Recuerdos de una estudiante

Publicado 13 Abr 2012

Recuerdos de una estudiante

Maria Laura Idárraga Alzate, estudiante de octavo semestre de Comunicación Social Periodismo de la Universidad Católica de Pereira. Fotógrafa y periodista en proceso y constante ebullición. Escribió esta crónica publicada en su blog personal.

 

 

“La memoria histórica se refiere a acontecimientos y hechos que adquieren un sentido especial para un país, para una clase o un grupo social, es decir, hechos que generan gran impacto social y que dejan huella en la memoria individual y colectiva de una población”

 

Desde hace algunos meses he venido estudiando un poco el tema de la memoria histórica y el recuerdo en comunidades que han padecido los horrores de la guerra en Colombia. En mi búsqueda por descubrir si durante este proceso de hacer memoria, se reconstruye el tejido social tan deteriorado por las mismas circunstancias desafortunadas, me he encontrado a mí misma, preguntándome y debatiendo por la importancia que tiene el recuerdo. 

 

El recuerdo hace parte de esa memoria sensitiva que nos lleva al pasado. Inevitablemente para estas personas, recordar no sólo hace parte de un triste y doloroso retroceso a aquellos instantes en que de alguna u otra manera se vieron involucrados en los hostigamientos, masacres o secuestros de familiares inocentes, amigos, vecinos, sino que además es la única evidencia de que algo pasó allí y no debe continuar en la impunidad.

 

Los recuerdos que mencionaré a continuación tienen todos algo en común. Los habitantes de aquellos municipios, de la mano de organizaciones que además se dedican a la reparación de las víctimas, han tenido la oportunidad de movilizarse para resistir. Han tenido la osadía de encontrarse cara a cara con sus tragedias para reparar. Su valentía no tiene precio, no puede ser indemnizada con cuantos salarios mínimos la Ley de Víctimas lo estipule, porque nada de eso les traerá sus familiares de regreso, o les devolverá la paz o la felicidad que alguna vez tuvieron. Estas personas decidieron luchar por sus derechos, antes que la misma justicia lo determinara como tal y antes de incluso garantizarles la no repetición de dicha violencia. 

 

Durante la investigación, he recorrido algunos municipios que constantemente asumen e inician procesos de memoria y reconstrucción de tejido social, reconociendo así sus costumbres y formas de vida, conociéndolos y aprendiendo de ellos. Los dividiré en recuerdos que marcaron mi visión personal y profesional. Los esfuerzos que estas personas hacen deben ser conocidos por todos, porque el duelo que han tenido que llevar es una prueba de superación más que personal, colectiva.

 


 

Prohibido olvidar

Primer recuerdo: prohibido olvidar

 

“La memoria transforma el dolor en esperanza,
la muerte en vida,
la impunidad en justicia”

 

Era un día gris pero hacía calor. Trujillo, Valle fue una de mis primera experiencias como fotógrafa documental. Estaba expectante porque para ese momento no había tenido la fortuna de fotografiar nada que no saliera de la burbuja que es la ciudad, tan hermética, tan individual. Jamás pensé que me encontraría cara a cara con el lamento de una comunidad entera.  

 

Recorrimos el pueblo con cautela, aún estaba temprano. No se avecinaban lluvias o cualquier otro tipo de desorden climático, sin embargo, el pueblo tan callado empezaba a murmurar, éramos extraños. Subimos una pequeña loma, había gente reunida. Madres, abuelas, tías, sobrinos, hijos, más bien pocos padres. Algunos llevaban fotos en sus manos; fotos viejas, arrugadas, manoseadas, desgastadas. Había pasado mucho tiempo desde el día en que esa cámara las capturó y aún así parecían tan recientes, tan allegadas, tan cálidas. Un papel que cobraba vida. Ese día en el pueblo estaban conmemorando las víctimas de la masacre de Trujillo, y empezaba un corto pero amplio recorrido por la historia del mismo.

 

Madre recuerda a su hijo

 

Dentro del gran salón había muchas sillas y una tarima con un micrófono. Alguien hablaba sobre Dios, sobre la palabra, sobre la vida. Aún recuerdo vivamente los sueños, las esperanzas, los proyectos de vida todavía por cumplir, que se exponían allí en forma de dibujos, fotografías, documentos, objetos perdidos. Sin dueño. 

 

Más allá de esta gran casa encontré el Parque Monumento. Un lugar imponente, frío y solitario. Caminé sin apuros, leyendo y releyendo cada inscripción de los osarios. En ellas escritas las letras oscuras, imborrables de los nombres de las personas fallecidas, su edad y causa de muerte. Impactante recuerdo fresco permanece en mi memoria: pena moral.

 

Construyamos un nido

Parque monumento

 

Dicho lugar fue creado para honrar las memorias del pueblo donde, de manera simbólica, descansan los restos de las 235 víctimas que durante décadas padecieron la violencia en forma de torturas, desapariciones forzadas, asesinatos colectivos, desplazamientos masivos, todas producto de un mismo designo criminal, cometido por las disputas entre paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros e incluso políticos de la zona.

 

El día terminó después de una marcha por el parque; las palabras de aliento del padre Jesuita Javier Darío Restrepo, obturadores como Jesús Abad Colorado y Rodrigo Grajales, los gritos y las risas de unos niños, el llanto tímido de una madre, la voz silenciosa de otra más. Un performance sobre la memoria y el desplazamiento forzado, Yorladi Ruiz le cantaba a los nidos. Miradas furtivas de ingenuos estudiantes.

 

“Construyamos un nido, sí un nido, un nido. 
Pero ¿dónde? ¿dónde? ¿dónde, donde?
No sé”

 

Segundo Recuerdo: las flores

 

Las flores

Jardín de la memoria

 

El oriente antioqueño se caracteriza por tener variedad de recursos naturales, dentro de los cuales el hídrico encabeza la lista de importancia. San Carlos no es la excepción. Hace aproximadamente seis meses se celebró en este cálido municipio el lanzamiento del Informe del Grupo de Memoria Histórica de la ya desaparecida Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. “San Carlos, Memorias del Éxodo en la Guerra” es un compendio de testimonios, cifras, mapas, fotografías, reseñas y cronologías de la guerra padecida en este municipio. 

 

Llegué al parque principal y ya estaban congregadas muchas personas. Algunas parecían forasteras pero todas vestían las mismas camisetas, que tenían escrita la siguiente frase:

 

“Solo soñaba con el día en que pudiera regresar a mi tierra, de donde no debí salir jamás”.

 

Escuchamos algunos agradecimientos, aplausos y gritos de euforia. En la parte delantera del parque había un espacio vacío de lo que quizá alguna vez fue una fuente. Sobre ella, ocultando alguna especie de mural, se encontraba una sabana larga que decía: 

 

“Sueños y esperanzas que florecen en el jardín de la memoria”.

 

Luego dos mujeres entraron en acción con un corto pero simbólico baile. Se trataba de un ritual de inicio, de bienvenida. Margarita Granada y Juliana Torres vestían de verde, amarillo, naranja y negro. Se contoneaban al ritmo de una danza folclórica. Había sonrisas, sudor y pétalos de rosas. El jardín comenzaba a florecer como reconocimiento a las víctimas, a no olvidarlas, a darles vida a su recuerdo.

 

Margarita Granada y Juliana Torres

 

Ambas chicas se miran cómplices de lo que está a punto de ocurrir. El Jardín de la Memoria queda al descubierto. Es un monumento que pretende visibilizar, recordar y reparar de manera simbólica a las víctimas del conflicto armado del municipio, para que la paz y la vida florezcan. En dicho jardín, los colores de las flores y las hojas tienen un significado especial, además se define la libélula como símbolo de los desaparecidos que ya fueron encontrados o exhumados.

 

Mural

  • Hoja verde oscuro: desplazamiento.
  • Hoja verde claro: retorno
  • Flor roja: homicidio
  • Flor morada: desaparición forzada
  • Flor amarilla: minas antipersona
  • Flor azul: reclutamiento forzado
  • Flor blanca: abuso o violencia sexual
  • Flor naranja: en homenaje a todos los resistentes

 

 

Todos querían ver de cerca el monumento, ansiosos por ver los nombres de sus seres queridos. El jardín reposa allí para todos sus habitantes, para salvaguardar la memoria histórica del conflicto armado, para recordarles que florecen, que no los olvidamos.

 

Ese mismo día, durante el lanzamiento del informe, algunas mujeres hablaron sin tapujos y contaron sus historias. Una de ellas dedicó a su amado pueblo “Amor eterno” de Rocío Durcal a modo de agradecimiento por el apoyo a la causa. Todos escuchamos atentos, atónitos, cómo el tiempo se detenía y nos enseñaba a recordar sin dolor, con esperanza y reconciliación. Más tarde una obra de teatro liderada por la casa de la cultura del municipio y el grupo juvenil de teatro. Máscaras, trajes negros, una crítica mordaz a los medios de comunicación, madres desconsoladas, falsos positivos. Mi interés de pronto se vio envuelto en estas prácticas culturales y artísticas tan juveniles. Cómo enseñan estos gestores de memoria a los hijos de la guerra, los niños, adolescentes y jóvenes a convivir con el recuerdo.

 

Bitácoras de víctimas

Tercer Recuerdo: las bitácoras

 

Bitácoras de las víctimas

 

Granada tiene un significado especial para mí, no sólo porque he convivido con sus habitantes de miles maneras durante un corto pero valioso tiempo, sino porque se ha convertido en mi lugar favorito para sobrellevar miles de duelos internos que tengo con el recuerdo.

 

Granada es un municipio que también pertenece al oriente antioqueño. Está a dos horas de San Carlos y a diferencia de éste, hace mucho frío. Su gente es pujante, solidaria y amable con los visitantes, porque para ellos todos pertenecen a la misma familia, como me lo han demostrado en estas últimas semanas. Es un pueblo que está en constante cambio y creación. Es un ejemplo de organización, movilización y resistencia civil.

 

Un ejemplo de su liderazgo dentro de la región lo representa la Asociación de Víctimas Unidas de Granada (ASOVIDA) y múltiples cooperativas como Granada Siempre Nuestra que nacen con el único motivo de reparar y superar sin olvidar. Las personas que lideran estas organizaciones no sólo han tenido que superar sus propias tragedias, también se echan al hombro las tragedias de los demás habitantes, tanto los del casco urbano como los de la zona rural, historias escalofriantes, que nadie quisiera padecer.

 

El salón del Nunca Más es una muestra de los procesos de memoria histórica que se lideran en el municipio. Cuando entré por primera vez estaba muy oscuro y silencioso, pero a medida que se encendían las luces, los rostros de las víctimas de paramilitares, guerrilleros y ejército comenzaban a hablar su propia historia. En las paredes reposan expuestas las heridas que dejaron los enfrentamientos, las masacres colectivas, las explosiones y la destrucción del pueblo. Hay incluso espacio para guardar el fragmento del carro bomba que destruyó el casco urbano, lo que hoy es un hermoso parque frente a la iglesia.

 

Salón del Nunca Más

 

Delante de las víctimas reposan con mucho cuidado las bitácoras que las familias se encargan de llenar día a día. En sus páginas están descritas noches de dolor, de infinita pena por la ausencia del ser amado. Estos diarios son una prueba del poder que tiene la palabra junto con el recuerdo. Es un puente de comunicación entre el más allá, producto de la religión que profesan. Esposas, madres, hijos y hasta nietos que no conocieron a sus abuelos, escriben allí sobre sus rutinas, sus cotidianos en su ausencia. Hay historias tan íntimas que no debieran ser parte de la exposición pero están allí para que aprendamos de ellos. 

 

Detrás de toda esta obra histórica hay un grupo de personas, en su mayoría mujeres, que luchan por rescatar todo lo que les recuerde a los fallecidos. Prendas de vestir, fotografías, son solo dos ejemplos de lo que reúnen en el salón. En una de las paredes está la línea del tiempo, cronología que sirve para entender de manera objetiva cómo sucedieron los hechos, en qué épocas se intensificó y la sistematización su horror. 

 

Una lágrima asoma por mi mejilla. Vergüenza. Me veo a mí misma envuelta por miles de pensamientos de lo terrible que debe ser para ellos tener que observar todos los días de su existencia este tipo de objetos que les recuerda con intensidad el pasado, como si la herida no sanara; lo solos y desdichados que son en el presente. Pero no. Existen allí por una razón, por un motivo aparentemente masoquista, pero significativo: recordar para saber la verdad y luchar por los derechos de las víctimas.

 

Una hija le escribe a su padre la ausencia tan grande que ha dejado en la casa; una madre le recuerda a su esposo el día en que nacerá su hijo; un nieto le recuerda a su abuelo que no olvide bajarle una nube para asegurarse que su sabor es como el algodón de azúcar. Bitácoras que cuentan con detalles la impresionante resistencia que tiene el corazón de las víctimas al duelo, porque “recordar es vivir”.

 

Más allá del salón encontré un parque titulado “El parque de la vida”. En el centro del mismo, una placa firmada por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez rechazando la violencia, el olvido y la impunidad. Una placa que lamentablemente e irónicamente se ha borrado con el tiempo, como las promesas.

 

Parque de la vida

Parque de la vida

 

Alrededor de la placa inverosímil hay decenas de piedras de colores con nombres inscritos en ellas. Son las víctimas. Ese día las limpiaron porque estaban sucias, inmersas en el polvo del olvido donde finalmente perdura la justicia colombiana.

 

En el transcurso de las últimas semanas mi propósito ha sido recolectar metáforas de la guerra en Granada. Este recurso literario ayuda a alivianar el peso de la ira que produce recordar los hechos, las tragedias. Parte de estas metáforas incluyen la descomposición social como consecuencia de la guerra y dichas personas que las manifiestan y las comunican a modo de desahogo, están ansiosas porque se conozca la verdad. Se rehúsan a olvidar lo que les pasó y por nuestro lado olvidarlos sería un insulto. Una patada en las vísceras.

 

Indudablemente recordar puede ser doloroso, incluso tortuoso, pero la memoria es importante y más en un país que sufre de Alzheimer prematuro. Recordar nos ayuda a conocer y no repetir la historia.

 

Psd: Quizás para ustedes no es importante pero mientras escribía esta crónica, estuve poniendo a prueba mi memoria, mis más profundos recuerdos sobre estos acercamientos. Espero con toda honestidad no haber olvidado nada, ni una lágrima, ni una frase, ni un consuelo, ni una sonrisa y que ojalá nunca se borren de mi memoria.

 

Nostalgia.

 

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