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Conmemoración masacre de Tibú

Publicado 31 Mai 2016
Last modified on 08 Jun 2018
Conmemoración masacre de Tibú Fotografías por Juan Pablo Gamboa.

El Centro Nacional de Memoria Histórica acompaña a la comunidad con el proyecto ¡Basta Ya!, Catatumbo. Una labor hecha con la OEA y la Diócesis de Tibú.

Por Daniel Valencia, periodista del CNMH

El Centro Nacional de Memoria Histórica y la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la OEA se unieron a la Diócesis de Tibú, a las organizaciones de víctimas y a toda comunidad en la conmemoración de la masacre de Tibú, ocurrida el 29 de mayo de 1999.

En esta ocasión estaban programadas distintas actividades en la cabecera municipal, sin embargo tuvieron que ser aplazadas ante las tensiones de los últimos días, por el secuestro de varios periodistas y la amenaza de un paro agrario.

La Pastoral de víctimas de la Diócesis de Tibú ha recorrido un camino de varios años promoviendo una cultura de paz y reconciliación en la región. Por eso ahora,  conscientes de la importancia de iniciar procesos de reconstrucción de la memoria histórica que contribuyan a la consolidación de paz para el territorio y la dignificación de las víctimas, las tres instituciones han iniciado la implementación de la estrategia ¡Basta Ya!, Catatumbo.

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La Conmemoración

El pasado 29 de mayo se cumplieron 17 años de la llegada del horror: 200 paramilitares viajaron desde Urabá, en camiones, hasta El Catatumbo en Norte de Santander. Por órdenes de Vicente y Carlos Castaño recorrieron más de 700 kilómetros y arribaron a la zona para quitarle el control al Eln y las Farc. Esos 200 paramilitares conformarían lo que se conoció como el Bloque Catatumbo que estuvo al mando de Salvatore Mancuso.

En medio de la carretera que conecta el casco urbano de Tibú con el corregimiento de La Gabarra, los paramilitares instalaron un retén ilegal donde retuvieron 60 vehículos, asesinaron a varias personas en frente de sus familiares y abandonaron los cuerpos en la vía. Los registros oficiales cuentan cinco personas asesinadas, aunque otras versiones hablan de ocho víctimas mortales.

Esta sería la primera de varias masacres que perpetraron los paramilitares entre mayo y agosto de 1999 en el Norte de Santander y que dejaron más de 100 personas asesinadas. Otros cientos de habitantes tuvieron que cruzar la frontera hacia Venezuela para salvar sus vidas, dejando atrás todas sus pertenencias.

Los hechos ocurridos en El Catatumbo, en ese periodo, tienen el agravante de haber tenido la participación de varios miembros de la Fuerza Pública, por lo que en 2004 el Tribunal administrativo de Cundinamarca condenó al Estado a pagar 45 mil millones de pesos a un grupo de 120 víctimas.  El mayor Mauricio Llorente Chávez y tres policías fueron sentenciados a 40 años de cárcel por la Corte Suprema de Justicia, por participar en los crímenes ocurridos durante esa época.

El conflicto en Catatumbo

El Catatumbo, especialmente el municipio de Tibú, es una región estratégica ubicada en la frontera con la República Bolivariana de Venezuela. Cuenta con innumerables riquezas naturales renovables y no renovables. Todos los actores armados se han disputado su control y sus habitantes siempre han vivido en medio del conflicto. El pueblo indígena Barí, para empezar, ha sido victimizado por la disputa territorial desde principios del siglo XX, cuando el gobierno de entonces a través de la llamada Concesión Barco, hizo un acuerdo para proteger a las multinacionales que explotaban petróleo en la región, lo que llevó a que los indígenas perdieran sus tierras y sufrieran daños culturales.

En los años ochenta, el petróleo, el oro, la coca, la política antidrogas, la agroindustria de la palma de cera y el auge minero energético configuraron un panorama de conflicto y violencia en la región. La presencia de guerrillas de las Farc, ELN y EPL, y más tarde la entrada de los paramilitares, han hecho que en la región se presenten todos los tipos de victimizaciones: solo en El Catatumbo se registran 31 masacres y cerca de 34 mil desplazados. Hoy en día la situación sigue siendo grave.

Por qué la paz en El Catatumbo 

En El Catatumbo se han dado dos desmovilizaciones de grupos armados, de una facción del EPL y otra del Bloque Catatumbo, y aun así la región sigue en conflicto. Los catatumberos protestan por la ausencia del Estado, su única presencia, dicen, es a través del Ejército y la Policía.

Por otro lado, El Catatumbo sería una las zonas donde luego de la firma del acuerdo de paz podrían agruparse los desmovilizados de las Farc en sitios como Filogringo y La Gabarra. De manera que surgen muchas preguntas desde la población: ¿qué va a pasar con los desmovilizados? ¿Se van a quedar allí o no? ¿Van a recibir un sueldo? ¿Cuáles son las garantías para que no vuelvan a delinquir? Todas estas cuestiones deben ser tenidas en cuenta dentro del debate por la paz.

La investigadora del CNMH, María Fernanda Pérez, que desde hace 10 años trabaja en El Catatumbo, advierte además que es muy importante que la discusión incluya temas como el nivel de participación que tendrán las autoridades locales para la discusión de la desmovilización que se dará en el territorio y afectará los recursos económicos de la región y a la población que convivirá con ellos.

La investigadora advierte que en tanto allí continúe el negocio del narcotráfico, la siembra de coca con ese fin, las malas condiciones sociales, de derechos básicos como vivienda digna, salud, alimentación, educación, etc. y la situación en la frontera no mejore, la desmovilización sola no va traer paz. Y hace énfasis además en que hay que pensar en las condiciones concretas de cada territorio para la construcción de paz. “Pensemos por ejemplo en los recursos naturales: si hay en estos momentos racionamientos de agua para la gente de Tibú, si se desmovilizara un gran número de combatientes, ¿alcanzaría este recurso para todos? ¿Cuál sería la estrategia para manejar este tipo de situaciones particulares?”.

Por eso en los esfuerzos que se han hecho hasta ahora y los que vienen se tendrá en cuenta la cotidianidad de la gente, lo que vive, lo que piensa y lo que propone para poder que los esfuerzos de paz se fortalezcan y sean sostenibles en el tiempo.

El CNMH en la región

El CNMH ha acompañado a la comunidad durante los últimos años en la conmemoración del 29 de mayo, sin embargo, no es el único momento en que la institución ha centrado su atención en la región: en octubre de 2015 se lanzó el informe Con licencia para desplazar, que hace parte de una serie de informes sobre desplazamiento que da cuenta de la grave situación de violación de derechos en la región, pero que resalta cómo a pesar del horror, tibuyanos y tibuyanas construyen un vigoroso tejido social para resistir y volver a sus territorios. Retornar y permanecer en él es el mayor acto de resistencia que sus habitantes han hecho, a la vez que demandan el reconocimiento de la responsabilidad del Estado.

Además de este proyecto, desde finales de 2015 el CNMH adelanta la nueva apuesta: ¡Basta Ya!, Catatumbo, que surge como una iniciativa de la Diócesis de Tibú. Esta busca indagar a profundidad sobre los orígenes de la violencia, las causas, los actores y las formas de victimización, pero sobre todo es una plataforma donde las voces de sus habitantes, cansados de la violencia, continúan promoviendo iniciativas de memoria y resistencia en el territorio para no olvidar y transformar las realidades.

Más que un proyecto de un informe, es toda una apuesta para construir de la mano con las comunidades las memorias, interpelar al país y decir fuerte y claro que El Catatumbo es una región que quiere salir de la espiral de violencia y abandono y que está llena de cosas positivas pa

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