis que han de ser abordadas por estudiosos calificados y reconocidos.

La verdad histórica de corte interpretativo no es algo así como un tesoro escondido o un secreto por descubrir, es ajena al mundo de las creencias, al de la fe, al de las opiniones librescas, al dogma preestablecido, a las visiones de cierre que dan por resuelto toda inquietud, pregunta o debate.

La verdad histórica en sentido moderno, profesional y disciplinalmente, consiste en el estudio sistemático de un problema o fenómeno teniendo en cuenta un amplio universo de diversas fuentes de información, de hechos, de tiempos, sustentada en búsqueda de archivos, en lecturas de coetáneos testigos privilegiados de su tiempo, en balances de lo que se ha publicado, en principios establecidos por comunidades académicas reconocidas, en metodologías de amplio uso, desde las cuales el investigador individual o en equipo logra llegar a conclusiones que tienen la naturaleza de ser abiertas a la consideración y evaluación por pares partícipes de esas comunidades.

De modo que la verdad en este sentido no es pues algo definitivo, sino que se entiende como un conocimiento acumulado desde el esfuerzo de los investigadores profesionales. Que el producto quede abierto a la constatación y que pueda ser contrastable no va en detrimento de la creación de certezas colectivas, de puntos de inflexión que constituyen el acervo de cada disciplina, algo así como axiomas derivados de consensos amplios después de haber experimentado en la metodología de ensayo y error.

Sobre esta noción de verdad histórica interpretativa podríamos extendernos mucho más, y es deseable que esto ocurra en el mundo académico no tanto para llegar a una definición satisfactoria y unánime sobre la verdad, más sí para evitar caer en visiones prejuiciadas o en equívocos que conducen a falseamientos con graves consecuencias.

Pero, debo al menos justificar el porqué de unas cuantas de las muchas divagaciones que se me ocurren en relación con el reto misional que nos señala la ley 1448 de víctimas. Por dicha ley y por los debates políticos cubiertos con gran despliegue por los medios, los colombianos están expectantes y esperanzados con la búsqueda de la verdad sobre lo que nos ocurrió durante el conflicto armado que, supuestamente concluyó, según el expresidente Juan Manuel Santos con el acuerdo de paz que firmó con la guerrilla de las Farc.

De ahí nació una nueva entidad, la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, ya en marcha y dirigida por el sacerdote jesuíta Francisco de Roux. Esfuerzos diversos de entidades e instituciones que trabajan sobre un tema común desde lenguajes y enfoques que no convergen o no se identifican. De todo este enredo lo que me queda claro es que no tenemos claridad acerca de lo que estamos tratando de establecer, construir o descubrir.

Pretenderé entonces explicar, muy sucintamente, qué es lo que desde el CNMH entidad que dirijo y en alianza con Colciencias, nos proponemos hacer bajo la sombra de este convenio que hoy presentamos.

Es, digámoslo así, la primera fase de una idea que rondaba en mis pensamientos desde antes de asumir el cargo, construir con Colciencias, el ente encargado de modelar, dirigir y estimular la investigación científica en Colombia desde hace décadas, un convenio a través del cual se pueda convocar a los miembros de la comunidad académica para que aporten sus estudios y proyectos a que exista un mayor y más variado universo de conocimientos sobre el llamado conflicto armado interno y por ende a una mejor comprensión de lo ocurrido.

Esa aspiración parte de reconocer que el esfuerzo del equipo de dirección del CNMH es insuficiente para ser tenido visto como el autor de la verdad hallada o al fin revelada. Las investigaciones que se tradujeron en resonantes publicaciones como el Basta Ya, título más apropiado para la experiencia de confrontación armada en el marco de dictaduras y de políticas oficiales de terror y exterminio, fueron adelantadas por un pequeño grupo de intelectuales que no representan el amplio espectro de investigadores nacionales.

A los investigadores que no fueron convocados ni tenidos en cuenta es a los que hoy empezaremos a convocar para que participen de la convocatoria que iniciaremos dentro de pocos días. Y entonces queremos responder a la pregunta natural por el qué es lo que buscamos con este convenio en el que el CNMH aporta 5.600 millones de pesos, Colciencias su plataforma y su experticia, además de la vinculación de jóvenes investigadores.  Ahí tienen ustedes un primer acierto, desligar la investigación como responsabilidad de una entidad que no tenía ni tiene el músculo ni la preparación ni el dominio de las herramientas para impulsar la investigación en términos acordes con las exigencias del mundo académico, y optar por una alianza con quien sí sabe de ello, Colciencias.

En segundo lugar, las investigaciones que se desarrollen en este contexto tendrán una transparencia a toda prueba porque la plataforma de conciencia es prenda de garantía de no intervención de intereses ideológicos, políticos o religiosos en la selección y desarrollo de los proyectos. En tercer lugar, habrá reales garantías para que los resultados de esas investigaciones gocen de credibilidad y sean reconocidas por los pares respectivos. En cuarto lugar, daremos lugar a una atmósfera de apertura del problema y a que se entienda que el tema de la memoria histórica y de la verdad interpretativa o conocimiento científico no está resuelto y que quizás, tal como ha ocurrido con numerosos eventos del pasado de la humanidad, la controversia y las dudas nos persigan por muchísimos años.

Queremos actuar con responsabilidad sin eludir la misión que no es otra que la de contribuir al esclarecimiento y a la comprensión de lo vivido, y pienso que el camino por el que hemos optado, singularizado en este convenio, es el más acertado y el que más confianza nos puede proporcionar.

El gran tema que ilumina este convenio marco es el relativo al impulso de la investigación sobre el conflicto armado y su relación con las memorias de las víctimas y otros problemas y fenómenos derivados y conectados con las violencias políticas como el narcotráfico, la evolución del estado, la afectación de la economía, los derechos humanos y el DIH, los daños al medio ambiente, etc. Financiaremos 15 proyectos entre los grupos de investigación reconocidos y clasificados por Colciencias adscritos todas las universidades públicas y privadas, así como a los centros de investigación independientes.

Cabe aclarar por parte del CNMH que no renunciamos a realizar convenios con universidades, centros de investigación y grupos de investigación reconocidos sobre problemas similares de carácter comprehensivo y que reconocemos que otras entidades, públicas y privadas avancen por sus propios medios en el estudio sistemático de problemas relativos al conflicto armado y a las violencias políticas.

Hay quienes miran el país con interés y deseos de cooperación desde afuera y también los colombianos que esperan tener a la mano mejores herramientas para comprender los problemas del pasado inmediato, y para responder a esas expectativas, nosotros, Colciencias y el CNMH convocamos a los grupos de investigación del área de las ciencias sociales y humanas para que participen de esta convocatoria.

Muchas gracias.

Rubén Darío Acevedo Carmona
Bogotá, D.C. 27 de agosto de 2019

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Portada Maestras y maestros de 16 departamentos se reunieron en NariñoPasto y Samaniego fueron las sedes del IV Encuentro de la Red de Maestras y Maestros por la Memoria Histórica y la Paz de Colombia. Allí, cerca de cuarenta docentes se reunieron para intercambiar experiencias y conocimientos sobre cómo abordar la memoria histórica en las aulas de clases”.

La Red de Maestras y Maestros por la Memoria Histórica y la Paz de Colombia ratificó su compromiso de seguir trabajando unidos y aprendiendo juntos para que las niñas, niños y jóvenes colombianos en edad escolar reconozcan los hechos y actores del conflicto armado colombiano. Esto sucedió durante el IV encuentro de la Red, realizado en Pasto y Samaniego (Nariño) desde el miércoles 21 hasta el viernes 23 de agosto.

En el acto de apertura, realizado en la Gobernación de Nariño, el actual Secretario de Gobierno Departamental, Mario Viteri, resaltó la importancia de la Red, afirmando “que la escuela es y debe seguir siendo el escenario más pertinente para que las nuevas generaciones conozcan el horror que han tenido que vivir muchos de los territorios, especialmente los rurales, para que entiendan que esto no puede volver a suceder”.

Al Encuentro asistieron maestras y maestros procedentes de instituciones educativas de 16 departamentos, entre ellos Cauca, Arauca, La Guajira, Bolívar, Caquetá, Antioquia, Nariño y Huila. El evento fue liderado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y contó con el apoyo de la Gobernación de Nariño, la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo y la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ), a través de su programa PROPAZ y el consorcio Ambero.

De acuerdo con Ehivar Enoc Bermúdez, docente procedente de Patía (Cauca), “este Encuentro era fundamental para la Red porque estamos en un momento delicado. Por un lado algunas zonas, especialmente alejadas de los cascos urbanos, vuelven a sentir el peso de la violencia y las escuelas y estudiantes vuelven a sentirse amenazadas por grupos armados, pero además nos hacía falta un espacio de encuentro para compartir experiencias y establecer compromisos que nos permitan seguir trabajando como red”.

María Andrea Rocha, quien lidera el equipo de Pedagogía CNMH, explicó que “este espacio era necesario para seguir afianzando liderazgos y que cada uno de los profesores cuente con herramientas para que al volver a su territorio pueda seguir impulsando el crecimiento de la Red”, y agregó que “la mayor preocupación de los docentes en este momento es cómo lograr que la Red sea autónoma y sostenible en el tiempo”.

En ese sentido, uno de los compromisos y resultados del Encuentro fue precisamente el diseño de planes de trabajo territoriales donde los docentes trazaron una línea de ruta en los que permitirá seguir avanzando. “Todos nos comprometimos a identificar actores estratégicos en cada territorio para hacer posibles los procesos de memoria desde las regiones. La idea es que en el mediano plazo, además de algunos apoyos del CNMH, podamos comenzar a sumar otros aliados para sacar adelante todo lo que nos hemos propuesto”, confirmó el docente de Puerto Berrío (Antioquia), Hugo Alonso Calderón.

Para esto, el Encuentro ofreció actividades y paneles, además de visitas a iniciativas del territorio, donde se presentaron ejemplos que ilustran cómo activar la Red en el nivel territorial y cómo establecer vínculos con actores estratégicos. En este caso, las maestras y maestros tuvieron la oportunidad de mostrar y conocer distintas iniciativas que sus pares han puesto en marcha.

Mario Viteri, Secretario de Gobierno de Nariño, hizo un llamado a todos los docentes y organizaciones territoriales para apoyar a la Red. Según dijo, “Es necesario reconocer nuestra historia para reconstruir a nuestra sociedad desde la resiliencia. Es necesario que los jóvenes conozcan lo que sucedió y lo debatan desde las aulas para que no se repita”.

Mónica Daniela Galeano, quien asistió al Encuentro desde Medellín, concluyó que “Es importante trabajar la memoria histórica desde las aulas porque tanto docentes como estudiantes debemos reconocernos como actores fundamentales de la construcción de paz. Reconocer los lugares, actos y violencias que hemos vivido nos permiten construir relatos comunes que nos lleven la comprensión de que esto no puede volver a pasar”.

Recuerdos desde mi Wayco

Como parte del IV Encuentro de la Red de Maestras y Maestros por la Memoria Histórica y la Paz de Colombia, los docentes hicieron una visita de campo al Museo Escolar Recuerdos de mi Wayco en la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta, de Samaniego, donde estudiantes y docentes trabajan de la mano y de manera interdisciplinar para investigar, preservar y aprender sobre los hechos sucedidos como parte del conflicto armado colombiano.

Según explicó Martha Andrade, docente de ciencias sociales responsable del Museo, “se trata de una iniciativa nacida desde 2016 que busca recuperar la memoria de las víctimas. Los estudiantes reciben formación sobre el contexto del conflicto armado y sobre herramientas como la realización de entrevistas y la investigación, guiones museográficos y realización de videos, y posteriormente salen a campo a trabajar con las víctimas para la elaboración de relatos y piezas que luego se incorporan al Museo”.

“Para mí ha sido importante participar del trabajo en el grupo del Museo porque he aprendido a conocer a mi municipio y su historia; además de mecanismos de empatía que nos ayuden a relacionarnos y emprender acciones en favor de las víctimas y su entorno”, expresó la estudiante de grado 11, Andrea Ramírez.

Según explicó Víctor Ávila, integrante del equipo de pedagogía CNMH y organizador del Encuentro, “este tipo de espacios son importantes porque los docentes se llevan una idea clara de acciones que pueden emprender en sus territorios. Es un ejercicio que les ayuda a inspirarse desde el ejemplo”.

Por su parte, la profesora Marcela Peña, de Isnos (Huila), concluyó que conocer estas iniciativas es la esencia de la Red: observar y ver lo que hacen los otros es una forma de recargamos de energías positivas y llevarnos nuevas propuestas para nuestros territorios y, sobre todo, para nuestros estudiantes”.

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Informe del  Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) sobre las memorias de personas LGBT en el Magdalena Medio. Un libro que fue realizado en respuesta a la primera orden judicial de la Sala de Justicia y Paz, del Tribunal Superior de Bogotá, contra varios postulados de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB), por crímenes cometidos contra esta población.

  • Entre 1981 y 2016, en el marco del conflicto armado colombiano, se registraron en el Magdalena Medio 175 personas LGBT víctimas en 39 municipios de la región, quienes sufrieron un total de 261 casos de violencia.
  • De estos 39 municipios, Barrancabermeja (Santander) aparece como el lugar de ocurrencia del mayor número de casos, con 79, lo que se explica por su densidad poblacional. En segundo lugar, está Puerto Boyacá (Boyacá) con 49 casos y, en tercero, Puerto Berrío (Antioquia) con 19.
  • Del total de los casos, 118 son responsabilidad de paramilitares, seguidos, con una distancia significativa, por las guerrillas con 34 casos. 

Las memorias de las personas LGBT en medio de las dinámicas de la guerra, expuestas en este informe, nos interpelan y confrontan frente a una realidad que como sociedad se ha querido ocultar, o bien se ha tratado con la indiferencia propia de las luchas ajenas. Ellos y ellas han afrontado múltiples formas de violencia desde la cotidianidad, pasando por el rechazo de sus propias familias hasta la aniquilación por parte de los grupos armados.  

“Durante el conflicto reciente ese desprecio ha sido incorporado en los repertorios de violencia desplegados por los actores armados, tanto en momentos de disputa territorial como durante el control social que han ejercido en los territorios”, explica el informe "Ser marica en medio del conflicto armado".

La investigación es clara en indicar que con la guerra las condiciones de exclusión y violencia de las personas LGBT se afianzaron, bajo la idea, normativa, de que “eso no está bien”, de que “eso debe ser eliminado”. “Quienes han creado y/o se han integrado a los grupos armados han aprendido de su contexto que ser marica está mal y han llevado esa premisa a sus planes de guerra, incluyendo a las personas de sectores LGBT entre el grupo de ‘indeseables’ que deben limpiar cuando acometen sus empresas de control territorial”, dice la investigación.

La sentencia, que se alza como un fallo histórico por ser la primera que reconoce crímenes cometidos por los paramilitares en contra de personas LGBT, se enmarca dentro del trabajo realizado por el CNMH, al reparar y dignificar a las víctimas del conflicto armado, desde sus propias voces, para brindar elementos de análisis para la comprensión de la guerra y las garantías de justicia, verdad y no repetición. En el fallo se exponen tres hechos emblemáticos en Puerto Boyacá (Santander) cometidos por las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB), que son: el homicidio y desaparición forzada de Mama Mía; la tortura en persona protegida y desplazamiento forzado de Papuchina; y el homicidio y desaparición forzada de Vicky.  

Por ello, a pesar de ser una sentencia contra un grupo paramilitar, las relatoras del informe realizaron una investigación que agrupó a todos los actores armados del Magdalena Medio, documentando también hechos de violencia por parte de las guerrillas con relación a desplazamientos forzados, amenazas y homicidios. Mientras que por el lado de la fuerza pública se registraron hechos de violencia física y homicidios. Los grupos paramilitares, al ser los mayores perpetradores, son los responsables de cometer delitos de violencia sexual, amenazas, homicidios y desaparición forzada. 

Pero más allá de ser un informe cuantitativo sobre los grupos armados, "Ser marica en medio del conflicto armado" elabora un contexto del Magdalena Medio bajo tres líneas que son: condiciones geoestratégicas; las dinámicas del conflicto armado, y los órdenes de género y sexualidad. Quienes lean este informe podrán conocer la memoria de las violencias heteronormativas en el conflicto armado, a través de las diferentes historias sobre violencia simbólica, amenazas, violencia física, asesinatos selectivos, desapariciones forzadas y violencia sexual, que produjeron, en la mayoría de los casos, desplazamientos forzados.

El ejercicio de memoria desde la diversidad, es algo que se ha venido trabajando a partir del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNCR), en el que se incorporó la línea de Memoria de género y guerra, donde se produjeron varios informes sobre la violencia sufrida por las mujeres, los daños y sus resistencias, allí se inscriben libros como “La masacre de Bahía Portete. Mujeres wayuu en la mira”, “Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el caribe colombiano”, y “Mujeres que hacen historia”. Además, se publicó el documento de los marcos conceptuales y las estrategias metodológicas aplicadas: “La memoria histórica desde la perspectiva de género”.  

Ya con la creación del CNMH, se recoge todo este trabajo realizado por el Grupo de Memoria y se inicia un proceso de memoria histórica con víctimas de sectores sociales LGBT. En diciembre de 2015 se publica el informe “Aniquilar la Diferencia. Lesbianas, gais, bisexuales y transgeneristas en el marco del conflicto armado colombiano”, y al tiempo se apoyan iniciativas de memoria histórica agenciadas por las víctimas LGBT. Así se publica, en 2018, el informe “Un carnaval de resistencia: Memorias del reinado trans del río Tuluní”.

Descargue aquí el informe.

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3fe7005bc74b5bd768bc5262ff4273e2 XLEl canal web de PQRSD es el único medio autorizado para la solicitud de publicaciones por parte de personas naturales, mientras que las bibliotecas, organizaciones y empresas deberán comunicarse por correo electrónico con el equipo de la estrategia Bibliotecas con Memoria.

Desde el 2017 el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) viene implementando una política de distribución de materiales y publicaciones, cuya finalidad es garantizar que un mayor número de personas accedan a los contenidos de la memoria histórica del conflicto armado. Para eso se ha habilitado un canal digital de PQRSD (peticiones, quejas, reclamos, sugerencias y denuncias) al cual se puede acceder desde aquí.

“El sistema de PQRSD en línea es el único canal oficial para que las personas naturales soliciten las publicaciones del CNMH. Es muy fácil de usar: solo se debe diligenciar el formulario en línea y seleccionar el material al cual se desea tener acceso”, afirmó Darío Acevedo, Director de la entidad; quien además complementó diciendo que cada solicitud es analizada de manera particular, pues algunos títulos están agotados, en cuyo caso se remite al solicitante a la versión digital en la página web del CNMH.

Adicionalmente, el CNMH cuenta con una estrategia llamada Bibliotecas con Memoria, a través de la cual se busca dotar a todas las bibliotecas del país, ya sean de carácter público o privado, a los centros de documentación, entidades de gobierno, universidades, ONG, organizaciones de víctimas y empresas privadas, entre otras, con los materiales y publicaciones existentes.

“Bibliotecas con Memoria es una estrategia cuyo fin es democratizar los resultados de las investigaciones sobre la memoria histórica del conflicto armado y convertirlos en un bien público, toda vez que se dota con colecciones completas a aquellos espacios donde cualquier persona pueda acudir y consultar los contenidos”, afirmó Jadín Samit Vergara, miembro del equipo Bibliotecas con Memoria.

Durante el año 2018 Bibliotecas con Memoria entregó dotación de materiales a más de 600 organizaciones de todo el país, además de realizar eventos de capacitación y activación pedagógica en varias regiones. Para este año, la estrategia llegará a los departamentos de La Guajira, Córdoba, Antioquia, Cundinamarca, Risaralda, Arauca, Caquetá y Chocó.

“El ejercicio de dotación de las bibliotecas se hace a nivel nacional, especialmente a aquellas que se encuentran en zonas rurales y apartadas. En cualquier caso, las bibliotecas que aún no cuenten con el material podrán ponerse en contacto a través del correo bibliomemoria@centrodememoriahistorica.gov.co y solicitarlo: desde el CNMH revisaremos cada solicitud de manera independiente y según nos sea posible les enviaremos los materiales de que dispongamos”, afirmo Vergara.

En este sentido, el canal de PQRSD es el único medio oficial para la solicitud de publicaciones por parte de personas naturales mientras que la estrategia Bibliotecas con Memorias es el canal oficial para todo tipo de organizaciones. Debido a la alta demanda de materiales y a que por cada uno se imprime una cantidad limitada, la mayoría de las personas naturales solo podrán acceder a la versión digital en la página web, pues desde el CNMH se está priorizando la distribución a bibliotecas donde los materiales se convierten en bienes de uso público.

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  • Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH, el número de víctimas fatales que registran en su base de datos entre 1958 y el 15 de septiembre de 2018 es de 261.619. El Registro Único de Víctimas identifica más de ocho millones de víctimas.
  • En lo que resta del año se respaldarán 25 iniciativas de memoria histórica que buscan visibilizar los relatos de víctimas que faltan por ser escuchadas.

Luego de ocho años de la entrada en vigencia de la Ley 1448 de 2011, también conocida como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el Centro Nacional de Memoria Histórica, en cabeza de su director, Darío Acevedo, ratifica el compromiso de reconstruir las memorias plurales del conflicto armado y contribuir al derecho a la verdad que tienen las víctimas.

La Ley 1448 dicta medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno. En ese sentido, el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, ha realizado más de 80 informes de esclarecimiento sobre masacres, violencia sexual, desplazamiento, minas antipersonal, secuestro, entre otras manifestaciones de las violencias. En el centro de todos siempre ha estado la voz de las víctimas.

“Recientemente asistimos al lanzamiento de dos museos muy importantes: el museo itinerante en Montes de María, llamado El vuelo del Mochuelo, que se desplazará por 15 municipios; y la muestra museística Suenan por ti, que se desarrolló en Cali como homenaje a los diputados del Valle y sus familias”, aseguró Darío Acevedo.

Cabe destacar que el apartado correspondiente a “las medidas de satisfacción” (artículo 170), establece que la reparación simbólica de las víctimas comprende la realización de actos u obras de alcance o repercusión pública dirigidas a la construcción y recuperación de la memoria histórica, el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y la reconstrucción del tejido social. “Seguiremos lanzando informes ordenados por jueces de la República, pero, sobre todo, estaremos en contacto con las víctimas en sus comunidades”, agregó Acevedo.

En ese mismo sentido, el CNMH próximamente iniciará una serie de acciones que van desde el soporte a la construcción de lugares de la memoria, hasta la ejecución de investigaciones sobre el conflicto armado, violencias políticas y memoria de las víctimas.

“En Medellín vamos a hacer trabajos de iniciativas de memoria con las Madres de la Candelaria, también iniciaremos un proceso para investigar la masacre de la Chinita por parte de las Farc contra un grupo de desmovilizados del Epl, y retomaremos la investigación por la muerte de nueve concejales en Rivera, Huila”, recalcó el director del CNMH.

Además, uno de los objetivos que se persigue al interior del CNMH es el de posibilitar la comprensión por parte de la sociedad civil, de la complejidad del conflicto armado. Para ello, se están diseñando estrategias que buscan garantizar la aparición de nuevas voces.

“Estamos liderando un convenio con Colciencias y en el que posiblemente también participe el Banco de la República. Con este, se busca aunar esfuerzos para hacer una convocatoria nacional que permita que todos los grupos clasificados por la institución presenten proyectos de investigación y así poder generar un mayor conocimiento”, sostuvo el director.

Desde el Centro Nacional de Memoria Histórica queremos recalcar que a futuro, los principios y fundamentos de igualdad, dignidad y respeto por el enfoque diferencial, continuarán siendo guía para garantizar que las víctimas sobrelleven su sufrimiento y, en la medida de lo posible, restablezcan los derechos que les han sido vulnerados. Estas medidas se entenderán como herramientas transicionales para responder y superar las violaciones contempladas en el artículo 3° de la presente ley. ¡Qué la memoria nos permita la reconciliación!

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reunion representantes victimas cnmh 01Esta pregunta se hacen María Isabel García y Humberto Ariza, los dos representantes de las víctimas en el Consejo Directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), quienes, de manera franca, le piden a la Corte Constitucional ver con detenimiento la demanda impuesta por los exministros Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera para ampliar la Ley 1448 hasta 2030.

En el momento que María Isabel García tuvo que desplazarse de la comuna 13 de Medellín, en 2010, su mente y corazón estaban luchando contra todo vacío interior causado por el conflicto, y su única motivación era salvar a su familia. Junto a su esposo, y sus cuatro hijas,  empacaron sus recuerdos y emprendieron un recorrido incierto. El desplazamiento, a simple vista, generó en ella marcas invisibles que se esconde en su enorme sonrisa. Hoy, 9 años después, con 50 años, es la coordinadora de la Mesa de Víctimas de Risaralda, donde, con el tiempo y tenacidad, se convirtió en una líder indiscutible en la región, recibiendo, lastimosamente, no sólo buenas noticias por su trabajo: “Actualmente cuento con esquema de seguridad por amenazas”, dice.

Esta mujer, de pelo rubio y ojos verdes, decidió empoderarse de las más de 500 personas sin identificar (NN) que se encuentran enterradas en el cementerio Monseñor Jesús María Estrada de Marsella, un lugar de estructura majestuosa, bella, que es patrimonio artístico e histórico de la Nación. “Hoy el municipio debe ser un lugar priorizado por la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, ya que contamos con 573 NN enterrados en el cementerio”, insiste María Isabel.

La desaparición forzada puede ser catalogada, dentro de todos los crímenes cometidos, como una de las estrategias más desgarradoras en la violencia armada del país. Según el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC), 80.472 personas fueron víctimas de este crimen desde 1958 a 2018, de las cuales 12 pertenecen al municipio de Marsella, donde vive María Isabel. Si el registro que muestra el Observatorio es tan bajo en esta región,  entonces ¿por qué en el cementerio hay centenares de NN?

Esta absurda ecuación estadística es el retrato desgajado que la muerte a través de la guerra ha dejado a su paso por las regiones de Colombia. Según el OMC el número de víctimas fatales que registran en su base de datos entre 1958 y el 15 de septiembre de 2018 es de 261.619. Todas estas cifras contrastan con la gentil aprobación que dan los pobladores del municipio de Marsella: “Es un lugar muy tranquilo”, dice María Isabel. Pero a principios de la década de los noventa se identificaba esta parte del eje cafetero como “uno de los municipios más violentos del país”, debido a los indicadores de homicidios reportados por el DANE en esa época. Sin embargo, esto no tenía nada que ver con la realidad que allí se vivía. El subregistro, al parecer mal informado, les daba el calificativo mortuorio a la comunidad, debido a los desaparecidos que el conflicto estaba arrastrando con aciago desde el Norte del Valle, y que bajaban por el río Cauca para detenerse en un remolino de la vereda Beltrán. Los muertos si eran colombianos, pero no de Marsella, venían de otra parte donde la guerra estaba en su máxima degradación.

El especial multimedia “Ríos de vida y muerte: tras la ruta de desaparición forzada en el río cauca”: explica que “las víctimas eran llevadas hasta una hacienda (En Trujillo, Valle del Cauca) donde las descuartizaban vivas con una motosierra, algunos hombres eran castrados, y eviscerados aquellos que serían lanzados a las aguas del río Cauca; a plena luz del día y con total impunidad. Este trato inhumano fue el que sufrió el sacerdote Tiberio Fernández, asesinado el 17 de abril de 1990 y cuyo cuerpo fue recuperado días después en el Cauca. Este caso emblemático dejó bien en claro que para los criminales no había límites ni personas intocables”.


 

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La historia de Marsella es compleja. No es un reducto de grupos armados, y sin embargo la guerra les encajó un estigma de pueblo violento el cual no le corresponde. “La historia de Marsella debe concientizarnos, y yo quiero hacerle un llamado a los que imparten la Ley, que nos faltan muchas víctimas por escuchar y reparar de las 8 millones según el Registro Único de Víctimas, es llamarlos para que sepan que a través del proceso de paz nosotras las victimas éramos el centro, se supone, pero somos el centro de nada porque nada nos beneficia ni siquiera hemos podido reparar la mitad de víctimas”, explica María Isabel mientras se debate entre llorar o contener sus lágrimas, tal vez de rabia o impotencia.

portada reunion representantes victimas cnmh Fotografía: Harold García/CNMH

El relato de Humberto Ariza no es menos desolador. También fue desplazado, de Villa Nueva Bolívar, y al único lugar que encontró llegar, gracias a un familiar, fue San Andrés. “Es muy duro, porque no eres reconocido, uno llega de ilegal porque no tienes residencia, con el tiempo debes certificar tu estadía en la isla, no eres un turista, pero tampoco eres un ciudadano. Yo para salir y volver a entrar debo tener aprobación. Los desplazados no teníamos nada, gracias a la Ley de Víctimas empezamos procesos que hasta el día de hoy los hemos mantenido”, dice.

Al ingreso de la Corte Constitucional reza la frase de Santander: “Colombianos las armas os han dado independencia, las leyes os darán libertad”, hoy está en manos de ellos la demanda impuesta por los exministros Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera y muchos representantes de víctimas, como María Isabel y Humberto, les piden que se “pongan en nuestros zapatos y vean la Ley de Víctimas  como un instrumento de paz y reconciliación”.

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La guerra en Colombia dejó 1.214 militares y policías secuestrados por las guerrillas de las Farc y el Eln. Sus memorias, plasmadas en nuestro más reciente informe “Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro”, que hoy presentamos de manera digital, hacen parte de una serie de trabajos realizados por el CNMH desde el 2014.

El secuestro perpetrado por las Farc produjo unas de las imágenes más indignantes del conflicto armado colombiano: personas encadenadas, demacradas, algunas veces encerradas entre alambres de púas, tratando de mantener la compostura mientras grababan un mensaje en video como prueba de supervivencia.

Esas imágenes, que se convirtieron en el retrato de la degradación de la guerra, quedaron grabadas en la cabeza y corazón de gran parte de los colombianos. Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), un total de 31.021 personas fueron secuestradas en los últimos 50 años, de ellos, 1.214 eran militares y policías.

¿Qué pasó con ellos después de esos largos años de encierro? Esa es la pregunta que busca responder el informe Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro, la tercera entrega de un proyecto que inició en el 2017, y que hoy es presentado de manera digital al público.

“Queríamos revisitar a las personas que padecieron este flagelo y preguntarles en sus propios términos qué fue el secuestro para ellos”, dice María Juliana Machado, relatora del proyecto. Y continúa: “pero más allá de eso, queríamos aprovechar la oportunidad para preguntar ¿cómo es la vida después del secuestro?, ¿cómo han reconstruido sus proyectos de vida? Las personas tuvieron la oportunidad de narrar otros aspectos del secuestro que no habían contado antes”.   

De manera respetuosa con el dolor de las víctimas, el CNMH ha buscado ir en sus trabajos más allá de las lógicas de horror, impuestas por la violencia, como único discurso de lo sucedido. Con esta mirada, en diciembre de 2018 se publicó el informe El caso de la asamblea del Valle: Tragedia y reconciliación, que se convirtió en el primer ejercicio de memoria histórica realizado por los familiares de los diputados del Valle secuestrados el 11 de abril del 2002 por la guerrilla de las Farc. Y ahora, en Recuerdos de selva, nos acercamos a la vida de 16 militares y policías secuestrados por las guerrillas de las Farc y el Eln.

Los momentos de Recuerdos de selva

El informe está dividido en cuatro partes: Quedar secuestrado por el enemigo, El tiempo en pausa del secuestro, La cotidianidad: un entretejido entre daños y resiliencias, y El retorno a la vida en libertad. En ellas está el registro del horror y los daños sufridos por los secuestrados, durante meses y años, en poder de las guerrillas, pero, sobre todo, están las historias de resiliencia de esas víctimas: los desafíos que implicó regresar a la libertad y el nuevo rumbo que tomaron sus proyectos de vida.

En estas páginas el lector se encontrará con el testimonio de José Libardo Forero, policía secuestrado por las Farc durante 12 años, nueve meses y dos días, diciendo: “si esto va a ser una memoria, sirve para que en el futuro las instituciones sepan y entiendan que los que damos la vida por defender una bandera y un escudo, somos humanos, somos seres humanos”.

Y el de Antonio Erira, militar secuestrado por el Eln en 1998, asegurando que durante el secuestro “teníamos un grupito con los policías que nos gustaba mucho el deporte y entonces para pasar el día le dije ‘¡montemos un gimnasio!’, ‘pero ¿cómo? ¿Con qué?’, me dicen, ‘¿cómo vamos a hacer un gimnasio aquí?’, le dije ‘hágame caso, ¡Sígame la idea!’”.

Y también el testimonio de Juan Carlos González Pascuas, secuestrado en 1999 también por el Eln, contando que al ser liberado sus mayores anhelos eran “comerme un pollo asado” y “una pasta de jabón de baño, podérmela echar… apenas llegué a la casa me eché fue un tarro de champú hasta que casi me lo gasto todo (risas)”.

“Los ejercicios de memoria se desarrollaron en escenarios de encuentros grupales con el objetivo de aportar a la dignificación, reconocimiento y visibilización de las víctimas de secuestro integrantes de la Fuerza Pública y sus familias”, explica la relatora María Juliana Machado. Además, dice que sus relatos reflejan tanto sus  vivencias dentro de la institución, como “la humanidad y cotidianidad que trasciende su rol en el Ejército, la Policía o la Armada”. Once de los 16 personajes de este libro, fueron secuestrados por las Farc y cinco por el Eln. La mitad estuvieron secuestrados entre uno y tres años, otro tuvo un secuestro de tres días y, el más largo, estuvo en la selva durante trece años.

Escuchar es tan importante como hablar a la hora de construir memoria. Entre el grupo de personas que hicieron parte de Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro había uniformados que nunca habían contado su historia, y para ellos era tan importante tener la posibilidad de oír a sus compañeros, como la de hablar frente al resto. Esta fue, además, una oportunidad para construir lazos de solidaridad. Así, a través del compartir, se fueron forjando dos estructuras que guían el informe: el tiempo en cautiverio y la liberación.

Este ejercicio de memoria, se suma a otros realizados por el CNMH con víctimas del conflicto armado del Ejército, la Policía y la Armada, como Esa mina llevaba mi nombre, la serie radial Los pasos rotos, el informe de esclarecimiento La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en Colombia y el especial transmedia Relatos de selva, ejercicio que se hizo en paralelo a esta investigación que hoy presentamos.

Así mismo, van en concordancia con el propósito del CNMH de reconstruir las memorias de las víctimas de la Fuerza Pública y resaltar el trabajo que en ese sentido vienen realizando el Ejército, la Policía y la Armada.

Descargue el libro aquí.

Publicado en Noticias CNMH

portada conmemoracion iglesia la mariaEl domingo 30 de mayo de 1999 en el sur de Cali, más exactamente en la iglesia La María, 194 personas fueron secuestradas por miembros del frente José María Becerra del Eln. Este hecho pasaría a la historia como el secuestro masivo más grande perpetrado en Colombia.

Como era usual, los feligreses acudían puntual a la eucaristía que se realizaba a las 10 a.m. cada domingo en la capilla de la iglesia La María, ubicada en el barrio Ciudad Jardín, entre la carrera 127 y la avenida Cañasgordas de la ciudad de Cali. Aquel 30 de mayo de 1999 no fue la excepción y casi 200 personas asistieron para escuchar la palabra de Dios a través de la voz del párroco Jorge Humberto Cadavid.

Los primeros 30 minutos de misa transcurrieron con normalidad, hasta que hombres armados y con uniformes del Ejército, irrumpieron con dos camiones tipo furgón, se presentaron como miembros del Gaula y alertaron sobre la pronta explosión de una bomba en el lugar, por lo que pedían que los 194 presentes ingresaran rápidamente a esos dos vehículos.

La mayoría, desconfiada, no obedeció la orden. Incluso, Yaslín Durán Córdoba, escolta de uno de los asistentes a la misa, se percató que las botas que utilizaban los supuestos integrantes del Gaula no eran parte de la indumentaria habitual. Cuando intentó reaccionar fue asesinado.

En ese momento los guerrilleros realizaron tiros al aire y obligaron, sin distinción alguna, que todos los presentes, incluidos niños, adultos mayores y hasta el párroco se subieran a los camiones. Pronto se reveló que aquellos hombres eran parte del frente José María Becerra del Eln. De esta forma inició el calvario de un secuestro que tendría como escenario las enredadas y boscosas montañas de los farallones de Cali.

La noticia del secuestro masivo más grande realizado en Colombia (hasta hoy) se expandió con rapidez. La conmoción se apoderó de la ciudad y el país. Horas más tarde, y gracias a la presión del Ejército, los secuestradores se vieron obligados a dejar en el camino a algunos de los secuestrados.

Al final del día, quedaron 93 personas en poder del Eln, ya que de las 194 secuestradas inicialmente, 86 fueron dejadas en el camino y 15 más escaparon de sus secuestradores. El Ejército se encargó de recogerlas y llevarlas al Batallón Pichincha de Cali para que pudieran encontrarse con sus familiares.

Con el liderazgo del arzobispo de Cali, Monseñor Isaías Duarte Cancino (Q.E.P.D.), la ciudadanía se movilizó y se tomó las calles para exigir la entrega inmediata de los secuestrados.

El 7 de junio de 1999 las voces de miles de caleños gritaban: “¡Los queremos libres, vivos y en paz!” en  la gran marcha que fue llamada “No más”, la primera de muchas que surgieron como expresión de rechazo al secuestro en el país. Además, monseñor Isaías Duarte excomulgó a los secuestradores y denunció las pretensiones económicas que tenía el Eln a cambio del intercambio de los plagiados.

En el transcurso de 6 meses y medio, todos los secuestrados fueron dejados en libertad. La entrega de las personas se daba en grupos pequeños. La fecha de la última liberación fue el 11 de diciembre de 1999. Años más tarde se sabría que las denuncias de monseñor Duarte eran ciertas, y que cada liberación tuvo su precio.

conmemoracion iglesia la maria 01

Arte, memoria y sanación

Para Juan Daniel Otoya Vernaza, quien estaba presente en la iglesia aquel 30 de mayo y fue secuestrado junto a su hermano, su padre y madre ese momento cambió su vida. Tenía 11 años y aún recuerda con precisión cada momento del plagio: estaba junto a su familia y fue obligado por miembros del Eln a separarse de ellos. Luego lo abandonaron en medio de la carretera.

Fue ahí cuando sintió que su mundo se iba en aquellos camiones que se dirigían a los farallones. Una mujer de un acento paisa muy marcado, también liberada en ese inhóspito lugar y cuyo nombre no recuerda, lo acogió y protegió hasta que llegaron al batallón.

Desde ese momento empezó a dibujar constantemente superhéroes hasta que su madre, Isabella Vernaza, fuera liberada, a principios de noviembre de 1999. Hoy entiende que esos dibujos representaban su anhelo de rescatar a su familia. El 13 noviembre se da la liberación de su padre, Alfredo Otoya y fue el fin de aquella historia. O por lo menos eso creía Juan Daniel.

Años más tarde, mientras estudiaba artes, se cuestionó su pasado y trató de buscar un sentido a lo que constantemente dibujaba. Veía cómo sus trazos eran el desahogo de un episodio que aún no había enfrentado del todo. Por esta razón empezó un proceso pictórico para representar sus recuerdos y a través de ellos contar la historia del secuestro de la iglesia La María.

Asegura que este proceso fue clave para sanar las heridas que aún no terminaban de cicatrizar. Pero lo que más le ayudó a superar todo lo relacionado con el aquel episodio fue hablar, en sus propias palabras, “hablar de mi experiencia y contar mis temores se convirtió en una manera de afrontarlos, de entenderlos y de sanar”. Compartir su memoria con otros fue la pieza final que le ayudó a superar aquel traumático secuestro.

conmemoracion iglesia la maria 02

Conmemoración del secuestro de la iglesia La María

Hoy jueves 30 de mayo, cuando  se cumplen 20 años de aquel secuestro, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) acompaña a las víctimas y trabajará en la recuperación de sus memorias,  de la mano de un equipo liderado por Diego Arias, líder cívico de Cali.

De igual manera, el director del CNMH, Darío Acevedo, anunció que se adelantará un proceso con las víctimas del secuestro del kilómetro 18, también en Cali, acto que fue ejecutado por el Eln, meses después del acontecido en la iglesia La María.

Dada la relevancia de este hecho para la ciudad de Cali, para el país y para aquellos que vivieron aquel secuestro en carne propia, hoy jueves se realizará una eucaristía a las 5 de la tarde en la iglesia La María.

Esta acción conmemorativa se realiza, de acuerdo a las palabras entregas al noticiero regional NOTI5 por Víctor Manuel López, miembro de la Arquidiócesis de Cali, “para recordar este suceso y pedir  a la sociedad, no solo de esta ciudad, sino de Colombia entera, que cada día rechace todo acto de violencia”.

Además se presentará “Pintar para no olvidar. 20 años del secuestro en la iglesia la maría” la exposición que realizó Juan Daniel Otoya y que fue parte de su proceso de sanación para superar lo vivido durante su secuestro y el de su familia. La exhibición se abrirá después de la eucaristía y estará abierta hasta el 3 de junio.

Durante esta íntima ceremonia religiosa las víctimas del secuestro de La María y sus familiares harán presencia para dignificar la memoria de Yaslín Durán Córdoba, asesinado durante el secuestro, y hacerle frente al olvido de una sociedad que aún les debe reconocimiento y reparación.

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