portada memorias que transformanDesde el miércoles 17 de octubre estarán reunidos en Bogotá unos 350 estudiantes y profesores de colegios y universidades de 21 departamentos, para dialogar sobre cómo están trabajando el tema de la memoria como aliada de la paz, desde estrategias pedagógicas e investigativas.

Desde hace aproximadamente cinco años, el Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) viene diseñando una serie de estrategias que, desde pedagogías socio críticas, aporten a la reflexión en torno a la investigación y a la enseñanza de la historia reciente de Colombia en escuelas y universidades. Esto, a partir de ejercicios que esclarezcan y dignifiquen a las personas que han sido víctimas del conflicto armado colombiano.

En este caminar, el Equipo de Pedagogía ha emprendido diálogos con docentes, estudiantes e investigadores universitarios que consideran que la memoria histórica en las escuelas y en las universidades del país es una aliada fundamental para la construcción de paz. Todos estos públicos, con quienes se vienen desarrollando trabajos diferenciados, se reunirán del 17 al 19 de octubre en Bogotá en “Memorias que transforman: Encuentro Nacional de redes y experiencias educativas para la construcción de paz”. ¿Qué puede surgir de este encuentro de docentes de colegios de diversos territorios, con docentes universitarios que adelantan en sus regiones ejercicios de esclarecimiento de la mano de las víctimas? ¿Qué tienen por decir y compartir los y las estudiantes que han estado acercándose a la memoria histórica del conflicto armado en sus aulas?

“Memorias que transforman” reúne a 350 docentes, investigadores y jóvenes estudiantes de diferentes Instituciones Educativas, de territorios urbanos y rurales y de diferentes procedencias étnico raciales. Uno de estos, es un joven bogotano que a partir de su encuentro con la “Caja de Herramientas: Un Viaje por la Memoria Histórica. Aprender la Paz, Desaprender la guerra”, un instrumento pedagógico creado por el CNMH, decidió convocar a sus compañeros y compañeras para la creación de una red de estudiantes en su localidad. Estarán también una profesora de Nariño quien, con sus estudiantes, construyó un museo de la memoria de puertas abiertas para la comunidad; y un investigador del caribe que ha diseñado estrategias metodológicas para reconstruir la memoria de manera participativa, entre muchas otras experiencias. 

Este es el primer año en el que el Equipo de Pedagogía impulsa un evento de esta magnitud y se espera que este no sea solo un espacio de encuentro y diálogo, sino un escenario para fortalecer acciones territoriales en torno a la memoria y a la paz que logre integrar los esfuerzos que se están llevando a cabo en escuelas y universidades. 

memorias que transforman invitacion maestrosVI Seminario de Grupos Regionales de Memoria Histórica realizado en julio 2018 en la Universidad de la Amazonía. Florencia, Caquetá. 

Uno de los participantes al encuentro será Cristian Fabián Espinosa, un joven de 18 años egresado de la Institución Educativa La Giralda, ubicada en el barrio Las Cruces de Bogotá. Siendo estudiante tuvo la oportunidad de trabajar en los textos propuestos por la “Caja de Herramientas”, en particular “El Salado. Los Montes de María. Tierra de luchas y contrastes”, que se construyó a partir del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “El Salado. Esa guerra no era nuestra”. Según Cristian, trabajar en el aula de clase con la “Caja de Herramientas” les permitió a él y a sus compañeros acercarse por primera vez a los efectos del conflicto armado en los Montes de María. Después de graduarse, Cristian decidió seguir trabajando la memoria histórica por fuera de las aulas, y propuso crear una red de estudiantes para generar espacios de debate y formular propuestas, que permitan transformar positivamente las cotidianidades de su barrio. “Nos falta saber, conocer y tener mayor sentido de pertenencia”, dice Cristian. 

memorias que transforman red estudiantesDespués de graduarse, Cristian decidió seguir trabajando en clave de memoria fuera de las aulas, y propuso crear una red de estudiantes para crear espacios de debate y generación de propuestas. 

Otra invitada al encuentro es Janeth Rosero, docente de Ciencias Sociales del Liceo Central de Nariño de Pasto. Desde allí, en el sur de Colombia, los estudiantes del grado once han venido desarrollando pedagogías de memoria y paz, que les han permitido recorrer sus historias y las realidades del conflicto armado colombiano. 

memorias que transforman janeth roseroDesde el 2015, más de 200 estudiantes del Liceo Central de Nariño han trabajado con los materiales pedagógicos de la Caja de Herramientas. 

“A partir del año 2015 comenzamos nuestro andar, construyendo paso a paso una visión crítica y propositiva de la realidad colombiana. Son más de 200 estudiantes los que han participado en este recorrido, los que animados por las actividades de la ‘Caja de Herramientas. Un viaje por la Memoria Histórica’ (este material pedagógico está disponible en el sitio web del CNMH), llevan en su pensamiento y en su corazón, el dolor de la guerra y la esperanza de la reconciliación y la paz”, asegura Janeth Rosero. 

Desde el Caribe colombiano, también llegan iniciativas de memoria transformadoras. La reconstrucción participativa de la memoria colectiva en Cartagena es uno de los objetivos que persiguen 10 investigadores, 30 integrantes de semilleros de investigación y 130 gestores locales de memoria, que hacen parte del Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Esta iniciativa se creó formalmente en el 2015 pero viene caminando desde el 2011, cuando se conformó el semillero. 

“Durante los últimos tres años hemos centrado nuestras actividades en los Montes de María. Ahora nuestro reto es construir puentes entre diversos ámbitos y actores, para propiciar diálogos que permitan afianzar, desde la memoria, los procesos de construcción de paz y desarrollo humano que avanzan en nuestros territorios”, explica el investigador Pablo Abitbol. 

Este grupo regional, que hará parte del encuentro “Memorias que Transforman”, ha comenzado además a recrear desde el arte, la performatividad y la pedagogía, espacios y momentos de memoria viva que invitan a la reflexión, la imaginación y la innovación social. El mercado campesino y la huerta de intercambio de saberes, que funcionan en el campus de la Universidad Tecnológica de Bolívar, son ejemplo de ello.

El Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica espera que este encuentro posibilite diálogos, reflexiones, debates y, sobre todo, que genere la consolidación de acciones conjuntas entre docentes de colegios, estudiantes y docentes e investigadores de universidades.

Están todas y todos invitados a conocer cómo los profesores, estudiantes e investigadores están trabajando la memoria desde sus lugares de trabajo y desde sus experiencias de vida, y cómo estos esfuerzos que hacen día a día están aportando a la paz del país.

Descargue aquí la agenda

Horarios y Fechas: 

  • Miércoles, 17 de octubre: 7:00 a.m. a 5:00 p.m.
  • Jueves, 18 de octubre: 8:00 a.m. a 5:00 p.m.
  • Viernes, 19 de octubre: 8:00 a.m. a 12:30 p.m. 

Lugar: Hotel Habitel Centro de Convenciones, Avenida El Dorado 100 - 97, Bogotá

Publicado en Noticias CNMH
Fue víctima del paramilitarismo, se exilió en Europa y ahora es una líder reconocida de la comunidad LGBTI.

portada trans indigena colombiaJuan Pablo Esterilla Puentes

Una mujer transgenerista pide una y otra vez la palabra en una reunión en la Gobernación de Cundinamarca.

-Andrea usted ya habló cuando estuvo el presidente en Girardot.
-Correcto doctor Rey, cuando estuvo el presidente en Girardot. Yo estoy en Bogotá y usted no me puede impedir a mí el derecho a la participación y a la expresión, le exijo respeto doctor Rey. Desde el año 2016 le estoy pidiendo una cita por escrito con la población y no me la ha dado, estoy grabando y necesito saber si me la va a dar o no para poder tomar acciones.

(El gobernador saca su agenda)

-4 de septiembre a las 10:00 a.m.
-Mi Dios me lo bendiga, me lo proteja.

trans indigena colombia1

Andrea Alexandra Meza no para de trabajar. Desde que nació hace 61 años en el seno de una familia wayuu en la ranchería Puturumana I de la Albania, Guajira, la vida le ha dado tantas vueltas como ella se las ha dado a la vida. Ella, -persona mayor, indígena y transgenerista-, es una de las víctimas del conflicto armado interno que ha encontrado en el ejercicio del liderazgo y las resistencias, el sentido de su existencia.

“Nunca me imaginé que la guerra me iba tratar tan fuerte, fue duro porque tenía mis arraigos en el Guamo, Tolima. Casi me matan y perdí todo. Salí estilo delincuente a las dos de la mañana y mi pareja no sé dónde quedó”, asegura Meza con voz quebrantada. Ese 29 de agosto, los cuatro sujetos armados que llegaron en dos motos de alto cilindraje a su peluquería, le reventaron la boca, le partieron el tabique y le dieron un calibrazo en la cabeza con una pistola 9 milímetros, fueron los responsables de inscribir en Andrea, una de las tantas formas de violencia y exclusión a las que se enfrentan la población LGBTI.

Tal y como lo sugiere uno de los testimonios que se recogió para la elaboración del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), “Aniquilar la Diferencia”, publicado en 2015, la guerra “impidió” que la población LGBTI amara. Según el Registro Único de Víctimas y con fecha de corte del 31 de julio de 2015, se identifican 1.795 personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, que han sufrido alguna manifestación de violencia por parte de actores armados. A ellas, se les ha quitado desde la posibilidad de amar a quien desean, hasta se les ha obligado a esconderse para evitar la violencia por el hecho de ser quienes son, por ejemplo.

Andrea llegó a Bogotá y buscó refugio en el barrio Diana Turbay de la localidad Rafael Uribe. Sin embargo, al cabo de tres meses, -tiempo en el que además ya había logrado encontrar un trabajo en una peluquería-, el Bloque Tolima la ubicó nuevamente y no dejó espacio para dudas.

- “¿Usted qué hace aquí? se tiene que ir, pasamos en dos horas y si está ya sabe”. Hoy, desde la tranquilidad que le da el no sentirse perseguida por grupos armados ilegales, Andrea encuentra parecida esa frase que le dijeron, con otras que personas LGBTI recibieron durante los años noventa e inicios de los 2000, época en la que el conflicto se exacerbó en todo el país y afectó de manera diferencial a su comunidad.

trans indigena colombia2

“Para ellos, los de la costa, fue duro. Lo hemos hablado y hubo muchas violaciones a personas de la comunidad en los Montes de María, por ejemplo. A las lesbianas las abusaban para que supieran qué es ser mujer y a los gais los hacían desfilar desnudos por las calles. Algunas fueron empaladas en Sucre y Córdoba. Las admiro porque fue un gran acto de resistencia mantenerse en el territorio estando los actores armados ahí mismo y diciéndoles - ¡ah maricón! ¿no te valió? ¡Te voy a matar!”. Detrás de esas violencias que pretendían “enseñar” con el abuso lo que es “ser mujer” está la heteronormatividad, es decir, “la imposición tácita pero inequívoca de normas que regulan la identidad de género y la orientación sexual de las personas, construyendo un “otro” o una “otra”.

Pero ¿cuál fue el acto de resistencia de Andrea ante esa nueva amenaza? Comprometerse a pagarle treinta millones a una amiga que le prestó quince, empacar maleta, cruzar el charco hasta París, y en últimas afrontar que era nuevamente desplazada. “No fue fácil la salida del país, implicaba aceptar que ya no tendría nada. Llegué a Europa a ejercer la prostitución, cosa que no es dulce. Pararse uno en la calle a menos 5 o menos 10 grados con un abrigo hacia atrás para poder vender, ser humillada por lasnmismas personas LGBTI que para poder dormir en el piso con unos cojines me cobraban 500 euros, y cuidarme de gente que me quería robar lo que me hacía, o de clientes de todo tipo: agresivos, borrachos, ladrones, era muy duro”, sostiene.

Según cifras del Registro Único de Víctimas, el desplazamiento forzado es el hecho victimizante de mayor ocurrencia contra la población LGBTI (1.606 afectaciones), seguido por las amenazas (362 victimizaciones declaradas).

Luego de casi una década, Andrea regresó al país. Lo hizo justo cuando en sus palabras, “el boom de tratamiento a las víctimas” empezaba a emerger. Así pues, al cabo de un tiempo se dirigió a la ya instaurada Unidad de Víctimas para relatar las violencias que sufrió. En Colombia, el Formato Único de Declaración para la Solicitud de Inscripción en el Registro Único de Víctimas, solo incluyó hasta el año 2012, categorías de registro que permiten hacerle un seguimiento a las víctimas de los sectores sociales LGBTI. Bases de datos anteriores a este año como el Sistema de Información de Población Desplazada no incluían la variable de orientación sexual e identidad de género.

El destino inicial de Andrea para rehacer su vida sería nuevamente el Guamo, pero las condiciones de seguridad allí y en otros municipios del Tolima como Saldaña, no eran las más seguras. A las trans literalmente les “estaban robando lo que no se habían comido” con las extorsiones que les realizaban reductos del paramilitarismo. La Unidad reconocería en 2013 a Andrea Alexandra Meza como víctima y a partir de ese mismo año ella decidió radicarse en Girardot, Cundinamarca.

Sin embargo, rehacer su vida siendo transgenerista y ahora siendo persona mayor, no ha sido fácil. Tal y como se narra en el reciente Informe “Ojalá Nos Alcance la Vida” del Centro de Memoria Histórica con apoyo de la organización HelpAge International y liderado por la Corporación Asuntos Mayores (COASUMA), la exclusión y la discriminación, así como los prejuicios y estereotipos vinculados con la vejez y el envejecimiento, ubican a las personas mayores en condiciones de vulnerabilidad y desigualdad social. “Yo como víctima, como población LGBTI, como indígena y como persona mayor no he visto la primera ayuda del Estado colombiano para mí, he presentado proyectos y no pasa nada”.

Andrea, la de porte indiscutible y energía inagotable, considera que las personas víctimas deben recibir más que conmemoraciones y mercados. Y es que precisamente ha sido, por ejemplo, desde la veeduría a esas iniciativas del Estado, -entregar mercados y conmemorar a las víctimas en actos cívicos-, que Andrea ha “levantado ampolla” con sus cuestionamientos; los cuales a la postre la han convertido en blanco de nuevas discriminaciones.

“Yo me levanté, pedí la palabra y dije: -doctor Villalba, yo quiero pedirle el favor que no se vaya a repetir lo que se ha venido repitiendo en años anteriores en cuanto a las ayudas. Los frijoles, la cebada, la avena y los atunes tienen gorgojos, quiero que se tomen los correctivos porque entre 2013 y 2015 se nos intoxicaron las víctimas-”. Como la Secretaria de Educación había sido la Secretaria de Gobierno durante los años de las conmemoraciones que critiqué, ella se paró y la cogió contra mí. –“Lo que está diciendo el señor Andrea no es cierto, el señor Andrea quería enlodarnos la fiesta, no tenemos la culpa que el señor Andrea no le gusten los payasos-”.

Ante el ataque de la Secretaria, Andrea no encontró respaldo alguno entre las personas que habían asistido a ese comité de justicia transicional del 2016 en Girardot, nadie se indignó por la ridiculización de la que fue objeto. Andrea no calló y actuó. “Doctora Sandra le exijo respeto porque yo salí hace muchos años del closet, tengo mucha autoestima, me quiero mucho y valgo mucho. Yo no entiendo usted porque me dice señor si estoy maquillada y no tengo barba ni bigote. Mañana mismo la denuncio ante la Fiscalía”. Y así sucedió.

A PRUEBA DE TODO, DESDE SIEMPRE

Barranquilla, Colombia, 1975.

-Ropa al piso.
- ¿Jueputa y ahora?

Andrea se quitó el camibuso, se bajó el pantalón y los interiores. Tan pronto se agachó, los demás de las filas empezaron a murmurar y ella corrió a taparse los senos. La señora miró el papel y la miró.

-Parese en la punta de los pies, (le hace presión con un dedo en ambos testículos y escribe apto).
-Doctora yo soy homosexual.
-Eso es piedrilla, en el Hospital Militar lo operan y queda un “monazo”.

A pesar de que inicialmente Andrea fue engañada, pues un militar -al que le había dado su confianza-, le mintió diciéndole que fuera al Batallón con un par de papeles para “sacarle la libreta”, hacer no solo el curso de suboficial sino completar ocho años al interior de la institución, fue algo que se convirtió en motivo de orgullo para ella. “La población LGBTI está preparada para todos los riesgos, no se le arruga a nada, si le toca tirar machete lo hace. Dependiendo la adversidad nos desenvolvemos, somos como el camaleón, ningún obstáculo nos queda grande. Yo tenía las fotos de mi paso por la Fuerza Pública y las tenía colgadas con orgullo en mi salón en el Guamo; esa soy yo les decía a mis clientes”.

De aquella formación castrense Andrea también recuerda, y se le dibuja una sonrisa en la cara, la estricta disciplina con la que ejercía sus funciones entre semana, pero también la libertad que tenían los fines de semana. “Yo tenía mi apartamento afuera. El viernes me entraba al edificio, me arreglaba, maquillaba, me ponía mis vestidos y pelucas, y rumbeaba diagonal al batallón con oficiales y suboficiales. Todo el mundo me conocía como Alexandra, yo me armaba el cuerpo con espuma y medias, ellos no me reconocían”, agrega.

Dentro de sus luchas de activismo, y por la generación y preservación de la memoria de personas LGBTI víctimas, se ha encontrado con violencias en su contra de quienes nunca pensó. “El respeto nos lo hemos ganado las transgeneristas con sangre, con golpes, nosotras mismas nos hemos hecho respetar por la sociedad. Las luchas de la población LGBTI las inician son siempre las mujeres transgeneristas reclamando sus derechos. Esto no nos lo reconoce la propia comunidad; los gais no quieren ver transgeneristas, las lesbianas tampoco, pero a nosotros nos ha tocado abrir los espacios y no en vano casi siempre se escucha -matan a mujer trans, matan a mujer trans, matan a mujer trans”.

Siempre que Andrea necesita volver a coger impulso sencillamente vuelve a la raíz, a los días de infancia en la Guajira en los que “vivía en un territorio prácticamente nómada”, sin cerca alguna y con una comunidad que siempre respetaba las decisiones de todos, la suya de ser mujer también. La Andrea de los 61 abriles a sus espaldas es en últimas la misma que recibió a los 15 el espaldarazo de su pueblo para “seguir volando”, la que se fue a vivir primero con una familia Arijuna a Maicao y la que terminó viviendo luego en ciudades y países tan distantes como Aruba, Francia, Popayán y Valledupar.

Andrea regresó a Colombia para seguir cuestionando, más cuando siente que todavía hay tanto por hacer por la población, su población LGBTI. “Yo solo quiero que nos valoren a todos como seres humanos que somos, que no nos discriminen ni nos menosprecien por el enfoque diferencial al que pertenecemos. En cuanto a los gobiernos que se nos dé la oportunidad también de superarnos como se les da a todos los heterosexuales. Que tengamos la oportunidad de poder estudiar, de poder ser profesionales. Somos gente buena y tenemos mucho talento”, concluye.

* Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales del portal ¡PACIFISTA! 
Copyright: http://www.pacifista.co/ser-trans-e-indigena-en-colombia-la-historia-de-andrea-meza/

Publicado en Noticias CNMH

“Que Dios les perdone”

Publicado 15 Dic 2018

Recordar los acontecimientos que nos causaron dolor nunca es fácil, pero cuando se quiere sanar siempre termina siendo necesario. Ese trabajo de recordar y reconocer la pluralidad en las memorias, llevó a la Corporación Asuntos Mayores con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica a construir el libro “Ojalá nos alcance la vida”, texto que recogió las historias de diferentes personas mayores que han vivido los dolores del conflicto desde diferente perspectivas.

Este #JuevesDePodcast nos llevará a viajar en el tiempo por medio de una de esas historias. El protagonista es Adjemiro Joaquín Maza, el “Profe”, líder de la Veeduría de Personas Mayores de Mampuján y testigo viviente de un impactante y doloroso hecho que el viernes 10 de marzo del 2000 marcó la historia del corregimiento de Mampuján, municipio de María la baja, departamento de Bolivar, cuando 11 campesinos fueron asesinados por miembros del Bloque Paramilitar Héroes de los Montes de María, bajo las órdenes del temido jefe paramilitar Rodrigo Antonio Mercado Pelufo, alias Cadena.

Una historia de violencia y reconciliación que por medio de una pieza de ficción sonora interpretada por sus protagonistas cuenta la historia de “la primera población favorecida con una sentencia a favor con respecto a una demanda de restitución de tierras a victimas del desplazamiento y el despojo paramilitar en Colombia”.

Los 7 capítulos restantes de la serie “Ojalá nos alcance la vida” pueden ser consultados en nuestro SoundCloud, donde también podrás consultar todas las entregas anteriores de nuestro #JuevesDePodcast y si aún no lo has hecho activa tus notificaciones, porque el próximo jueves 20 de septiembre a las 7:00 p.m. hora de Colombia, volveremos con otro #TBT sonoro para viajar en el tiempo.

Publicado en Jueves de Podcast

El Centro Nacional de Memoria Histórica presenta en Bogotá su informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, luego de sus socializaciones con exiliados, instituciones y diferente público en Cúcuta, Quito (Ecuador) y Ciudad de Panamá (Panamá). Este informe es un aporte a la memoria de las víctimas en el exterior.

Durante las dos últimas décadas la población mundial de personas desplazadas forzadamente se duplicó: pasó de 33,9 millones en 1997 a 68,5 millones en 2017, lo que está representando la crisis de refugiados más grave de la historia reciente del mundo. Cada minuto 20 personas tienen que desplazarse a la fuerza, informó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en su último informe de Tendencias Globales presentado en junio de 2017. 

Colombia también está inmersa en esa grave crisis y así lo evidencia el informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, que el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presentará en septiembre. Durante el recrudecimiento del conflicto armado interno, entre los años 2000 y 2012, cerca de 400 mil colombianas y colombianos tuvieron que cruzar las fronteras para salvar sus vidas, y las de sus familias, de la violencia de los paramilitares, guerrilleros y agentes del Estado. Pero estimaciones no oficiales hablan de una cifra mucho más alta. 

Venezuela, Ecuador y Panamá han sido los principales lugares de destino de los colombianos exiliados en el conflicto armado. La mayoría de víctimas han sido campesinos, indígenas y afrodescendientes quienes, en muchos casos, sufrieron primero un desplazamiento interno y luego se vieron forzadas a cruzar las fronteras internacionales. Esta forma de violencia, como prolongación del desplazamiento forzado fuera de Colombia, se conoce como éxodo transfronterizo o exilio. 

De acuerdo con la ACNUR, esta problemática se extiende a países como Ecuador, Panamá y Venezuela, donde existe un gran número de víctimas colombianas en situación de “refugio de hecho”, es decir, que no han sido reconocidas con estatus de refugiados por las autoridades de esos países. Las cifras más actualizadas sobre este tema son del 2016, y muestran que el 93% de las personas refugiadas en los países vecinos eran de nacionalidad colombiana. 

A comienzos del 2017, cada mes llegaban a Ecuador aproximadamente 418 colombianos en busca de protección internacional, a causa de la violencia en los departamentos de esa frontera. Hoy, habría unos 100 mil colombianos refugiados o en condición similar en ese país. 

Panamá, por su posición geográfica, es otro de los principales países receptores de colombianos con necesidad de protección internacional. A finales del 2016, había 2.350 colombianos refugiados reconocidos en ese país, y aproximadamente otros 15 mil viviendo en situación similar a la de los refugiados, según estadísticas de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR) de Panamá. 

Venezuela ha sido uno de los países que más ha acogido a población colombiana exiliada a causa del conflicto armado. En el último censo, realizado en ese país a comienzos del 2015, se registraron unos 720 mil colombianos que residían en ese país, casi todos en la frontera y en Caracas. Pero la crisis política y humanitaria que está enfrentando ese país, obligó a muchos de estos refugiados a retornar a Colombia. 

El informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨ es fruto de un dialogo participativo e incluyente, que se ha nutrido de los aportes de las víctimas que se encuentran en el exterior y de otras que han retornado.

400mil exilio colombiano bogota

PARA MAYOR INFORMACIÓN: 

Juan Pablo Luque
Equipo de investigación
Móvil: (+57) 317 661 0997
Correo Electrónico: juan.luque@centrodememoriahistorica.gov.co 

Ricardo Robayo Vallejo
Enlace de comunicaciones
Móvil: (+57) 318 326 5154
Correo Electrónico: vocesdelexilio@centrodememoriahistorica.gov.co

<< Descargue el informe, “Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras” >>

Publicado en Noticias CNMH

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