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Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

Mural en la vereda Campo Alegre, corredor víal Puerto Vega – Teteyé (Arauca).Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.

Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”. - Fotografía: Cortesía

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas... Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

Una obra de teatro

Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH.Imágenes de la obra de teatro “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, una iniciativa de memoria apoyada por el CNMH. - Fotografías: Cortesía

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Mural en el parque central de Orito, Arauca.Mural en el parque central de Orito, Arauca. - Fotografía: Camilo Ara/CNMH

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

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portada teatro mujeres exiliadas v2Mujeres colombianas exiliadas y refugiadas en España, presentaron en la ciudad de Barcelona el pasado 2 y 3 de noviembre su obra “Mujer-eres: el teatro como arte sanador”.

Por: Ricardo Robayo

Esta iniciativa, liderada por La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas, reúne a más de 40 mujeres víctimas del conflicto armado colombiano que tuvieron que abandonar el país a causa de la violencia. Ellas comenzaron su labor en 2004, exigiendo ser tenidas en cuenta en las decisiones a la hora de hablar de migración forzada, esclarecimiento de la verdad, reparación y los derechos de las sobrevivientes de la guerra en en Colombia.

“Mujer-eres: el teatro como arte sanador” se empezó a trabajar desde 2016 con el apoyo de dramaturgos que las capacitaron en técnicas de teatro, lo corporal y performance. También se recolectaron historias de vida de algunas integrantes de la organización, que luego dieron forma a una puesta en escena desde la memoria con una perspectiva de las mujeres frente a las experiencias del exilio.

“Nos sirve como un mecanismo de denuncia de la violación de los derechos humanos, este proceso de Mujer-eres nos ha ayuda a reconstruirnos en la parte sicosocial y también a organizarnos para visibilizar nuestras causas sobre el exilio relacionadas con la situación de derechos humanos en Colombia”, cuenta Mireya Perea integrante de La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas y que fue directora del Comité Regional de Derechos Humanos en Sabana Torres, Santander.

Mireya y su esposo denunciaban la desaparición forzada de campesinos y las persecuciones en contra de los defensores de derechos humanos en su región. Esta valentía, y fortaleza, los llevó a que empezaran a recibir constantes amenazas de muerte por parte de grupos paramilitares que operaban en la zona, obligándolos a desplazarse forzadamente y luego salir del país para salvar sus vidas.

teatro mujeres exiliadas2Fotografía: Ricardo Robayo Vallejo/CNMH

“Queridas hermanas, como presagio de la ruptura y el dolor que vendría, el llanto brotó cuando el avión despegó. Fui pasajera de un vuelo ajeno y no era un simple viaje. Mi vida se partió en dos y una parte de mi jamás viajó conmigo”.
Fragmento de la obra “Mujer-eres: el teatro como arte sanador”.

Según Eurostat, entre 2014 y 2016, España alcanzó más de 36 mil solicitudes de protección internacional, dentro de este universo de solicitantes de refugio se encuentran las de personas colombianas que huyeron de la violencia.

Las presentaciones de la obra buscaban mostrar el resultado de un proceso que se construyó durante varios años, para visibilizar las vulneraciones sufridas por las mujeres a causa de la violencia y posicionar las voces de las exiliadas colombianas. “Desde el lenguaje corporal contamos nuestras experiencias de vida, las vulneraciones que vivimos en nuestro país hasta las experiencias del exilio en los lugares de acogida. La memoria nos dignifica y es lo que le da sentido a nuestros dolores, pero también a nuestras resistencias”, dice  María Rosario Vásquez integrante de La Colectiva.

Más de 300 personas llenaron las salas donde se presentó la obra, abriendo de igual manera un espacio de diálogo entre los asistentes y las mujeres exiliadas. “Todo este proceso ha sido muy importante para nosotras porque nos ha ayudado a romper el silencio, a denunciar los crímenes del Estado para que nuestras historias sean visibles en la memoria histórica del país”, dijo *Luz Mery integrante de La Colectiva, quien tuvo que abandonar el país por las constantes amenazas y persecución a su familia.

Mery continua exigiendo justicia por el asesinato de uno de sus hermanos, miembro del partido político Unión Patriótica (UP), en 1987, una ejecución extrajudicial cometida por un agente del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en el departamento de Arauca. Luego de las constantes denuncias del asesinato de su hermano, la familia de Luz Mery sufrió la desaparición forzada de otro de sus hermanos que también era integrante de la UP en 1993. La violencia contra su familia no cesó y la única alternativa para salvaguardar su integridad fue el refugio en otro país.

teatro mujeres exiliadas3Escenas de la presentación de la obra “Mujer-eres”. - Fotografía Isa Rubilar Parra

“Las mujeres que hoy nos encontramos aquí, ninguna eligió ser desplazada ni exiliada, el desplazamiento forzado es un delito de lesa humanidad y crimen de guerra. El gobierno tiene las llaves de mi casa, ¿hasta cuándo?... Los invitamos a colocarse en nuestros zapatos para la exigibilidad de nuestros derechos”.
Fragmento de la obra “Mujer-eres: el teatro como arte sanador”.

Alba Teresa Higuera coordinadora de La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas afirma que el impacto de la guerra ha sido desproporcionado en la vida de las mujeres. “Las huellas de estas violencias están escritas en nuestro cuerpo, en nuestro territorio, en nuestras familias, en nuestros procesos comunitarios”, pero también rescata la transformación de estos hechos victimizantes para convertirlos en acciones de resiliencia.

“Uno de los resultados de este proceso Mujer-eres, fue la publicación del libro Rompiendo el silencio: aportes a la construcción de la paz desde el exilio, publicación que contiene los relatos de vida de siete compañeras que fue publicado a inicios de este año”, concluyó Alba Teresa.

“Mujer-eres: el teatro como arte sanador” contó con el apoyo durante estos tres años del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (CNMH), la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) y la Corporación Opción Legal (COL).

*Nombre cambiado por seguridad

teatro mujeres exiliadas4Presentación de la obra “Mujer-eres”. - Fotografía Isa Rubilar Parra

Published in Noticias CNMH

portada aqui estamosLa dramaturga Carolina Vivas y la docente Maribel Ciodaro presentaron en la Fiesta del Libro de Medellín “Aquí estamos”, un performance que buscaba ponerse en los zapatos de los líderes silenciados en Colombia. Los defensores de la vida y los derechos humanos, son los protagonistas del Museo de la Memoria Histórica presente por estos días en Medellín.

Manuela Ochoa

¿Quienes eran los 144 líderes sociales asesinados o desaparecidos desde la firma del Acuerdo de Paz en noviembre del 2016, hasta julio de este año, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto? ¿Qué les gustaba comer? ¿Con quién vivían? ¿Por qué los mataron? Estas fueron algunas de las preguntas de las que partió “Aquí estamos”: un performance dirigido por la dramaturga Carolina Vivas y la docente Maribel Ciodaro, que se presentó el domingo pasado en el Parque de los Deseos de Medellín, como parte del programa del Museo de la Memoria Histórica de Colombia en la Fiesta del Libro.

aqui estamos1

La acción artística recorrió de forma circular el Parque de los Deseos. Un grupo de actores, vestidos con trajes amarillentos y zapatos embarrados, sostenían maniquís metálicos cubiertos con faldas, pantalones, camisas y blusas. Se movían como las nubes. Poco a poco formaron un público: espectadores de todas las edades que los perseguían a pesar del calor. Los acompañaba también la música del polaco Henryk Górecki, específicamente su “Sinfonía de las canciones de lamento”. Respiraban despacio.

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Sus rostros cambiaron progresivamente de la mirada fija en el horizonte al contacto visual con el público, de la pesadumbre al júbilo. De repente, corrieron hacia la explanada donde bailaron e hicieron bailar a los maniquíes; los unos con los otros, en parejas, en grupos. Su ropa y sus zapatos cargados de tierra, se desempolvaban con cada movimiento. Se acercaban a contarnos cuál era su comida favorita o a cantarnos un pedazo de una canción. Poco a poco, cayeron al piso con un ramo de flores y un nombre escrito en un papel. Murieron. Los mataron.

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Seguimos al grupo de actores y dejamos atrás los cuerpos simbólicos. Nos sentamos todos en un salón, donde volvió la música de Górecki. Mediante fotografías y testimonios de líderes asesinados en el Cauca y en la región Caribe, los actores encarnaron a sus familiares. Nos contaron sus recuerdos. Se proyectaron nombres de hombres y mujeres asesinados, y los aplaudimos al unísono. Celebramos su memoria, su legado.

aqui estamos4

Carolina Vivas y Maribel Ciodaro trabajaron bajo la consigna: “Préstele su cuerpo a un líder social asesinado” y durante cuarenta minutos, lo hicimos. “Aquí estamos”en homenaje a las personas que han muerto por defender el medioambiente, la tierra, los derechos humanos, la vida.

Encuentra aquí la programación completa del Museo de la Memoria Histórica de Colombia en la Fiesta del libro.

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