El Centro Nacional de Memoria Histórica presenta el primer ejercicio de memoria sobre el caso de los diputados del Valle del Cauca, secuestrados y asesinados por las FARC. En esta entrega de la serie documental “Somos más que 11” conocerá la historia de Sigifredo López, el único sobreviviente del secuestro de los doce diputados, símbolo de la vida en medio de la tragedia.

La vida de Sigifredo López, el único sobreviviente del secuestro de las FARC a doce diputados del Valle del Cauca, ha estado marcada por la violencia. Su padre, Guillermo López, fue asesinado cuando Sigifredo tenía 9 meses de edad. Y antes de su nacimiento, su familia había tenido que huir del municipio de Ceilán (Valle) en medio de la guerra entre liberales y conservadores. “Váyanse del pueblo porque a ustedes los van a matar”, les advirtió la esposa del presidente del directorio conservador. “Ese día nos tocó dormir debajo de las matas de café, porque veíamos la chusma pasar por el pueblo. Dos meses después nuestra casa ya había sido quemada”, recuerda Nelly Tobón, la madre de Sigifredo.

La violencia guerrillera también tocaría la puerta de los López. Su madre Nelly sabía que la carrera política que eligió Sigifredo, lo pondría en el blanco de los violentos. “Cuando se iba para Pradera, Florida o Candelaria, ¡ay mija! haga oración para que no le pasara nada. De tantas cosas que pasaron me acuerdo que en el año 96 más de cien guerrilleros se tomaron el municipio de Florida, y que en el 2000 atacaron el municipio de Pradera y nos dejaron sin bancos. Pero nunca imaginé que lo secuestraran en la ciudad de Cali”.

Las Farc habían declarado a los políticos objetivo militar. Y sus amenazas se hicieron realidad el 11 de abril del 2002 en la propia sede de la Asamblea del Valle. El día del secuestro, contó Sigifredo López en su libro “El Triunfo de la Esperanza”, “llegamos como a las ocho de la noche, nos dieron agua de panela con pan y nos permitieron hablar con nuestras familias. Esa fue la última llamada antes de que nos quitaran el celular”. Todos pensaban que esa situación iba a durar poco, pero esa noche era apenas el comienzo de cinco años de secuestro.

Lo que no pudo imaginar entonces Sigifredo, es que tendría que enfrentarse a una cuarta forma de violencia. En mayo de 2002 fue puesto en prisión, luego de que la Fiscalía lo acusara de ser cómplice de la guerrilla en la planeación del secuestro. Estaba sindicado de cometer los delitos de perfidia, rebelión y homicidio agravado. De la prisión guerrillera, pasó a la prisión del Estado.

Un video encontrado en las computadoras de Alfonso Cano, en el que se mostraba cómo había sido planeado el secuestro de la Asamblea del Valle, fue una de las principales pruebas que utilizó en ente investigador. La nariz, las manos, la voz del personaje, que nunca se vio de cuerpo entero, eran de Sigifredo, dijeron los acusadores. Él pidió que organismos internacionales intervinieran en el análisis de ese video. Tras los exámenes técnicos, el FBI concluyó que era altamente probable que la voz del video y la suya no fueran la misma. Sigifredo fue liberado en agosto de 2012. Pero la batalla siguió en los medios de comunicación. Después de varias emisiones de Noticias RCN, se abrió un debate en el que Sigifredo seguía siendo acusado de ser cómplice de la guerrilla.

Haber sobrevivido se convirtió en fuente de sospechas y no de esperanza.  Su abogado pudo reclamar un acto de desagravio a Sigifredo por parte de las autoridades. El fiscal  y el director de la Dijín pidieron perdón por lo ocurrido. También lo hizo la periodista de RCN Claudia Gurisati. Sigifredo, por su parte, promovió una Fundación para la defensa de las víctimas de los falsos testigos y de montajes judiciales.

Su esposa Patricia Nieto comentó: “A Sigifredo Dios le puso una misión, la del perdón, no puede haber paz en Colombia si no hay primero perdón. La misión de nosotros es perdonar y eso es lo que hemos hecho como familia. No sé cuál situación ha sido más difícil, si el secuestro de la guerrilla o lo que pasó con la Fiscalía”.

Conozca el relato completo de Sigifredo Lópezdescargando aquí el informe “El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación” y siguiendo la serie documental “Somos más que 11”.

El Centro Nacional de Memoria Histórica presenta el primer ejercicio de memoria sobre el caso de los diputados del Valle del Cauca, secuestrados y asesinados por las FARC. En esta décimo primera entrega de la serie documental “Somos más que 11” conocerá la historia del diputado Ramiro Echeverry Sánchez, quien demostró que con educación y persistencia todo se puede lograr. Sus 23 años de ejercicio político en diversos cargos públicos (comisario, contralor, concejal…) se caracterizaron por su pulcritud y eficiencia.

Diana Echeverry, hija del diputado del Valle del Cauca Ramiro Echeverry Sánchez, secuestrado y asesinado por las FARC, recoge en una larga carta la vida y la imagen de su padre, desde que era un niño travieso hasta que recibió la noticia de su muerte. Allí les cuenta a sus sobrinas, que no lo conocieron, cómo era su abuelo. En sus palabras, era un “negro fino, alto de 1.80, de contextura gruesa, canoso, ‘pinchado’ en el vestir, de saco y corbata, zapatos, correa y maletín del mismo color y oliendo a Grey Flanner. Hincha del Cali, fanático del manjar blanco, apasionado por la salsa y la música cubana, buen bailarín de pachanga y charanga, jardinero, fanático de los paseos, seguidor de las pinturas del maestro Bolaños (...) amante de la comida de mar y del Sello Negro”.

“Me contaba que en la vida muchas veces le dijeron: ‘vos negro no vas a llegar a ningún lado’. Para la época, el racismo y la injusticia de la sociedad hacían pensar que ‘ningún negro llegaba lejos’. Pero él mostró que la gente puede decir lo que sea y que pueden existir obstáculos, pero uno siempre puede lograr lo que se propone en la vida”, escribe Diana. Sus compañeros políticos subrayan su liderazgo en el Concejo, su esfuerzo por reducir los impuestos de la tierra para los pequeños propietarios, su coraje para defender el medio ambiente de la quema de la caña de azúcar, su manera de hacer política uniendo fuerzas con sus amigos, su compromiso con las ideas liberales.

Ramiro Echeverry tenía un sueño: ser alcalde de Palmira. Y sus amigos, en broma, le decían: “Los de los clubes de Palmira nunca permitirán que un negro sea alcalde”. Pero en el fondo, no dudaban de que lo lograría porque su dedicación, su carisma y el trabajo social que realizaba con esmero, lo hacían un fuerte candidato. Sus amigos suelen decir que solo su muerte impidió que Palmira tuviera el primer alcalde negro.

Era un hombre disciplinado para el trabajo, madrugador y exigente. El día del asalto de las FARC a la Asamble del Valle, el 11 de abril del 2002, Ramiro Echeverry Sánchezfue uno de los diputados que llegó puntual a la sesión. Ese día, cuando su vida estaba en riesgo, solo pensó en darles tranquilidad a los suyos. Ana Milena, su esposa, aún conserva la nota que le hizo llegar a su familia recién secuestrado: “Ana Milena, tranquila que estoy preparado, por favor no se desespere. Dianita y Ramiro Andrés que tengan tranquilidad, que estén juiciosos y estudien mucho (...). Los quiero mucho. Mucha calma. No se desesperen”.

Diana recuerda que desde el cautiverio su papá mantuvo un ánimo inspirador. Se imaginaba que “seguramente estaba aprovechando esos espacios para estar consigo mismo y con la naturaleza. Todos sabíamos que era un guerrero”. También recuerda que “tocamos muchas puertas para que lo liberaran, pero ninguna se abrió. Durante el cautiverio del abuelo, nuestras vidas también estaban secuestradas. Nuestros días cambiaron. Mi mamá dejó de salir a la calle, le daba miedo que llamaran y no la encontraran. Mi hermano y yo no salíamos a ningún lado, solo a estudiar. Durante esos años también fuimos víctimas de extorsiones por parte de delincuentes comunes que se hacían pasar por miembros de las FARC. Fueron años oscuros, de mucho temor, angustia y rabia”.

Su hijo Ramiro Andrés cuenta que la noticia de la muerte fue difícil pero no sorpresiva “porque sabíamos que era uno de los riesgos del cautiverio. Fue doloroso cómo se dio la noticia: sin cuerpos, con muchas especulaciones. Fue como un velorio de dos meses en donde el dolor se dividió en varios días. Fue una experiencia muy fuerte y se hace más dolorosa cuando uno mira para atrás”.

Conozca la historia de Ramiro Echeverry Sánchezdescargando aquí el informe “El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación”, y siguiendo la serie documental “Somos más que 11”.

portada masacre paramo la sarnaDesde hace once años, pobladores de Sogamoso y otros municipios de Boyacá, Santander y Casanare se reúnen para marchar contra el olvido de las víctimas de la masacre del Páramo de la Sarna. El 1 de diciembre del 2001, paramilitares asesinaron a 15 habitantes de esta región.

Texto y fotografías: Laura Cerón

El pasado domingo 2 de diciembre el municipio de Sogamoso (Boyacá) se despertó con cientos de personas en sus parques y plazas. Eran las 7:30 de la mañana y el sol se colaba tímido entre el rastro de una noche fría. En pocos minutos empezaría la peregrinación al Páramo de la Sarna, un acto que desde hace once años realizan cientos de habitantes de Boyacá, Casanare y Santander. Caminan, entre arengas y pañuelos, para conmemorar la masacre paramilitar del 1 de diciembre del 2001, que dejó 15 víctimas fatales.

Antes de montarse en los buses, los líderes y lideresas de la conmemoración alistaron todo lo que necesitaban: velas, arreglos florales, pancartas y banderas que los identificarán mientras caminan al borde de la carretera. Y pegaron afiches en los carros con los rostros dibujados de Luís Ángel Gil, Tania Leonor Correa, Mercedes Rivera, Luis Arturo Cárdenas, Isidro Alba, John Fredy Poveda,  Luís Miguel Melo, Abel Cudris, Gonzalo Rincón, Luís Pérez, José Antonio Mongui, Jairo Isidoro Peña, José Bertulfo Noa, Herminda Blanco de Peña y Hernando Gómez; hombres y mujeres, en su mayoría estudiantes, profesores y trabajadores de la región, a quienes paramilitares de las Autodefensas Campesinas del Casanare asesinaron tras acusarlos de ser cómplices del ELN.

masacre paramo la sarna2Los habitantes de la región marcharon cerca de media hora, hasta el lugar en que fueron asesinados sus vecinos, amigos y familiares, hace 17 años. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Los caminantes tienen una larga lista de peticiones para encontrar justicia y verdad. Esa lucha por encontrar respuestas despierta muchas incomodidades pues, a pesar de que se conocen algunos responsables, como el paramilitar Luis Eberto Díaz Molano alias ‘El Compadre’ y varios miembros de las Autodefensas Campesinas del Casanare, todavía hace falta resolver varias aristas. Por ejemplo, que el Ejército Nacional responsa por su acción u omisión frente a los hechos que llevaron a la masacre, como lo señaló en un informe el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP).

Los marchantes siguieron la ruta que hace 11 años tomó el bus de la empresa Cootracero, que fue abordado por los paramilitares. El carro salió del terminal de Sogamoso hacia el municipio de Labranzagrande (Boyacá). En medio de las curvas, desde un punto conocido como La Cabaña, varios caminantes se bajaron y empuñaron en alto banderas y pañuelos, que agitaron mientras clamaban: “nunca más, crímenes de Estado, nunca más”.

Al llegar al lugar de los hechos la gente se acomodó alrededor de un mural junto a la carretera, realizado por los familiares para la conmemoración de este año. El mural deja ver un árbol de navidad con 15 cruces que le adornan las ramas. En el medio, el rostro de Gilma Soto, una de las mujeres que se ha echado al hombro la tarea de hacer memoria en el municipio y quien perdió a su esposo Hernando Garavito, conductor del bus, el día de la masacre. Y al lado derecho, un árbol más frondoso: la esperanza y el anhelo porque un día se haga justicia.

Al mural se suman varios elementos simbólicos que los habitantes de la región han instalado allí con esfuerzo: un afiche en lo alto de la montaña hecho por las familias, 15 veletas que giran con el viento, dos esculturas con los 15 rostros y un libro que tiene escrito cada uno de sus nombres.

masacre paramo la sarna3“Vida, memoria y dignidad” es el lema con el cual los familiares y sobrevivientes de la masacre del Páramo de la Sarna hacen honor a sus familiares y a la lucha que todavía emprenden. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

Jessica Alba, una de las caminantes, tenía colgada de su cuello la foto de su abuelo Isidro Alba Guío. Aunque no lo recuerda muy bien, porque la masacre ocurrió cuando ella era muy pequeña, contó con propiedad que su abuelo era profesor en Aguazul (Casanare) y que, además, era un aguerrido sindicalista de 54 años, quien trabajaba junto al Sindicato de Maestros de Casanare. “Acompaño a mi familia porque soy muy creyente, creo que todos acá lo somos. Es importante reunirnos y pensarlos a todos. Su muerte fue muy injusta y compartimos todos nuestro dolor”, afirmó durante la conmemoración.

Después de la eucaristía varios familiares tomaron el micrófono y, en medio del sol picante del medio día, expresaron su malestar e inconformismo con el proceso judicial. Otros, aprovecharon el micrófono para entregar mensajes de aliento. “El recuerdo de nuestros muertos es la semilla de la esperanza”, decían unos. “Recordamos a los que han muerto soñando una sociedad justa y digna para todos”, decían otros.

masacre paramo la sarna4La masacre del Páramo de La Sarna es una de las 61 masacres que tiene registradas el Observatorio de Memoria y Conflicto en el departamento de Boyacá. - Fotografía: Laura Cerón/CNMH

“No vamos a dejar que la memoria de las víctimas muera. Este hecho lo tienen que conocer los boyacenses, los casanareños y todos los colombianos. La provincia de la libertad es territorio de paz, y no vamos a dejar en el olvido a quienes perdieron la vida vil e injustamente”, afirmó José Antonio Galán, vocero de la Asociación Nacional Campesina.

Una vez terminada la ceremonia, los caminantes bajaron la montaña y se reunieron alrededor del fuego para comer sancocho y tomar chicha. Muchos se abrazaban y reían. Finalmente, recordar también es sinónimo de celebrar por los años de resistencia y por los que faltan. Luego se devolvieron en los buses hasta Sogamoso.

portada y a la vida por fin daremos todoLa presente crónica ilustrada hace parte de un esfuerzo de largo plazo que las y los trabajadores y extrabajadores de la agroindustria de la palma de aceite en el departamento del Cesar vienen realizando desde 2009, que ha dado fruto a varias publicaciones de memoria en las que han querido comunicar a la sociedad nacional la forma como se desenvolvieron las relaciones entre los trabajadores y los empresarios de la palma y cómo laviolencia política ha sido protagonista y mediadora de esta relación.

Volver la mirada atrás tiene sentido para las y los trabajadores y ex trabajadores de la palma por dos grandes motivos: el primero de ellos es la dignificación de su trabajo, su organización y su militancia política en torno a su bienestar, pues la narración de los empresarios se ha construido sobre el señalamiento y la estigmatización de la organización y la actividad sindical como destructoras de la economía regional y generadoras de violencia.

portada violencia paramilitar en la altillanura1La tarea desarrollada por la DAV (Dirección de Acuerdos de la Verdad) del CNMH (Centro Nacional de Memoria) ha tenido como propósito contribuir a garantizar el derecho a la verdad respecto de los hechos relacionados con el accionar de los grupos paramilitares que participaron de los procesos de desarme, desmovilización y sometimiento a la justicia, en virtud de la implementación de la Ley 1424 de 2010. Esta norma instauró condiciones para que las personas desmovilizadas de los grupos paramilitares, responsables únicamente de determinados delitos, accedieran a los beneficios jurídicos contemplados.

La Ley 1424 estableció como requisito para acceder y mantener el beneficio jurídico de la libertad que las personas desmovilizadas firmantes del Acuerdo de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica no debían estar relacionadas con la comisión de graves violaciones a los derechos humanos en el contexto de su vinculación al paramilitarismo, haber cursado o cursar satisfactoriamente la ruta de reintegración establecida por la entonces ACR (Agencia Colombiana de Reintegración), no haber sido condenadas por delitos dolosos cometidos con posterioridad a la desmovilización, suscribir el acuerdo referido por medio del cual manifestaban su voluntad de participar en el mecanismo no judicial de contribución a la verdad y la memoria histórica dispuesto por la DAV del CNMHy diligenciar un formulario anexo con datos sobre su participación en las estructuras paramilitares.

  • portada informe violencia paramilitarportada violencia paramilitar en la altillanura2El CNMH presenta este 11 de diciembre en Puerto Gaitán (Meta), el informe “Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada”, el tercero sobre el origen y actuación de las agrupaciones paramilitares.
  • La “limpieza” o exterminio social, afectó al 61% de las víctimas, seguida de los homicidios selectivos y la desaparición forzada.

El principal repertorio de violencia que utilizaron los paramilitares en Meta y Vichada, en los 15 años que estuvieron instalados en estas regiones, fue la “limpieza social” (exterminio social), con el 61% de las víctimas afectadas. Luego están los homicidios selectivos (39%), la desaparición forzada (37%), la tortura (22%), las lesiones personales (10%), la violencia sexual (6%) y el secuestro (6%). Detrás de todas estas formas de violencia, la táctica era la intimidación de la población civil, con el objetivo de instaurar un orden paramilitar que les permitiera controlar el territorio y a la población.

Estas son algunas de las principales conclusiones a las que llegó el informe “Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada”, que se lanza este martes 11 de diciembre en la vereda Planas de Puerto Gaitán, y este miércoles 12 de diciembre en Villavicencio.  Esta es la tercera entrega de la serie “Informes sobre el origen y actuación de las agrupaciones paramilitares en las regiones”, de la Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (ACMV) actuaron en la región de la Altillanura de los Llanos Orientales, particularmente en los municipios de Puerto López y Puerto Gaitán en el Meta; y Santa Rosalía, La Primavera y Cumaribo en el Vichada, entre 1990 y 2005. Durante ese tiempo, este grupo cometió un importante número de victimizaciones contra la población civil, relacionadas con graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH).

El informe sobre las ACMV establece la estructura, los hechos, las circunstancias y las actuaciones de este grupo paramilitar, a partir del seguimiento de su trayectoria en términos de expansión territorial y de sus relaciones e impactos sobre la población y diversos actores sociales, políticos, institucionales y territoriales.

El accionar del grupo, bajo el discurso de combatir la guerrilla, implicó el estigma y el ataque permanente hacia ciertos sectores de la población. Los ataques sistemáticos del grupo paramilitar contra quienes transgredían su control y pretendido orden social, se enfocaron en personas que se resistían abiertamente a sus imposiciones, discriminando especialmente a mujeres, población LGTB, niños, niñas, adolescentes e indígenas. Esto ocasionó múltiples afectaciones, entre ellas el debilitamiento de las expresiones organizativas y políticas de la población civil.  

La Dirección de Acuerdos de la Verdad del CNMH recopiló los relatos y las voces de personas oficialmente reconocidas como desmovilizadas del Bloque Calima y otros grupos paramilitares, quienes firmaron los Acuerdos de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica en el marco de la aplicación de la Ley 1424 de 2010, que busca diseñar e implementar un Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica.

Este mecanismo incluye la elaboración de informes de memoria referidos al conflicto armado, la violencia paramilitar desplegada en los territorios y los daños y afectaciones causadas a las víctimas. Estos también contienen testimonios de las víctimas y de otras voces como organizaciones sociales, funcionarios públicos, periodistas y, en general, las personas e instituciones que conocieron sobre las situaciones y hechos tratados.

Programación de los eventos de lanzamiento del informe La violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada: 

  • 11 de diciembre: Vereda Planas, Puerto Gaitán.
  • 12 de diciembre: Villavicencio, auditorio Jaime Garzón, Sede San Antonio de la Universidad de los Llanos. (Calle 37 Nº 41 -02)

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San Juan de Betulia, Sucre

Es un mural para dignificar la vida y denunciar la muerte de Carmelo de Jesús Barrios Acosta, asesinado por paramilitares el 15 de noviembre de 2006.

La primera vez que se hizo el mural, se realizó en memoria de Carmelo de Jesús, posteriormente este espacio se ha utilizado para dignificar y denunciar el asesinato de otros líderes y lideresas de la región; uno de ellos, el asesinato el 14 de agosto de 1997 de Johnny Avilés Tovar, presidente del Concejo de ese mismo municipio.

Esta iniciativa de memoria, fue impulsada por Candelaria Barrios, lideresa social del municipio de San Juan de Betulia. Candelaria inicia su formación en la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC; su padre Francisco Barrios, fue uno de los fundadores y principales dirigentes de esa organización.

Tras el asesinato de su hermano, Candelaria Barrios inicia con el acompañamiento del Movice, capítulo Sucre, a trabajar por la dignificación del nombre de su familiar.

En 1980, las guerrillas ingresaron al departamento de Sucre; para contener su dominio, incluso tras la desmovilización de sectores del EPL y del ELN, los paramilitares hicieron presencia, inicialmente con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y desde 1997 con la consolidación de las AUC, a través de los frentes Héroes Montes de María, Golfo de Morrosquillo y La Mojana.

Los grupos paramilitares tuvieron el apoyo de comerciantes y ganaderos, quienes se encontraban presionados por las acciones de la guerrilla y de políticos con intereses de control territorial y enriquecimiento; además, de su consolidación  alrededor de actividades propias del narcotráfico.

Con la desmovilización de las AUC, Sucre sufre la presencia de bandas paramilitares emergentes, las cuales operan especialmente en los municipios de Ovejas, San Onofre, San Benito Abad, Betulia y Sincelejo.

Dabeiba, Antioquia

Este es un audiovisual que reúne las voces de personas mayores y líderes comunitarios del municipio de Dabeiba, Antioquia, que fueron víctimas del desplazamiento masivo producto de la incursión y masacre paramilitar ejecutada por las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá en noviembre de 1997. A través de testimonios personales se recupera la memoria de este hecho que, si bien tuvo su mayor impacto en el año 97, pone en evidencia que aún hoy la comunidad vive en una situación de riesgo debido a que se mantiene la presencia de grupos armados en el territorio.

El 24 de noviembre de 1997, miembros de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) incursionaron en Dabeiba y asesinaron 14 campesinos y desaparecieron 3 más, entre ellos dos menores de edad. Este fue uno de los desenlaces de la confrontación que desde 1996, los paramilitares y las FARC sostenían por el control territorial del Nudo de Paramillo y su utilización como corredor geográfico; de estos enfrentamientos. Este contexto generó múltiples desplazamientos de la zona.

Precisamente estas historias, y las voces de las personas mayores, son las que el líder del Colectivo de Comunicaciones de Dabeiba, Oscar Higuita, ha venido documentando y registrando estas y otras historias sobre el municipio, enfatizando en la cultura, personajes emblemáticos, celebraciones, conflicto armado, etc.

De este ejercicio de investigación  surge la idea de profundizar en las historias relacionadas con el conflicto armado y poder recopilar algunas de ellas de tal manera que permita si difusión. Es así como nace la idea de producir un video, el cual no solo busca dignificar esa memoria tras 20 años de lo sucedido, sino también reivindicar el “derecho a ser campesinos independientes”, a habitar su tierra y permanecer en ella sin ser estigmatizados ni vinculados a las dinámicas de la guerra, resaltando sus procesos de organización comunitaria para resistir y garantizar una vida digna.

Casa de la memoria La Gaitana

Publicado 10 Dic 2018
Bodega Alta, Caloto, Cauca

La Casa de Memoria La Gaitana, es un lugar de memoria ubicado en la vereda Bodega Alta de Caloto, Cauca. La Iniciativa es impulsada por 30 mujeres indígenas y afrodescendientes, que decidieron tejer la memoria del territorio, recordar a las víctimas y a las mujeres sobrevivientes del conflicto armado en la región.

El nombre de la casa es un homenaje a La Gaitana, mujer indígena que es una heroína del siglo XVI, luchó en defensa de su pueblo y de su territorio contra los conquistadores españoles. Las mujeres del grupo se identifican con ella para mostrar su resistencia, como sobrevivientes del conflicto armado, que las ha utilizado como botín de guerra.

La Casa, inaugurada en 2015, está  decorada por tres murales: la verdad, representada por La Gaitana rostro de mujer y verdad y memoria; el de la justicia, dónde está el árbol de la vida; y el de la reparación que es el Jardín de la Memoria. Esta iniciativa es liderada por un grupo de mujeres indígenas y afro, víctimas directas e indirectas del conflicto armado. Su trabajo ha estado enfocado en la remembranza y ejercicios de memoria en torno a hechos violentos que han marcado las dinámicas comunitarias de sus pueblos. Nacen a partir del año 2014 en relación a los procesos adelantados por el resguardo y con apoyo de autoridades tradicionales del mismo.

En el Resguardo de Huellas Caloto, aún se recuerdan las masacres del Nilo en 1991, en la que fueron asesinados 21 indígenas; la de Palo Bajo en 2001, la de Palo Alto en 2002, la del casco urbano de Caloto en 2011 en la que fueron asesinados 6 policías y un civil, el asesinato del líder Aldemar Pinzón con su hija de 9 meses en el 2002. 

Los Colectivos de Narradores y Narradoras de la Memoria  son semilleros impulsados por el Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María " CCMMª. La idea de estos colectivos conformados por niños, niñas y jóvenes es aprender a producir piezas comunicativas como series de documentales, fotografías, escritos y diferentes productos para construir nuevo medio de socialización distinto a la guerra. Es una alternativa y una forma de encuentro con la comunidad que permite dar a los jóvenes un espacio como actores sociales del desarrollo de sus comunidades y un medio de expresión tomando dos líneas principales de trabajo: la pedagogía para la paz y la cultura ciudadana.

Las piezas audiovisuales y comunicativas que desarrollan los niños, niñas, adolescentes y jóvenes han sido exhibidas en diferentes espacios. El Colectivo de Narradores y Narradoras de la Memoria” estuvo nominado en la categoría a "Mejor documental comunitario" en los 30° Premios India Catalina de la Televisión Colombiana con dos producciones de las cuales el documental "Los niños juegan, cantan y ríen. Tradición de un pueblo", del colectivo de Palenque, se llevó el premio.

La iniciativa de formar Colectivos de Narradores y Narradoras de la Memoria, hace parte de la apuesta de memoria y desarrollo de la Corporación Colectivo de Comunicaciones Montes de María Línea 21, dirigido por Soraya Bayuelo una Organización No Gubernamental, creada el 1° de septiembre de  1994 por un grupo de comunicadores sociales, maestros, líderes comunitarios y gestores culturales de El Carmen de Bolívar, interesados en promover la apertura de espacios de comunicación alternativos que, en los procesos de reconocimiento y reencuentro, posibilitaran la construcción de ciudadanía, participación e identidad.

Los Montes de María son una subregión del caribe colombiano ubicada entre los departamentos de Sucre y Bolívar. Una región con gran riqueza y belleza natural pero marcada por la desigualdad, la exclusión y la violencia. Las mayoría de las tierras estuvieron siempre en manos de las mismas familiar latifundistas que, temiendo la reforma agraria de Lleras Restrepo de la década de los 70, desplazaron a sus otrora siervos para que no les fueran tituladas las tierras que habían labrado por años.

En medio de esa disputa se empezó a fraguar desde aquella época una disputa violenta y permanente entre terratenientes y campesinos que reclamaban sus derechos.Desde los años 80 empezaron a  brotar grupo pequeños de matones armados en diferentes partes de la región y zonas aledañas. Y a la par de esos grupos armados llegaron las guerrillas que ya tenían presencia en otras zonas del país. Los campesinos quedaron en medio de una lucha de intereses que se fraguaría y perduraría durante las siguientes décadas, cuando también se fortalecería la presencia de otras guerrillas, grupos de Convivir, la llegada de las AUC y la complicidad de las Fuerzas Armadas con estos últimos grupos que permitieron que en la región quedara un saldo de 56 masacres, miles de desplazados, centenares de muertos; miedo, silencio, olvido por el resto del país.

Páginas y recursos en Internet:

Email: soramonte@yahoo.es

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