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El director del Semanario Voz murió este 23 de mayo. Recordamos a un hombre que le apostó a la paz y que donó los archivos del periódico al Archivo de DDHH del CNMH para que lo conozcan las nuevas generaciones.

“Yo llego al periódico Voz en la década de los años 80. Antes estuve cinco años en Hungría, que era un país socialista, y donde era dirigente de la juventud comunista. Ya era abogado. Regresé a Colombia en el 80 y empecé a trabajar en el Partido Comunista”. Así recordó Carlos Lozano Guillén la vez que abandonó Europa para vincularse con el partido y el entonces periódico Voz de la Democracia.

Manuel Cepeda Vargas, entonces director del periódico, le pidió a Lozano que se encargara de la sección juvenil. Cada ocho días la escribía y cada mes se encargaba de hacer una separata para jóvenes. Así ingresó a Voz de la Democracia, que pocos años después cambió de nombre y pasó a llamarse Semanario Voz.

Una vez Cepeda renunció a la dirección del periódico, pidió que su reemplazo fuera Lozano. “Nunca me imaginé que fuera a ser director del partido por tantos años. No se me pasó por la cabeza. Fue muy sorpresivo. Luego se presentaron varios nombres, entre ellos el mío, y me designaron. Y ahí quedé”, dijo en entrevista con el Centro Nacional de Memoria Histórica.

En su último año como director del Semanario Voz, se encargó de liderar la donación de copias fidedignas de todo el archivo del periódico, compuesto por más de 55 mil páginas en 2798 ediciones, publicadas desde 1957. Asimismo, alrededor de 2800 caricaturas publicadas por Arles Herrera, conocido como Calarcá. (Ver: Las tres estaciones del Semanario Voz)

Lozano Guillén, oriundo de Ibagué (Tolima), fue una figura destacada del Partido Comunista, vocero de Marcha Patriótica e integrante del movimiento Colombianas y Colombianos por la paz. Desde su actividad política y su papel como director del Semanario Voz apoyó los diálogos de La Habana entre el gobierno y las Farc. “Creo que le dedicamos mucho espacio al tema de la paz, que era necesario, indispensable. Eso fue algo que nos especializó, sin desmedro de la información popular, que es parte de la vida misma del periódico”, aseguró.

También fue autor de libros como Diálogos de la Habana: El difícil camino de la paz (2014) y ¿Guerra o paz en Colombia? Cincuenta años de un conflicto sin solución (2006).

El Centro Nacional de Memoria Histórica rinde un homenaje a Carlos Lozano Guillén por su compromiso con la paz, el periodismo y la memoria.

Published in Noticias CNMH

El cacique de la caricatura

Publicado 17 Sep 2019

Arles Herrera dejó a un lado su nombre cuando pasó a llamarse Calarcá, uno de los caricaturistas más importantes del país. En el 2017 donó cerca de 2.800 de sus trabajos al Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). La historia de un maestro de maestros.

portadaJuan Camilo Gallego Castro para el CNMH

Calarcá no sabe ahora si su seudónimo obedece al cacique que defendió a los pijaos de los españoles o al municipio en el que creció. La suya era una familia campesina del Quindío, que tenía por tradición comprar libros de segunda expuestos sobre ruanas en la plaza de mercado del pueblo. Ya en la casa leían en voz alta. Era la entretención de la tarde. La radio era un lujo que su familia no se permitía.

Cada semana un hombre les vendía los fascículos de una novela sobre los carbonarios, aquel movimiento anterior a la Revolución Francesa, en donde se hablaba de la lucha de los trabajadores. Fue su epifanía: la lucha social.

Su familia luego se desplazó al Valle del Cauca. En Cali aprendió sus primeras bases de pintura, retrato y paisaje con el pintor payanés Hernando González. Hasta que llegó a Bogotá y se vinculó con el Partido Comunista recién terminó la dictadura de Rojas Pinilla.

Aquel momento sagrado de un joven de veinte años parece distante en un hombre con el cabello muy blanco, fundido como la niebla, entre las orejas y los ojos oscuros, que ahora recuerda cómo se convirtió en el principal caricaturista del periódico La Voz Proletaria, hoy Semanario Voz.

“Ya había visto las caricaturas políticas del periódico El Gato. Pacho Gato era el dueño. Las había visto y me llamaban la atención, pero nunca pensé que sería caricaturista”, dice Calarcá.

caricatura * Caricatura Calarcá - Betto

Antes de ser Calarcá, su nombre era Arles Herrera. En 2014, su cumpleaños 80, Betto, caricaturista de El Espectador y uno de los más importantes del país, lo homenajeó con una caricatura en la que se le ve de perfil. Su cabello blanco ondeante, acompañado por un gesto que parece ser una sonrisa escondida entre el bigote oscuro.

Un maestro de maestros

Harold Trujillo, conocido como Chócolo, dice que Calarcá “es un caricaturista excelso: inteligente, crítico, claro y breve. Todo un expresionista dotado de una línea plástica genial. Su obra es importante porque sus dibujos contienen una visión personal de la realidad nacional, que constituyen un banco de imágenes sobre un importante período de nuestra historia”.

En ese sentido, Raúl Fernando Zuleta, caricaturista de El Colombiano y profesor de artes de la Universidad de Antioquia, asegura que “es innegable que Calarcá es un referente de la caricatura colombiana, en especial del género de la caricatura fisionómica, donde se podría decir que todos los caricaturistas colombianos dedicados a este género han tenido alguna influencia de él”.

pastrana Caricatura Pastrana - Calarcá

En el país la caricatura fisionómica la desarrolló con maestría Ricardo Rendón a principios del siglo XX. Zuleta agrega que “desde entonces este género no había tenido un exponente cuyo trabajo se centrara casi principalmente en la fisionomía. Esta caricatura había tenido cierto estilo clásico, y Calarcá logra experimentar nuevas formas y estilos, con lo cual se vuelve en referente.”

Chócolo señala que Calarcá también influyó en su obra “por su excelente humor, su precioso dibujo y su tratamiento crítico de la escena política y social nacional e internacional.”

A pesar del reconocimiento de sus colegas, Calarcá cree que el humor de la caricatura colombiana se parece al de Frankenstein: “el discurso nuestro es tieso, rígido. Se dicen muchas verdades, pero hay que saberlas decir con gracia, con picante, con la metáfora, la anécdota.”

uribe santos Caricatura Uribe-Santos - Calarcá

Entonces a veces hace las veces de Frankenstein y en la mayoría de ocasiones su humor parece más fresco y natural, más contundente a la hora de criticar a los presidentes de turno desde Carlos Lleras Restrepo hasta Juan Manuel Santos.

Son miles sus caricaturas. Cerca de 2.800, publicadas en los periódicos La Voz Proletaria y Semanario Voz, cuyas copias fidedignas fueron donadas al CNMH. Estas caricaturas harán parte del fondo Fundación Semanario Voz, que se podrá consultar próximamente en el Archivo Virtual de Derechos Humanos.

Arles era un indio, Calarcá es el cacique. Un maestro, un maestro.

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El principal medio de comunicación del Partido Comunista en Colombia, es uno de los actores que se ha sumado al Pacto por la Memoria. Conozca la historia de este periódico, especializado en cubrir las diferentes manifestaciones sociales del país y los diversos procesos de paz en Colombia, que pronto se podrá consultar en el Archivo Virtual de los Derechos Humanos y Memoria Histórica.

Por: Juan Camilo Gallego Castro para el CNMH

semanarioLa dictadura de Gustavo Rojas Pinilla terminó el 10 de mayo de 1957. Con su salida fueron derogados todos sus decretos, entre ellos el que hacía ilegal el Partido Comunista. Dos meses después, el 20 de julio de 1957, el Partido Comunista de Colombia puso en circulación la primera edición del periódico Voz de la Democracia. Esto respondía a una razón fundamental: necesitaban un medio de comunicación abierto y legal.

Carlos Lozano, hoy director del Semanario Voz, recuerda que “no existía la persecución sistemática, pero el Partido tampoco estaba avalado legalmente para poder actuar. Por eso se utilizó la figura del periódico, para crear ese espacio político para trabajar”.

Entonces abrieron oficinas, nombraron un director y un equipo de redacción. Sin embargo en 1964, en el segundo gobierno del Frente Nacional, con Guillermo León Valencia en la presidencia, se rumoraban los ataques a Marquetalia y las llamadas “repúblicas independientes” en el marco del Plan Lazo, diseñado por los Estados Unidos para combatir el comunismo en América Latina.

Como Voz de la Democracia dio a conocer el Plan Lazo e hizo la denuncia de los ataques a las regiones agrarias el gobierno decretó su cierre. No obstante, en el seno del Partido Comunista ya habían previsto esa posibilidad.

La segunda estación

Una semana después del cierre, en las calles circuló un “nuevo” periódico: ‘La Voz Proletaria’. Cambiaron el nombre y el director, pero se trataba del mismo periódico con un diseño similar. En esta segunda estación el periódico se nutrió de la lucha social. Según su director, cubrieron desde la huelga más pequeña hasta la más notoria.

Este no sería el único cambio de nombre que tendría este medio de comunicación, en los años ochenta Manuel Cepeda, el director del periódico, propuso un debate en el interior del Partido. “Bueno —dijo— Voz Proletaria ya cumplió su ciclo, el país ha cambiado, es más urbano. El nombre de Voz Proletaria limita para llegar a otros sectores que no son obreros”. Así fue como a partir de 1983 que pasó a llamarse Semanario Voz. Tres años después Manuel Cepeda se retiró de la dirección y su lugar lo ocupó Carlos Lozano.

“Nunca me imaginé que fuera a ser director del periódico por tantos años. No se me pasó por la cabeza. Fue muy sorpresivo”, dice Lozano. Esa época coincidió con la aparición de la Unión Patriótica. Fue tanta su influencia que en las regiones aparecieron Voz Urabá, Voz de Antioquia, Voz del Valle, Voz de la Costa Caribe.

lozano* Carlos Lozano, director del Semanario Voz - Foto: Isabel Valdés/CNMH

La tercera estación

Lo que se vino fue más difícil. Primero, la crisis del socialismo. La Unión Soviética no volvió a enviar el papel para el periódico, lo que supuso la quiebra de la imprenta del partido; segundo, perdieron el edificio en el que funcionaban; y tercero, el genocidio de la Unión Patriótica, que también cobró la vida de Manuel Cepeda, ex director de Voz, el 9 de agosto de 1994.

Las más de 55 mil páginas en 2.798 ediciones que componen el archivo del Semanario Voz entre 1957 y 2017, de la que hoy la Dirección de Archivo de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), tiene una copia junto a las caricaturas publicadas por Calarcá, son una muestra no solo del cubrimiento de los diálogos de paz, en el que se especializó Voz, sino del genocidio de la Unión Patriótica.

En la actualidad el Semanario Voz circula cada semana con 30 mil ejemplares y lo escriben cinco periodistas. En los últimos años se dedicaron a cubrir el proceso de paz. ¿Ahora qué sigue? Esto dice Carlos Lozano: “Tenemos que mirar otros desafíos. Uno de ellos es la unidad de la izquierda. Para nosotros el acuerdo de paz no solo es el fin del conflicto, sino que también abre la posibilidad de trabajar por cambios más significativos. Hay que sumar, esa es una de las batallas”.

 

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