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Portada 20 años GutiérrezDesde el año pasado, los sobrevivientes y familiares víctimas del ataque de las Farc a los pelotones de contraguerrilla Texas 2 y Texas 3 del Ejército Nacional, ocurrido el 8 de julio de 1999 en Gutiérrez, Cundinamarca, se reúnen para no olvidar a quienes perdieron la vida por este hecho y para reclamar verdad, justicia y garantías de no repetición.

En Colombia las historias de muerte y desolación a causa de la guerra abundan en la mayoría de los pueblos, por no decir que en todos. El pasado domingo 7 de julio se reunieron más de 100 personas en Gutiérrez, Cundinamarca, para conmemorar uno de los tres ataques guerrilleros perpetrados por las Farc hace veinte años. 

Mujeres, hombres, niños y niñas llevaban en sus manos rosas rojas y blancas que sembraron junto a una piedra en la vereda El Cedral, a escasos kilómetros del casco urbano de Gutiérrez. Allí se abrazaron, cantaron y recordaron a los que la guerra les arrebató el 8 de Julio de 1999, en uno de los ataques más sangrientos que se haya vivido en las cercanías a Bogotá. Una atmósfera propicia para un momento de duelo y encuentro. 

Ese día, los 56 hombres del Batallón de Artillería No 13 “General Fernando Landazabal Reyes” se enfrentaron a más de 500 miembros de la guerrilla de las Farc. Murieron 38 militares, 35 soldados regulares y tres suboficiales. También, se dice extraoficialmente, hubo guerrilleros muertos.

Para la mayor María Fernanda Cifuentes, oficial de víctimas del Departamento Jurídico Integral del Ejército Nacional, quien acompañó la conmemoración, en este hecho se cometieron, por parte de la guerrilla de las Farc, graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH).

“Este fue un ataque indiscriminado, la muerte de nuestros 38 militares fue por tiros de gracia, un delito de lesa humanidad a la luz del Derecho Internacional Humanitario”, comentó la mayor Cifuentes.  

De acuerdo con la oficial, cuando los combatientes dejan sus armas en un enfrentamiento, o lo que militarmente se conoce como deponer, como pasó con algunos soldados en Gutiérrez, “tienen el derecho a que su vida sea salvaguardada, y eso no sucedió acá, fueron vilmente masacrados, y fuera de eso hubo utilización de armas no convencionales como cilindros bomba”, añadió. 

Familiares de las víctimas del ataque se abrazan durante la conmemoración.Familiares de las víctimas del ataque se abrazan durante la conmemoración. - Fotografía: Lizeth Sanabria/CNMH

En Gutiérrez, se conmemoró la vida después de la muerte, en este caso de hombres que estaban prestando servicio militar, con la ilusión, tal vez, de que en el futuro Colombia fuese un mejor país. Pero también se recordó el horror del conflicto para que este no se vuelva a repetir. 

“Me parece excelente que hagan este tipo de eventos, desde el año pasado, después de 19 años de sentirnos olvidados, de sentirnos decepcionados, es algo muy bonito que llegaran a este punto para no olvidar a nuestros compañeros”, dice Marco Tulio Morales, sobreviviente del ataque a Gutiérrez. 

En este caso dos sentencias del Consejo de Estado condenan a la Nación por una desprotección de los militares.

El Consejo de Estado dictamina que este ataque “…da cuenta de varias circunstancias que rodearon la planeación y ejecución de la operación militar que constituyen verdaderas actuaciones omisivas que pusieron a la víctima y sus demás compañeros militares en una situación de indefensión frente al ataque de la subversión”.

Así mismo, las familias de los militares quieren ser reconocidas como víctimas dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y que su caso sea llevado a la Comisión de la Verdad.

“Presentar una medida de satisfacción en nombre de esas víctimas sobrevivientes y las víctimas indirectas que son los familiares. Todo lo que fueron ataques y tomas guerrilleras fue uno de los componentes del primer informe que presentó la organización ACOMIDES (Asociación Colombiana de Víctimas de Desaparición Forzada y Otros Hechos Victimizantes) a la JEP, que reflejaba los hechos de secuestro y desaparición forzada o los aspectos de ataques a unidades militares”, comparte la mayor María Fernanda Cifuentes. 

El dolor es inevitable en este tipo de espacios, a pesar de los 20 años que han pasado, las heridas siguen abiertas, detalles de la vida. Al escuchar una canción que recuerda un ser querido, o pisar el terreno donde fueron asesinados los hijos de estas madres se remueven sentimientos.

“Queremos que quede en la memoria que gracias a los héroes de Gutiérrez, muchos hoy en día viven, que no nos olvidemos de ellos”, dice Viviana Osorio, hermana del soldado Helmer Revelo Sarmiento, quien murió en este ataque. 

“La verdad es de todos”, expresaron varios familiares durante la conmemoración.  Una frase donde piden saber qué pasó, y a la vez ser escuchados, para que el país conozca sus sentimientos y dolores alrededor de la guerra. 

“Hay esperanza, después de mucho tiempo de nosotros estar creyendo que no teníamos voz, que éramos olvidados de este conflicto y nos dieron una luz de esperanza, de saber que no nos habían olvidado, de que los sobrevivientes todavía estamos en la memoria del Ejército, es un signo de esperanza”, finaliza Marco Tulio Morales uno de los sobrevivientes del ataque a Gutiérrez. 

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Portada Conmemoración GutiérrezEste domingo 7 de julio, desde las 8:00 a.m. se llevará a cabo la conmemoración de los 20 años del ataque a Gutiérrez, Cundinamarca, perpetrado por las Farc, donde, 35 soldados y tres suboficiales murieron, algunos en combate y otros en estado de indefensión.

A poco más de tres horas en carretera desde Bogotá se llega a Gutiérrez, Cundinamarca. Allí, en la madrugada del 8 de julio de 1999, se vivió uno de los ataques más sangrientos de la guerra en el centro del país entre miembros de la Fuerza Pública y la guerrilla de las Farc.

Ese día, según el Ejército Nacional, alrededor de 500 miembros de las Farc, al mando de Henry Castellanos Garzón, alias 'Romaña', llegaron al municipio de Gutiérrez con el fin de atacar a los pelotones contraguerrilla, compuestos por menos de 60 hombres del Ejército, que en su mayoría eran jóvenes de 18 y 19 años que estaban prestando el servicio militar.

Las Farc veían en el municipio de Gutiérrez un corredor estratégico que les permitía conectar a las diferentes estructuras del Bloque oriental de este grupo armado con la ciudad de Bogotá; “sin embargo, la presencia del Batallón de Artillería N° 13 'General Fernando Landazábal Reyes' se convertía en un obstáculo para conseguir su propósito. Por esta razón, se planeó el ataque en contra de las tropas que hacían parte de esta Unidad militar”, dice el Ejército Nacional. 

Por este hecho fue condenada la Nación, a raíz de las condiciones de desprotección de los soldados, que pudieron ser evitadas por el Ejército Nacional. Y hoy, 20 años después, las familias de los militares quieren ser reconocidas como víctimas dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y que su caso sea llevado a la Comisión de la Verdad. 

El Centro Nacional de Memoria Histórica explica en su informe “Tomas y ataques guerrilleros” que, además de estos ataques, las incursiones a cabeceras municipales y centros poblados “tuvieron un lugar central en la tarea de desmoronar paulatinamente la presencia del Estado en los escenarios locales y regionales.(...) Presentaron una amplia gama de fines que cambiaron con el tiempo debido a las dinámicas de la guerra. Pasaron de ser propagandísticas en su origen a tener unos objetivos plenamente articulados a una estrategia de acumulación territorial, es decir, ampliar las retaguardias de los frentes, mantener los corredores de comunicación y afianzarse en zonas estratégicas por sus recursos o por sus ventajas políticas y militares”. 

Post Facebook Conmemoración Gutiérrez

Este domingo 7 de julio en Gutiérrez, se hará memoria sobre los hombres que murieron en este ataque. Las familias realizarán una caminata hacia el terreno donde, el año pasado, sembraron un árbol por cada soldado ausente por causa de estos hechos. Tras ese momento íntimo, se llevará a cabo, en la cabecera municipal, una misa y un acto de honor por parte del Ejército Nacional, para rendir homenaje a estos jóvenes. 

Para Viviana Osorio, hermana del soldado Helmer Revelo Sarmiento quien murió en este ataque, esta conmemoración significa que sus seres queridos no sean olvidados y “lo más importante, transmitir el dolor de una partida que, podrán pasar años, pero sigue latente. Expresar lo injusta que nos parece esta guerra que no solo quita vidas, si no que se lleva consigo una infinidad de cosas. De alguna forma, este evento nos hace estar más cerca a lo último que vivieron y tratar de apaciguar este sentimiento de rabia, de impotencia”.

Para Mónica Andrea Ñañez, directora de la ONG Mil Víctimas del Conflicto, es muy importante dignificar la memoria de estos jóvenes, “y acompañar a los sobrevivientes, así como a las madres, hermanas e hijas, para demostrarles que no están solas”.

Viviana añade “más que solo recordar a mi hermano, [se trata de] recordar a chicos jóvenes, muy jóvenes, con sueños y metas. Muchos de ellos con ganas de sacar adelante a su familia. Chicos que les gustaba jugar fútbol, escuchar música. Les encantaba cierta comida. Quisiéramos que recordarán su juventud y lo mucho que les faltó vivir y [que], aunque no lo decidieron en primera instancia, sabían que sí era necesario, tenían que dar su vida por la patria, por su bandera, por su familia y demás”. 

Conmemoración 

Lugar: Gutiérrez, Cundinamarca 
Día: 7 de julio
Hora: 8:00 a.m. 

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La guerra en Colombia dejó 1.214 militares y policías secuestrados por las guerrillas de las Farc y el Eln. Sus memorias, plasmadas en nuestro más reciente informe “Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro”, que hoy presentamos de manera digital, hacen parte de una serie de trabajos realizados por el CNMH desde el 2014.

El secuestro perpetrado por las Farc produjo unas de las imágenes más indignantes del conflicto armado colombiano: personas encadenadas, demacradas, algunas veces encerradas entre alambres de púas, tratando de mantener la compostura mientras grababan un mensaje en video como prueba de supervivencia.

Esas imágenes, que se convirtieron en el retrato de la degradación de la guerra, quedaron grabadas en la cabeza y corazón de gran parte de los colombianos. Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), un total de 31.021 personas fueron secuestradas en los últimos 50 años, de ellos, 1.214 eran militares y policías.

¿Qué pasó con ellos después de esos largos años de encierro? Esa es la pregunta que busca responder el informe Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro, la tercera entrega de un proyecto que inició en el 2017, y que hoy es presentado de manera digital al público.

“Queríamos revisitar a las personas que padecieron este flagelo y preguntarles en sus propios términos qué fue el secuestro para ellos”, dice María Juliana Machado, relatora del proyecto. Y continúa: “pero más allá de eso, queríamos aprovechar la oportunidad para preguntar ¿cómo es la vida después del secuestro?, ¿cómo han reconstruido sus proyectos de vida? Las personas tuvieron la oportunidad de narrar otros aspectos del secuestro que no habían contado antes”.   

De manera respetuosa con el dolor de las víctimas, el CNMH ha buscado ir en sus trabajos más allá de las lógicas de horror, impuestas por la violencia, como único discurso de lo sucedido. Con esta mirada, en diciembre de 2018 se publicó el informe El caso de la asamblea del Valle: Tragedia y reconciliación, que se convirtió en el primer ejercicio de memoria histórica realizado por los familiares de los diputados del Valle secuestrados el 11 de abril del 2002 por la guerrilla de las Farc. Y ahora, en Recuerdos de selva, nos acercamos a la vida de 16 militares y policías secuestrados por las guerrillas de las Farc y el Eln.

Los momentos de Recuerdos de selva

El informe está dividido en cuatro partes: Quedar secuestrado por el enemigo, El tiempo en pausa del secuestro, La cotidianidad: un entretejido entre daños y resiliencias, y El retorno a la vida en libertad. En ellas está el registro del horror y los daños sufridos por los secuestrados, durante meses y años, en poder de las guerrillas, pero, sobre todo, están las historias de resiliencia de esas víctimas: los desafíos que implicó regresar a la libertad y el nuevo rumbo que tomaron sus proyectos de vida.

En estas páginas el lector se encontrará con el testimonio de José Libardo Forero, policía secuestrado por las Farc durante 12 años, nueve meses y dos días, diciendo: “si esto va a ser una memoria, sirve para que en el futuro las instituciones sepan y entiendan que los que damos la vida por defender una bandera y un escudo, somos humanos, somos seres humanos”.

Y el de Antonio Erira, militar secuestrado por el Eln en 1998, asegurando que durante el secuestro “teníamos un grupito con los policías que nos gustaba mucho el deporte y entonces para pasar el día le dije ‘¡montemos un gimnasio!’, ‘pero ¿cómo? ¿Con qué?’, me dicen, ‘¿cómo vamos a hacer un gimnasio aquí?’, le dije ‘hágame caso, ¡Sígame la idea!’”.

Y también el testimonio de Juan Carlos González Pascuas, secuestrado en 1999 también por el Eln, contando que al ser liberado sus mayores anhelos eran “comerme un pollo asado” y “una pasta de jabón de baño, podérmela echar… apenas llegué a la casa me eché fue un tarro de champú hasta que casi me lo gasto todo (risas)”.

“Los ejercicios de memoria se desarrollaron en escenarios de encuentros grupales con el objetivo de aportar a la dignificación, reconocimiento y visibilización de las víctimas de secuestro integrantes de la Fuerza Pública y sus familias”, explica la relatora María Juliana Machado. Además, dice que sus relatos reflejan tanto sus  vivencias dentro de la institución, como “la humanidad y cotidianidad que trasciende su rol en el Ejército, la Policía o la Armada”. Once de los 16 personajes de este libro, fueron secuestrados por las Farc y cinco por el Eln. La mitad estuvieron secuestrados entre uno y tres años, otro tuvo un secuestro de tres días y, el más largo, estuvo en la selva durante trece años.

Escuchar es tan importante como hablar a la hora de construir memoria. Entre el grupo de personas que hicieron parte de Recuerdos de selva. Memorias de integrantes de la Fuerza Pública víctimas de secuestro había uniformados que nunca habían contado su historia, y para ellos era tan importante tener la posibilidad de oír a sus compañeros, como la de hablar frente al resto. Esta fue, además, una oportunidad para construir lazos de solidaridad. Así, a través del compartir, se fueron forjando dos estructuras que guían el informe: el tiempo en cautiverio y la liberación.

Este ejercicio de memoria, se suma a otros realizados por el CNMH con víctimas del conflicto armado del Ejército, la Policía y la Armada, como Esa mina llevaba mi nombre, la serie radial Los pasos rotos, el informe de esclarecimiento La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en Colombia y el especial transmedia Relatos de selva, ejercicio que se hizo en paralelo a esta investigación que hoy presentamos.

Así mismo, van en concordancia con el propósito del CNMH de reconstruir las memorias de las víctimas de la Fuerza Pública y resaltar el trabajo que en ese sentido vienen realizando el Ejército, la Policía y la Armada.

Descargue el libro aquí.

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portada seleccion futbol con protesis*La única selección nacional de fútbol con prótesis del mundo reúne a miembros activos y retirados de la Fuerza Pública, excombatientes de las Farc y las Auc, y a personas de la sociedad civil. A pesar de tener diferentes niveles de discapacidad física, sus limitaciones no han sido obstáculo para cumplir sus sueños.

*La selección Colombia de fútbol nace gracias a la Comisión Nacional de Fútbol para Amputados, la cual reúne a 400 víctimas de mina antipersonal. El objetivo para el 2020: poder hacer en Bogotá el primer Mundial de Fútbol de esta modalidad.

Texto por: Juan Pablo Esterilla

Cano, Pérez, Álvarez, Guala, Luna, Medina, Quitian y Vargas son ocho de los por lo menos 45 millones de ciudadanos que tiene Colombia. También hacen parte de las 11.475 víctimas (entre sobrevivientes y fallecidos) del flagelo de las minas antipersonal. Sin embargo, lo que los define es que son integrantes de la primera selección nacional y del mundo, de fútbol con prótesis.

Alexander Vargas tenía rabia. Desde los 11 años se convenció de que aquellos, quienes también portaban fusil, eran sus enemigos; a los que había que eliminar. Como si se tratara de revivir los años en los que estaba en la primera línea del frente de combate, la vida lo tenía allí, en el Centro de Rehabilitación Inclusiva (DCRI); la razón: mirar si allí le ayudaban a conseguir una prótesis. De camino al lugar, este excombatiente Farc que ya había pasado por su proceso de reintegración, pensaba en la indemnización que recibían ellos, en la pensión que recibían ellos, y en la prótesis que recibían ellos.

Sin embargo, al llegar a la institución, lo que le llamó la atención fue el balón, pero en especial quien lo gambeteaba. “Lo hacía con una destreza”, dice. “Ese pelao, con todo y su limitación física, no se echó a morir” Y entonces pensó: “¿si él puede por qué yo no?”. Alexander recordó uno de los mayores sueños que tenía de pequeño: ser un gran futbolista. “Desde ese momento se me ocurrió liderar lo que hoy gracias a Dios ya está siendo una realidad”, relata (Conozca más sobre el uso de minas antipersonal descargando aquí el Informe “La Guerra Escondida”).

Selección Colombia de Fútbol con Prótesis junto con jugadores del equipo de funcionarios de la Unidad de Víctimas.Selección Colombia de Fútbol con Prótesis junto con jugadores del equipo de funcionarios de la Unidad de Víctimas. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

Para ese entonces, 2017, y ad portas de cumplir apenas 30 años, Alexander ya conocía el desplazamiento forzado, sabía lo que era raspar coca, y qué significaba haber ingresado siendo un niño a las Farc. Con 29 años ya había caído en un campo minado, le habían practicado dos amputaciones y era abandonado por las Farc. Había superado todo el proceso de desmovilización y reintegración individual, era padre de familia y además se había convertido en representante de la Mesa Nacional de Víctimas. A esta lista le faltaba algo: proponer la creación de una Comisión Nacional de Fútbol para Amputados.

Así pues, Alexander viajó a Florencia, Caquetá, y junto con Jessica Andrea Borrero, que tiene a un hermano y esposo ex integrantes de la Fuerza Pública afectados por minas antipersonal, estimuló la creación del Fútbol Club Deportivo Caquetá, Warriors Héroes de Paz.

“Ellos solitos empezaron a mostrarse a nivel departamental y a generar admiración”, dice Juan Camilo Perdomo, otro excombatiente de las Farc que en los encuentros amistosos hace las veces de entrenador, “lo llevo en las venas, quiero ser el mejor coach”, agrega.

Sin embargo, durante ocho meses, los mismos que empleó para establecer contacto con otros clubes de fútbol con prótesis que se estaban formando y para darse cuenta de que había posibilidad y deportistas pidiendo llevar esto a algo más grande, Alexander no les contó a sus compañeros del equipo que era un exguerrillero. Pues bien, un día, después de muchos “picados” y momentos compartidos, soltó la noticia. La reacción fue buena, estaban orgullosos de él: una familia se había conformado.

Juan Camilo Perdomo, excombatiente Farc que quiere formarse como técnico profesional.Juan Camilo Perdomo, excombatiente Farc que quiere formarse como técnico profesional. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

Fue así como entre el 8 y 10 de noviembre del 2017 se reunieron quienes habían promovido el fútbol con prótesis en el país y se creó, en la ciudad de Santa Marta, la Comisión Colombiana de Fútbol para Personas con Limitaciones Físicas, CFAC. Allí mismo, Alexander recibió el aval de las ligas y clubes existentes para ser el presidente de esta Comisión que en la actualidad es reconocida en el Sistema Nacional del Deporte y por la Federación Colombiana de Deportes para Personas con Limitaciones Físicas, Fedesir. Además es apoyada por Coldeportes y La Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

A diferencia del fútbol con bastones, del que ya se han hecho dos mundiales y dos Copas América, en esta modalidad los deportistas deben tener una amputación por debajo de la rodilla mínimo de 10 cm. “De llegar a tener una amputación por encima de la rodilla, la práctica podría ser peligrosa tanto para el jugador como para el equipo rival”, recalca Alexander.

Alexander Vargas junto al representante a la cámara, José Jaime Uscátegui, en evento celebrado el pasado 4 de abril en la Universidad Javeriana.Alexander Vargas junto al representante a la cámara, José Jaime Uscátegui, en evento celebrado el pasado 4 de abril en la Universidad Javeriana. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

Entre los clubes de fútbol con prótesis que hay en el país están Héroes de Honor y Canta Rana de Bogotá; Doce Caldas de Manizales; Cafeteros y Gladiadores de Antioquia, y Warriors Héroes de Paz de Florencia.Entre los clubes de fútbol con prótesis que hay en el país están Héroes de Honor y Canta Rana de Bogotá; Doce Caldas de Manizales; Cafeteros y Gladiadores de Antioquia, y Warriors Héroes de Paz de Florencia. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

Hoy por hoy la selección, la cual es conformada por los futbolistas de mejor rendimiento en sus respectivos clubes y ligas, se alista para jugar en julio una serie de partidos amistosos a los que fueron invitados en diferentes ciudades de Austria. “Muchos de los jugadores son de Florencia y entrenan en una cancha muy humilde. Sin embargo, son más sus ganas de salir adelante, de  demostrar que la mente es más fuerte y que son hombres de honor, de responsabilidad y disciplina”, sostiene Juan Camilo Perdomo.

Ahora bien, los integrantes de los clubes de fútbol con prótesis que hay en el país hacen un llamado para que diferentes actores se sumen al respaldo de iniciativas que dignifiquen a víctimas del conflicto armado. Así pues, exhortan a la institucionalidad y a la cooperación internacional para que, más allá de sacar adelante el desminado humanitario, contribuyan a la reparación integral de las víctimas de minas antipersonal y otra clase de remanentes explosivos.

Salud, vivienda, educación y oportunidades de proyectos productivos son algunos de los retos que Nelson Moreno, ex militar y representante de la Mesa Nacional de Víctimas por el hecho victimizante de minas, menciona que tienen personas como él, personas con una discapacidad.

“La consecución de recursos es muy complicada, para los transportes, la indumentaria y el poder contar con un espacio para entrenar debemos hacer toda clase de esfuerzos”, asegura Jessica Andrea Borrero, presidenta del club Warriors Héroes de Paz de Florencia.“La consecución de recursos es muy complicada, para los transportes, la indumentaria y el poder contar con un espacio para entrenar debemos hacer toda clase de esfuerzos”, asegura Jessica Andrea Borrero, presidenta del club Warriors Héroes de Paz de Florencia. - Fotografía: Daniel/CNMH

En julio la selección Colombia de fútbol con prótesis tendrá una gira de partidos por diferentes ciudades de Austria.En julio la selección Colombia de fútbol con prótesis tendrá una gira de partidos por diferentes ciudades de Austria. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

La rutina de entrenamiento de estos campeones es rigurosa. “Nos reunimos dos días a la semana. En cada entrenamiento trotamos, hacemos ejercicios con conos, lasos, ligas y bandas. Además, tenemos mínimo media hora de juego, y cada 15 días hacemos partidos con personas sin discapacidad”, cuenta Alexander en el entretiempo de un amistoso que juegan en Bogotá para conmemorar el 4 de abril, Día Internacional para la Sensibilización contra el Uso de Minas Antipersonal.

Una de las aspiraciones más grandes de la familia de la Comisión Nacional de Amputados es darle forma a lo que han visualizado como la FIFAA (Federación Internacional de Fútbol para Amputados con Adaptación). Para ello, buscan realizar el primer Mundial de Fútbol con Prótesis. Alexander ha mantenido conversaciones con representantes de clubes de países como Nigeria, Brasil, Costa Rica y Argentina para que logren conformarse ocho federaciones de igual número de países, y así poder llevar a cabo el encuentro deportivo el próximo año en la ciudad de Bogotá.

Vea el hilo narrativo de Twitter sobre el fenómeno de las Minas Antipersonal en Colombia

Lea aquí el Informe “Esa mina llevaba mi nombre”.

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  • portada recuerdos de selvaDurante 6 años el CNMH mantuvo conversaciones con las Fuerzas Militares y la Policía, en contravía de voces que han señalado que tenemos un sesgo ideológico y que no estamos dispuestos a hablar y aprender de otros actores institucionales.
  • A continuación presentamos un texto sobre ese trabajo, que se suma a los balances que entregamos al Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, y a la sociedad, exponiendo nuestros aportes y pendientes después de una década de existencia.

Desde hace diez años el Grupo de Memoria Histórica y luego el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), han realizado 146 investigaciones para aportar al esclarecimiento de los hechos ocurridos en el conflicto armado colombiano, y al derecho a la verdad del que gozan las víctimas y la sociedad. Ese trabajo está condensado en once balances temáticos y metodológicos, que recogen los aportes y pendientes para lograr estos objetivos, y que en su mayoría fueron entregados a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, como un aporte al trabajo que están emprendiendo.

El texto “Conversaciones inéditas entre la FP y el CNMH: aprendizajes de una experiencia (2012-2017)”, que hoy ponemos a disposición del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, y de la sociedad, es el último de esos balances. Este texto, coordinado por la investigadora María Emma Wills, da cuenta de la relación que entabló el CNMH con la Fuerza Pública (Fuerza Pública) entre 2013 y agosto de 2018, dando lugar a una trayectoria a todas luces singular.

Las negociaciones emprendidas por el gobierno Uribe y luego por el gobierno Santos con grupos armados ilegales, estuvieron enmarcadas en una Justicia Transicional (JT). Y en ese escenario, tanto unos como otros debieron otorgar a las víctimas del conflicto armado no el lugar del coro, sino un papel central en los esfuerzos por superar la confrontación armada. El esclarecimiento de la verdad implicaba ofrecerles a las víctimas unos mínimos de justicia, una reparación integral a los daños sufridos y el compromiso de trabajar para generar garantías de no repetición.

La experiencia internacional ha mostrado que en este tipo de procesos de justicia transicional, no se han tendido puentes entre instituciones orientadas al esclarecimiento histórico y la reparación simbólica de las víctimas, y los propios actores del sector seguridad. En general, los procesos de negociación enmarcados en la justicia transicional han contemplado reformas al sector seguridad pero no se han propiciado procesos sostenidos de conversación entre las instituciones que lo conforman y las que nacen para esclarecer lo acontecido y reparar a las víctimas. Por el contrario, cuando se han emprendido esfuerzos por constituir estos lugares de conversación, los encuentros han tendido a ser confrontacionales, o abierta o tácitamente hostiles.

Ante esta constatación, el CNMH optó por enmarcar esta relación en un enfoque distinto que privilegiaba el aspectopedagógico y creativo, que potencialmente encierra un proceso de esclarecimiento y memoria histórica. Así, el Centro definió que nuestro lema central sería “La memoria: una aliada de la paz", buscando incidir para que el campo de la memoria histórica, además de dignificar y esclarecer, contribuyera a aproximar a los opuestos y a desactivar, o por lo menos debilitar, por medio de la reflexión y la conversación histórica académica, las enemistades absolutas que alimentan y a la vez son alimentadas por la confrontación armada. Con el apoyo de la cooperación internacional, se propiciaron además encuentros con pares internacionales y oficiales de alto rango de otros países que ya habían transitado por procesos transicionales y que habían permitido el fortalecimiento institucional de la Policía y las FFMM luego de una rendición de cuentas y asunción de responsabilidades transparente y comprometida. En particular, el programa para el Tratamiento del Pasado y Prevención de Atrocidades del Departamento de Asuntos Exteriores de la Confederación Suiza propició diálogos, a veces dificiles pero siempre fructíferos y pertinentes para consolidar la paz en el país.  También se impulsaron mesas de trabajo con expertos internacionales sobre representación y museos e iniciativas de la memoria que enriquecieron las posturas de todas las instituciones allí presentes.

En el balance “Conversaciones inéditas entre la FP y el CNMH: aprendizajes de una experiencia (2012-2017)”, se reconstruyen todos estos esfuerzos emprendidos por el CNMH para “descongelar” y “despolarizar”, las discusiones sobre la memoria histórica del conflicto armado interno con las Fuerzas Militares y la Policía. El norte que orientó este esfuerzo fue contribuir a la construcción de un campo de memoria histórica integradora: un lugar de encuentro de las memorias plurales, irrigado de tensiones que se resuelven no por la vía de los señalamientos, los arrasamientos simbólicos y las estigmatizaciones, sino de un debate franco fundado en el reconocimiento de los derechos de los adversarios a disentir y expresar estos disensos públicamente.

Nuestro objetivo era enriquecer la esfera pública de las memorias e integrar, alrededor de una misma mesa de discusión, las distintas interpretaciones, énfasis y reclamos elaborados por los diferentes actores en conflicto, desde el reconocimiento de su humanidad y titularidad de derechos como ciudadanos. Luego de seis años de intercambios es posible afirmar que los escenarios de encuentro entre el CNMH e integrantes de la Fuerza Pública, demostraron la importancia de propiciar diálogos y debates entre personas provenientes de trayectorias profesionales y políticas disímiles y hasta opuestas.

Este balance, entonces, reconstruye la relación dinámica que se fue desplegando entre el CNMH y la FP desde finales del año 2012 hasta agosto del 2018, identificando distintos periodos marcados por puntos de inflexión. Además, recoge el proceso detrás de los módulos de memoria histórica ofrecidos a la Escuela Superior de Guerra, que dieron como resultado proyectos que les permitieron reconocer a sus víctimas: “Esa mina llevaba mi nombre” y “Recuerdos de selva”.

Para terminar, reiteramos que hacemos públicos estos esfuerzos porque, además de servir como archivo histórico, permiten comprender los dilemas y desafíos que procesos de esclarecimiento y dignificación de víctimas plantean al sector seguridad. Y porque estamos convencidos de que este debate es totalmente relevante en la consolidación de una paz estable y duradera.

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