Festival del Río Grande de La Magdalena

Publicado 03 Dic 2018
Modificado por última vez en 03 Dic 2018
Festival del Río Grande de La Magdalena Cortesía

El Festival consiste en realizar una serie de actividades culturales para la recuperación del río Magdalena como eje de la memoria de las luchas, esperanzas y situaciones de victimización que han vivido las comunidades del sur de Bolívar. La actividad central es un recorrido cultural por el río en los municipios donde hay incidencia de la Federación Agrominera del Sur de Bolívar, en los que las comunidades reconocen la importancia del río para la construcción del plan de vida y el tejido social de la región.

El Festival reúne apuestas políticas, ambientales y sociales, todas organizadas y en diálogo a través de la cultura. Además de las comparsas, el teatro, la comida y la música, se desarrolló también una etapa de reapropiación de símbolos territoriales a partir de una romería a la Teta de San Lucas, en la la Serranía de San Lucas, y la reactivación de algunos grupos culturales. En todos estos espacios se preparan actos culturales y simbólicos para el evento central, en el que a través de la cultura popular se reapropia el "río para la vida”.

La Federeación Agrominera del sur de Bolívar nace en 1994, como una asociación campesina y minera de la Serranía de San Lucas entorno al cuidado del territorio, la necesidad de organizarse para mejorar sus condiciones de vida y oponerse a la violencia. Hizo parte de las 25 iniciativas de memoria que apoyó el CNMH en 2017 y su trabajo abarca municipios como San Pablo, Simití, Cantagallo, Regidor, Morales, Norosí, Santa Rosa, Río Viejo, Tiquisio.

El festival es realizado por Fedeagromisbol y la Corporación Sembrar con el apoyo Red de Hermandad y del Centro Nacional de Memoria Histórica.

El Sur de Bolívar, como todo el Magdalena Medio, ha sufrido fuertemente los embates de la violencia del conflicto armado y el olvido estatal. Las guerrillas del ELN, paramilitares del Bloque Central Bolívar y algunos integrantes del Ejército han atentado contra la población civil que ha quedado en medio de la guerra. La arremetida paramilitar fue especialmente violenta: muchas de las historias sobre decapitaciones y de jugar fútbol con las cabezas provienen de esta zona y muchos testimonios así lo corroboran.

El 11 de junio de 1998 empezaron a llegar chalupas al caserío de Cerro de Burgos con hombres armados, lo que despertó la temor de la población. Cerca de 100 paramilitares se ubicaron en todas las salidas del caserío para evitar que los pobladores huyeran, dispararon contra las casas y sacaron a la gente para interrogarla por ser supuestos “colaboradores de la guerrilla”. Ese día fue asesinado Andrés Molina un líder social de Fedeagromisbol de la zona de Mico Ahumado, junto con Elmer Villamizar y Olga Lucía Palencia, y sus cuerpos fueron arrojados al río. A raíz de este hecho se desplazaron 250 personas según las cuentas de la comunidad (80 según la Fiscalía).

Los pobladores y líderes de Fedeagromisbol resienten aún hoy en día la persecución y estigmatización que padecen; aún hay peligro. Según ellos el principal motivo ha sido la férrea oposición que han puesto a la entrada de multinacionales. A pesar de todas las tragedias, la violencia tuvo un efecto que los paramilitares no esperaban: el fortalecimiento político del movimiento y su apuesta por la construcción del tejido social, el territorio y la memoria.

Páginas y recursos en internet:

(0 votos)
Visto 993 veces
JoomShaper