¿Cómo vive una comunidad a la que la guerra le dejó la marca de “auxiliadores de la guerrilla”? En este documental los habitantes del corregimiento de Esmeraldas, ubicado en el municipio de El Rosario, Nariño, cuentan cómo el sentido comunitario y sus creencias, celebraciones y lugares religiosos, fueron esenciales en tres etapas de su historia: la conformación del pueblo, la resistencia al conflicto armado, y la reparación de los daños, luego de la salida de los paramilitares y la guerrilla de las Farc de su territorio. El corto fue realizado por el CNMH y la comunidad de Esmeraldas, en el marco de las medidas de satisfacción del Plan Integral de Reparación Colectiva.

En el 2017 el Centro Nacional de Memoria Histórica creó la estrategia Bibliotecas con Memoria para ampliar el acceso a sus publicaciones. Nuestros informes y productos están en 16 departamentos.

Hoy, cerca de 600 bibliotecas públicas, privadas, escolares y universitarias de 16 departamentos del país, cuentan con una colección de libros sobre la memoria histórica del conflicto armado colombiano. Este es el resultado de la estrategia Bibliotecas con Memoria, que creamos en el 2017 con el objetivo de aumentar el acceso a nuestras publicaciones, especialmente en los territorios más alejados y afectados por la guerra.

“Se trata de una estrategia de divulgación y difusión para que la memoria histórica del conflicto armado se convierta en un bien público y de acceso para todo el país”, explicó el coordinador de Bibliotecas con Memoria, Jadín Samit Vergara. Esta estrategia es, además, un mecanismo de reparación simbólica para las víctimas y la sociedad en general.

Las regiones con más bibliotecas dotadas con colecciones de libros, videos, series radiales y herramientas multimedia del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) son Nariño, con 65 bibliotecas públicas municipales; Bogotá y Cundinamarca, con 33 bibliotecas y centros de documentación; Atlántico con 27; Valle del Cauca con 20; La Guajira con 14 y Cartagena con 16 bibliotecas universitarias.

Dos de los grandes logros de esta estrategia en el 2018 fueron llevar la colección completa del CNMH a la sede Bogotá de la Universidad Nacional, y la inclusión de nuestro material en los catálogos de las 18 sedes de la Universidad Cooperativa de Colombia en todo el país. Este año tenemos el reto de actualizar las colecciones de las instituciones de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y de la Red Cultural del Banco de la República. Además, se realizarán eventos de entrega de libros a bibliotecas de La Guajira, Arauca, Caquetá, el Eje Cafetero, Antioquia, Córdoba y Chocó.

“Los municipios y regiones más apartadas del país somos quienes más hemos sufrido el conflicto armado y por eso es importante que nuestros estudiantes, padres de familia y docentes accedan a la memoria histórica”, dijo la profesora Martha Andrade, de la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta de Samaniego (Nariño). Además, señaló que “desde que recibimos la colección de libros del CNMH hemos iniciado una serie de talleres, jornadas académicas y trabajos audiovisuales, hechos por nuestros estudiantes con teléfonos, para que toda la comunidad entienda que la violencia y la guerra no pueden volver a repetirse”.

Todas las publicaciones y contenidos sonoros y audiovisuales del CNMH están disponibles, para su libre descarga, en la web www.centrodememoriahistorica.gov.co/informes

Para más información:

Jadín Samit Vergara, coordinador de la estrategia Bibliotecas con Memoria
Teléfono: (+57) 317 647 0810
Email: bibliomemorias@centrodememoriahistorica.gov.co

  • La inglesa Sarah Corbett creó el colectivo "Craftivist" para utilizar las manualidades y el arte, como medio para protestar en contra de las injusticias.Una de las invitadas al Hay Festival Cartagena, y creadora del colectivo “Craftivism”, nos contó cómo el arte y las manualidades son su herramienta más poderosa en la defensa de los derechos humanos.
  • En uno de sus proyectos escondió rollos de papel en tiendas de ropa de grandes marcas, con el mensaje: “Si somos lo que vestimos, ¿no deberíamos tratar de estar seguros de que nuestra ropa esté hecha por trabajadores bien pagados y tratados dignamente?”.

La inglesa Sarah Corbett, fundadora del colectivo Craftivism (una fusión de las palabras craft: arte u oficio y activism: activismo), tiene tatuadas unas tijeras que le cubren el antebrazo izquierdo casi por completo. “Son mi herramienta para hacer cambios”, dice. Luego enseña el brazo completo y se ven dibujados, también, un carrete de hilo, un metro de modistería, un trozo de lana... Esos son los instrumentos con los que Sarah trabaja para defender, reclamar y reivindicar los derechos humanos. El suyo -explica- es un activismo tranquilo que utiliza las artes y las manualidades para despertar la curiosidad de la gente, para generarle preguntas, para confrontarla “amablemente” y lograr que empaticen con sus causas.

Por ejemplo: uno de sus proyectos más célebres consistió en repartir pequeños rollos de papel, en tiendas de ropa de grandes marcas, con el mensaje: “Por favor, ábreme”. Los rollos, amarrados con cintas de colores, estaban acomodados en los bolsillos de chaquetas, pantalones y abrigos, de marcas acusadas de explotación laboral. Al abrir los rollos se leía el siguiente mensaje: “La ropa hace a la persona. Esa es una gran responsabilidad, ¿verdad? Si somos lo que vestimos, ¿no deberíamos tratar de estar seguros de que nuestra ropa esté hecha por trabajadores bien pagados y tratados dignamente?”. De este estilo son todas sus intervenciones, que buscan rechazar la violencia, defender los derechos de quienes padecen enfermedades mentales, reivindicar los derechos laborales…

Proyecto en contra de la explotación laboral en la industria de la moda: en estos rollos de papel, se hizo un llamado al comprador para reflexionar sobre el origen de las prendas. Proyecto en contra de la explotación laboral en la industria de la moda: en estos rollos de papel, se hizo un llamado al comprador para reflexionar sobre el origen de las prendas. - Fotografía: Craftivist Collective - Flickr

Sarah Corbett fue una de las invitadas al Hay Festival Cartagena (celebrado del 31 de enero al 3 de febrero), con el apoyo del British Council. En su libro How to be a craftivist: the art of gentle protest cuenta cómo las personas tímidas e introvertidas, como ella, pueden convertirse en activistas sin necesidad de levantar la voz ni el dedo acusador.

En Colombia el activismo está muy estigmatizado; incluso hay quienes se refieren a los activistas como terroristas o delincuentes, logrando desviar el debate de las causas que están defendiendo. ¿Cómo romper ese estigma?

Mi apuesta (el craftivism) es por una protesta tranquila, amable, que intenta atraer a gente que no está de acuerdo con el activismo violento, confrontativo. Es mi manera de mostrar que el activismo no solo puede ser ruidoso, agresivo, violento. Tu puedes hacer activismo desde la calma, el respeto; abriendo conversaciones con personas que no están de acuerdo contigo, argumentando esas diferencias, yendo a la raíz de los problemas.

El activismo que yo hago es pausado, tiene un proceso de pensamiento. Y siempre es respetuoso. En mi colectivo hay personas tímidas, introvertidas, silenciosas, que realmente quieren trabajar por generar un cambio, pero no ven en la protesta agresiva una manera de hacerlo. Yo creo que el  craftivism es una manera de romper ese estigma.

"Puedes decir cuál es la condición de un país, al mirar el estado de sus mujeres", mensaje de una campaña contra la violencia de género."Puedes decir cuál es la condición de un país, al mirar el estado de sus mujeres", mensaje de una campaña contra la violencia de género. - Fotografía: Craftivist Collective - Flickr

Uno de sus proyectos más publicitados ocurrió en tiendas de ropa de grandes marcas relacionadas, desde hace mucho tiempo, con prácticas de abuso y explotación laboral. Si ya el mundo conocen denuncias e investigaciones sobre esos abusos, si ya se han hecho todo tipo de protestas en contra de estas marcas y la situación sigue igual, ¿cómo puede generar un cambio un gesto tan sencillo como poner en los bolsillos de chaquetas o abrigos, un rollo de papel confrontando a la gente sobre el consumo de estas tipo prendas?

Este tipo de trabajo toma tiempo y no hay técnicas para garantizar una respuesta rápida. Además, debe ser un trabajo combinado con otro tipo de estrategias: hacer lobby con las grandes compañías y con los políticos, trabajar con los usuarios hasta que decidan cambiar sus hábitos. Mi propuesta no pretende hacer sentir mal al comprador o señalarlo, sino estimularlo para despertarle la curiosidad.

Son mensajes pensados desde la sicología y la sostenibilidad: preguntas abiertas, mensajes positivos y hasta poéticos, que generan recordación. Además, estéticamente, son mensajes bellos que atraen a la gente. Con este proyecto, además, llegamos a medios de comunicación de todo el mundo, y a través de ellos también estábamos entregando nuestro mensaje. Si lo haces estratégicamente, de una forma que no es agresiva, que no excluye a la gente, que no los hace sentirse culpables, vas a animarlos a sumarse, a hacer parte de tu causa.

Generalmente el activismo está relacionado con alzar la voz y el suyo, en cambio, es un activismo que utiliza las manos como principal herramienta. ¿Por qué para usted son más poderosas las manos que la voz?

Yo no los pondría a competir. Creo que necesitamos recurrir a todas las estrategias. Hoy sabemos que gritar y reaccionar de una manera violenta no cambia las mentes. Es muy posible que ni siquiera te escuchen, así estén de acuerdo contigo. No tiene sentido comunicarnos con gritos, o decirle a alguien “tienes que hacer esto”, porque no va a ser tan efectivo. En cambio si le damos elementos a la gente para que cambie sus ideas o sus acciones, hay un efecto a más largo plazo. Si les dices: “¿tu crees que si haces esto puede ser beneficioso o puedes beneficiar a alguien? O ¿qué tal si haces esto, qué piensas?”. Eso es más impactante. Cuando somos agresivos y bullosos la gente se siente presionada y lejana a ti. Mucha gente se siente frustrada con el activismo porque no los escuchamos, porque no empatizamos con ellos, porque no tratamos de entender cómo se sienten. Necesitamos ser más maduros y respetuosos para ser más efectivos.

Sarah Corbett creció en una familia de activistas en Liverpool, Reino Unido. Desde niña, estuvo inmersa en protestas en defensa de los derechos humanos.Sarah Corbett creció en una familia de activistas en Liverpool, Reino Unido. Desde niña, estuvo inmersa en protestas en defensa de los derechos humanos. - Fotografía: Craftivist Collective - Flickr

Usted misma dice que el craftivism no fue una creación suya, que hay mucha gente que viene trabajando en este tipo de activismo… ¿Quienes son esas personas que la inspiran a usted?

Muchas. Yo leo mucho sobre psicología, neurociencia y ciencias del comportamiento. Brené Brown (El poder de ser vulnerable) es una de mis heroínas. He leído todos sus libros. Ahora estoy leyendo a Rutger Bregman (Utopía para realistas). Pero tengo que decir que mis activistas favoritos son Mandela, Martin Luther King, Gandhi y Eleanor Roosevelt. Ella es una de mis mayores referentes.

Uno de los principales proyectos del Centro Nacional de Memoria Histórica, es el Museo de la Memoria Histórica de Colombia, que está en proceso de construcción. ¿Qué objeto no podría faltar en un museo de memoria de su vida?

Para mí las tijeras son muy importantes, son mi logo. Por eso las tengo tatuadas. Yo colecciono tijeras porque, metafóricamente, son mi manera de darle forma al futuro y hacer parte del cambio. En ese museo de la memoria de mi vida tendría que haber unas bonitas tijeras. Tengo un par de mi abuela que significan mucho para mi. Son mi herramienta para hacer cambios.

En el Día Mundial de la Radio, que se celebra este 13 de febrero, queremos rendirle un homenaje a este hermoso medio de comunicación que les ha permitido a las comunidades (y a nosotros mismos) narrar sus memorias, tejer lazos, reconstruirse. Aquí les presentamos cinco iniciativas sonoras para entender y reconocer un poco más a este país.

“Que la opinión pública se entere y, por favor, soliciten por todos los medios de convicción necesarios que el fuego cese inmediatamente”. Miles de colombianos escucharon por radio esa frase. Fue el miércoles 6 de noviembre de 1985. El Palacio de Justicia, en Bogotá, estaba envuelto en fuego. La toma por parte de la guerrilla del M-19, y posterior retoma con rockets del Ejército, hacían de este lugar un infierno. La voz que clamaba detener los enfrentamientos era la del magistrado Alfonso Reyes Echandía. Estaba hablando en vivo en una transmisión exclusiva de Caracol Radio.

“Que el presidente de la república dé finalmente la orden de que cese el fuego inmediatamente”. Para ese momento la voz del funcionario sonaba entrecortada por el sonido, al fondo, de las balas, de las bombas. Colombia lo escuchó. La angustia, la muerte, la desesperación, el miedo. Ese hecho, doloroso, lo siguió el país minuto a minuto a través de la radio, mientras en la televisión se transmitía un partido de fútbol.

La Frecuencia Modulada (FM) ha sido una de los mayores testigos de nuestra historia. Periodistas y reporteros se han adentrado en lo más profundo del país para narrar las calamidades, pero también para darnos motivos para sonreír. El escritor y periodista Juan Gossaín dijo, en una entrevista a la Radio Nacional de Colombia, que tener periodistas en el lugar de los hechos y trasmitir sus reportes en vivo, representó uno de los puntos de inflexión en la historia de la radio colombiana.

“Anteriormente las noticias tenían unos horarios fijos, inamovibles; no estaba la instantaneidad que adquirió a partir de los 70 y 80, y no había participación periodística al aire. Los únicos que salían al aire eran los locutores: unas voces bellísimas, muy profesionales, muy apropiadas para ese trabajo, pero los periodistas no participaban. Luego los periodistas empezaron a participar con su propia voz y, lo que es más importante, desde el lugar de los hechos”, aseguró. Desde ese momento se convirtió en un medio indispensable para recoger la historia del país. Para contarnos. Para reconocernos. Para hacer memoria.

Y no solo nuestra historia como nación. La radio se volvió también el vehículo para que las comunidades contaran su propia realidad. Y para que reconstruyeran y reivindicaran su propia historia, maltratada y fracturada por el conflicto armado. Desde lo local se empezó a construir país, a construir una memoria colectiva. Y hoy queremos resaltar algunas de esas iniciativas:

  1. En 1994 un grupo de comunicadores sociales, maestros, líderes comunitarios y gestores culturales crearon el Colectivo de Comunicaciones en los Montes de María, un espacio de comunicación alternativa para construir “ciudadanía, participación e identidad”, como ellos dicen. Una radio de y para la comunidad, en una región donde los diferentes grupos armados generaron desplazamientos, masacres, dolor y desolación. Y, también, desarraigo y división. Pero eso es historia del pasado. En el presente, la comunidad de los Montes de María ha sacado adelante importantes procesos de reconocimiento y reencuentro. Y la radio ha sido clave en ese renacer.

  2. Este recorrido sonoro continúa en La India, Santander. Allí los jóvenes crearon el colectivo de difusión Radio Efecto Sonoro, un laboratorio de creación que recorre el río recogiendo voces y memorias. Gracias al “Balsófono” (un dispositivo para registrar los sonidos del río y amplificarlos)  hoy conocemos a profundidad la historia de una de las organizaciones más representativas de esta región: la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), que a finales de los años 80 se enfrentó a los actores armados para decirles que el suyo era un territorio de paz, que no involucraran a los pobladores en sus conflictos.

  3. En esta ruta sonora también queremos destacar el proyecto 1000 Voces, una iniciativa de la Ruta Pacífica de las Mujeres para amplificar los testimonios de mujeres víctimas de asesinatos, desaparición, violencia sexual, tortura, desplazamiento y reclutamiento. Un proyecto para que todos los colombianos puedan escuchar, de cerca, a mil mujeres que vieron su derecho a la vida amenazado por la guerra.

  4. La serie radial “Ojalá nos alcance la vida” recoge y hace visible la memoria de 15 personas mayores de 60 años, víctimas del conflicto armado. Este proyecto nació en el 2014, como una propuesta de la Corporación Asuntos Mayores (COASUMA) al Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). “Ojalá nos alcance la vida… para sembrar, argumentar y defender la paz”, dice uno de los protagonistas de este proyecto realizado con apoyo de periodistas en región y diferentes entidades internacionales.

  5. La quinta y última parada de este viaje sonoro es la serie radial: El Tigre, Memoria de un Pueblo Olvidado, que nos propone hacer una reflexión sobre la estigmatización: un fenómeno que ha cobrado muchas vidas en nuestro país. Al buscar “El Tigre, Putumayo” en Google Maps nos encontramos con una pequeña inspección sin registro fotográfico (en la visita virtual solo aparece una panadería). Sin embargo, en los anaqueles de historia del país, este lugar es reconocido por una cruenta masacre perpetrada por los paramilitares del Bloque Sur Putumayo en 1999, señalándolo de ser “un pueblo guerrillero”. Esta serie, que apoyó en CNMH, permitió que la memoria de las víctimas de esta masacre viajara por el espectro radioeléctrico, y llegara a diferentes lugares, reivindicando su vida y sus luchas por superar esa marca que la guerra les dejó.

Este año Naciones Unidas definió que el Día Mundial de la Radio, que se celebra este 13 de febrero, tendría el lema “Diálogo, tolerancia y paz”. Esas tres palabras hablan del poder de este medio en la actualidad, no solo como un escenario para narrar hechos noticiosos en tiempo real, sino como un espacio de sintonía con todas las voces y memorias. Por eso hoy celebramos su existencia.

En el Día de las Manos Rojas, iniciativa mundial contra el reclutamiento forzado de menores, hablamos con el director de la asociación Benposta, quien advierte que este flagelo no es un tema del pasado. Campo señala, además, que “defender la escuela es defender la vida”.

Juan Pablo Esterilla

“La escuela es fundamental para que los niños y niñas no se vinculen a actores armados. Dejar la escuela es el indicador de riesgo más alto para ser víctima de reclutamiento forzado, o para sufrir explotación sexual o laboral”, dice José Luis Campo, director de Benposta: Nación de Muchachos Colombia, una asociación que lleva 40 años trabajando por la defensa y promoción de los derechos de niños, niñas y jóvenes. “Defender la escuela es defender la vida”, continúa José Luis en esta entrevista que le hicimos a propósito del Día Internacional de las Manos Rojas, una iniciativa contra el reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en conflictos armados, que se celebra este 12 de febrero.

En 60 años de guerra en Colombia, 17.778 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados y utilizados por los grupos armados legales e ilegales, según el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica. El 25,89% corresponde a niñas y adolescentes mujeres, mientras que el 71,27% a niños y adolescentes hombres. El Observatorio estableció, además, que de ese total 4.857 pertenecieron a las guerrillas y 1.581 a los paramilitares.

Aunque gracias al acuerdo de paz entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno cientos de niñas, niños y adolescentes dejaron de escribir sus historias de vida en la guerra, hoy el reclutamiento forzado de menores sigue siendo una realidad en Colombia. La Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, y organizaciones de derechos humanos, vienen advirtiendo que la guerrilla del ELN es una de las principales amenazas para los menores de edad.

¿Qué explica que un niño, niña o adolescente termine en las filas de un grupo armado?

Quienes terminan haciendo parte de grupos armados son niños, niñas y adolescentes que tienen historias marcadas por la vulneración de derechos. ¿Qué manifiestan ellos? “Nosotros entramos a la guerra no porque quisiéramos, sino porque éramos victimas en nuestras familias y territorios”. Son víctimas de situaciones estructurales: pobreza, inequidad, falta de oportunidades…

Generalmente se cree que el reclutamiento es bajo la fuerza, pero en Colombia suele ser voluntario (por persuasión) y se ejerce casi como un grito de auxilio ante las condiciones de degradación, de abandono. El grupo armado se visualiza, en muchos casos, como un elemento de salvación. Por supuesto, luego los niños, niñas y adolescentes viven en la guerra situaciones que no imaginaban. Se dan cuenta de que se les vulneran sus derechos fundamentales y los obligan a asumir un rol de guerrero que no les corresponde.

En los últimos 15 años ustedes han trabajado por prevenir el reclutamiento forzado, y por construir “redes de entornos protectores”, en regiones como Buenaventura (Valle), Mesetas y Villavicencio (Meta), San José del Guaviare (Guaviare) y Catatumbo (Norte de Santander). En esos lugares, ¿el reclutamiento forzado sigue siendo una realidad latente para los niños, niñas y adolescentes?

Teníamos la confianza, como miembros de la Coalición contra la violencia de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia, que participó en la mesa de diálogos (de paz entre el Gobierno y las FARC), de que con la implementación llegaran las condiciones de bienestar que las comunidades de regiones apartadas del país han pedido durante años. En todas esas regiones lamentablemente no se ha dado lo que esperábamos. No hay oferta de salud, de educación, de cultura…

La realidad es que continúa fuerte la oferta de la guerra. Nunca habíamos visto en el Catatumbo, por ejemplo, tanto riesgo de reclutamiento en el sentido amplio de la palabra. Es decir, no solo entendiendo el reclutamiento como el ingreso formal del niño, sino también como su participación en el marco del conflicto bajo el control de un actor armado.

¿Por qué dice eso? ¿Qué está pasando en esos lugares?

Por ejemplo, la confrontación entre el ELN y el EPL ha desconocido escenarios protegidos. En febrero del año pasado la escuela de Filo Gringo, en el Catatumbo, estuvo entre fuego cruzado. A partir de ahí, con la Diócesis se señalizó el colegio como entorno protector con signos internacionales, banderas blancas. Defender la escuela es defender la vida.

También el año pasado en la comuna 12 de Buenaventura, en medio de una actividad cultural, hubo un enfrentamiento al lado de la escuela. Y la Secretaría de Educación de ese municipio, decretó en noviembre pasado el cierre de todos los colegios públicos por una semana. Es cierto que no hay ataques directos contra las escuelas, pero los contextos que se están dando hacen que haya altas probabilidades de deserción.

Finalmente, hay una dificultad en Teorama y San Calixto, Alto Catatumbo: las minas antipersona. En estas zonas los niños y niñas caminan en muchos casos más de una hora para acudir a la escuela, y para ellos está latente la posibilidad de encontrarse en el camino con grupos armados, o verse afectados por minas.

¿Qué balance puede hacer del programa de inserción social que propuso el acuerdo de paz para niños, niñas y adolescentes desvinculados de las FARC?

Ha sido difícil el monitoreo al programa por compromisos de confidencialidad. No obstante, antes de que terminara el mandato de Santos, Paula Gaviria, entonces Consejera de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, presentó un informe en el que aseguró que el 80% de los desvinculados ya vivía con sus familias y comunidades. Para mí es problemático que al cabo de tres meses (que era el tiempo que había corrido cuando Gaviria hizo este anuncio) los niños, niñas y adolescentes ya hubieran dejado los centros transitorios, pues en muchos casos las condiciones estructurales de sus familias y entornos seguían siendo las mismas que los obligaron a salir. Es una revictimización porque están viviendo de nuevo con elementos expulsores. Generalmente sus familias no forman parte de su proyecto de vida.

Me da la impresión de que el Gobierno está trabajando mucho a través de procesos individuales de apoyo, pero no de acompañamiento integral y colectivo. No hay un acompañamiento fuerte para, por ejemplo, generar ingresos. Y eso afecta su proceso de construcción de proyecto de vida e implica un riesgo altísimo pues, repito, no están haciendo su proceso de inserción social en contextos de paz.

¿Usted cree que hoy existe más consciencia sobre la necesidad de prevenir el reclutamiento forzado?

Hoy en día hay una gran sensibilidad en las regiones sobre el tema de los derechos de niños y niñas. Hay una conciencia de que hay que recuperar la escuela como entorno protector, de que hay disminuir la deserción. Celebro las propuestas de acción colectiva, la construcción de capacidades locales que están haciendo los movimientos sociales en los territorios.

Me preocupa que en los medios de comunicación el tema esté enfocado en la responsabilidad de los comandantes guerrilleros, lo cual se entiende porque este es un delito no indultable. Pero creo que el tema debería discutirse más allá de la búsqueda por la judicialización de los responsables.

Descargue aquí el informe “Una guerra sin edad”.

Al ingresar en los buscadores de internet las palabras “El Tigre, Putumayo”, ninguno de los primeros resultados está relacionado con sus fiestas patronales, ni las playas del río Guamúez, ni la figura de un jaguar amazónico o “tigre”, como sus habitantes le llaman. Lo primero que identifica internet, en relación con estas palabras, es la masacre que tuvo lugar en aquella inspección el 9 de enero de 1999. Por eso este corto documental, elaborado por el CNMH dentro del Plan Integral de Reparación Colectiva de esta comunidad del Putumayo, presenta el “nuevo color” de El Tigre. En este corto el espectador podrá acercarse a una población que después de ver la guerra de frente, logró fortalecerse y crear una identidad más allá de los estigmas que quiso imponerles el conflicto armado.

Ilustración del corto documental "El Tigre no es como lo pintan".A partir de este viernes 8 de febrero lanzaremos un documental semanalmente, a través de nuestros medios y redes sociales. Este primer ciclo de “Cine + Memoria” está dedicado a producciones realizadas con las comunidades del Canaán (Magdalena), El Tigre (Putumayo), El Palmar (Nariño) y El Rosario (Nariño). ¡Prográmense con nosotros!

El lenguaje audiovisual ha sido clave en nuestra misión de reconstruir las memorias del conflicto armado colombiano. Formatos como el documental y el reportaje nos han permitido recoger lo que dejó la guerra, pero también narrar a las comunidades que creen y están trabajando por la vida, la reconciliación, la reparación, la memoria.

Este mes lanzaremos en “Cine + Memoria” cuatro documentales que nos llevan a regiones del país muy diversas: el Canaán (Magdalena), El Tigre (Putumayo), El Palmar (Nariño) y El Rosario (Nariño). Los invitamos a recorrer sus paisajes, los rastros que dejó la guerra en esos lugares, y las historias valientes de sus pobladores que trabajan incansablemente por una Colombia más justa y digna. Estos documentales fueron realizados como medida de satisfacción del Plan Integran de Reparación Colectiva de estas comunidades.

“El Tigre no es como lo pintan”.8 de febrero: “El Tigre no es como lo pintan”

Al ingresar en los buscadores de internet las palabras “El Tigre, Putumayo”, ninguno de los primeros resultados está relacionado con sus fiestas patronales, ni las playas del río Guamúez, ni la figura de un jaguar amazónico o “tigre”, como sus habitantes le llaman. Lo primero que identifica internet, en relación con estas palabras, es la masacre que tuvo lugar en aquella inspección el 9 de enero de 1999. Por eso este corto documental, elaborado por el CNMH dentro del Plan Integral de Reparación Colectiva de esta comunidad del Putumayo, presenta el “nuevo color” de El Tigre. En este corto el espectador podrá acercarse a una población que después de ver la guerra de frente, logró fortalecerse y crear una identidad más allá de los estigmas que quiso imponerles el conflicto armado.

“Esmeraldas, la fe que persistió a pesar de la guerra”15 de febrero: “Esmeraldas, la fe que persistió a pesar de la guerra”

¿Cómo vive una comunidad a la que la guerra le dejó la marca de “auxiliadores de la guerrilla”? En este documental los habitantes del corregimiento de Esmeraldas, ubicado en el municipio de El Rosario, Nariño, cuentan cómo el sentido comunitario y sus creencias, celebraciones y lugares religiosos, fueron esenciales en tres etapas de su historia: la conformación del pueblo, la resistencia al conflicto armado, y la reparación de los daños, luego de la salida de los paramilitares y la guerrilla de las Farc de su territorio. El corto fue realizado por el CNMH y la comunidad de Esmeraldas, en el marco de las medidas de satisfacción del Plan Integral de Reparación Colectiva.  

“Los colores de El Palmar”22 de febrero: “Los colores de El Palmar”

En el Palmar, corregimiento de Leiva, Nariño, siempre hay niebla. Y a veces es tan espesa, que es imposible ver la montaña de colores que vigila a esta población. Allí históricamente han estado presentes grupos armados de todas las denominaciones. Y esas dinámicas de la guerra llevaron a algunos habitantes a sembrar hoja de coca para subsistir en el territorio y, al mismo tiempo, poder mantener sus cultivos tradicionales de café y lulo. En este documental, realizado por el CNMH y la comunidad de El Palmar como parte de su Plan Integral de Reparación Colectiva, los habitantes de esta población nos hablan de sus sueños, de sus propias ideas para que la sustitución de cultivos sea una realidad, y de la manera en que están reescribiendo su historia.

“Canaán, templo y cuna de campesinos”1 de marzo: “Canaán, templo y cuna de campesinos”

“Los que nos quedamos aquí no supimos lo que sufrieron los que se fueron. Y los que se fueron no supieron lo que vivimos los que nos quedamos aquí, aguantando la violencia”, dice un habitante de Canáan, municipio de Chibolo, Magdalena, quien también es protagonista de este cortometraje documental realizado entre la comunidad y el CNMH dentro del Plan Integral de Reparación Colectiva. La voz de este poblador del Canaán, es al mismo tiempo la voz de decenas de personas que fueron víctimas de desplazamiento forzado. Y la voz de aquellos que, a pesar del miedo, se resistieron a dejar su territorio. Todos ellos se encuentran en este documental para narrar a la Canaán de hoy: una tierra de abundantes flores que ellos mismos demoninan “templo y cuna” de campesinos.  

  • Entre 1982 y 2012 en el conflicto armado colombiano se registraron 589 casos de victimización contra líderes religiosos y comunidades de fe.
  • Nuestra nueva investigación “Memoria y comunidades de fe en Colombia”, realizada con el apoyo de diversas comunidades e instituciones eclesiales, cuenta las historias de Tierralta y Macayepo, dos casos emblemáticos.

En septiembre del año 2000 los paramilitares asesinaron a 11 personas en la vereda La Resbalosa, en el municipio de Tierralta, Córdoba. Luego de la masacre, unas 50 familias, casi todas cristianas, salieron desplazadas hacia el casco urbano. En la arremetida de los armados, varios líderes espirituales de la comunidad fueron declarados objetivo militar. La iglesia Los Olivos cerró sus puertas. Los cuerpos de las víctimas fueron velados secretamente.

Por una carretera pavimentada entre las montañas, hombres, mujeres y niños salieron a buscar refugio de la violencia. El pastor de esa iglesia lideró el desplazamiento. “El papel de la iglesia en este proceso fue clave —contó una de las víctimas—: consistió principalmente en tratar de que la gente no se dispersara”. Cuando llegaron al casco urbano fueron recibidos en la iglesia Cristo El Rey, donde pasaron la primera semana y les ayudaron a empezar la construcción de una nueva vereda, un nuevo hogar.

Durante más de medio siglo de conflicto armado las comunidades de fe jugaron un doble papel. Por un lado, fueron blanco de los grupos armados que veían, a través de los actos de violencia contra ellas, una forma de fragmentar los lazos sociales. Y, al mismo tiempo, fueron el lugar que permitió mantener la unión y sembrar esperanza en los momentos difíciles. Esas dos caras son el eje central de nuestra más reciente investigación: “Memoria y comunidades de fe”, que narra las historias de Tierralta (Córdoba) y Macayepo (Bolívar), donde las comunidades de fe fueron protagonistas como víctimas y como resistentes. Y en el que también participaron las comunidades de Toribío y Corinto, Cauca.

En la base de datos que se construyó, a partir de entrevistas y otras fuentes, quedaron registrados 589 casos de victimización hacia líderes religiosos y comunidades de fe en el país, ocurridos entre 1982 y 2012. Entre esos, 29 fueron asesinatos. Ocurrió en la misma Tierralta donde en pleno culto un líder evangélico fue asesinado por presuntos paramilitares, que lo señalaban de ser guerrillero. O en Trujillo (Valle) con el padre Tiberio Fernández, asesinado por una alianza entre mafiosos, paramilitares y fuerza pública, a quienes les molestaba la ideología de sus sermones.

Pero la causa de esa violencia no fue de tipo religioso, dice la investigación. No se trató, como en Irlanda del Norte, de un enfrentamiento entre credos. Acá fue diferente. En lugar de atacarlos por pertenecer a una religión específica, lo hacían por una característica transversal a las comunidades de fe en el marco del conflicto: fueron lugares de unión, de resistencia no-violenta, y muchas veces sus líderes y lideresas asumieron un compromiso en la defensa de los derechos humanos. “Las comunidades de fe o tradiciones espirituales eran un estorbo a la implantación o expansión de proyectos guerreros”, escribió el profesor Gonzalo Sánchez en el prólogo del libro.

Los relatos que componen este libro no solo hablan de religión. También muestran pinceladas sobre la vida en esas regiones y cómo se vieron transformadas por la violencia: cómo empezaron a aparecer templos destruidos, árboles abaleados, casas convertidas en trincheras, y caminos que se convirtieron en rutas de escape.

Aunque las historias de Tierralta y Macayepo no representan todo el espectro de comunidades católicas y evangélicas en el país, los dos casos sí son una puerta de entrada para entender la relación entre la guerra, la fe y la resistencia no-violenta.

Descargue aquí el informe "Memoria y comunidades de fe en Colombia".


Enlaces relacionados:

En respuesta a algunos comentarios que han circulado en redes sociales sobre nuestros contenidos en audio, el CNMH quiere hacer algunas aclaraciones.

Durante las últimas semanas hemos recibido varios mensajes de la ciudadanía y de nuestros seguidores en redes sociales, en los que nos preguntan ¿dónde están los productos sonoros del CNMH? De antemano, queremos agradecer a todos por su interés en este material que busca hacer visibles los impactos de la guerra en Colombia, y las luchas y resistencias de las víctimas del conflicto armado. Al respecto queremos informarles:

  1. Nuestro compilado de material sonoro se encuentra alojado en su totalidad en el archivo documental del CNMH y puede obtenerse a través de una solicitud en www.centrodememoriahistorica.gov.co/comunicate-pqrd
  2. Con el propósito de difundir amplia y masivamente el contenido sonoro del CNMH, desde 2013 alojamos este material en la plataforma de distribución de audio en línea de SoundCloud, que facilita el acceso al contenido y permite que sea compartido y descargado libremente. En la actualidad nuestro perfil en esta plataforma está en actualización y todos los programas, álbumes y podcast que conforman el archivo sonoro del CNMH estarán nuevamente disponibles antes de marzo.
  3. Este año también estaremos trabajando en la migración de estos contenidos al Archivo Virtual de los Derechos Humanos y Memoria Histórica del CNMH, para que se convierta en otra vía de acceso y preservación de esta información.

Seguiremos apostándole a la producción y difusión de contenidos sonoros como una medida que aporte a la reparación simbólica de las víctimas, a la reconstrucción de memorias y a la consolidación de garantías de reconciliación y no repetición. 

El CNMH hace un llamado para que estos sucesos sean investigados con el mayor rigor posible, se identifique a los responsables y se tomen los correctivos necesarios para que líderes y lideresas de derechos humanos, no se vean sometidos a ninguna clase de intimidación por la labor que realizan.

El pasado domingo 27 de enero Débora Barros Fince, lideresa wayúu víctima de la masacre de Bahía Portete,  denunció un atentado en su contra. Según su relato, sobre las 5:30 de la tarde estaba arribando a pie a su casa cuando su esposo, al ver que el parrillero de una moto que se dirigía a ella llevaba un arma en la mano, le gritó que corriera. Débora aprovechó que un carro se le atravesó a la moto y corrió hacia una casa vecina para protegerse.

En el 2004 los paramilitares asesinaron a seis personas en el corregimiento de Portete (Uribia, La Guajira). Cuatro de ellas eran matronas de la comunidad; incluida la tía de Débora, Rosa Fince. Débora ha sido una destacada lideresa de los indígenas wayúu, se desempeñó como secretaria de Gobierno de La Guajira y ha denunciado reiteradamente hechos de corrupción en el departamento. Su hermana Telemina Barros también es una reconocida promotora y defensora de derechos humanos, y hace parte de la Mesa Departamental de Víctimas de La Guajira. Las hermanas Barros Fince señalan que desde finales del 2016 no cuentan con esquemas de seguridad de la Unidad Nacional de Protección. Desde entonces, las amenazas e intimidaciones en su contra han aumentado.

Desde el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) hacemos un llamado para que estos sucesos sean investigados con el mayor rigor posible, se identifique a los responsables y se tomen los correctivos necesarios para que líderes y lideresas de derechos humanos, no se vean sometidos a ninguna clase de intimidación por la labor que realizan.

El CNMH reitera que es necesario proteger las vidas y libertades de quienes defienden los derechos de las comunidades, y pide que estos episodios sean atendidos debidamente por las autoridades. Acompañamos a Débora, a su hermana Telemina y a toda su familia.

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